Memoria y esperanza

Publicado por admin el Abr 20th, 2010 bajo la Categoria Derechos Humanos. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

El lunes 12 de abril se realizó en el Teatro del Libertador San Martín un acto organizado por la Daia en homenaje a las víctimas del Holocausto judío.
Allí, el orador principal fue el padre Rafael Velasco, rector de la Universidad Católica de Córdoba, quien hizo hincapié en la indiferencia que posibilitó esa gran tragedia de la Humanidad del siglo XX, y cómo se ha manifestado históricamente esa indiferencia para atrás y para adelante, haciendo que la frase “Nunca Más” se vacíe de contenido y que los genocidios sigan sucediéndose.
Velasco usó la figura bíblica de Caín, primer genocida se podría decir en nuestra historia, ya que asesinó al 25 por ciento de la población mundial. Y cuando Dios le pregunta por su hermano Abel que él mismo ha matado, le responde: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.
En este caso, la respuesta de Caín no es sólo de indiferencia y desentendimiento sino también mentirosa y ocultadora, porque él mismo había matado a Abel. ¿Pero cuántas veces respondemos lo mismo, desentendiéndonos de los genocidios porque las víctimas siempre pensamos que son los otros?
O fueron los indios, o fueron los armenios, o fueron los judíos, o fueron los zurditos. ¿A mí qué me importa?, por algo habrá sido, algo habrán hecho.
Abril es un mes terrible para la memoria: el 6 se recuerda el genocidio de los tutsis en Ruanda en 1994; el 19 se recuerda el glorioso levantamiento del Ghetto de Varsovia, encabezado por Mordejai Anielewicz en 1943; ese mismo día es el Día de los Pueblos Originarios, aniquilados por la colonia española antes y por el Estado argentino luego; y el 24 el inicio del Genocidio Armenio de 1915.
Sin embargo, seguimos comportándonos como “caínes”, desentendiéndonos de la suerte de nuestros hermanos “abeles”. Y a veces siendo cómplices de su exterminio con nuestro silencio que garantiza la impunidad.
En Alemania acaban de “condenar” al obispo lefebvrista Richard Williamson a pagar una multa de 10 mil dólares por negar el Holocausto judío. Williamson es el mismo que vivía en la provincia de Buenos Aires hasta que fue expulsado por el gobierno nacional, el mismo que fue perdonado y aceptado de nuevo en la Iglesia por Benedicto XVI, luego de que hubiera sido excomulgado por Juan Pablo II en 1988; el mismo que tiene a sus seguidores en plena ciudad de Córdoba, en la
capilla San Pío V,  calle Guido 227 de barrio San Martín.
Mientras, en pleno centro de Villa General Belgrano se venden camisetas con la cruz svástica y en una librería de viejo enfrente del Correo en pleno centro de Córdoba, está expuesto al público el libro Mi lucha, de Adolf Hitler. Sin que nadie se escandalice.
El sábado 17 de abril, unos 50 autos de descendientes de armenios hicieron una caravana por el centro de la ciudad, para visibilizar un genocidio todavía oculto, a 95 años de distancia. Obviamente, 50 autos en caravana ocasionaron una mínima demora en los semáforos, cuando los policías y zorros municipales cortaban las calles. Ppero era la única manera de llamar la atención. No iban a hacerla un lunes a la noche… Sin embargo, la mayoría de los automovilistas reaccionaban con bronca, algunos con furia, pensando sólo en el retraso de tres minutos y ni siquiera leyendo los carteles que decían: “Turquía genocida. Responsable del aniquilamiento de 1.500.000 armenios”. Otra vez la reacción a lo caín, ¿qué me importan los armenios? Esa es la misma reacción de indiferencia que tuvo el mundo en aquellos años, la que permitió a Hitler decir el 22 de agosto de 1939 antes de comenzar su propio genocidio contra los judíos: “Total, ¿quién se acuerda hoy de los armenios?”.
Durante toda esta semana, el Instituto de Culturas Aborígenes organizó el Congreso del Aborigen en la explanada de Radio Nacional, pleno centro de Córdoba, pero muy pocos de los miles y miles que por ahí desfilan diariamente se acercaron a ver de qué se trataba. “¿Que quieren cambiarle el nombre a la calle Julio A. Roca? ¿Para qué? Lo único que van a ocasionar es perjuicios por la nomenclatura”, siguen repitiendo la mayoría de los concejales de la ciudad. Caínes.
Esta semana también se conoció que en Buenos Aires se presentó una denuncia para que la Justicia argentina investigue los juicios de lesa humanidad del régimen franquista en España. La presentación estuvo a cargo de víctimas del genocidio franquista y de organismos de Derechos Humanos (organizaciones piqueteras kirchneristas al decir del senador nacional Luis Juez).
Esta acción es un claro apoyo al juez español Baltasar Garzón, acusado en su país de incurrir en prevaricato por su decisión de buscar la verdad y la justicia de los crímenes de lesa humanidad de hace casi 80 años. Ahora, los caínes españoles le endilgan a Garzón no respetar la amnistía de 1977, derivada del Pacto de la Moncloa, un pacto que los caínes argentinos siguen poniendo como ejemplo de “gobernabilidad” cuando en realidad es sólo un ejemplo de impunidad que dejó en el olvido a más de 110 mil asesinatos.
La detención en Londres de Augusto Pinochet fue un hito en la historia de la justicia universal contra los genocidas. Fue ejecutada por Scotland Yard el 16 de octubre de 1998 y ordenada por Garzón en base a  la jurisdicción universal en derechos humanos y a la imprescriptibilidad de crímenes de lesa humanidad. Esa acción abrió la puerta para que luego hubiera algunos procesos penales contra el ex dictador chileno en su país, y lo mismo sucedió cuando procesó al represor argentino Adolfo Scilingo, generando un antecedente para que luego este gobierno nacional impulsara la derogación de las mal llamadas “leyes del perdón”, en realidad leyes de impunidad.
Ahora, tenemos la oportunidad de devolverle la atención a Garzón, a las familias de las víctimas del franquismo, a España y a la Humanidad toda. Pero también surgen los caínes cordobeses que ponen el grito en el cielo de cómo nos vamos a meter con estos temas ajenos a nosotros, y además pasados de moda.
Falta un mes para que en Córdoba empiece uno de los juicios más emblemáticos de la historia: el de los fusilados en la UP1, la cárcel de San Martín, en el que están acusados nada más ni nada menos que Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez. Y una semana más tarde, la causa Gontero, en la que están acusados Carlos Yanicelli y el resto de “la patota” del D2. Los mismos que sostuvo y defendió el actual diputado nacional Oscar Aguad cuando era ministro de Gobierno de Ramón Mestre y Yanicelli el tercero en la Policía de Córdoba.
Dice San Agustín que existe el presente del pasado, y se llama memoria. Y existe el presente del futuro, y se llama esperanza. Pero sin el uno no hay el otro.

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Mariano Saravia