“Nos pasó lo mismo que a Allende con Pinochet”

Publicado por admin el Ago 23rd, 2009 bajo la Categoria Derechos Humanos, Politica Internacional. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

En el paraje Jacaleapa, a unos 40 kilómetros de la frontera con Nicaragua, un nuevo retén militar interrumpe la carretera. En este caso son muchos más los hombres de verde, armados hasta los dientes. Es que a un costado de la ruta está acampando la familia del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, depuesto por el golpe de Estado el pasado 28 de junio.

El gobierno de Rusia manifestó su disposición de participar en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), iniciativa integracionista promovida desde Venezuela. “Hemos seguido con interés y con simpatía el desarrollo de este proceso.

Allí está la primera dama, Xiomara Castro, también la madre de Zelaya y la hija de ambos, Xiomara, apodada “la Pichu”. No están solas: hay un centenar de personas, sobre todo humildes, apoyándolas. La Primera Dama se acerca y atiende amablemente a este cronista, hasta fuerza una sonrisa aunque se le nota el cansancio. Ya lleva tres días allí, pasando todo el día en las camionetas y yendo a la noche a comer, bañarse y dormir a una casa que le ceden amablemente unos lugareños.

También desde fines del año pasado, en ocasión de un encuentro formal a nivel ministerial entre el Alba e Irán, las autoridades de este país afirmaron su disposición a emprendimientos conjuntos. El primer vicepresidente iraní Parviz Davoudi sostuvo que Irán y el Alba pueden usar su abundante potencial en beneficio de las naciones latinoamericanas. “Nuestras economías pueden complementarse”, dijo, aludiendo a unos 200 acuerdos firmados entre Irán y Venezuela, por alrededor de 4 mil millones de dólares, y al hecho de que en conjunto estos países poseen un quinto de todas las reservas probadas de petróleo y gas. En consecuencia, Irán solicitó su incorporación al Alba como miembro observador.

El jefe de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vásquez Velázquez le ofreció un helicóptero para cruzar la frontera y encontrarse con su marido. ¿No confía en ese ofrecimiento?

Imagínate tú que yo voy a confiar en las personas que arrestaron al Presidente, que ingresaron a mi casa a punta de bala, que rompieron las puertas y lo sacaron amarrado de las manos y de los pies. Pretenden que vuelva a confiar en ellos, y digo vuelva porque cuando el Presidente destituyó al general Vázquez Velázquez y lo anunció en un medio de comunicación el miércoles 24 de junio, el general estuvo llamándome tres, cuatro veces al día y su última llamada fue a las dos de la tarde del sábado anterior al golpe. Me dijo: “Comandanta le quiero informar que aquí está todo controlado, que todo está tranquilo, el hecho de a que las urnas las distribuyan a través de la sociedad civil nos puede permitir a nosotros los militares acompañar a la policía y resguardar el proceso, dígale al Presidente que lo esperamos en el Estado Mayor, que aquí estamos reunidos todos los generales, y que queremos tomarnos un cafecito con él”. Yo llamé al Presidente y le pasé el mensaje. Creo que él se confió después de mi llamada porque durante todos esos días previos había estado durmiendo en diferentes casas, pero esa noche volvió a nuestra casa.

Es decir que esos días previos ustedes preveían la posibilidad de un golpe

Los militares le deben obediencia al Comandante General que es el Presidente. Pero hubo una desobediencia con el pronunciamiento militar ante la destitución de Romeo Vázquez Velázquez. Desde ese momento comenzamos a temer la posibilidad de un golpe de Estado.

Y antes de esa semana, ¿cómo era la relación de su familia con Romeo Vázquez Velázquez? ¿Era un hombre de confianza para ustedes?

Sí, pensábamos que era un hombre leal. Cuando hablábamos con él y lo escuchábamos, nos inspiraba confianza. De hecho el Presidente lo ratificó en este gobierno.

¿A ustedes les pasó lo mismo que a Salvador Allende con Augusto Pinochet?

Exactamente. Lo que está pasando aquí es lo mismo que sucedía en las décadas de los ‘70 y ’80 en todos los países de América Latina. Era casi una tradición que los militares estuvieran gobernando ¡Pero cuánto luchamos nosotros por la democracia! ¡Cuánto les ha costado a ustedes como país (en referencia a Argentina) cambiar la historia. Ustedes han luchado por eso, cuántos muertos, cuántos vejámenes han pasado por causa de estas mismas cosas. Nosotros también. Pero nunca habíamos visto una reacción popular como la que tenemos ahora: los golpes de Estado duraban 15 minutos y la gente sólo miraba y aceptaba. Hoy la gente tiene conciencia, sabe lo que significa tener un golpe de Estado en nuestro país. La gente se ha rebelado.

Y en todos esos golpes que usted menciona, estaba siempre Estados Unidos. Ahora también se habla mucho de una reunión crucial en la Embajada de Estados Unidos, previamente al golpe…

Sí, antes del golpe hubo reuniones con el Presidente en las que estaban los candidatos de los partidos Liberal y Nacional, estaba el propio Roberto Micheletti como presidente del Congreso y el embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens. Ellos estuvieron buscando una solución a algo a lo que no podían oponerse: la consulta por la cuarta urna, que no era nada más que preguntar a la población si quería que en las elecciones generales de noviembre se instalara una cuarta urna en la que se consultara a su vez la posibilidad de una Asamblea Constituyente.

Pero en esas reuniones estaban los principales actores políticos hondureños, ¿por qué tenía que estar ahí el embajador de Estados Unidos?

Ha existido una relación desde que el embajador Hugo Llorens llegó a nuestro país, y a través de él se pudo lograr sentar a estas personas. Él prácticamente era quien convocaba y estaba allí y escuchaba. Quienes hablaban eran los políticos hondureños; Llorens era como un mediador, era la persona que tenía la capacidad de convocar a uno y a otro. Y las reuniones eran en la residencia del Embajador, no en la Embajada.

Cuando la gente, incluso los golpistas, se refieren a Manuel Zelaya, hay varias expresiones como ex presidente, presidente depuesto, y muchas más. Pero cuando se refieren a usted, siguen diciendo Primera Dama. ¿Por qué será?

Mire, yo no me había dado cuenta de esto, pero la verdad es que nosotros en estos tres años hemos trabajado por los más humildes como nunca antes se hizo y la oportunidad de ser parte del Gabinete Social y de hacer tareas sociales fue decisión del Presidente. Hicimos acciones para atender a 170 mil personas que vivían en la extrema pobreza, y en el lapso de tres años redujimos un 10% la extrema pobreza. Probablemente por todo esto me he ganado un respeto especial.

¿Encabezaría una alternativa electoral en el futuro?

Lo que hace falta para construir una alternativa a los partidos tradicionales es darle más participación al pueblo. Bueno, eso era lo que se estaba haciendo y por eso nos dieron el golpe de Estado. Se le ha dado más poder al pueblo y se les han dado razones para luchar y exigir por sus derechos y vamos para allá independientemente de lo que suceda. Independientemente de si el Presidente regresa o no, esa ya es una lucha que lo trasciende, es una lucha de la gente, del pueblo. Podemos regresar a la casa con el orgullo de decir que no sólo dejamos obras físicas, sino también una nueva mentalidad en el pueblo.

Usted habla de regresar a su casa. Desde el plano humano, ¿se arrepiente de haberse metido en política? Porque ustedes eran una familia acomodada, con sus negocios…

Yo no me voy a arrepentir de acompañar al Presidente en todo el esfuerzo que ha hecho. Tampoco de la lucha que se ha logrado. Honduras tiene siete millones de habitantes y sólo uno es Presidente. Cuando uno llega a estas posiciones una vez en la vida, tiene la oportunidad de cambiar la historia del país. Entonces no debe haber arrepentimiento, y menos cuando uno ve la respuesta del pueblo. Hoy más que nunca me siento orgullosa de ser hondureña y de vivir en esta tierra, con esta gente. El pueblo es el que nos sigue apoyando. Sabe la cantidad de gente común que me dice: “En este país hay muchos puntos por donde el Presidente puede entrar, dígale que sólo nos diga por dónde y hacia dónde, y ahí estaremos”. Eso es lo que me da Fortaleza.

1 Respuesta para ““Nos pasó lo mismo que a Allende con Pinochet””

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Mariano Saravia