Ya no alcanza con el burrito y la peperina

Publicado por admin el Feb 12th, 2010 bajo la Categoria Opinion General. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

Termina una nueva temporada turística en Córdoba, y es época de balances. Las autoridades vuelven sobre un éxito que se repite todos los años, una forma de cubrirse que tienen los funcionarios de turismo, tanto de la provincia como de las distintas municipalidades involucradas.

Volvió a haber una avalancha de porteños, rosarinos, mendocinos y cordobeses de distintas procedencias a las sierras de los valles de Punilla, Traslasierra y Calamuchita, lo que reafirma que el consumo no sólo no cae sino que sube en Argentina. Pero otro verano más que dejamos pasar los cordobeses en materia de turismo de primer nivel.

No es que sea de primer nivel porque los turistas extranjeros merezcan esa calificación con respecto a los argentinos, sino principalmente por la cantidad de recursos que generan, lo que gastan y la inyección de dinero que representa ese tipo de turismo para la economía.

Mendoza, sin ser un destino ideal para el verano como sí puede ser Córdoba, está llena de europeos, norteamericanos y de otros orígenes. Ni hablar de Buenos Aires. Y hasta Mar del Plata se ha propuesto como política de turismo atraer visitantes de afuera. Pero Córdoba parece seguir conformándose con el supuesto éxito de cada año, que se renueva casi automáticamente y sin esfuerzos.

No es que haya que descuidar ese turismo “gasolero”, que además merece y tiene derecho a la mejor atención, pero se puede sumar un plan para captar a tantos y tantos visitantes que hoy no tienen en sus mapas marcado Córdoba. Un extranjero que llega a nuestro país anota en su agenda visitar Buenos Aires, Iguazú, Salta, Mendoza, Ushuaia y El Calafate.

Por supuesto que alguien puede pensar con razón que esos lugares mencionados tienen bellezas naturales mucho más exóticas y atractivas para un extranjero que las sierras de Córdoba. Pero también es cierto que aquí tenemos otras cosas que podrían ser explotadas mucho mejor de lo que están siendo explotadas, sobre todo la historia y la cultura. Los circuitos turísticos religiosos, las estancias jesuíticas, el Camino Real, etc., es algo que no termina de mostrarse como se debe. Partiendo de la base de que no están abiertas el tiempo y la forma en que deberían.

Las iglesias de la ciudad de Córdoba, por ejemplo, están abiertas cuándo y cómo quieren los sacerdotes que en muchos casos no son sus dueños sino sólo sus cuidadores, como en la Compañía de Jesús, por tratarse de un monumento histórico nacional, y además, parte de la manzana jesuítica, patrimonio cultural de la Humanidad.

Otro ejemplo en este sentido es Candonga, a 50 kilómetros de la ciudad de Córdoba en las Sierras Chicas, donde existe una hermosísima capilla del siglo XVII. Un lugar de ensueño, si se tiene la suerte de poder visitar. Enfrente de la capilla hay un parador privado, con bar y restaurante, que está abierto todo el tiempo. Pero según la página del gobierno de Córdoba Miércoles a Viernes de 8 a 12 y de 14 a 18. Sábado y Domingo de 14 a 18 (http://74.125.47.132/search?q=cache:s3e744MO6k8J:www.cba.gov.ar/vercanal.jsp%3FidCanal%3D61604+capilla+de+candonga%2Bhorario&cd=5&hl=es&ct=clnk&gl=ar). Qué lástima que no escribí esta nota antes porque entonces hubiera sabido que los domingos a la mañana, por ejemplo, la capilla de Candonga está cerrada. Es que me sucedió de recibir a unos amigos centroamericanos y los quise llevar a conocer el lugar, una mañana de domingo en que una fina llovizna le daba al paisaje un aspecto bucólico y encantador. Era el momento ideal para ir a Candonga, según el sano juicio de cualquier cordobés o turista. Pero se ve que desde la Secretaría de Turismo de la provincia de Córdoba no piensan lo mismo. Después de hacer el largo camino hasta allí, nos dimos con que la encargada venía recién a las dos de la tarde. Nos tuvimos que conformar con verla desde afuera y tomar un té en el parador de enfrente.

Las puertas de entrada, a cual peor

El tener las joyas más preciadas guardadas y no mostrarlas no ayuda obviamente a atraer turistas. Pero tampoco ayudan las entradas que tenemos, la manera en que ellos tienen que llegar, ya sea en auto, colectivo o avión. El tren fue sólo una ilusión que sirvió para la foto, pero que de ninguna manera es hoy una alternativa por ejemplo para quien viene desde Buenos Aires.

En auto, prácticamente es un riesgo permanente. La ruta 19 y la 8, que vienen de San Francisco y de Río Cuarto respectivamente, son un peligro y lo más leve que puede suceder es que la familia que viene a descansar, lo que consiga es estresarse aún más. Ni qué hablar de la ruta 9, una verdadera “ruta de la muerte” hasta que empieza la autopista en Bell Ville, una autopista bastante sui generis porque no tiene ni una estación de servicio hasta Córdoba, donde poder ir al baño aunque sea. Los números hablan por sí mismos: durante el mes de enero de 2010, en las rutas de Córdoba murieron 41 personas. La última gran tragedia fue en la ruta 7, pasando Laboulaye, cuando el 3 de febrero volcó un ómnibus que había salido de San Juan y tenía como destino Necochea. Resultado: seis muertos.

Si un visitante viene en ómnibus y tiene la suerte de llegar a la terminal de Córdoba, entonces empezará otra aventura, tratando de recuperar el bolso de la bodega, abriéndose paso entre la gente en los andenes, rogando que el mozo le traiga el café que pidió hace media hora en el bar y, finalmente, intentando conseguir un taxi después de hacer una cola interminable. Todo, absolutamente todo en la terminal de ómnibus, está colapsado. Y también nos habían dicho que al concedérsela a la empresa privada Netoc, todo iba a andar mejor…

Resabios de los ’90 que seguimos padeciendo, igual que la privatización de los aeropuertos, con el agregado de que se los dieron todos a una única empresa monopólica: Aeropuertos Argentina 2000. Supongamos que el turista en vez de venir en ómnibus viene en avión, pensando que los servicios serán mejores, tanto en el vuelo como en la terminal aérea. ¡Craso error! Ni los vuelos son más placenteros, ni los asientos más cómodos, ni el aeropuerto está mejor que la terminal de ómnibus. El gran edificio, todo de vidrio y metal, luce unos pisos que relucen, quizá a propósito para que la gente pueda sentarse en ellos. Por lo menos tienen esa delicadeza. Pero en la parte alta donde están las partidas no hay ni un solo asiento, ni un bebedero donde tomar agua, obviamente con la clara intención de que usted se tenga que sentar a consumir en el bar, donde el turista o quien lo acompaña tendrá que dejar medio presupuesto de las vacaciones por una botellita de agua, o una lata de gaseosa. Es realmente patético ver que los turistas, los que pueden, los más jóvenes, tienen que aguantar las frecuentes esperas y retrasos de vuelos tirados en el piso del aeropuerto, ya sea a la llegada o a la partida. Luego de esas peripecias, el turista sale del aeropuerto y tiene que caminar hasta la playa de estacionamiento haciendo enduro con su valija de rueditas, saltando los cordones de la vereda. O aguantar el triste espectáculo de ver a los taxistas peleándose por un pasajero, porque alguno que no pertenece a la “mafia del aeropuerto” se le ocurrió la loca idea de querer trabajar allí ese día.

Si con este panorama, al que hay que agregarle los cortes de agua y de luz, el turista quiere volver algún día a Córdoba, hay que reconocerle mucho amor y buena voluntad. Termina una nueva temporada estival, seguramente nos dirán que fue un éxito. ¿Fue un éxito?

El turismo, en  el mundo entero (y también en otras provincias argentinas) es hoy un sector que busca la excelencia, que se supera y capacita, que ofrece cada vez más, y ofertas cada vez más variadas. Ya no alcanza con el burrito y la peperina  para seguir zafando.

 

 

 

 

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Mariano Saravia