Material recopilado y suministrado por Mario Sinay, director del departamento de habla hispana de la Escuela Internacional de Estudios del Museo del Holocausto de Jerusalén.
Sin Flores ni Coronas – Odette Elina – Auschwitz – Birkenau 1944-1945
Si esto es un Hombre – Primo Levy
El hombre en busca de significado – Victor Frankl
La noche – Elie Wiesel
“Si comprender es imposible, conocer es necesario” - Primo Levi
“Recordar para no morir, contar para vivir” – Elie Wiesel
“…en este lugar está prohibido todo, no por ninguna razón oculta sino porque el campo se ha creado para ese propósito” - Primo Levi
El Vagón de Tren - (Yad Vashem)
« Más de 100 personas apretujaron en nuestro vagón, no tengo la capacidad de explicar la situación trágica de nuestro vagón cerrado, no hay aire, cada uno trata de llegar a la pequeña ventanilla, están todos tirados en el piso, yo también me acosté en el piso del vagón en donde encontré una grieta, puse mi nariz en ella para respirar un poco de aire fresco.
El olor en el vagón es insoportable, en las cuatro esquinas del vagón, la gente hace sus necesidades, después de un largo tiempo de viaje, el tren frenó repentinamente, un guardián entró en el vagón para robar nuestras pertenencias de valor. Teníamos que llegar a él, uno a uno, y mostrarle todas nuestras pertenencias. Él se llevó todo aquello que no estaba bien oculto, dinero, relojes, objetos de valor…
¡Agua! imploramos a los guardianes del tren, estábamos dispuestos a pagar mucho dinero por una taza de agua. 500 – 1000 Zlotis por un poco de agua. Pagué 500 Zlotis, más de la mitad del dinero en mi poder, y recibí un recipiente de agua, medio litro de agua. Cuando comencé a beber, una señora me imploró para que le dejase un poco de agua para su hijo que se había desmayado. A la fuerza quiso obligarme a que le diera mi agua. Deje unos tragos de agua y vi al niño beber.
El tiempo pasaba y la situación empeoraba, El sol ardía y en el Vagón hacía un calor sofocante, Los Hombres estaban semi desnudos, y algunas mujeres también estaban en sus ropas interiores. La Gente estaba agotada en el piso, traspiraban y temblaban, se esforzaban por respirar y ya casi que no se podían mover.
Llegamos al campo, muchos estaban tirados en el piso del vagón, algunos ya sin vida. Si hubiese continuado otro día más, hubiésemos llegado todos muertos por el calor y la falta de aire ».
El vagón de tren - La noche – Elie Wiesel
“A la mañana siguiente, caminamos hacia la estación donde nos esperaba un convoy de vagones para ganado. Los gendarmes húngaros nos hicieron subir a razón de ochenta personas por vagón. Nos dejaron algunas hogazas de pan, algunos baldes de agua. Controlaron los barrotes de las ventanillas para verificar si eran fuertes. Los vagones fueron sellados. En cada uno se había designado un responsable: sería fusilado si alguien escapaba. Se fueron. Las puertas volvieron a cerrarse. Habíamos caído en la trampa hasta el cuello. Las puertas estaban clavadas, el camino de retorno definitivamente cortado. El mundo era un vagón herméticamente cerrado. “
El viaje – Primo levy – Si esto es un hombre
Me había capturado la milicia fascista el 13 de Diciembre de 1943. Tenía 24 años, poco juicio, ninguna experiencia y una inclinación decidida, favorecida por el régimen de segregación, al que estaba reducido desde hacía 4 años por las leyes raciales, a vivir en un mundo poco real, donde cultivaba un sentido de la rebelión moderado y abstracto.
Habían cerrado las puertas en seguida, pero el tren no se puso en marcha hasta por la tarde. Nos habíamos enterado con alivio de nuestro destino: Auschwitz, un nombre carente de cualquier significado entonces para nosotros, pero que tenía que corresponder a un lugar de este mundo…
El tren iba lentamente, con largas paradas enervantes. Pasamos las últimas ciudades de nombres Italianos… mirando a mi alrededor pensaba en cuantos, de todo aquel triste polvo humano, podrían estar señalados por el destino.
Sufríamos de sed y de frío. En cada parada pedíamos agua a grandes voces, o por lo menos un puñado de nieve. Los soldados de la escolta alejaban a quienes trataban de acercarse al convoy.
Menos terrible era para todos el hambre, el cansancio y el insomnio, que la tensión y los nervios hacían menos penosos. Pero las noches eran una pesadilla interminable.
Fueron las incomodidades, los golpes, el frío, la sed, lo que nos mantuvo a flote sobre una desesperación sin fondo, durante el viaje y después?
Entre las 45 personas de mi vagón, tan sólo 4 han vuelto a ver su hogar, y fue el vagón más afortunado.
El viaje – Primo levy – Si esto es un hombre
“Aquí estaba, ante nuestros ojos, bajo nuestros pies, uno de los famosos trenes de guerra alemanes, los que no vuelven, aquellos de los cuales, temblando y siempre un poco incrédulos, habíamos oído hablar con tanta frecuencia.
Exactamente así, punto por punto, vagones de mercancías, cerrados desde el exterior, y dentro hombres, mujeres, niños, comprimidos sin piedad, como mercancías en docenas, en un viaje hacia la nada”
La Rampa - El hombre en busca de significado – Victor Frankl
Las portezuelas del vagón se abrieron de golpe y fuimos recibidos con un ligero alborozo por un pequeño destacamento de reclusos. Vestían el típico traje a rayas y sus cabezas estaban rapadas, pero parecían bien alimentados. Hablaban en todas las lenguas europeas imaginables y se expresaban con un cierto toque de humor o jovialidad, lo cual sonaba grotesco en aquellas circunstancias. Como quien se agarra a un clavo ardiendo, con mi innato optimismo, me aferré a esta idea: Estos prisioneros tienen buen aspecto, parecen gozar de buen humor e incluso ríen. ¿Quién sabe? Quizá, yo pueda llegar a ser uno de ellos…
La llegada a Auschwitz - Si esto es un Hombre – Primo Levy
“Aquí nadie tiene tiempo, nadie tiene paciencia, nadie te escucha; los que hemos llegado, los últimos nos reunimos instintivamente en los rincones, contra las paredes, para sentirnos con la espalda materialmente resguardada (…). El Lager es el hambre: nosotros somos el hambre, un hambre viviente”.
La Selección - Primo levy – Si esto es un hombre
Abrieron el portón del vagón con estrépito, la oscuridad resonó con órdenes en idioma extranjero, con esos bárbaros ladridos de los perros alemanes y los alemanes cuando mandan, que parecen dar salida a una rabia secular.
Vimos un vasto andén iluminado por reflectores. Un poco más allá, una fila de camiones. Luego, todo quedó de nuevo en silencio. Alguien tradujo: había que bajar el equipaje y dejarlo junto al tren. En un momento el andén estuvo hormigueante de sombras: pero teníamos miedo de romper el silencio, todos se agitaban en torno a los equipajes, se buscaban, se llamaban unos a otros, pero tímidamente, a media voz.
Una decena de SS estaban a un lado, con aire indiferente, con las piernas abiertas. En determinado momento empezaron a caminar entre nosotros y, con voz baja, con rostros de piedra, empezaron a interrogarnos rápidamente, uno a otro, en mal Italiano.
No interrogaban a todos, sólo a algunos, ¿Cuántos años? ¿Sano o enfermo? y según la respuesta nos señalaban dos direcciones diferentes.
Todo estaba silencioso como en un acuario, y como en algunas escenas de los sueños. Esperábamos algo más apocalíptico y aparecían unos simples guardias. Era desconcertante y desarmante. Hubo alguien que se atrevió a preguntar por las maletas. Contestaron: “Maletas después”. Otro no quería separarse de su mujer. Dijeron: “después, otra vez juntos”. Muchas madres no querían separarse de sus hijos. Dijeron: “Bien, bien, quedarse con hijos”. Siempre con la tranquila seguridad de quien no hace más que su oficio de todos los días.
En menos de diez minutos todos los que éramos hombres útiles estuvimos reunidos en un grupo. Lo que fue de los demás, de las mujeres, de los niños, de los viejos, no pudimos saberlo ni entonces ni después: La noche se los trago, pura y simplemente.
Hoy sabemos que con aquella selección rápida y sumaria se había decidido de todos y cada uno de nosotros si podía o no trabajar útilmente para el Reich, sabemos que en los campos de Buna Monovitz y Birkenau no entraron, de nuestro convoy, más que 97 hombres y 29 mujeres y que de todos los demás, que eran más de 500, ninguno estaba vivo 2 días más tarde.
Así murió Emilia, que tenía tres años, ya que a los alemanes les parecía clara la necesidad histórica de mandar a la muerte a los niños de los judíos.
Emilia, hija del ingeniero Aldo Levy de Milano, que era una niña curiosa, ambiciosa, alegre e inteligente a la cual, durante el viaje en el vagón atestado, su padre y su madre habían conseguido bañar en un cubo de zinc, en un agua tibia que el degenerado maquinista alemán había consentido en sacar de la locomotora que nos arrastraba a todos a la muerte.
Desaparecieron así en un instante, a traición, nuestras mujeres, nuestros padres, nuestros hijos.
Casi nadie pudo despedirse de ellos. Los vimos en poco de tiempo como una masa oscura en el otro extremo del andén, luego ya no vimos nada.
Convertirse en un habitante más del infierno - La noche – Elie Wiesel
“En un último momento de lucidez me pareció que éramos almas malditas errantes en el mundo-de-la-nada, almas condenadas a errar a través de los espacios hasta el fin de las generaciones en busca de su redención, en busca del olvido, sin esperanza de encontrarlo”
La Sauna - Sin Flores ni Coronas – Odette Elina
Al bajar del vagón hubo una selección estricta.
De las aproximadamente 1.500 mujeres que formaban parte del convoy, sólo 99 llegamos vivas al campo.
Nos despojaron de todo.
Nos vimos desnudas, tatuadas, rapadas. Brutalmente.
Apenas teníamos conciencia de estar aún con vida.
Una parte de la noche la pasamos esperando, sin saber que, en las duchas.
Después nos molieron a golpes. Así de buenas a primeras, sin duda para meternos de inmediato en el ambiente del campo, o como una manera de enseñarnos a vivir.
Luego nos hicieron pasar bajo la ducha. Sin jabón ni toalla.
Aquellas mujeres, que habían alcanzado un grado de delgadez inconcebible, deformadas por el edema del hambre, con sus carnes flácidas y sus cabezas rapadas, habían perdido todo carácter femenino.
Nos dejaron el resto de la noche de pie, desnudas, en un Block con ventanas sin vidrios.
La deshumanización - Primo levy – Si esto es un hombre
“(…) en este lugar está prohibido todo, no por ninguna razón oculta sino porque el campo se ha creado para ese propósito”
Las Cámaras de Gas - El hombre en busca de significado – Victor Frankl
Después de unos pocos días en Awshwitz, el prisionero perdía el temor a la muerte. Pasados los primeros días, hasta las cámaras de gas se observaban con un horror atenuado y soportable.
Amistad - Sin Flores ni Coronas – Odette Elina
Tener una amiga ayuda tanto a soportar el sufrimiento…
La primera noche - La noche – Elie Wiesel
El viaje en tren fue nuestra última ilusión.
Cada tantos metros había un SS con su pistola enfundada.
Mano a mano, fuimos detrás de todos, como una masa humana.
Un oficial de la SS gritaba: « Hombres a la izquierda, Mujeres a la derecha! »
Ocho palabras pronunciadas con indiferencia y sin ninguna emoción.
Ocho pequeñas y simples palabras.
Ese fue el momento que me separé de mi madre.
En ese momento no comprendí la magnitud de los acontecimientos.
Mi padre me apretó la mano y me dijo: « Ahora estamos solos ».
Por un fragmento de instante vi a mi madre Sarah y a mi hermana Tzipora pasar a la derecha. Tzipora, mi hermana iba de la mano de mi madre.
La imagen de mi madre y mi hermana se dispersaron en la distancia.
Mi madre acariciaba el pelo de mi hermana como protegiéndola, mientras yo seguía marchando con mi padre y los otros hombres.
Yo no supe en ese momento que me estaba despidiendo de mi madre Sarah y de Tzipora para siempre.
Esa fue la última vez que vi a mi madre y a mi hermana.
Hambre - Sin Flores ni Coronas – Odette Elina
De repente, me arrojo como una loca sobre una manchita roja en el suelo. Creí que era un trozo de zanahoria. Pero me equivoqué, era tan sólo un pedazo de ladrillo.
Tengo tanta hambre que me levanto a buscar cáscaras de patata en el cubo de los desperdicios.
Hambre - El hombre en busca de significado – Victor Frankl
A causa del alto grado de desnutrición, resultaba lógico que el afán por procurarse alimentos fuese el instinto primitivo dominante, alrededor del cual giraba el resto de la vida mental.
Hambre - Primo levy – Si esto es un hombre
“A todas horas el peso del estómago vacío, las mandíbulas inmóviles, la pesadez de los huesos. Los dientes se mantienen blancos. Listo para engullir lo que le echen, el aparato se mantiene atado y tranquilo como las máquinas paradas. Sólo arrancará para morir”
Muselman - El hombre en busca de significado – Victor Frankl
Se les conocía como “Musulmanes” porque adoptaban una postura que, observados a cierta distancia, recordaba a los árabes en oración. También se les describía, y se les nombraba como cadáveres ambulantes, hombres momia, muertos vivos, presencias sin rostros. Eran prisioneros que abandonaban – por decisión o por ausencia de fuerzas – cualquier esfuerzo por la supervivencia, en esas condiciones perdían la orientación vital – todo les daba igual – la falta de esperanza, se apoderaba de ellos la desnutrición y temblaban continuamente de frío. La temperatura corporal bajaba normalmente por debajo de los 36 grados. En otras palabras, la persona se desvanecía y en su lugar surgía un haz de funciones biológicas ya en agonía.
La Apatía - El hombre en busca de significado – Victor Frankl
Una vez pasados los primeros días y el Shok, pasa el prisionero a una fase de apatía generalizada, que desemboca en una especie de muerte emocional.
Ahora la tortura interior se intensificaba con otras sensaciones todavía más dolorosas, que el prisionero intentaba amortiguar en su intimidad.
La principal era su incontrolada añoranza por su hogar y su familia. A veces era tan aguda que el recluso se consumía de simple nostalgia.
Seguía después una fuerte repugnancia frente a la horrible fealdad que lo rodeaba, que se extendía hasta sus aspectos más superficiales o externos.
Jamás Olvidare - La noche – Elie Wiesel
“Jamás olvidaré esa noche, la primera noche, en el campo de concentración que ha transformado mi vida en una larga noche, maldecida siete veces y siete veces sellada bajo vueltas de llave.
Jamás olvidaré aquel humo.
Jamás olvidaré los pequeños rostros de los niños, cuyos cuerpos vi transformarse en líneas de humo bajo un cielo azul silencioso.
Jamás olvidaré aquellas llamas que consumieron mi fe para siempre. Jamás olvidaré el silencio nocturno que me privó, por toda la eternidad, del deseo de vivir.
Jamás olvidaré aquellos momentos que asesinaron mi Dios y mi alma, convirtiendo en polvo mis sueños, que adquirieron el rostro del desierto.
Jamás lo olvidaré, aunque me condenaran a vivir tanto como Dios. Jamás”.




