Rudolf Höss - Yo, comandante de Auschwitz - Memorias del Infierno

Publicado por admin el Jul 5th, 2010 bajo la Categoria Derechos Humanos, Destacadas. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

Material recopilado y suministrado por Mario Sinay, director del departamento de habla hispana de la Escuela Internacional de Estudios del Museo del Holocausto de Jerusalén.

 

“Yo, comandante de Auschwitz” es el autorretrato de uno de los personajes más monstruosos de todos los tiempos: Rudolf Höss, el hombre que seguramente más supo sobre el modo en que los nazis intentaron llevar a cabo la así llamada «solución final». Capturado por los ingleses al finalizar la guerra, se le ordenó escribir sus memorias, tarea con la que al parecer disfrutó y que acometió con la mayor sinceridad.
Rudolf Höss (1900 - 1947) fue nombrado comandante del campo de Auschwitz, donde organizó los asesinatos en masa desde 1940 hasta finales de 1943. Al finalizar la guerra huyó disfrazado, pero la Policía Militar británica lo capturó en marzo de 1946, y fue conducido a Nüremberg. En el transcurso del juicio, los prisioneros sobrevivientes que testificaron contra él lo definieron como una persona acostumbrada a desenvolverse con frialdad. El 2 de abril de 1947 fue condenado a muerte, y se tomó la sentencia con aparente indiferencia. Lo ahorcaron en el antiguo campo de concentración de Auschwitz, días más tarde.

El libro en su versión en español acaba de salir a luz con una introducción brillante de Primo Levy, el cual señala que «sus memorias están llenas de infamias, contadas con torpeza burocrática que perturba, de nivel literario mediocre y su autor aparece tal cual es: un canalla, basto, engreído y por momentos falaz».

Rudolf Höss se había convertido en un gris funcionario burocrático, respetuoso de la disciplina y fanático del orden. Fue un trepador de ambiciones y se transformó en uno de los mayores criminales de la historia. En sus filas recuerda: «El uniforme era elegante y la paga buena; los poderes, casi ilimitados; la impunidad garantizada ; hoy eran los dueños del país y mañana del mundo entero» (Primo Levy – Pág. 10)

 

Memorias Asesinas

 

La orden

Fue en el verano de 1941. Ahora no podría decir la fecha exacta, pero recuerdo que fui citado por el Reichsführer, en Berlín, por medio de su ayudante. Contra lo que era costumbre en él, Himmler me recibió sin que se hallase presente ninguno de sus ayudantes y me dijo, más o menos, lo que sigue: ‘El Führer ha ordenado que se proceda a la solución definitiva del problema judío y las SS son las encargadas de llevar a cabo esta orden. Los centros de exterminio que funcionan actualmente en territorio oriental no están capacitados, ni mucho menos, para afrontar las colosales acciones previstas. Para ello ha elegido Auschwitz, en primer lugar por su óptima situación desde el punto de vista de las comunicaciones y, en segundo, porque el territorio de este campo puede ser aislado y camuflado fácilmente. Para esta tarea había pensado en elegir a un alto oficial de las SS, pero, para evitar las dificultades iniciales debidas a la incompetencia, he abandonado esta idea y será usted el encargado de cumplir esta misión. Se trata de un trabajo duro y difícil que requiere una total entrega y una previsión de las dificultades futuras’”.

  

La primera Etapa – Prisioneros de Guerra Soviéticos y Polacos

«Durante el primer período de 1940-1941, los reclusos eran ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Después morían ahorcados o de un tiro en la nuca. Los reclusos internados en la enfermería, se les administraba una inyección letal».

 

Auschwitz – Campo de exterminio masivo

Por voluntad del Reichsführer de las SS, Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un Führer de las SS, ponerlo en duda.

 

El sistema de Auschwitz

La solución final del problema judío suponía el exterminio total de los judíos de Europa. Me ordenaron la creación de instalaciones de exterminio en Auschwitz en junio de 1941. En aquella época ya funcionaban tres campos de exterminio en Polonia: Belzek, Treblinka y Wolzek. Visité Treblinka para enterarme de cómo se procedía al exterminio. El comandante del campo de Treblinka me dijo que había liquidado 80.000 personas en seis meses y añadió que se ocupaba principalmente de la liquidación de los judíos de Varsovia. Utilizaba el monóxido de carbono, pero no me pareció que el método fuese muy eficaz. Por ello, al construir en Auschwitz las instalaciones de exterminio, recurrí al Zyklon B, ácido prúsico en cristales que se dejaba caer en la cámara de la muerte por una pequeña abertura. Se necesitaban de tres a quince minutos para matar a los detenidos encerrados en la cámara de gas, según las condiciones climáticas. Sabíamos que habían muerto cuando cesaban de oírse sus gritos. Normalmente, esperábamos media hora más antes de abrir las puertas y retirar los cadáveres. Una vez retirados los cadáveres, nuestros Komandos especiales arrebataban a las víctimas sus anillos y dientes de oro”.

 

La industrialización de la muerte

Otra mejora de nuestras instalaciones en relación con las de Treblinka fue la construcción de cámaras de gas capaces para dos mil personas, mientras que las diez de Treblinka no permitían acoger a más de doscientas personas en conjunto. Para elegir nuestras víctimas se hacía del modo siguiente: teníamos en Auschwitz dos médicos de las SS encargados de examinar la llegada de nuevos prisioneros. Estos tenían que desfilar ante uno de los médicos, quien tomaba una decisión instantáneamente. Los apropiados para trabajar eran enviados al campo; los demás eran enviados inmediatamente a las instalaciones de exterminio. Los niños eran todos ejecutados, dado que no podían trabajar. Otro paso adelante consistía en que en Treblinka las víctimas casi siempre sabían que iban a ser ejecutados, mientras que en Auschwitz tratábamos de engañarles, diciéndoles que iban a ser sometidos a una desinsectación’”.

 

La Selección y las Cámaras de Gas

“La policía entregaba a los prisioneros a un destacamento del campo. En el mismo andén eran divididos en tres grupos y los ‘Lagerschütze’ los conducían hasta la instalación de exterminio, conocida con el nombre de ‘el bunker’. Los equipajes se dejaban en el andén y luego se llevaban al departamento de selección, llamado ‘Canadá’. Una vez en el bunker, se obligaba a desnudarse a los prisioneros y se les decía que iban a pasar a la zona de desinfección. Se llenaban con ellos las cámaras de gas, que eran cinco, se cerraban herméticamente las puertas y, a través de unos huecos construidos a tal fin, se introducía el contenido de los recipientes de gas”.

 Al cabo de media hora se abrían las puertas (cada cámara tenía dos), se extraían los muertos y, mediante un pequeño tren, se los llevaba a las fosas. También se llevaban las ropas al departamento de vestuario, para su selección. Todas las operaciones, desde la recogida de las ropas hasta la conducción de nuevos prisioneros, desde la retirada de los cadáveres hasta el transporte, incluida la excavación de las grandes fosas comunes donde se enterraban los cadáveres, eran efectuadas por un destacamento de judíos que estaban aislados del resto y que, según una disposición de Himmler, debían ser también exterminados. Mientras se realizaban los primeros transportes llegó la orden de Himmler de extraer de los cadáveres los dientes de oro y cortar el pelo a las mujeres. Estas tareas también las realizaban los judíos del Sonderkommando (comando especial)”.

 

Auschwitz y “la Solución Final”

La orden de Himmler, tal como se me comunicó en el despacho de Eichmann, prescribía la exterminación, sin excepciones, de todos los judíos que llegasen a Auschwitz. Esto fue lo que ocurrió con los judíos de la Alta Silesia. Sin embargo, al llegar los primeros judíos alemanes, se ordenó la selección de los hombres y mujeres que fueran aptos para trabajar en las fábricas de armas. Esto ocurrió antes de la creación del campo para mujeres, que se hizo necesario para realizar tal orden“.

 «Desde la Primavera de 1942 centenares de miles de judíos encontraron la muerte en las cámaras de gas. La mayoría de ellos no sospechaba nada. Su salud era perfecta. Los árboles frutales que rodeaban la zona estaban en flor. Ese cuadro en que la vida se codeaba con la muerte, ha quedado en mi memoria».

 

En las puertas de las cámaras de Gas

La misión del Sonderkommando era de vital importancia que toda la operación de la llegada y preparación tuviese lugar en total calma, y que no hubiese ni gritos ni excitación. Si alguien se negaba a desnudarse, debían intervenir para ayudarlo otros que ya lo habían hecho o los del Sonderkommando. Los más obstinados eran tranquilizados y persuadidos con buenas maneras. Los prisioneros del Sonderkommando procuraban también que la operación se realizase con la mayor rapidez, para que las víctimas no tuvieran tiempo de meditar acerca de lo que les iba a suceder”.

 A veces, las mujeres, al desvestirse, comenzaban a dar unos gritos terribles, se tiraban de los cabellos y tenían crisis histéricas. Se las cogía inmediatamente y se las llevaba detrás del edificio, donde se les disparaba en la nuca. También solía ocurrir que cuando los del Sonderkommando salían de la cámara de gas, las mujeres se daban cuenta de lo que iba a ocurrir y les gritaban todas las maldiciones posibles. Recuerdo que una mujer, al cerrarse las puertas, trató de sacar a sus hijos y gritaba llorando: ‘¡Al menos, dejad con vida a mis hijos!’. Hubo muchas de estas escenas y eran impresionantes para quien las veía. Durante la primavera de 1942 centenares de hombres y mujeres en la flor de la vida fueron a la muerte entre los frutales de la granja, sin sospechar nada. Aquella imagen de vida y de muerte permanece viva y claramente ante mis ojos”.

«No me podía permitir apartar la vista aunque la emoción se apoderara de mí. Debía mostrar indiferencia mientras las madres entraban en las cámaras de gas con sus hijos de la mano, que reían o lloraban. Debía permanecer allí de noche y de día mientras sacaban los cadáveres, los incineraban, les arrancaban los dientes de oro o les cortaban el pelo. A petición de los médicos también me tocó observar como morían las víctimas a través de tragaluces de la cámara de gas. En Auschwitz no había tiempo para aburrirse».

 

Los Gitanos

«En Agosto de 1944, fueron llevados unos cuatro mil gitanos a las cámaras de gas. No resultó nada fácil hacerles entrar en la cámara de gas». (Pág. 118)

 

Ultimas Líneas

En el último párrafo del libro (Págs. 175-176) escribe: «Nunca fui cruel y no he maltratado a nadie, ni matado a ninguno de los reclusos con mis propias manos».

 

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1 Respuesta para “Rudolf Höss - Yo, comandante de Auschwitz - Memorias del Infierno”

  1. Amelie Esquenazi dice:

    Mariano,
    Tu página me parece extraordinaria, tanto como el empeño y la pasión que pones al resaltar las causas justas.
    Gente como tú hace la diferencia en este mundo.
    Amelie Esquenazi

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Mariano Saravia