
Patricia Rodas
Patricia Rodas, es sin lugar a dudas, una de las espadas más importantes de la lucha contra el golpe de Estado. Se la ve en la frontera con su gente, en los foros internacionales –sobre todo junto a los pueblos del Alba–; estuvo en el Bicentenario de Bolivia y en el 30º aniversario de la Revolución Sandinista. Esta entrevista con América XXI empezó en la carretera, muy cerca del paso fronterizo de Las Manos, y terminó al día siguiente en el gimnasio de Ocotal, que sirve de refugio a los miles de hondureños que cruzaron la frontera “enmontañados”.
El presidente decidió quedarse con su gente y no acudir al llamado de la secretaria de Estado de Estados Unidos. ¿Participó de esa decisión?
Hillary Clinton no ha hecho un llamado, sólo ha tenido una expresión. Recuerden que en Estados Unidos no están cayendo presos ni muertos, ni hay un pueblo en resistencia ni sufriendo. Por lo tanto, la visión que se tiene desde afuera no es la misma que se tiene desde acá. La obligación de un presidente es la de cumplir con las atribuciones que su pueblo le ha ordenado, y debe hacerlo fuera o dentro del país. Eso no es imprudencia. Si el presidente al que se destituyó y se secuestró hubiera sido el de Estados Unidos, ya tendríamos a la Armada de ese país lista y en pie de guerra en cualquier lugar del mundo. Nuestro país es más pequeño, y mucho más pobre, pero creemos que no nos merecemos menos.
¿Tiene idea de cuántos son los hondureños que llegaron por las montañas?
No sabemos con exactitud, pero son miles. Están huyendo de la represión para apoyar a su presidente.
Micheletti ha dicho que son traidores a la patria y por eso no podrán volver, al menos legalmente
Imagínese a un traidor hablando de traición: eso sí es el colmo. El pueblo hondureño es un pueblo fuerte, firme, heroico. Los que están llegando no son empleados públicos, no obedecen a empresarios ni se sienten amenazados de perder sus trabajos (en relación a los manifestantes de las marchas blancas en apoyo al golpe de Estado). Simplemente los mueve la dignidad, la misma dignidad por la que nuestro pueblo ha logrado grandes conquistas como la de recuperar las urnas. Esta vez también va a luchar para reconquistar el derecho a dirimir nuestras diferencias por la vía democrática.
¿Usted no tiene pensado volver a Honduras para organizar el frente interno?
Lo pienso todos los días de mi vida. Pero ahora soy la responsable del frente internacional: no podemos perder el contacto con el mundo. Nuestro esfuerzo es sostener la condena mundial al régimen golpista. Cuando esa labor sea cumplida y el presidente nos dé la orden, entraremos inmediatamente, pero la articulación del movimiento está clara y tenemos líderes de primer orden al frente de la resistencia.
Pero los están metiendo presos, como a Rafael Alegría (dirigente de Vía Campesina) que luego fue liberado
Claro, ésa ha sido la historia de nuestros países: fuerzas armadas que sólo han servido para dar golpes de Estado y golpear a nuestra gente, pero siempre el pueblo ha vencido. Las luchas no se ganan de la noche a la mañana, son procesos. El pueblo va adquiriendo conciencia para entregarse a la lucha y va aprendiendo a organizarse y a detectar a sus líderes inmediatos. No podemos pensar que hoy meten preso a un líder y se acabó. Esto no es una justa machista a ver quién llega primero, quién tiene más fuerza, esto es la lucha de un régimen constitucional de un país al que se le ha arrebatado la democracia. Tienen de rehén al Estado, ¿lo vamos a aceptar? No, nuestro pueblo está marchando.
¿Y Estados Unidos, cómo ve la actuación de su gobierno? La historia marca que siempre estuvo detrás de los golpes de Estado en nuestro continente
El gobierno de Estados Unidos es complejo: tiene grandes contradicciones internas, incluso antagonismos. Recuerda que en Estados Unidos han asesinado presidentes, y no precisamente gobiernos extranjeros. Tenemos que comprender que la historia nos enseña cada día que no hay golpe de Estado en el que alguna fuerza de poder de Estados Unidos no se involucre. Obviamente ésta no tiene por qué ser la excepción. Pero no podemos culpar por ello a toda la estructura gubernamental de Estados Unidos. Yo no puedo responsabilizar al presidente Obama, o a la propia secretaria de Estado Hillary Clinton, o a un sector importante de congresistas progresistas demócratas que de repente creen en la libertad de los pueblos. Pero sí puedo responsabilizar a esos entes del Estado norteamericano: sin ellos no se movería un dedo para un golpe de Estado. Recuerda que esos órganos son los mejor informados del mundo: para que se mueva una hoja, para que nazca un huracán, se necesita su permiso. Y si ellos no se metieron es porque algún interés tienen en esto. Yo sí creo que hay fuerzas del gobierno de Estados Unidos que a espaldas del presidente Obama están actuando en contra de mi pueblo. Esos mismos sectores están gritando en el Congreso de Estados Unidos contra el pueblo hondureño. Están pidiendo que apresen o asesinen al presidente constitucional. Están mandando a Honduras a sus asesores: Otto Reich, Carmona, están apoyando a los asesinos.
¿Pero usted está convencida de la inocencia de Obama?, porque también Kennedy negaba su participación en la invasión de la Bahía de los Cochinos.
Yo creo en el estado de derecho y la presunción de inocencia es fundamental, y que yo sepa en el pasado el presidente Obama no ha participado de ningún acto criminal contra nuestro pueblo. Pero sí lo han hecho la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado. Lo que quiero decir es que yo todavía no puedo culpar a un presidente que recién está llegando, que no sabemos realmente adónde conduce su proceso porque no quisiera dentro de unos años tener que retractarme. El mismo Obama ha dicho que tendrá que dormir vestido y con la valija al lado porque hoy ningún presidente puede dormir tranquilo. Y nosotros en broma decimos que eso se aplica para América Latina, pero en los Estados Unidos la experiencia nos dice que es mejor que duerman con la mortaja y el ataúd al lado.
¿Y cómo ve la actitud del presidente Oscar Arias? Por qué ir a San José a negociar con golpistas…
No hubo negociación, lo que hubo fue una necesidad de la diplomacia de prestarse a una mediación. Fuimos a ver sólo cuándo se iban los golpistas para devolver el lugar que están usurpando.
Cuando se restituya el orden constitucional y ustedes vuelvan al poder, ¿habrá perdón o castigo para los golpistas?
Hemos aceptado discutir eso. El único punto que aceptamos es que una vez que se restituya el orden constitucional, el presidente Arias convoque a los distintos sectores de la sociedad para discutir los temas que él ha propuesto. Quizás ingenuamente se haya equivocado, pero eso no le borra la buena intención.
¿Por qué se dio el golpe? Ustedes habían hecho reformas, ¿pero el proceso iba en vía de convertirse en una revolución?
Sí, en una revolución ciudadana, pacífica. Sobre todo les dolió a las transnacionales, las que habían sido más golpeadas por las virtudes democráticas de nuestro Presidente.
¿Cómo está viviendo usted todo esto desde lo humano?
Mira, realmente todavía no me he puesto a pensar en eso, pero es muy duro. Te voy a contar mi historia, si me permites. Cuando yo tenía dos años, un batallón de las Fuerzas Armadas de Honduras me sacó de mi casa en una cuna porque habían asestado un golpe de Estado para que mi padre (Modesto Rodas) no ganara las elecciones del 3 de octubre de 1963. Fueron los mismos que ahora están llevando adelante este golpe de Estado. Tuvimos que salir todos del país. Mi padre murió luchando por la democracia dos meses antes de la primera elección libre. Luego, siendo yo adolescente, los mismos que antes lo apoyaban, lo traicionaron y lo enterraron con sus sueños. Al presidente Zelaya no lo enterraron, pero lo traicionaron igual, y son los mismos nombres. Después, siendo joven, sufrí junto a mi generación la persecución y la muerte. Mis primeros novios y esposos fueron asesinados por las mismas fuerzas que hoy asesinan a mi pueblo. Tomé los fusiles y me fui a la guerrilla por seis años (participó del Movimiento Revolucionario Francisco Morazán). Luchamos como creímos conveniente por nuestro país. Luego bajamos los fusiles y Manuel Zelaya nos invitó a marchar pacíficamente hacia una revolución democrática y aquí estamos, marchando a su lado. Ahora es la derecha de siempre la que vuelve a levantar las armas contra nosotros. Pero seguiremos con profundas convicciones junto a nuestro presidente por una lucha pacífica y no armada.
El problema es que el enemigo hoy tiene en su poder otras armas poderosas: los medios de comunicación
Es muy cierto compañero, no tenemos medios de comunicación que digan la verdad. Y los pocos que dicen la verdad, en este momento están siendo silenciados. Qué cierto es lo que dices, éstos micrófonos (señala el mío) a veces son más fuertes que los fusiles.
Porque matan conciencias, o las adormecen
Matan pueblos enteros de un solo cañonazo. En eso tienes razón y por eso necesitamos con urgencia medios propios. Yo aprovecho esta entrevista para llamar entonces al pueblo a que tome las radioemisoras, las televisoras y no permita que nunca más vuelvan a herir su conciencia.


