La lucha mapuche

Publicado por admin el May 24th, 2009 bajo la Categoria Derechos Humanos, Historia, Politica Nacional. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

El problema a investigar es el conflicto mapuche, y la posibilidad de que el Estado le otorgue una autonomía a estas comunidades. La investigación se hará desde su perspectiva histórica, de la ciencia política y las relaciones internacionales y el estudio estará basado en la definición teórica de nación. Partiendo de la hipótesis de que el pueblo mapuche constituye una nación, se deberá encarar
el trabajo a ambos lados de la cordillera de Los Andes, es decir en los Estados chileno y argentino.

La idea de que a cada Estado le corresponde una nación es una idea moderna y eurocentrista, que trata de hacer calzar en un mismo molde dos o más realidades a veces muy distintas. La verdad es que hay Estados que están constituidos por más de una nación y también hay naciones que ni siquiera tienen Estado, o que están repartidas en distintos Estados. Es el caso de los kurdos, los vascos, los irlandeses, los mayas, los catalanes, los germánicos, y muchos más. Sería el caso también de los mapuches si este trabajo confirma la hipótesis de que constituyen una nación, porque se expanden a uno y otro lado de la Cordillera de los Andes.
Las relaciones entre el pueblo mapuche y el Estado han sido conflictivas históricamente, desde la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI. Sin embargo, en 1624 se firmó un tratado por el cual la Corona española reconocía al pueblo mapuche y a su territorio, estableciéndose como límite el río Bio Bio. Este fue el único tratado de este tipo entre la metrópolis y un pueblo originario de América.

Durante la época de la Capitanía de Chile, las relaciones fueron variables, pero a pesar de algunas etapas más tensas, hubo en general una convivencia. A principios del siglo XIX, el ser araucano (palabra española para designar a los mapuches) fue tomado como símbolo de criollaje y hasta de chilenidad, en las luchas de independencia.

Una vez obtenida esta independencia, el naciente Estado chileno continuó la política realista de respeto relativo del territorio mapuche, aunque el conflicto siempre estuvo latente. En 1835, el presidente Manuel Bulnes envió cónsules al territorio mapuche, acto en el cual reconocía implícitamente la independencia de esos territorios del sur. Mientras tanto, al este de la Cordillera de los Andes, nunca hubo conflicto porque el territorio mapuche estaba fuera de discusión y abarcaba toda la Patagonia y gran parte de lo que hoy son las provincias argentinas de Mendoza, La Pampa y Buenos Aires. Así fue hasta fines de la década de 1870, cuando ambos Estados emprendieron la conquista de los territorios mapuches. Apoyados en campañas militares, Chile  emprendió la “Pacificación de la Araucanía” y Argentina la “Campaña del Desierto”, aunque esta última fue más cruenta y adquirió características de genocidio. Si bien este concepto surge recién después de la Segunda Guerra Mundial, se refiere a la intención de exterminar un colectivo humano, ya sea por razones políticas, cuanto étnicas o religiosas. El conflicto hoy tiene dos aristas: la lucha por la propiedad de las tierras y la autonomía que le permita al pueblo mapuche autogestión y autogobierno.

Se trata de un tema oculto y la intención de este trabajo es esclarecerlo en lo posible, tratando de provocar un debate amplio y constructivo.

Es un tema oculto en primer lugar porque en Argentina, y en menor medida en Chile, siempre se trató de ocultar la realidad y hasta la existencia de pueblos originarios. Principalmente en la Argentina siempre se habló y se habla hasta con orgullo de que no hay negros ni indios, que la mayoría de la población desciende de inmigrantes europeos, esencialmente italianos, españoles, alemanes, judíos y también árabes, entre otros. Ya desde el nombre que la historia oficial le dio a la conquista de estos territorios (Conquista del Desierto) denota el menosprecio hacia este pueblo: en un desierto no hay nadie. Sin embargo sí había gente, eran los mapuches, y allí surgió una nueva forma de negación, la de justificar las campañas con el argumento de llevar la civilización a esos lugares donde reinaba la barbarie.

Luego de la victoria, los territorios fueron entregados como recompensa a los soldados o como prerrogativas a las familias más encumbradas de la aristocracia porteña. Por lo tanto, fue necesario seguir ocultando el problema durante el siglo XX y aún hoy, por las consecuencias que podría tener una discusión seria del mismo. De hecho, si se reconociera desde el Estado la existencia de un genocidio, se abriría la discusión de las compensaciones y resarcimientos. Es decir, si desde el punto de vista del derecho penal los delitos de lesa humanidad no prescriben, es lógico suponer que la acción civil que de ellos se derivan tampoco prescribe, por lo que sería inevitable poner sobre la mesa la discusión de la propiedad de la tierra. Por lo tanto, sigue siendo conveniente mantener este tema oculto o por lo menos contenido.

 

 

Los objetivos:

Analizar el concepto teórico de nación en relación con el Estado.

Definir si el pueblo mapuche constituye una Nación.

Evaluar su relación histórica con el hombre blanco y con el Estado.

Descubrir las semejanzas y diferencias que han tenido las relaciones entre
el pueblo mapuche y los distintos Estados: la Capitanía General de Chile en
épocas de la colonia; el Estado chileno y el Estado argentino.

Examinar sus distintas posiciones políticas en relación con los derechos que
reclama.

Describir y caracterizar las alternativas políticas de posibles respuestas a
los problemas planteados, desde el campo de las Relaciones Internacionales
en vinculación a los Estados chileno y argentino.
 

En cuanto a las posibilidades de investigación que presenta el tema, primero
será necesaria una búsqueda bibliográfica área por área, y principalmente
desde la historia, que es la disciplina científica desde la cual se ha
encarado mayormente el tema. Esa perspectiva deberá ser complementada con un
enfoque desde la ciencia política y desde las relaciones internacionales.

Y por último, será necesario también un estudio de campo, por lo que se ha
estado recorriendo la zona más conflictiva, constituida por la provincia
argentina de Neuquén y por la IX región chilena.

Por último, el solo hecho de que haya una investigación de este tipo (que
combine la historia con la ciencia política y las relaciones
internacionales) creo que tendrá un efecto transformador de la realidad en
el sentido que pondrá sobre la mesa de discusión un tema hasta ahora
ignorado o por lo menos relegado.

 
Presentación del tema y del marco teórico

Comenzaremos el trabajo abordando el tema de la nación y el nacionalismo, teniendo en cuenta que es un tema preocupante en la actualidad en el mundo entero, sobre todo desde la caída del bloque socialista y el fin de la Guerra Fría, a principios de la década del ‘90.

Los conflictos nacionales y los nacionalismos han sido y son causas de muchos de los conflictos bélicos más crueles de los últimos tiempos, y para algunos estudiosos estas palabras son sinónimo de egoísmo social, discriminación y xenofobia.

Por eso, es importante ir definiendo los términos, definir categorías de trabajo como nación, Estado y nacionalismo, identificar sus componentes y analizar también su evolución histórica.

En este sentido se tomará como guía para el marco teórico el pensamiento del jurista francés Ernest Renan, quien aborda el tema de la nación como una construcción social e histórica, y como tal, sujeta a variaciones a lo largo del tiempo.

En su artículo titulado “¿Qué es una nación?”, que integra el libro La invención de la nación (LIN), compilado por Álvaro Fernández Bravo, Renan comienza con una clara definición: “Son las naciones cosa bastante nueva en la historia, no eran conocidas en la antigüedad” (LIN p. 54). Y adelantándose en el tiempo, afirma que Europa occidental está dividida en naciones, algunas de las cuales han intentado ejercer hegemonía sobre otras sin lograrlo jamás de modo duradero. Dice que lo que no han podido ni Carlos V de España, ni Luis XIV de Francia ni Napoleón Bonaparte, nadie probablemente podrá hacer en el porvenir.

Este texto está extraído de un discurso de Renan en la Sorbonne del 11 de marzo de 1882, y hoy vemos que tiene más actualidad que nunca por el intento de imponer una constitución de la Unión Europea y su fracaso en algunos Estado-nación como Francia y Holanda.

Luego, Renan va descartando algunos elementos comúnmente ligados a la nación, como la raza, la lengua, la religión y la geografía.

Empieza desmitificando la raza y en relación a su país: “El francés no es galo ni franco ni burgundio. Es el producto de la gran caldera en que, bajo la presidencia del Rey de Francia, van fermentando juntos los más diversos elementos” (LIN p. 61).

Pone otros ejemplos, como el establecimiento original de los normandos a ambas márgenes del Canal de la Mancha y su derivación actual en ingleses y franceses, o la conformación multiétnica de los ingleses (germanos y celtas), Italia (galos, etruscos, pelasgos y griegos) y Alemania (germanos, celtas y eslavos).

Con relación a la lengua, asegura que hay algo superior a ella: la voluntad. Y afirma: “Las lenguas son formaciones históricas que indican poco respecto a la sangre de quien las habla” (LIN p. 62), rompiendo con la relación entre lengua y raza. Los ejemplos en este sentido sobran y se pueden citar los casos de todos lo pueblos colonizados que hablan la lengua de sus colonizadores.

“Tampoco la religión  puede ofrecer base suficiente para el establecimiento de una nacionalidad moderna”, remarca Renan. Él asegura que “ya no hay religión de Estado” porque “no hay masas que crean de modo uniforme” (LIN p. 63).

Por último, también descalifica a la geografía como elemento fundamental para la definición de una nacionalidad.

Más allá de reconocer que las montañas dividen y los ríos unen a los pueblos, subraya que la necesidad de redondear contornos ha sido causa de muchas guerras.

Así, Renan llega a la conclusión de que la nación es una construcción histórica, un producto de la voluntad y hasta una verdad espiritual. “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho grandes cosas juntos, querer aún hacerlas, he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo-nación” (LIN p.65), culmina Renan.

 
Hipótesis

Formularemos a continuación algunas hipótesis que guiarán el trabajo de investigación al ser expuestas a verificación y luego, confirmadas o descartadas.

- A pesar de las luchas iniciales, la relación entre la Corona Española y el pueblo mapuche fue mejor que la que sobrevino entre los Estados independientes y el mismo pueblo.

- La conquista española exterminó al pueblo mapuche, como a otros pueblos originarios de América.

- No hubo tales matanzas ni en la época de la colonia ni en la de los Estados americanos independientes.

-Los mapuches son un pueblo proveniente de Chile. En realidad, en Argentina había pampas, ranqueles y tehuelches. Por lo tanto, los mapuches no tienen derecho ni a la tierra ni al territorio.

-Los mapuches están solamente en el campo, aislados y desconectados de la civilización.

-Los mapuches están mayormente en las ciudades y se han integrado y adaptado a la civilización, por lo tanto ya no se puede hablar de pueblo mapuche sino que ya forman parte del pueblo argentino.

-Los mapuches constituyen una nación, que está repartida entre los Estados chileno y argentino, y tanto en comunidades rurales cuanto en centros urbanos. A lo sumo pueden convivir con otros pueblos dentro del territorio argentino, si el Estado evolucionara hacia un Estado multinacional y pluriétnico.

-Las alternativas que se abren frente al conflicto mapuche son: mantener el status quo, con lo cual podría continuar e incluso agravarse la tensión; aspirar a una independencia, lo que también agravaría el conflicto; o conceder al pueblo mapuche una autonomía política que abarque los distintos aspectos: gobierno, producción, economía, sustentabilidad, educación y salud, entre otros. De estas tres alternativas, la más viable para encausar el conflicto en carriles manejables es la de la autonomía.

Bibliografía tentativa:

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la identidad, de Herder a Homi Bhabha, Ediciones El Manantial, Buenos Aires,
2000.

Will Kymlicka, Ciudadanía multicultural, una teoría liberal de los derechos
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volúmenes I y II, Gedisa Editorial, Barcelona 2003.

José Bengoa, Historia del pueblo mapuche, siglo XIX y XX, LOM Ediciones,
Santiago de Chile 2000.

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convenios y tratados con indígenas en Pampa y Patagonia (Argentina
1742-1878), Vinciguerra Testimonios y el International Work Group for
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Curruhuinca Roux, Sayhueque, el último cacique, señor del Neuquén y la
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F. Córdova y N. Sugobono, Leyendas, mitos, cuentos y otros relatos
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Wille Arrué y Rafael Urretaizkaya, Aimé, Ediciones La grieta, San Martín de
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Mariano Saravia