17 de marzo, día emblemático si los hay. Para algunos es un día de memoria activa, al cumplirse este año el 17ª aniversario del ataque terrorista contra la Embajada de Israel en Buenos Aires. Para Córdoba, es el día del Cura Brochero, emblema de la otra cara de la misma Iglesia que alberga a Richard Williamson, el obispo nazi. Para la mayoría, es el día de San Patricio, aunque no tengan idea de quién fue este obispo irlandés y lo único que esperen para cada 17 de marzo es disfrazarse de duendes y tomar cerveza hasta reventar.
Pero como todo tiene que ver con todo, las tres efemérides pueden vincularse para parar la pelota y pensar de qué hablamos cuando hablamos del 17 de marzo, y darse cuenta que el pasado está permanentemente presente.
El 17 de marzo de 1992, a las 14.45 una bomba hizo añicos la Embajada de Israel en pleno centro porteño, matando a 29 personas e hiriendo a decenas. Uno de los sobrevivientes fue mi amigo Jorge Cohen, entonces encargado de prensa de la sede diplomática, y una saga de cuentos que estaba terminando. Esos cuentos, intactos, aparecieron bajo los escombros varios días después y se convirtieron en un libro que tiene el título “Cuentos bajo los escombros”. Son hoy el mejor homenaje a las víctimas a través del arte y de la vida, ante tanta muerte.
El otro homenaje, la justicia, sigue siendo una deuda pendiente del Estado argentino. Si bien la Corte acusó a Hizbollah, una organización fundamentalista islámica que actúa en el sur de El Líbano con el apoyo de Irán, nunca se avanzó con la conexión local. Y esa impunidad garantizó prácticamente que la tragedia se repitiera dos años después con el atentado terrorista contra la Amia, la mayor mutual judía de Argentina.
Un día, tomando un té en un bar con la ex embajadora de Irlanda en Argentina, Paula Slattery, me miró fijo y me dijo: “¿Cómo me puede usted explicar que nuestra embajada estaba al lado de la de Israel y no nos pasó nada a nadie?”. La miré asombrado, no entendiendo la pregunta, y mayor fue el asombro cuando retomó: “Porque fue el 17 de marzo, el día de Saint Patrick”.
En efecto, San Patricio es el patrono y el emblema de los irlandeses, un pueblo maravilloso, culto y soñador, politizado y luchador. Los irlandeses deben ser, junto con los vascos, uno de los pocos ejemplos a encontrar en una Europa que se apolilla, que se aburguesó tanto en los años de bienestar que ahora frente a la crisis internacional no sabe ni siquiera cómo reaccionar. Es un gran geriátrico de lujo. Pero los irlandeses –igual que los vascos- siguen luchando por lo que creen, en este caso por su derecho de autodeterminación, entendido como liberación del yugo inglés de ocho siglos. Y en esa lucha, San Patricio es fundamental. Los irlandeses saben mucho de historia y de política, y cualquiera te puede hablar con fundamento de cuáles son las tierras que los colonos ingleses les robaron a sus antepasados en el siglo XVII. Te pueden hablar de la Gran Hambruna, cuando entre 1845 y 1847 se pudrieron las cosechas de papas y los ingleses dejaron morir de hambre a 1.500.000 irlandeses en lo que fue un genocidio por omisión. Pero al mismo tiempo de que son muy cultos, que pueden hablar de historia y de política, que tienen los pies sobre la tierra y son aguerridos peleadores, los irlandeses son muy soñadores y también te pueden hablar de los duendes, las hadas o los gigantes. Y todos los pubs de madera de la isla verde reviven al atardecer, cuando luego de salir de sus trabajos, los irlandeses se juntan alrededor de un violín y una mandolina a tomar la típica cerveza negra o el whiskey, que se diferencia del whisky escocés porque el primero tiene tres destilaciones en vez de dos, haciéndolo un verdadero terciopelo que ayuda a los hombres a sacar su verdadero yo. Esto es muy importante, los irlandeses incluso mezclan la cerveza negra con el whiskey, y a veces puede ocurrir que la embriaguez los inunde, pero nunca van a perder de vista que beben para encontrarse y hablar.
Todo tiene un porqué y es triste ver que la moda hace que el 17 de marzo últimamente sea solamente disfrazarse con algo verde sin saber por qué y tomar cerveza hasta caer redondo, sin un sentido ni la más mínima idea de quién fue San Patricio.
Lá Fhéile Pádraig, por su nombre en gaélico, vivió en el siglo cuarto y paradójicamente no había nacido en Irlanda sino en Escocia. Pero a los 16 años fue secuestrado por unos bandidos irlandeses que lo cruzaron y lo esclavizaron, poniéndolo a cuidar chanchos durante un par de años. Hasta que Patricio escapó y volvió a su Escocia natal, pero en un sueño Dios le pidió que volviera y evangelizara a aquella gente brutal.
Así lo hizo, volvió a Irlanda y convirtió al cristianismo uno por uno a todos los druidas y jefes celtas, que abandonaron así el paganismo y convirtieron a la isla en uno de las primeras naciones cristianas. Para hacerles entender el misterio de la Santísima Trinidad, usó un trébol, que a partir de allí pasó a ser otro de los símbolos de Irlanda.
Pero todo esto quizá sea mucho para quien espera este 17 de marzo sólo para emborracharse. Lo que está mal no es emborracharse, sino hacerlo sin un sentido.
En definitiva, San Patricio es un símbolo de Irlanda, símbolo incluso de su lucha contra el eterno colonialismo inglés. Es uno más de los símbolos de una Irlanda católica contra un imperio anglicano. San Patricio es uno de esos santos adoptados por el pueblo.
Como José Gabriel Brochero, más conocido como el Cura Gaucho, que también es un santo del pueblo, a la espera de una canonización oficial de la Iglesia de Roma. Vivió pobre y lo hizo para y por el pueblo, abriendo caminos y escuelas en toda la Traslasierra. Llevando auxilio no sólo espiritual sino también material a los más pobres. Y murió como puede morir alguien así, ciego y enfermo de lepra, que se contagió de un paisano que le convidó un mate. Hablaba como la gente común de la zona, como habla Doña Jovita, esa genial creación de José Luis Serrano. Incluso esa cercanía con el pueblo es uno de los obstáculos al proceso de beatificación que acaba de iniciar el obispo de Córdoba, Carlos Ñáñez. Aunque parezca mentira, para la Iglesia una de las contras para considerar santo al Cura Brochero es que decía muchas malas palabras y fumaba.
A lomo de mula, con un único poncho de lana y cargando siempre a la Vírgen Purísima, se dedicó a abrir caminos. ¿Qué pensaría de aquellos que casi un siglo después se dedican a cerrar ramales de ferrocarril o a cortar rutas porque están ganando un poquito menos de lo que estaban acostumbrados a ganar?
Gaucho no es el que se disfraza de gaucho y vive en los barrios cerrados de Córdoba o Buenos Aires, envenenando a la tierra y a la gente que vive cerca con sus fumigaciones. Gauchos son todos los que pueblan esta tierra, como el Cura Brochero y los paisanos de Traslasierra. No sólo los afiliados a cuatro entidades de terratenientes, sino los que conocen y sufren la tierra, sobre todo la tierra menos favorecida de esta nación.
Y gauchos cristianos son los que, como el Cura Brochero, a partir de un sólido concepto de pertenencia a su pueblo y a su nación, avanzan hacia una conciencia de hermandad universal, no los gauchos del Escuadrón de la Vírgen, encabezados por personajes detestables como Ángel Funes Liendo, que defiende al obispo nazi Williamson y siguen enarbolando banderas de xenofobia y antisemitismo.
En este 17 de marzo, tanto San Patricio como el Cura Brochero se habrían sentido más judíos que nadie, recordando el horror de aquel 1992. Es una cara de la Iglesia que todos queremos, no aquella que niega el Holocausto.



estoy muy emosionada por haber leido esto! gracias!!! el cura brochero ejemplo de sacerdote, yo soy difusora del curita y casualmente descediente de irlandeses! pero no de las que se disfrazan!
gracias! conta conmigo para informacion sobre el curita, te paso mi msn ahi esta mi space dedicado al curita gaucho verileoni@live.com.ar
te cuento que esta muy movida la causa en roma. dios quiera que para 2010 podamos tener sorpresas!
un abrazo
vero
Hola Mriano esta muy bueno tu relato y me da mucho gusto q escribas sobre nuestro amado Cura Gaucho,pero el aniversario de su nacimiento es el 16 de marzo y se conmemora realizando una cabalgata de 5 dias recorriendo los senderos escarpados q el transitaba Jose Gabriel,saliendo desde Cordoba capital y llegando a Cura Brochero ,donde el pueblo la recibe con una emocionante fiesta,te invito para que realices esta experiencia,te va encantar!!!!!!!!
Y el 26 de enero se conmemora el aniversario del dia en el que se fue con Dios y se realiza toda una semana de evento,la cual se denomina como semana Brocheriana y concluye el mismo 26
Gracias por este espacio y te deseo muchos triunfos y bendiciones.
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