Honduras Hoy

El golpe – la resistencia
Una encrucijada mundial
“Nadie debe obediencia a un gobierno
usurpador ni a quienes asuman funciones
o empleos públicos por la fuerza de las
armas o usando medios o procedimientos
que quebranten o desconozcan lo que esta
Constitución y las leyes establecen. Los
actos verificados por tales autoridades son
nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a
la insurrección en defensa del orden constitucional”.
(Artículo 3 de la Constitución Nacional
de Honduras)
INTRODUCCIÓN
El mejor momento y el mejor lugar
América Latina es hoy el único lugar del
mundo en donde están poniéndose en discusión
nuevos o distintos modelos políticos, ideológicos
y hasta civilizatorios. Uno de esos lugares de
nuestra América, clave en esta revolución continental,
es Honduras, salvajemente golpeada por
esta aventura golpista. Con todas sus contradicciones
y paradojas, Honduras estaba siendo conducida
por un ex empresario maderero hacia la
revolución de Morazán y Bolívar. El presidente
constitucional José Manuel “Mel” Zelaya había
incluido a su país en el Alba. Había iniciado un
proceso no sólo de integración regional sino también
de distribución de la riqueza. Y todo eso en
el país que históricamente fue la plataforma del
Imperio en Centroamérica.
Hay que recordar que desde Honduras, en
1954 la CIA planificó el derrocamiento de Jacobo
Arbenz en Guatemala, la invasión a Cuba por la
Bahía de Cochinos en 1961, la guerra contrarrevolucionaria
de Nicaragua y la guerra contrainsurgente
de El Salvador en la década de 1980. Por
todo eso, Honduras es emblemática, además de
ser la cuna de Morazán y por ende el germen de
la unidad de los cinco Estados en que se dividió
la nación centroamericana (Guatemala, El Salvador,
Nicaragua, Honduras y Costa Rica).
Contexto
William Howard Taft, 27° presidente de los Estados
Unidos, había dicho en 1912: “No está lejano
el día en que tres banderas de barras y estrellas
señalen en tres sitios equidistantes la extensión
de nuestro territorio: una en el Polo
Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en
el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de
hecho, como en virtud de nuestra superioridad
racial, ya es nuestro moralmente”.
Como un verdadero visionario, Taft preanunció
el ascenso de su país como principal potencia
mundial, desplazando de ese lugar a sus maestros
ingleses. Y en ese sentido, también reemplazaron
a Inglaterra como poder colonial en
Sudamérica. De hecho, la metrópolis fue Madrid
entre 1492 y 1810; luego fue Londres hasta el período
de entreguerra, y desde entonces lo es Washington.
Hasta la Enciclopedia histórica de Oxford pone como
ejemplo de la categoría política de “semicolonia” a la
Argentina de la primera mitad del siglo XX en relación
con el Reino Unido.
Ahora bien, ese estatus de semicolonia de Inglaterra
durante la primera parte del siglo pasado,
en los años ‘70 pasó a ser de colonia de
Estados Unidos con todas las letras, ya que a la
dominación económica se le sumó la dominación
brutal por la fuerza, en general utilizando a los
militares de cada país adiestrados en Panamá.
Hoy, esa amenaza permanece latente, como con
el Plan Colombia o los amagues de intervencionismo
en Bolivia y Venezuela.
Cuando dejamos de depender de España cambiamos
la bandera roja y amarilla por otras que
nos empezaron a identificar en la escena mundial.
Pero hasta esas banderas nos robaron los
traidores que se atribuyeron la representación de
la nación y en nombre de ella implementaron el
terror de Estado y la expoliación económica del
pueblo.
Están sucias y rotas de tanto ser pisoteadas
por los poderes extranjeros y sus cipayos, pero
están ahí, a nuestro alcance. Podemos embanderarnos
con nuestros colores, podemos reconocer-
nos en ellos y ponernos la camiseta de nuestro
equipo.
El liberalismo conservador (que en economía
no es una contradicción) usó históricamente un
falso y fatuo nacionalismo para sus propósitos, y
también para dividirnos y licuar las ideas de Bolívar
y San Martín.
Es una paradoja que hoy, ese mismo liberalismo
conservador, ante proyectos nacionales y
populares como los de Venezuela o Bolivia, agiten
“el peligro del nacionalismo”. Pero la verdad
es que estos nacionalismos están volviendo la mirada
hacia sus propios pueblos, y abriendo el espectro
hacia los costados, redescubriendo el
sentido de ser sudamericanos, desempolvando
las ideas bolivarianas y sanmartinianas, y predicando
en definitiva un nacionalismo internacionalista
(que tampoco es una contradicción). O
más bien, recuperando la noción de gran Nación
en torno a la solidaridad entre los pueblos.
Después de la “Década Infame” de los años
‘90, en la que nos quisieron hacer creer aquello
que decía Francis Yukuyama acerca del fin de la
historia y el sepelio de las ideologías, algo está
sucediendo en Sudamérica.
Mientras el resto del mundo parece todavía
empantanado en la década pasada o en guerras
santas, América Latina es la única región del
globo que está redescubriendo el sentido de la
lucha de liberación social. Con mayor o menor
éxito, con mayor o menor coherencia, con mayor
o menor decisión, Sudamérica es el único lugar
de la Tierra donde se escuchan palabras como
justicia social, redistribución del ingreso, educación
popular, salud pública, derechos humanos,
y, sobre todo, integración regional. Hoy hemos
redescubierto o estamos en vías de redescubrir
que somos sudamericanos. Con el Área de Libre
Comercio para las Américas (Alca), los Estados
Unidos esperaban cristalizar el sueño de William
Taft, pero lamentablemente para ellos, ese proyecto
murió con la Cumbre de las Américas realizada
en octubre de 2005 en Mar del Plata. Y la
alternativa es el Alba, ahora rebautizado como
Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra
América.
Hoy, poco a poco, las sociedades sudamericanas
van recuperando sus colores, ya no están tan
pálidas. Van recuperando todos sus colores, su
multiplicidad de colores. Ya no hay un gran hermano
que marca un modo monocromo de actuar.
Hasta las palabras Patria y patriota se están recuperando.
Sería importante poder empezar a recuperar
conceptos como militar y Ejército
nacional, a pesar de que hayan sido y todavía
sean muchos los traidores y la imagen de las instituciones
se haya manchado. Aún hoy hay algunos
ejércitos como el hondureño que siguen
estando formados por soldados mercenarios, al
servicio de la oligarquía local y asesinos de su
propio pueblo.
Víctor Heredia, en su canción “Aquellos soldaditos
de plomo”, dice:
“Yo quiero una fila entera,
de soldados desfilando,
y todo un pueblo cantando,
con renovada pasión,
quiero de nuevo el honor,
aunque no existan victorias,
quiero llorar con la gloria,
de una marcha militar,
y un banderín agitar,
frente a un ejército popular”.
Y para recuperar todo lo nuestro es importante
volver la mirada atrás, repasar las campañas,
el valor y el pensamiento de nuestros grandes
militares como Morazán, Miranda, Bolívar,
San Martín, O’Higgins y Artigas. Habrá que
aprender de los pueblos originarios aquello de
que el pasado siempre está adelante, y que para
avanzar hay que mirar a nuestros padres y abuelos.
Como pueblos y como sociedades, también
deberemos poner a la historia en el lugar que se
merece, entenderla no como un compendio enciclopedista
de fechas y de batallas sino como una
verdadera lección de vida, y emparentarla definitivamente
con el presente.
CAPÍTULO UNO
En marcha, la revolución pendiente
En cualquier proceso de liberación colonial
tiene que haber dos revoluciones paralelas: una
de liberación nacional y otra de liberación social.
Cualquiera de las dos que se haga sin la otra,
quedará incompleta.
En América del Sur, los primeros intentos revolucionarios
fueron los de revoluciones indias
y negras, como la de José Gabriel Condorcanqui
(Tupac Amaru II) en 1780 en el Alto Perú o la
Conjura de Alfaiates de tinte antiesclavista en
Bahía en 1798. Pero las dos quedaron truncas.
Sin embargo, hubo un ejemplo de revolución
de liberación nacional y liberación social con-
temporáneas, fue la de Haití, que comenzó en
1791 y culminó exitosamente el 1º de enero de
1804.
Fue el segundo país del continente en liberarse
políticamente, luego de los Estados Unidos. Y la
única experiencia exitosa de revolución antiesclavista
en la historia de la Humanidad. Y todo
eso contra los ejércitos más poderosos del mundo
en esa época, los de Napoleón Bonaparte. Paradójicamente,
Haití es hoy un país ocupado y el
más pobre del continente.
Luego del éxito de la revolución haitiana, durante
las guerras de independencia, hubo héroes
que entendieron la necesidad de acompañar la liberación
nacional con un proceso de emancipación
social, económico y de soberanía total y
unión continental. Fueron Simón Bolívar, José de
San Martín, José Gervasio de Artigas y Manuel
Rodríguez (el guerrillero de la libertad), entre
otros. Pero lamentablemente en cada país se impusieron
los representantes de la reacción, los
mantuvieron separados y cada uno por su lado,
y sobre todo, lograron que el poder económico
no cambiara de manos.
En realidad, las clases dominantes siguieron
manteniendo sus prerrogativas y, como buenos
traidores y lacayos, se subordinaron automática
e inmediatamente al nuevo poder imperial. Es
que pasamos de depender políticamente de un
imperio, el español, a depender económica y financieramente
de otro imperio, el inglés. Eso volvió
a cambiar en el siglo XX a favor del imperio estadounidense.
Por eso, lo que ha comenzado a partir de Venezuela,
y luego se ha extendido a Bolivia y
Ecuador, y en menor medida a otros países de
América Latina, es la lucha por la liberación social,
económica y financiera. La revolución que completará
de nuestros héroes, justo 200 años después.
Por eso, desde la batalla de Ayacucho, el 9 de
diciembre de 1824, cuanto el gran mariscal Antonio
José de Sucre completó la liberación nacional,
esta etapa que vivimos es la más importante.
Pero la reacción es directamente proporcional
a la profundidad del proceso político emancipatorio
en marcha: los mismos traidores de siempre
al servicio del imperio de turno. Son las
clases privilegiadas, las clases dominantes, los
empresarios en Venezuela, los banqueros en
Ecuador, los cívicos de la Media Luna en Bolivia,
los terratenientes sojeros en Argentina, y sigue la
lista.
Y hay un nuevo actor que es común en todos
los países: los grandes grupos mediáticos, que ya
no están más al servicio del poder, hoy son el
poder.
Con el advenimiento de la sociedad de la información,
las nuevas tecnologías y la globalización,
los medios de comunicación masivos han
quedado en manos del poder financiero, con lo
cual el periodismo ha pasado de ser “el cuarto
poder” a ser el primer poder. De hecho, este matrimonio
entre el poder mediático y el poder financiero
es mucho más fuerte que el poder
político, en muchos casos. Menos donde las grandes
mayorías son las protagonistas de los procesos
políticos, como en los casos revolucionarios
ya mencionados.
Esta es la madre de todas las batallas en el presente
y en el futuro inmediato en nuestro continente,
el único del mundo que está inmerso en
una revolución de liberación.
CAPÍTULO DOS
Honduras en perspectiva
Honduras ha vivido un largo recorrido de intervenciones
estadounidenses y por la influencia
de la United y la Standard Fruit Company, dio
origen a la expresión “república bananera”, para
representar casi a un protectorado de los intereses
privados y públicos de Estados Unidos.
Para que esta situación se diera, por supuesto
que fue fundamental la actuación de las fuerzas
armadas y la oligarquía local, como en la actualidad.
Una vez derrotado el gran Francisco Morazán,
héroe principal no sólo de Honduras sino de
todo Centroamérica (y principal impulsor de la
Federación Centroamericana que agrupaba a
Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y
Costa Rica) a partir de 1840 no pudo desligarse
de un pasado marcado por el golpismo, el poder
de las clases conservadoras y el intervencionismo
norteamericano implícito y explícito.
En el siglo XX, la importancia creciente del banano
puso al país bajo el dominio de compañías
norteamericanas como United, Standard y Cuyamel.
En 1929 la United Fruit Company compró
Cuyamel y se fue quedando con todo, haciendo
finalmente de Honduras una “república bananera”.
Este vuelco de la economía primaria hondureña
desarrolló la zona del Caribe, construyó
puertos como Puerto Cortés, y también le dio un
impulso a San Pedro Sula, aunque este desarrollo
nunca se trasladó al bienestar de la población.
En 1933, de la mano de la United Fruit Company,
llegó al poder Tiburcio Carías Andino, detentándolo
a través de una férrea dictadura hasta
1948, cuando lo sucedió Juan Manuel Gálvez,
quien emprendió una relativa modernización del
país. Sus políticas capitalistas lo enfrentaron con
los obreros y las luchas populares terminaron en
1954 con la expulsión de la United Fruit y del
propio Gálvez. Asumió entonces el liberal
Ramón Villeda Morales y adhirió al Mercado
Común Centroamericano, al tiempo que lanzó algunos
programas en favor de una reforma agraria
y de la educación. En 1963, en el contexto de
la naciente Revolución Cubana, sufrió un nuevo
golpe de Estado financiado por Washington, sostenido
por la oligarquía local y encabezado por
el coronel Osvaldo López Arellano.
Esta dictadura fue cruel en sus políticas internas
y externas, al punto que llevó a Honduras en
1969 a la famosa “Guerra del Fútbol” con El Salvador,
usando como excusa un partido por las
eliminatorias del mundial de México ’70, pero en
realidad por cuestiones fronterizas y problemas
inmigratorios.
Después de más de casi dos décadas de dictadura
militar, hubo elecciones. Los hondureños
votaron en noviembre de 1981 en las primeras
elecciones presidenciales en 18 años y fue elegido
presidente Roberto Suazo Cordova, del Partido
Liberal.
A partir de la victoria de la Revolución Sandinista
en Nicaragua (el 19 de julio de 1979) Honduras
empezó a ser la mimada de Estados
Unidos, que acrecentó su presencia en el país.
Si bien ya Honduras había servido en cierta
forma de plataforma de apoyo a los Estados Uni-
dos en operaciones como la destitución en 1954
del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, o la
invasión de Cochinos en 1961 contra Cuba, a partir
de los ’80 se convirtió directamente en una
plataforma militar yankee. Sirvió de base a los
contras en Nicaragua, incluso con el recordado
escándalo del Irán Gate, y también a la contrainsurgencia
en El Salvador, que buscaba controlar
la guerra de guerrillas del Frente Farabundo
Martí de Liberación Nacional.
La Casa Blanca, habitada por el actor Ronald
Reagan, envió como embajador a Tegucigalpa a
John Negroponte, un ex agente de inteligencia en
la Guerra de Vietnam.
Contrariamente a lo que uno hubiera supuesto,
la represión y el terrorismo de Estado se
acrecentó en estos años de democracia formal, en
los que el hombre fuerte era el general Gustavo
Álvarez Martínez, graduado en los años ’60 como
subteniente en el Colegio Militar de la Nación de
El Palomar, Argentina, y luego alumno avanzado
del Estado Mayor del Ejército en Buenos Aires.
La Doctrina de la Seguridad Nacional seguía
más vigente que nunca, al punto que mientras se
votaba en Honduras, oficiales de los ejércitos de
20 países latinoamericanos se encontraban con
jefes militares estadounidenses en Washington.
El secretario de Defensa de los Estados Unidos,
Caspar Weinberger, y el ministro de defensa de
El Salvador, José Guillermo García, fueron los
oradores principales de esa reunión en la que se
discutió principalmente como contrarrestar “el
terrorismo, la subversión y la insurrección armada”
en toda América Latina. En esos días, la
embajadora estadounidense ante las Naciones
Unidas, Jeane Kirkpatrick, viajó a Argentina,
Uruguay y Chile, para pedir un mayor involucramiento
militar de estos países en Centroamérica.
Mientras tanto, en Honduras militares
norteamericanos organizaban una fuerza paramilitar
latinoamericana, financiada por la CIA.
Durante toda la década de 1980 se aplicó en
Honduras un terrorismo de Estado feroz, con torturas,
muertes y desapariciones de personas,
cuyo principal responsable fue un personaje oscuro:
Billy Joya, quien hoy es asesor en seguridad
del dictador civil Roberto Micheletti.
Al mismo tiempo, en las ciudades y en el interior
de Honduras, era común ver a los contras
mezclados con gente de la CIA y veteranos de
Vietnam, todos involucrados en la guerra nicaragüense.
De estos años, 1982, data la constitución vigente
en Honduras, que Mel Zelaya quería reformar
con el proceso de la cuarta urna. Pero la
excusa de la oligarquía y los militares es que esa
constitución tiene artículos “pétreos” que no
pueden ser modificados nunca.
En 1990 asumió la presidencia Rafael Callejas,
del Partido Nacional, pero a fines de 1993 volvió
a ganar el Partido Liberal con Carlos Reina, sucedido
por su correligionario Carlos Flores Facussé
y luego por el conservador Ricardo
Maduro (panameño de nacimiento, por lo cual
no podría haber sido presidente según la misma
constitución que hoy defienden los golpistas).
Durante todos esos años, los distintos gobiernos
fueron títeres del Imperio y la oligarquía
local, implementando a rajatabla los postulados
del Consenso de Washington y el neoliberalismo.
Sólo Reina, en 1995, bajo presión popular intentó
algunas medidas para acotar el poder de las
Fuerzas Armadas e investigar las violaciones a
los derechos humanos de la década anterior. Inmediatamente
el Ejército llenó de tanques Tegucigalpa
y ese solo gesto de demostración de
fuerza bastó para que todo quedara en la nada.
¿Qué era la cuarta urna?
Estas estructuras de poder y de dominación
del pueblo estaban garantizadas por la constitu-
ción de 1982, la de la peor época del terrorismo
de Estado. Esa era la constitución que se intentaba
cambiar con el proceso que se hubiera iniciado
el 28 de junio con la cuarta urna. Pero ese
día fue al revés y lo que empezó fue un proceso
golpista.
En la consulta popular no vinculante del 28 de
junio, se iba a auscultar la voluntad del pueblo
sobre la posibilidad de que en las elecciones del
29 de noviembre de 2009 se expidiera en torno a
la necesidad o no de una reforma constitucional.
¿Por qué cuarta urna? Porque en las elecciones
del 29 de noviembre, la primera urna sería para
elegir presidente, la segunda urna para congresistas,
la tercer urna para alcaldes y la cuarta urna
para decir si o no a una Asamblea Constituyente.
Ahora bien, ¿eso significaba que Zelaya quisiera
perpetuarse en el poder? De ninguna manera,
esa es una más de las mentiras (en realidad
la principal) de los golpistas y su principal herramienta:
los medios de comunicación,
Lo cierto es que en ningún caso Zelaya hubiera
podido presentarse a la reelección. Si se hubiera
hecho una Asamblea Constituyente, ésta se habría
reunido en 2010, y en caso de reformar la
constitución para permitir la reelección del pre-
sidente, ese cambio hubiera beneficiado a otro
presidente, nunca a Zelaya.
La propuesta de la consulta popular por la
cuarta urna fue apoyada por la mayoría de los
sindicatos y movimientos sociales del país. Pero
unos días antes de que se hiciera la consulta popular,
la Corte Suprema de Honduras la declaró
ilegal a petición del Congreso, dos reservorios de
la oligarquía vernácula.
Se creó entonces un conflicto de poderes, en
medio del cual las Fuerzas Armadas debían organizar
la consulta y distribuir las urnas. Pero el
jefe del Ejército, el general Romeo Vásquez Velázquez,
se negó a permitir que los militares distribuyesen
el material electoral para la consulta,
con la excusa de que acataba órdenes de la Corte
Suprema. El miércoles 24 de junio, el presidente,
en su despacho de la Casa de Gobierno, escuchó
las excusas de Vásquez Velázquez y le dijo:
“Bueno general, entonces estamos en una situación
muy delicada, usted le debe obediencia al comandante
en jefe de las Fuerzas Armadas, que es el presidente
elegido por el pueblo, y ante su desobediencia, estamos
en un problema serio: o se va usted o me deja tan desacreditado
que me tengo que ir yo a mi casa, y como yo
no me voy a ir, no me deja usted otro camino que destituirlo”.
Sin embargo, sorprendentemente, al día
siguiente, el jueves 25 de junio, la Corte Suprema
restituyó a Vásquez Velázquez en sus funciones,
tras declarar “inconstitucional” su destitución.
La tensión política siguió subiendo y el viernes
26 de junio, miles de hondureños salieron a
las calles de Tegucigalpa, en apoyo al presidente
Zelaya y a la cuarta urna. Pero se despertaron el
domingo 28 con la noticia de que nuevamente
había un golpe de Estado en marcha en su país.
Honduras en el Alba
Luego de los golpes fracasados en Venezuela
(2002), Bolivia (2008) y los intentos permanentes
de desestabilizar al gobierno de Ecuador, el golpe
militar del 28 de junio no fue sólo contra Honduras
ni sólo contra Zelaya, sino contra la
Alianza (antes Alternativa) Bolivariana para los
pueblos de nuestra América (ALBA).
Este bloque que no sólo es regional sino también
político, ideológico y cultural, surgió allá
por 2004 como instrumento para contrarrestar el
Área de Libre Comercio para las Américas
(ALCA) que sufrió un golpe mortal en la Cumbre
de las Américas de Mar del Plata de 2005.
El ALBA se presenta como “una iniciativa de
cooperación multilateral centrada en la solidaridad
y la promoción de los valores socialistas, que
busca fomentar el comercio desde una perspectiva
no convencional” y está formada hacia fines
de 2009 por Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia,
Nicaragua, Antigua y Barbuda, San Vicente y las
Granadinas, Dominica y Honduras. Y como países
observadores, prontos a entrar, están Paraguay
y Granada.
El ALBA es una propuesta de integración totalmente
distinta, mientras el ALCA responde a
los intereses del capital trasnacional y busca la liberalización
absoluta del comercio de bienes y
servicios e inversiones, el ALBA pone el acento
en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.
El Alba se basa en mecanismos para crear ventajas
cooperativas y no competitivas entre las naciones
que permitan compensar las asimetrías
existentes entre los países. Se enfatiza en la cooperación
de fondos compensatorios para corregir
las desigualdades que ponen en desventaja a
los países débiles frente a las potencias. Por esta
razón el Alba le da prioridad a la integración latinoamericana
y a la negociación en bloques subregionales,
abriendo nuevo espacios de interés
común que permitan constituir alianzas estratégicas
y presentar posiciones comunes en los procesos
de negociación. El desafío es impedir la
dispersión en las negociaciones, evitando que las
naciones latinoamericanas o caribeñas sean fagocitadas
en medio del ALCA o, peor aún, en la
variante de los acuerdos bilaterales con potencias
centrales.
El ALBA es también una propuesta para construir
consensos para repensar los acuerdos de integración
hacia un desarrollo endógeno nacional
y regional que elimine la pobreza y las desigualdades
sociales, en la región más desigual del planeta.
Es, en definitiva, la herramienta de unidad
que está acompañando en esta hora histórica la
lucha por la liberación social que se ha desbocado
en América Latina. Es recuperar, 200 años más
tarde, la otra faceta de Morazán, Bolívar, San
Martín y Artigas: la del proyecto unitario como
única vía que garantice tanto la liberación nacional
cuanto la social.
Declaración de creación del Alba
DECLARACIÓN CONJUNTA ENTRE EL
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVA-
RIANA DE VENEZUELA Y EL PRESIDENTE
DEL CONSEJO DE ESTADO DE LA REPÚ-
BLICA DE CUBA PARA LA CREACIÓN DEL
ALBA
La Habana, 14 de diciembre de 2004.
Durante la visita oficial del presidente Hugo
Chávez Frías a Cuba, al cumplirse el décimo aniversario
de su encuentro con el pueblo cubano,
se produjo un amplio y profundo intercambio
entre el presidente de la República Bolivariana
de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado
de la República De Cuba, acompañados de
sus respectivas delegaciones, ambos jefes de estado
acordaron suscribir la siguiente declaración:
Subrayamos que el Área Libre de Comercio
para la Américas (ALCA) es la expresión más
acabada de los apetitos de dominación sobre la
región y que, de entrar en vigor construiría la
profundización del neoliberalismo y crearía niveles
de dependencia y subordinación sin precedentes.
Analizamos históricamente el proceso de integración
de la América Latina y el Caribe, y constatamos
que éste, lejos de responder a los
objetivos de desarrollo independiente y comple-
mentariedad económica regional, ha servido
como un mecanismo para profundizar la dependencia
y la dominación externa.
Constatamos también que los beneficios obtenidos
durante las últimas cinco décadas por las
grandes empresas transnacionales, el agotamiento
del modelo de sustitución de importaciones,
la crisis de la deuda externa y, más
recientemente, la difusión de las políticas neoliberales,
con una mayor transnacionalización de
las economías la tino americanas y Caribeñas y
con la proliferación de negociaciones para la conclusión
de acuerdos de libre comercio de igual
naturaleza que el ALCA, crean las bases que distinguen
el panorama de subordinación y retraso
que hoy sufre nuestra región.
Por tanto rechazamos con firmeza el contenido
y los propósitos del ALCA, y compartimos la
convicción de que la llamada integración sobre
las bases neoliberales, que ésta presenta, consolidaría
el panorama descrito, y nos conduciría a la
desunión aun mayor de los países latinoamericanos,
a mayor pobreza y desesperación de los
sectores mayoritarios de nuestros países, a la desnacionalización
de las economías de la región y a
un a subordinación absoluta a los dictados desde
el exterior.
Dejamos claro que si bien la integración es una
condición imprescindible para aspirar al desarrollo
en medio de la creciente formación de
grandes bloques regionales que ocupan posiciones
predominantes en la economía mundial, solo
una integración basada en la cooperación, la solidaridad
y la voluntad común de avanzar todos
de consuno hacia niveles aún más altos de desarrollo,
puede satisfacer la necesidades y anhelos
de los países latinoamericanos y caribeños, y
a la par, preservar su independencia, soberanía e
identidad.
Coincidimos en que la Alternativa Bolivariana
para los Pueblos de Nuestra América (ALBA)
propuesta por el Presidente Hugo Chávez Frías
en ocasión a la III Cumbre de Jefes de Estado y
de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe,
celebrada en la Isla de Margarita en Diciembre
del 2.001, traza los principios rectores de
la verdadera integración latinoamericana y caribeña,
basada en la justicia, y nos comprometemos
a luchar conjuntamente para hacerla
realidad.
Afirmamos que el principio cardinal que debe
guiar el ALBA es la solidaridad más amplia entre
los pueblos de América Latina y el Caribe, que se
sustenta con el pensamiento de Bolívar, Martí,
Sucre, O’Higgins, San Martín, Hidalgo, Petión,
Morazán, Sandino, y tantos otros próceres, sin
nacionalismos egoístas ni políticas nacionales objetivas
que nieguen el objetivo de construir una
Patria Grande en la América Latina, según lo soñaron
los héroes de nuestras luchas emancipadoras.
En tal sentido, coincidimos plenamente en que
el ALBA no se hará realidad con criterios mercantilistas
ni intereses egoístas de ganancia empresarial
o beneficio nacional en perjuicio de
otros pueblos. Solo una amplia visión latinoamericanista,
que reconozca la imposibilidad de que
nuestros países se desarrollen y sean verdaderamente
independientes de forma aislada, será
capaz de lograr lo que Bolívar llamó “ver formar
en América la más grande nación del mundo,
menos por su extensión y riqueza, que por su libertad
y gloria” y que Martí concibiera como la
“América Nuestra” para diferenciarla de la otra
América, expansionista y de apetitos imperiales.
Expresamos así mismo que el ALBA tiene por
objetivo la transformación de las sociedades Latinoamericanas,
haciéndolas más justas, cultas,
participativas y solidarias y que, por ello, está
concebida como un proceso integral que asegure
la eliminación de las desigualdades sociales y fomente
la calidad de vida y una participación efectiva
de los pueblos en la conformación de su
propio destino.
Compartimos el criterio de que, para alcanzar
los objetivos apuntados, el ALBA debe guiarse
por los siguientes principios y bases cardinales:
1. El comercio y la inversión no deben ser fines
en sí mismos, sino instrumentos para alcanzar un
desarrollo justo y sustentable, pues la verdadera
integración latinoamericana caribeña no puede
ser hija ciega del mercado, ni tampoco una simple
estrategia para ampliar los mercados externos
estimulando el comercio para lograrlo, se
requiere una efectiva participación del estado
como regulador y coordinador de la actividad
económica.
2. Trato especial y diferenciado, que tenga en
cuenta el nivel de desarrollo de los diversos países
y la dimensión de sus economías, y que garantice
el acceso de todas las naciones que
participen en los beneficios que se deriven del
proceso de integración.
3. La complementariedad económica y la cooperación
entre los países y producciones, de tal
modo que se promueva una especialización productiva
eficiente y competitiva que sea compati-
ble con el desarrollo económico equilibrado en
cada país, con las estrategias de lucha por la pobreza
y con la preservación de identidad cultural
de los pueblos.
4. Cooperación y solidaridad que se exprese
en planes especiales para los países menos desarrollados
en la región, que incluya un plan continental
contra el analfabetismo, utilizando
modernas tecnologías que ya fueron probadas en
Venezuela; un plan latinoamericano de tratamiento
gratuito de salud a ciudadanos que carecen
de tales servicios y un plan de becas de
carácter regionales, en las áreas de mayor interés
para el desarrollo económico y social.
5. Creación del fondo de emergencia social,
propuesto por el presidente Hugo Chávez en la
Cumbre de los Países Sudamericanos, celebrada
recientemente en Ayacucho.
6. Desarrollo integrador de las comunicaciones
y el transporte entre los países Latinoamericanos
y caribeños, que incluya planes conjuntos
de carreteras, ferrocarriles, líneas marítimas y aéreas,
telecomunicaciones y otras.
7. Acciones para propiciar la sostenibilidad del
desarrollo mediante normas que protejan el ambiente,
estimulen un uso racional de los recursos
e impidan la proliferación de los patrones de con-
sumo derrochadores y ajenos a las realidadades
de nuestros pueblos.
8. Integración energética entre los países de la
región: que se asegure el suministro estable de
productos energéticos en beneficio de las sociedades
latinoamericanas y caribeñas, como promueve
la República Bolivariana de Venezuela
con la creación de Petroamérica.
9. Fomento de las inversiones de capitales latinoamericanos
en la propia América Latina y el
Caribe, con el objetivo de reducir la dependencia
de los países de la región de los inversionistas foráneos.
Para ello se crearían, un fondo latinoamericano
de inversiones, un banco de desarrollo
del sur, y la sociedad de garantías recíprocas latinoamericanas.
10. Defensa de la cultura latinoamericana y caribeña
y de la identidad de los pueblos de la región,
con particular respeto y fomento de las
culturas autóctonas e indígenas, Creación de la
Televisora del Sur (Telesur) como instrumento alternativo
al servicio de la difusión de nuestras realidades.
11. Medidas para que las normas de propiedad
intelectual, al tiempo que protejan el patrimonio
de los países latinoamericanos y caribeños
frente a la voracidad de las empresas transnacio-
nales, no se conviertan en un freno de la necesaria
cooperación en todos los terrenos en entre
nuestros países.
12. Concertación de posiciones en la esfera
multilateral y en los procesos de negociación de
todo tipo con países y bloques de otras regiones,
incluida la lucha por la democratización y la
transparencia de las instancias internacionales,
particularmente de las Naciones Unidas y sus órganos.
En el año en que se conmemora el 180 aniversario
de la gloriosa victoria de Ayacucho y de la
convocatoria al Congreso de Anfictiónico de Panamá,
que trató de abrir el camino de integración
de nuestros países, frustrado desde entonces, expresamos
nuestra convicción de que ahora, finalmente,
con la consolidación de la Revolución
Bolivariana y el fracaso indiscutible de las políticas
neoliberales impuestas a nuestros países, los
pueblos latinoamericanos y caribeños se encuentran
en el camino de su segunda y verdadera independencia.
El surgimiento de la Alternativa
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
propuesta por el Presidente Hugo Rafael Chávez
Frías es su mejor expresión.
Hugo Chávez Frías
Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela.
Fidel Castro Ruz
Presidente del Consejo de
Estado de la República de Cuba.
Luego de la firma de ese acuerdo en 2004 entre
la vanguardia ideológica de América Latina
(Cuba) y la vanguardia política (Venezuela), al
año siguiente se sumó el país que se constituyó
en la vanguardia social del continente, Bolivia.
En 2007 entró al Alba Nicaragua y en el 2008
Honduras. Ya en el 2009 lo hicieron Ecuador, San
Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y
Dominica.
Hugo Chávez suele decir que en el proceso de
integración americana no falta nadie porque hay
un militar (él), un indio (Evo Morales), un obrero
(Lula), una mujer (Cristina), un economista (Correa)
y ahora un obispo (Lugo). Podría agregar a
un empresario (Mel Zelaya), aunque esa lista no
coincide totalmente con la del ALBA.
Sin embargo, sirve para marcar la sorpresa
que significó el acercamiento de Zelaya a estos
procesos de integración latinoamericanos, por
tratarse de un empresario maderero y representante
del Partido Liberal que, sin embargo, ha
adoptado un discurso basado en la integración y
en la justicia social.
El germen de la integración
Hemos dicho que América Latina ha recuperado
la lucha por la liberación social que quedara
trunca hace 200 años. Y hemos dicho también
que esa lucha viene a completar la liberación nacional,
y en un marco de integración que es el
ALBA, todos postulados básicos de nuestros mejores
hombres de ayer y de hoy, desde Simón Rodríguez,
Francisco de Miranda, Simón Bolívar,
Antonio José de Sucre, Bernardo O’Higgins, Manuel
Belgrano, José de San Martín, Mariano Moreno,
Bernardo de Monteagudo y José Gervasio
de Artigas, hasta Hugo Chávez, Evo Morales,
Fidel y Raúl Castro y Rafael Correa, entre otros.
Ahora bien, ¿cuál puede ser la reacción de las
fuerzas opresoras, de ayer y de hoy? ¿Cuál la de
las oligarquías locales de ayer y de hoy, que son
las mismas, y cuál la del imperio de ayer (España)
y de hoy (Estados Unidos)?
Sería muy ingenuo pensar que no habrá reacción
de los opresores ante la intención de liberarse
del oprimido. Como decía el gran
ecuatoriano Eloy Alfaro: “La libertad no se implora
de rodillas, se gana en los campos de batalla”.
El Imperio, principalmente, no puede permitir
que este proceso de dignificación de los pueblos
tenga éxito y continúe adelante. Por un lado por
una cuestión de rapiña, principalmente de los recursos
naturales que están siendo recuperados:
producción de alimentos, petróleo, gas y, principalmente,
agua.
Pero por otro lado, porque políticamente no
puede el Imperio permitir que revoluciones de
este tipo se consoliden. De hecho, este proceso de
autonomía y liberación comenzó en 1998 en Venezuela
y luego se extendió a Bolivia, a Ecuador,
y sigue como una mancha por el continente. Lo
mismo con la integración del ALBA, comenzó
con dos países en 2004 y ya son nueve con posibilidades
de ser 11. Es un “mal ejemplo” para el
resto de los pueblos de América y del mundo.
Por lógica, por proximidad geográfica, por historia
de explotación común y por muchas otras
razones, los pueblos de África son los más ex-
puestos a la influencia de la revolución bolivariana
que campea por América Latina.
De hecho, el 26 y 27 de setiembre de 2009 se
realizó la Segunda Cumbre América del SurÁfrica
(ASA), en la isla Margarita, Venezuela.
La declaración contiene 95 puntos divididos
en 15 capítulos que recogen los planteamientos
expuestos por los presidentes y jefes de Estados
asistentes y finaliza con la convocatoria a la tercera
cumbre ASA en Libia en 2011.
Destaca la necesidad de promover la paz, la
seguridad, cooperación internacional, el desarme
mundial, la no proliferación de armas nucleares,
la lucha contra el tráfico de armas, el rechazo al
terrorismo, la piratería, el narcotráfico, el mercenarismo,
la delincuencia organizada y el tráfico
de personas.
En el marco multilateral, la Cumbre ASA renovó
el compromiso del respeto por las normas
y principios del derecho internacional y la Carta
de Naciones Unidas.
Los jefes de Estado y de gobierno africanos y
sudamericanos expresaron su apoyo a la reforma
del Consejo de Seguridad de la ONU, al
tiempo que se pronunciaron por una mayor participación
de los países en desarrollo de las regiones
suramericana y africana. En ese sentido,
en el documento final se pidió corregir los desequilibrios
y hacer del Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas “un órgano más democrático,
transparente, representativo, efectivo y legítimo,
que responda a las nuevas realidades
políticas”.
En el campo de la economía, la Cumbre del
ASA se pronunció por un comercio transparente,
no discriminatorio, justo e inclusivo.
Los asistentes se pronunciaron por la defensa
del medio ambiente, luchar contra la pobreza y
el hambre, además de aumentar la cooperación
energética entre América del Sur y África con el
fin de contribuir al crecimiento industrial.
Hubo más de 60 delegaciones que llegaron a la
isla Margarita y uno de los temas de mayor relevancia
fue el establecimiento de un mecanismo
financiero para contrarrestar la crisis económica
del capitalismo. Incluso cundió el ejemplo del
Banco del Sur y otras herramientas financieras
propias como el Banco del ASA, que sea propia
de los países históricamente sojuzgados.
África y Sudamérica suman en conjunto un territorio
de más de 40 millones de kilómetros cuadrados,
con una población de 1.200 millones de
habitantes y el 24 por ciento de las reservas de
petróleo en el mundo. Es decir, se propaga el ger-
men de la integración de los que siempre estuvieron
divididos por mandato de los poderosos.
Golpe al Alba
En este contexto, volvemos otra vez la mirada
sobre el ALBA y porqué el golpe del 28 de junio
no fue sólo contra Honduras y contra Zelaya.
Pero habíamos dicho que el ALBA está compuesto
por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador,
Nicaragua, Honduras, Dominica, San Vicente y
las Granadinas y Antigua y Barbuda. De todos
ellos, ¿por qué elegir a Honduras?
Por un lado, conviene recordar que ya se intentaron
golpes destituyentes de distintas características
en Venezuela en abril de 2002 y en
Bolivia en setiembre de 2008.
En el golpe contra Hugo Chávez hubo muchos
puntos en común con el golpe del 28 de junio
contra Zelaya. Fue un golpe en gran parte orquestado
y llevado a cabo por los grupos mediáticos
concentrados y, si bien intervino en ambos
casos el ejército, asumió el gobierno un civil, en el
caso de Venezuela Pedro Carmona “el breve”.
En cambio, el golpe cívico-prefectural de 2008
contra Evo Morales en Bolivia tuvo elementos
distintos, como el componente racista y separatista
de los cívicos de Santa Cruz de la Sierra y la
Media Luna.
El golpe de abril del 2002 en Venezuela fracasó
por la impresionante reacción del pueblo en defensa
de la democracia, de la revolución bolivariana
y de su líder, Hugo Chávez. El de setiembre
de 2008 en Bolivia fracasó también por las protestas
populares. Pero además por la inmediata
reacción de la Unión de Naciones Sudamericanas
(Unasur), que convocada por la presidenta chilena
Michelle Bachelet, reunió de urgencia a
todos los presidentes sudamericanos en Santiago
el 11 de setiembre, en la mismísima Casa de la
Moneda, el mismo lugar donde 35 años antes
(1973) Augusto Pinochet derrocó al presidente
socialista Salvador Allende.
Entonces, en el marco de la reacción del Imperio
y las oligarquías locales contra la revolución
del ALBA, ya habían fracasado intentos
golpistas en Venezuela y Bolivia. Por otro lado,
San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda
y Dominica son países chicos, donde un eventual
golpe tendría un impacto menor. Están quedando
entonces Ecuador, Nicaragua y Honduras.
Ecuador vive una situación que se aproxima a
la de Venezuela o Bolivia. Por formar parte tam-
bién de Unasur el precedente de Bolivia hubiera
sido importante y por el enorme apoyo popular
del presidente Rafael Correa, reelecto el 26 de
abril de 2009 en primera vuelta electoral con el
52 por ciento de los votos, el peligro de fracaso
social y político de los golpistas era muy grande.
Por su parte, Nicaragua es muy distinta a
Honduras, por su historia política, la experiencia
de lucha de los ’70 y de gobierno sandinista de
los ’80, al contrario de Honduras, que siempre
fue el portaaviones de Estados Unidos en Centroamérica,
como ya se consignó.
Por todos estos motivos, Honduras era el lugar
indicado para asestar un golpe de Estado acompañado
de represión y terrorismo de Estado que
sirva de amenaza al resto de los pueblos de nuestra
América. Es el eslabón más débil del Alba,
donde la oligarquía sigue fuerte y armada, y el
pueblo todavía en vías de organización, a pesar
de los avances que había logrado el gobierno de
Zelaya.
CAPÍTULO TRES
¿Quién es Mel Zelaya?
José Manuel “Mel” Zelaya Rosales nació el 20
de setiembre de 1952 en la ciudad de Catacamas,
departamento de Olancho, al noreste de Tegucigalpa.
Olancho es una zona maderera y la familia
Zelaya pertenece a la élite empresaria y
terrateniente. Fue a los mejores colegios privados,
el Niño Jesús de Praga y el Luis Landa, y
luego al Instituto Salesiano San Miguel en Tegucigalpa.
Estudió en la universidad ingeniería industrial,
pero abandonó en 1975 para ocuparse
de las empresas de su padre cuando éste fue declarado
cómplice de los delitos de tortura y ase-
sinato de 14 dirigentes rurales, un episodio que
marcó a Mel para toda la vida.
Zelaya ingresó en el Partido Liberal en 1970
como coordinador de organización y consejero
departamental de Olancho por el Movimiento
Rodista. En 1983 el ingeniero José Azcona Hoyo
rompió con el MLR. Este rompimiento dio lugar
a una nueva facción del Partido Liberal, la cual
se denominó “Movimiento Azconista,” al que se
unió Zelaya. En noviembre de 1985 José Azcona
Hoyo ganó las elecciones presidenciales, y Mel
obtuvo su primera diputación por el departamento
de Olancho al Congreso hondureño.
Durante su primer período como diputado,
fue presidente de las comisiones de Recursos Naturales
y Petróleo, y ocupó el cargo de secretario
de la Junta Directiva del Congreso. En 1990, durante
la presidencia del conservador (Partido Nacional)
Rafael Leonardo Callejas, Zelaya fue
reelecto diputado. En 1994, bajo la presidencia
del liberal Carlos Roberto Reina, ocupó el Ministerio
y la Dirección ejecutiva del Fondo Hondureño
de Inversión Social. También fue diputado
por el Departamento Francisco Morazán entre
1998 y 1999; asesor del presidente Carlos Roberto
Flores Facussé en 1998; secretario de Organización
y Propaganda del Consejo Central Ejecutivo
de 1999-2004; y miembro del Foro Nacional de
Convergencia, entre otros importantes cargos públicos.
Todo esto es para graficar el hecho de que
Zelaya ocupó muchísimos cargos, ejecutivos y legislativos,
e hizo la carrera política que hace cualquier
dirigente de los partidos tradicionales que
llega finalmente a los lugares más encumbrados.
En el 2005, el Partido Liberal presentó a Manuel
Zelaya Rosales como su candidato para las
elecciones presidenciales, derrotando en las
urnas al candidato del gobernante Partido Nacional,
Porfirio “Pepe” Lobo Sosa.
Antes de tomar posesión exigió al Congreso
que se aprobara una ley de participación ciudadana,
la cual se aprobó el mismo 27 de enero de
2006, día de la toma de posesión.
Pese a esa actitud progresista, ese primer año
de mandato no deparó grandes sobresaltos para
el establishment político y económico que lo
había llevado al poder. Seguía pareciendo un
hombre confiable que defendería y siempre defendería
los intereses de las clases dominantes y
del Imperio, como todos los anteriores presidentes
hondureños, con más y con menos.
Por ese motivo, en su primer año de gobierno,
tuvo que enfrentar una ola de protestas de dife-
rentes grupos sociales, como por ejemplo los
maestros, quienes le exigían el cumplimiento del
estatuto del docente como derecho adquirido y
conquista laboral, conflicto que terminó a favor
de los trabajadores.
Para ese entonces, los distintos gobiernos neoliberales
habían colocado a Honduras como el segundo
país más pobre de América, después de
Haití y desplazando al tercer lugar a Nicaragua.
El objetivo del primer año de gobierno de Zelaya
fue controlar la inflación. En diciembre, dijo a los
periodistas: “El 2006 lo estamos cerrando con mejores
indicadores que el 2005, 2004 y 2003, hay
una estabilidad de precios que nos está permitiendo
cerrar el año con el más bajo nivel de inflación
registrado en los últimos 16 años. La
CEPAL (Comisión Económica para América Latina
y el Caribe), este año colocó a Honduras en
uno de los primeros lugares de crecimiento económico
de la región centroamericana”.
La única luz amarilla que se encendió durante
su primer año de mandato fue la remoción de varios
de sus funcionarios, incluso algunos ministros,
por ineficiencia o supuesta corrupción. A
Zelaya no le importó que fueran sus amigos o correligionarios
del Partido Liberal, los sacó del go-
bierno, en una actitud extraña en un mandatario
hondureño.
El año 2007 comenzó con la novedad de su
oposición a la minería a cielo abierto, afectando a
empresas como Barrick Gold, Gold Corporation
y American Pacific. Y lanzó un programa gubernamental
de protección a los bosques hondureños,
especialmente en una zona muy importante:
el ecosistema de Río Plátano, en la Mosquitia,
sobre el Caribe. Esta sí fue una señal más intensa
de preocupación para los poderosos de este país,
sobre todo viniendo de un empresario maderero.
Si era capaz de afectar sus propios intereses, lo
que podría hacer con los de los demás, pensaron
sus aliados de clase.
Y efectivamente, no estaban equivocados, porque
a renglón seguido decidió que el Estado comenzara
a cobrar los impuestos como
corresponde a los grandes capitales, tanto nacionales
como internacionales, incluidos los grupos
concentrados de medios de comunicación. La relación
con sus pares de toda la vida comenzaba a
resquebrajarse definitivamente porque tomaron
esta decisión como una afrenta personal. Pero fue
ayudado por las circunstancias.
El 21 de enero Honduras fue beneficiada con
la condonación de la deuda externa de unos 1.400
millones de dólares por parte del Banco Interamericano
de Desarrollo.
Luego creció la sorpresa cuando se acercó a los
presidentes Daniel Ortega, de Nicaragua, y Hugo
Chávez, de Venezuela, beneficiando concretamente
a la población con planes sociales en materia
de salud y educación como el plan
Operación Milagro (en los primeros dos años se
operaron de cataratas 3.500 ancianos hondureños
sin jubilación ni obra social), Barrio Adentro (que
lleva los servicios esenciales de salud a los barrios
más pobres) o Yo sí puedo (alfabetización).
En diciembre de 2007 se produjo un hecho
muy importante por su valor simbólico: el Gobierno
de Venezuela condonó una vieja deuda de
30 millones de dólares que tenía Honduras desde
los ‘80.
Pero el año del giro total fue el 2008. Ya a principios
de ese año Honduras entró a Petrocaribe y
el 15 de febrero Hugo Chávez firmó en Tegucigalpa
un convenio para vender hidrocarburos a
Honduras con condiciones especiales de pago. A
partir de este convenio, Honduras aumentó la
compra a Venezuela a la cantidad de 20 mil barriles
diarios de combustible, que incluye el 100
por ciento del fueloil y 30 por ciento del diesel
utilizados por las plantas térmicas generadoras
de electricidad. Todo esto en detrimento de los
grandes y aparentemente eternos negociados de
la Standard Oil (Esso) y la Texaco.
Los beneficios eran muchos. Si bien Honduras
comenzó a comprar el petróleo venezolano a precio
de mercado, pagaba al contado el 60 por
ciento y dejaba el restante 40 por ciento como
préstamo concesional pagadero en 25 años, con
dos de gracia y un interés del uno por ciento
anual.
Todo esto se trasladó automáticamente a la población
porque hubo una baja importante del
precio de la nafta, beneficiando en primer lugar
a los transportistas, y luego a toda la economía.
Pero además, los largos plazos y bajos intereses
en el pago del combustible se tradujeron en un
ahorro importante de capital que pudo ser destinado
por Zelaya a planes sociales. Por ejemplo,
se implementó ese año la seguridad social para
empleadas domésticas y trabajadores de la construcción,
beneficiando a miles y miles de hondureños.
Finalmente, el 26 de agosto de 2008 se produjo
la adhesión de Honduras al Alba, en un acto en
Tegucigalpa en el que estuvieron presentes los
presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, de Bolivia,
Evo Morales y de Nicaragua, Daniel Ortega.
En el acto, con su tradicional sombrero de
estanciero hondureño, Mel Zelaya dijo: “No
somos empresarios que están tratando de hacer
negocios entre sí, sino que entre Estados estamos
tratando de satisfacer algunas demandas”. Extraño
escuchar a un empresario decir estas cosas,
¿no?
Pero ante esta realidad, la derecha hondureña
puso el grito en el cielo. Inmediatamente, el Consejo
de la Empresa Privada emitió un comunicado
diciendo: “El Alba conspira contra la libertad
de comercio, las libertades individuales y la libre determinación
de la sociedad, va en contra de las regulaciones
de la Organización Mundial del Comercio y
la empresa”.
Por su parte, el ex presidente conservador Ricardo
Maduro (nacido en Panamá) aseguró que
“al firmar el convenio del Alba, el gobierno declarará
la guerra a más de 1,2 millones de hondureños que residen
en Estados Unidos, que envían (casi tres mil millones
de dólares en) remesas cada año a sus familiares
y sostienen nuestra economía”.
A estas palabras de mal agüero, Zelaya respondió
en diciembre, antes de las fiestas de fin
de año, con un aumento del doble del salario mí-
nimo, medida que terminó de enamorar a las
grandes mayorías y de enfrentarlo con los poderosos.
Muchos empresarios privados se negaron a
cumplir con la medida y hasta iniciaron un lock
out patronal, aduciendo como siempre, que sus
empresas no estaban en condiciones de dar los
aumentos, y que la economía nacional se resentiría.
La misma historia de toda la vida: empresas
pobres de empresarios multimillonarios que
viven entre Tegucigalpa y Miami.
Así era él también, igual que cualquier otro
dueño de Honduras, con sus tierras, sus empresas,
sus trabajadores casi esclavizados, sus camionetas
enormes, sus ropas compradas en
Estados Unidos, su sombrero de patrón de estancia.
¿Qué pasó entonces? ¿De dónde salió este
otro Mel que habla de justicia social, de sensibilidad
con los más humildes, incluso de progresismo
y de izquierda?
Nadie se lo explica, ni él mismo lo puede explicar
cabalmente. Cuando alguien le pregunta
esto, responde que una vez en el poder se dio
cuenta del sufrimiento del pueblo y decidió hacer
algo para cambiar esa realidad.
Aunque no lo diga, lo atribuye a una iluminación
divina, ya que desde la izquierda hasta la
derecha, todos los hondureños meten a Dios en el
medio para todo, no lo dejan en paz.
Consultados distintos dirigentes sociales y líderes
del Frente Nacional de Resistencia contra
el Golpe de Estado, como Juan Barahona, Carlos
Humberto Reyes o el cura Andrés Tamayo, todos
coincidieron en responder que no tienen una explicación
racional para el cambio personal y político
de Zelaya pero que creen en su honestidad
y en que el cambio es real.
Lo cierto es que Mel se convirtió en un traidor
a su clase, la clase dominante que lo llevó al
poder para que le cuidara sus intereses, como
vienen haciendo desde hace décadas, turnándose
y repartiéndose entre 10 familias la riqueza de
siete millones de hondureños.
Por contrapartida, se transformó para el pueblo
en un aliado, un amigo, un líder. Y la prueba
está en la reacción heroica de miles y miles de
hondureños que no han dejado de estar en la
calle desde el 28 de junio en que fue depuesto ilegal
e ilegítimamente.
En su inexplicable cambio se puede encontrar
una explicación a la reacción popular y a su persistencia
en buscar la restitución en la Presidencia,
pero en su historia anterior se puede
encontrar también la explicación a algunas limi-
taciones de forma y de fondo, de metodología y
de ideología, en la lucha por esa restitución.
Quizás unas entrevistas hechas a fines de julio
con él de un lado de la frontera con Nicaragua y
con su familia del otro lado, puedan ayudar a entender
estos conceptos.
Entrevista con Manuel Zelaya, Ocotal, Nicaragua,
sábado 25 de julio de 2009.
Después del segundo día de intentos para volver
a su país, cae la tarde en el paso fronterizo de
Las Manos, y Zelaya se pone a organizar a sus seguidores
para volver al pueblo de Ocotal y armar
el campamento para dormir, la atención sanitaria
y la comida. Caminando por la ruta improvisamos
una entrevista, aunque bastante cortada
porque se le acerca un colaborador a preguntarle
algo, luego un seguidor a palmearlo, luego un
policía nicaragüense a avisarle algo al oído.
-Estos golpistas no tienen idea en el lío que se
han metido, ahora no saben por dónde salir, y
por eso se aferran a los fusiles, pero yo les digo
que todavía están a tiempo de rectificarse.
-¿Este golpe de Estado fue sólo contra usted o
fue también contra el Alba, contra Chávez y con-
tra todos los procesos de cambios en Latinoamérica?
-Hay muchos golpistas que están pagando
anuncios publicitarios contra Chávez. Pareciera
que el golpe fuera contra Chávez, pero el golpe
fue concretamente contra mi gobierno y contra el
pueblo de Honduras. Piensan que con el golpe
en Honduras debilitan a Chávez, pero el problema
de Honduras no es Chávez, que lo único
que ha hecho es ayudarnos, igual que Cuba,
sobre todo en sectores como salud y educación.
-¿Y qué grado de injerencia le atribuye usted a
los Estados Unidos?
-Este golpe lo han dado sectores de extrema
derecha de Washington. No el gobierno sino algunos
sectores y congresistas republicanos y de
la derecha demócrata. Ahí están por ejemplo
Otto Reich y Robert Carmona, entre otros.
-Con la colaboración de la oligarquía local…
-El problema de Honduras es que hay una
élite que quiere impedir que el pueblo se apodere
de su democracia para regir sus propios destinos.
Son los dueños del poder económico del país y
no quieren compartir la riqueza con nadie. Yo no
me enojo conque alguien tenga dinero. El problema
no es tener dinero. Usted puede tener di-
nero si se gana la lotería o si se casa bien. El problema
es que con ese dinero atropelle a los demás
y financie un golpe de Estado.
-¿Por qué reaccionaron así? ¿Su gobierno era
de izquierda, era revolucionario, cómo lo definiría?
-Nosotros luchamos por una bandera de democracia
y paz. Hubo guerrilleros que dejaron
sus armas para luchar en paz. Ahora, ex movimientos
guerrilleros han ganado elecciones en El
Salvador y en Nicaragua, y han instalado gobiernos
de izquierda. Y estos golpistas hondureños
se asustan de la izquierda, pero están rodeados
de gobiernos de izquierda, y no van a poder detener
a la izquierda porque el pueblo es más
fuerte que cualquier grupo sectario de derecha.
Yo les quiero decir a este grupo sectario golpista:
todo lo que ustedes están haciendo es nulo, quedan
como delincuentes, dejen todo y váyanse a
sus casas.
-Ellos se escudan en las elecciones del 29 de
noviembre…
-El pueblo de Honduras está en rebelión y
opuesto a este proceso de elecciones con los dos
aspirantes de los partidos tradicionales (“su” Partido
Liberal y el Partido Nacional) avalando el
golpe de Estado. Mira lo que es Dios, Elvin (San-
tos, el candidato liberal) se opuso a la cuarta urna
diciendo que era ilegal y ahora Dios lo castigó
poniéndolo en la casilla cuarta. Entonces, como
la cuarta urna es ilegal según tú, Elvin, tu candidatura
también es ilegal. Hay que creer en Dios,
hay que humillarse ante Dios y ponerse en sus
manos.
Conferencia de prensa de Mel Zelaya en Ocotal,
domingo 26 de julio de 2009.
“Antes que nada quiero dar un especial reconocimiento
y agradecimiento al pueblo de Nicaragua,
al pueblo de Sandino, al presidente Daniel
Ortega, a todos los nicaragüenses, por esta hospitalidad
y esta solidaridad, lo digo como patriota
centroamericano, hijo de Morazán, me
siento muy emocionado de estar en Ocotal, la tierra
donde Sandino ganó su primer batalla contra
los invasores. Y como la historia se repite, aquí
estamos ganando la primer batalla, que es poner
en orden y desenmascarar a los que financiaron,
a los que armaron intelectualmente al golpe de
Estado y a los que lo llevaron a cabo.”
“No sé por qué me apuntan con los rifles, si lo
único que queremos es justicia. A mi familia, mi
esposa, mis hijos y mi madre, que están detenidos
en este momento cerca de la frontera y no los
dejan que lleguen aquí a abrazarme.”
“Están reprimiendo las libertades cívicas, no
se permite la libertad de circulación, la libertad
de expresión ni la libre asociación, hay una dictadura.”
“Quiero agradecer a todos los compañeros
que están llegando hasta aquí, qué gran esfuerzo
han hecho ustedes compañeros. A quienes han
venido de todas las profundidades de Honduras.”
“Mire, a mí me gustaría tomar el nombre de
todos los que están luchando en Honduras y aquí
en Nicaragua, tomar los nombres de todos los
mártires que están cayendo bajo las balas del tirano.
Sepan que sus nombres van a estar escritos
con letras de bronce en la historia por su heroísmo
y patriotismo. Aquí nos vamos a organizar
en columnas de ciudadanos para apoyar desde
aquí al Frente Nacional de Resistencia contra el
Golpe.”
“Estoy agradecido de los apoyos de la comunidad
internacional, pero pienso yo que deberían
ser más fuertes, sobre todo de los personeros de
los Estados Unidos al señalar las atrocidades que
están haciendo los golpistas y dejar de decir que
hay negociaciones. No hay negociaciones con
golpistas.”
“Acá hay campesinos, maestros, gente que ha
caminado tres, cuatro, siete horas escapando a los
retenes. En este momento siento que tengo que
estar con ellos, con este pueblo hondureño que
canta, que llora, pero sobre todo que lucha. Entonces,
¿cuánto tiempo voy a estar aquí en el
Ocotal? El tiempo que sea necesario y el tiempo
que el pueblo hondureño me lo exija.”
“También me gustaría conocer los nombres de
los que no aceptan esta dictadura dentro de las
Fuerzas Armadas, yo sé que hay militares honestos
que quieren lo mejor para su país, que repudian
lo que han hecho Romeo Vázquez
Velázquez y Roberto Micheletti.”
“Hay muchos de esos militares honestos que
me mandan a decir que tienen miedo de que les
hagan juicio sumarísimo y los castiguen, pero
creo que en cualquier momento los militares honestos
de Honduras lo agarran a Romeo Vázquez
y lo ponen en su sitio. Romeo no creo que sea tan
ingenuo de haberse creído lo que le dijeron los
que financiaron el golpe, que quitar un presidente
de la forma que lo hizo es legal, no creo
que no sepa que dio un golpe de Estado, que
rompió la ley, la constitución, el estado de derecho,
y usurpó los poderes del Estado. Lo que le
manda la constitución es ser obediente al presidente,
así que él no tiene que andar haciendo reuniones
con políticos ni reuniones con nadie. Yo le
ordené que fuera a distribuir el material de las
urnas para una consulta no vinculante sobre la
cuarta urna.”
“Ellos nos apuntan con fusiles y nosotros los
combatimos con banderas blancas, y con esas
banderas blancas los vamos a vencer y los vamos
a hacer caer, los vamos a sacar de ese poder que
han usurpado y que sólo le corresponde al pueblo
hondureño.”
“Yo he vivido muchos golpes de Estado en mi
país. Recuerdo el de 1963, la convulsión duró dos
días. Hubo otro en 1972, en ese la convulsión
duró 10 minutos. Agarraron al presidente de la
mano y le dijeron que se fuera a su casa y el presidente
dijo: “Sí, no hay problema”, nadie protestó.
Otro golpe en 1974, pasó lo mismo y otro
en 1978, igual. ¿Y el pueblo? Sin problemas, callado.
Esta vez, estos golpistas se equivocaron,
pensaron que este era el mismo pueblo que
aquel, pero hoy hay un pueblo valiente en Honduras.
Un pueblo que despertó y que defiende su
democracia. Porque en Honduras, al presidente
de la Nación no lo ponen ni las Fuerzas Armadas,
ni el Congreso ni la Corte Suprema de Justicia,
al presidente lo pone el pueblo, y ese derecho
lo vamos a pelear con sangre, vida y corazón.”
Entrevista con Xiomara Castro, esposa de Manuel
Zelaya, en Jacaleapa, Honduras, lunes 27 de
julio de 2009.
“Nos pasó lo mismo que a Allende con Pinochet”
En el paraje Jacaleapa, a unos 40 kilómetros de
la frontera con Nicaragua, un nuevo retén militar
interrumpe la carretera. En este caso son muchos
más los hombres de verde, armados hasta los
dientes. Es que a un costado de la ruta, está
acampando la familia del presidente constitucional
de Honduras, Manuel Zelaya.
Está la primera dama, Xiomara Castro, por ahí
también su suegra y más allá, en la parte de atrás
de una camioneta, improvisando una siesta, su
hija la “Pichu”. Hay más vehículos, de todo tipo,
y un centenar de personas, sobre todo humildes,
apoyándolas.
Se acerca y me atiende amablemente, fuerza
una sonrisa aunque se le nota el cansancio en el
rostro. Ya lleva tres días aquí, en las camionetas
y yendo a la noche a comer, bañarse y dormir a
una casa que unos lugareños le abren.
-El jefe de las Fuerzas Armadas, general
Romeo Vásquez Velázquez le ofreció un helicóptero
para cruzar la frontera y encontrarse con su
esposo. ¿No confía en ese ofrecimiento?
-Imagínate tú que yo voy a confiar en las personas
que arrestaron al Presidente, que ingresaron
a mi casa a punta de bala, que rompieron las
puertas y sacaron al Presidente amarrado de las
manos y de los pies y pretenden que vuelva a
confiar en ellos y digo vuelva porque cuando el
Presidente lo destituye al general Vázquez Velázquez
y lo anuncia en un medio de comunicación
el miércoles 24 de junio, el general estuvo
llamándome tres, cuatro veces al día y su última
llamada fue a las dos de la tarde del sábado me
dijo así: “Comandanta le quiero informar que
aquí está todo controlado, que todo está tranquilo,
el hecho de que las urnas la distribuyan a
través de la sociedad civil nos puede permitir a
nosotros los militares acompañar a la policía y
resguardar el proceso, dígale al Presidente que lo
esperamos en el Estado Mayor, que aquí estamos
reunidos todos los generales, y que queremos tomarnos
un cafecito con él. Yo llamé al Presidente
y le dije todo eso, y yo creo que él se confió después
de mi llamada, porque durante todos esos
días previos él había estado durmiendo en diferentes
casas, pero esa noche volvió a nuestra
casa. El general dijo que amaba a su país, que
venía de la entraña del pueblo, que las Fuerzas
Armadas lo único que han hecho es resguardar,
que los únicos que están deteniendo son los policías,
pero en realidad, los que están reprimiendo
más son los militares. Si ya confié una
vez, y después volvimos a confiar”.
-Es decir que esos días previos ustedes preveían
la posibilidad de un golpe.
-Los militares le deben obediencia al comandante
general que es el Presidente. Pero hubo
una desobediencia, con el pronunciamiento mili-
tar ante la destitución de Romeo Vázquez Velázquez.
Desde ese momento, ya comenzamos a
temer la posibilidad de un golpe de Estado.
-Y antes de esa semana, ¿cómo era la relación
de su familia con Romeo Vázquez Velázquez? ¿Él
era un hombre de confianza suyo y del Presidente?
-Sí, pensábamos que era un hombre leal.
Cuando hablábamos con él y lo escuchábamos,
nos inspiraba confianza, con la humildad y la
tranquilidad con que él habla, nos convenció. De
hecho el Presidente lo ratificó en este gobierno
porque venía de antes en el cargo.
-¿A ustedes les pasó lo mismo que a Salvador
Allende con Augusto Pinochet?
-Exactamente, confiamos en él. Ustedes tienen
que tener claro lo que está pasando aquí y ahora
es lo mismo que sucedía en las décadas de los ’70
y ’80 en todos los países de América Latina. Era
casi una tradición que los militares estuvieran gobernando
¡Pero cuánto luchamos nosotros por la
democracia! ¡Cuánto les ha costado a ustedes
como país cambiar la historia. Ustedes han luchado
por eso, cuántos muertos, cuántos vejámenes
han tenido ustedes por causa de estas
mismas cosas. Nosotros también. Pero nuca habíamos
visto una reacción popular como la que
tenemos ahora, los golpes de Estado duraban 15
minutos y la gente sólo miraba y aceptaba. Hoy
la gente tiene conciencia, hoy sabe lo que significa
tener un golpe de Estado en nuestro país. La
gente se ha rebelado.
-Y en todos esos golpes que usted menciona,
estaba siempre Estados Unidos. Ahora también
se habla mucho de una reunión crucial en la Embajada
de los Estados Unidos, previamente al
golpe…
-Sí, antes del golpe hubo reuniones con el Presidente,
en las que estaban los candidatos de los
partidos Liberal y Nacional, estaba el propio Roberto
Micheletti como presidente del Congreso y
el embajador de los Estados Unidos, Hugo Llorens.
Ellos estuvieron buscando una solución a
algo a lo que no podían oponerse, que era la consulta
por la cuarta urna, que no era nada más que
preguntar a la población si quería que en las elecciones
generales de noviembre se instalara una
cuarta urna en la que se consultara a su vez la posibilidad
de una Asamblea Constituyente.
-Pero en esas reuniones estaban los principales
actores políticos hondureños, ¿por qué tenía que
estar ahí el embajador de los Estados Unidos?
-Ha existido una relación desde que el embajador
Hugo Llorens llegó a nuestro país, y a tra-
vés de él se pudo lograr sentar a estas personas.
Él prácticamente era quien convocaba y él estaba
allí y escuchaba, quienes hablaban eran los políticos
hondureños. Llorens era como un mediador,
era la persona que tenía la capacidad de
convocar a uno y a otro. Y las reuniones eran en
la residencia del embajador, no en la embajada.
-Cuando la gente, incluso los golpistas, se refieren
a Manuel Zelaya, hay varias expresiones,
como ex presidente, presidente depuesto, y muchas
más. Pero cuando se refieren a usted, siguen
diciendo primera dama. ¿Por qué será?
-Mire, yo no me había dado cuenta de esto,
pero la verdad es que nosotros en estos tres años
hemos trabajado por los más humildes como
nunca antes se hizo y la oportunidad de que yo
sea parte del Gabinete Social para hacer tareas sociales
fue decisión del Presidente. Hicimos acciones
para atender a 170.000 personas que vivían
en la extrema pobreza, y en el lapso de tres años
redujimos un 10 por ciento la extrema pobreza.
Probablemente por todo esto me he ganado un
respeto especial.
-¿Usted encabezaría una alternativa electoral
en el futuro?
-Lo que hace falta para construir una alternativa
a los partidos tradicionales es darle más par-
ticipación al pueblo. Bueno, eso era lo que se estaba
haciendo y por eso nos dieron el golpe de
Estado. Se le ha dado más poder al pueblo y se
les han dado razones para luchar y exigir por sus
derechos y vamos para allá independientemente
de lo que suceda. Independientemente de si el
Presidente regresa o no, esa ya es una lucha que
trasciende al Presidente, es una lucha de la gente,
una lucha del pueblo. Y a través de esa lucha, de
las manifestaciones que hemos, ya podemos
decir: misión cumplida, podemos regresar a la
casa con el orgullos de decir que no sólo dejamos
obras físicas, sino también una nueva mentalidad
en el pueblo.
-Usted habla de regresar a su casa. Desde el
plano humano, se arrepiente de haberse metido
en política. Porque ustedes eran una familia acomodada,
con sus negocios, se metieron en esto y
ahora están sufriendo.
Yo no me voy a arrepentir de acompañar al
Presidente en todo el esfuerzo que ha hecho.
Tampoco de la lucha que se ha logrado. Honduras
tiene siete millones de habitantes y sólo uno
es Presidente. Cuando uno llega a estas posiciones
una vez en la vida, tiene la oportunidad de
cambiar la historia del país. Entonces no debe
haber arrepentimiento, y menos cuando uno ve
la respuesta del pueblo (se le llenan los ojos de
lágrimas). Hoy más que nunca me siento orgullosa
de ser hondureña, te lo digo de todo corazón,
de vivir en esta tierra, con esta gente
acompañándola, porque por primera vez hemos
sentido la solidaridad. Cuando mucho se quedaron
apoyando a este régimen, el pueblo es el que
nos sigue apoyando.
-Usted permanentemente habla del pueblo, y
de que los más solidarios con ustedes son los más
pobres. Sus amigos de antes, sus amigos de siempre,
¿los han traicionado?
-En realidad, nuestros verdaderos amigos
están firmes. Los amigos temporales, por circunstancias,
esos no. Los que se acercan por interés,
ya sabíamos que no eran nuestros amigos y
que no íbamos a contar con ellos cuando saliéramos
del poder. Nos adulaban, nos abrían las
puertas de los carros y de sus casas. Los verdaderos
amigos son los que han estado con nosotros
durante un mes, sobre todo los más pobres.
Sabe la cantidad de gente común que me dice:
‘En este país hay muchos puntos por donde el
Presidente puede entrar, dígale que sólo nos diga
por dónde y hacia dónde, y ahí estaremos’. Eso es
lo que me da fortaleza.
Entrevista con Hortensia Esmeralda Rosales,
madre de Zelaya, Jacaleapa, Honduras, lunes 27
de julio de 2009.
“Tengo miedo de que lo maten”
Hortensia Esmeralda Rosales fue maestra toda
su vida. Ahora tiene 80 años y está en la ruta
junto a su nuera y sus nietos apoyando a su hijo,
que se encuentra exiliado forzosamente a 50 kilómetros,
del otro lado de la frontera con Nicaragua.
Luego del saludo y la presentación, me agradece
“la oportunidad de expresarse” y se precipitan
las emociones, primero un silencio
prolongado, después los ojos se le inundan y finalmente
se quiebra en llanto. Entonces pide disculpas
y un ratito para recuperarse.
-¿Alguna vez pensó que su hijo iba a ser Presidente?
-Yo siempre le dije que él iba a ser Presidente,
lo que nunca pensé es que lo fueran a derrocar.
Ya desde el kinder le veía su personalidad de
líder. Fue líder en todos lados, en su familia,
entre sus amigos, en la escuela, en la universidad,
pero siempre con buenas intenciones y queriendo
ayudar a los demás. Y ya de joven empezó
en política, siempre en el Partido Liberal. Yo
siempre lo apoyé no sólo como un deber de
madre, sino también porque veía que él podía
hacer cosas grandes para el pueblo hondureño.
-¿Pero no le daba un poco de miedo?
-El padre le dijo: ‘Tus ideas son de avanzada y
este país está muy atrasado, por eso los poderosos
no te van a dar oportunidades’. Pero él nunca
lo escuchó y siguió adelante con sus ideales.
-¿El padre lo quería disuadir y usted lo apoyaba?
-Si, pero después el padre también terminó
apoyándolo, porque vio su determinación y sus
buenas intenciones. Luego la familia estuvo
siempre unida graníticamente.
-Ustedes son una familia poderosa también, ¿a
qué se debe ese distanciamiento de los círculos
del poder a los cuales ustedes pertenecían?
-Mire, nosotros venimos de una familia de
agricultura y ganadería a gran escala. Somos
dueños de muchas propiedades. Somos gente
poderosa, tenemos 35 años de poner presidentes
de Honduras, sufriendo algunas decepciones y
viendo que no salíamos del atraso. Además, a
pesar de nuestra posición, siempre estuvimos al
lado del pueblo, por eso apoyamos las políticas
que ha llevado adelante mi hijo.
-Con tantos intereses y tan grandes en juego,
¿tiene miedo que a su hijo lo puedan matar?-
-Bueno, es una pregunta muy dolorosa para
una madre. Si tengo miedo de que lo maten, pero
también tengo fe en Dios y sé que está haciendo
las cosas correctamente. Yo confío en la justicia
divina porque la Justicia de los hombres aquí en
Honduras no existe.
Entrevista con Xiomara “Pichu” Zelaya, hija
de Mel Zelaya, Jacaleapa, Honduras, 27 de julio
de 2009.
“Él ya no es mi padre, es mi líder”
En la parte de atrás de una de las camionetas
estacionadas al costado del camino, bajo la sombra
de unos pinos, la “Pichu” se reincorpora. La
tercera hija de Zelaya tiene 24 años, estudiante de
comunicación social, ojos negros penetrantes.
Ante un puñado de seguidores, empieza a cantar
la canción de la cordobesa Liliana Felipe:
“Están atrás, van para atrás, piensan atrás, son el
atrás, están detrás de su armadura militar. Nos
tienen miedo porque no tenemos miedo..”
-¿Realmente no tenés miedo?.
- Mira, después del golpe, estuve unos días refugiada
en una embajada. Pero a los tres días le
dije a mi papá que no quería seguir así, y menos
irme del país. Yo voy a seguir peleando con el
pueblo, quiero estar con ellos, y a mi padre, para
liberarlo de la carga, le dije que él ya no es mi
padre, él es el líder al que sigo, me desligué de él
y lo desligué de mí para que pueda actuar libremente.
Para poder superar todo, para poder sentirme
fuerte, he tenido que desligarme del
sentimiento paternal. Si lo sintiera como padre,
me dolerían más las cosas que están sucediendo
ahora. Me he desligado. Y me ha dolido desligarme.
Pero he conseguido convertirme en una
ciudadana más que está reclamando sus derechos,
que está reclamando justicia para el país.
Así que yo no lo veo ahora como mi padre, sino
como un líder.
-Acá en El Paraíso también las han tratado mal
los poderosos…
-Desde el primer día. Nos han perseguido de
todas formas los golpistas, nos congelaron cuentas
bancarias sin orden fiscal, tarjetas de créditos
sin orden fiscal. A toda la familia. Nos dijeron
que había órdenes de captura en contra de mi
mamá, de mí, de mis tíos… Me sentí siempre hostigada,
pero es cierto, lo más terrible fue cuando
llegamos aquí a El Paraíso para seguir hacia la
frontera con Nicaragua a ver a mi papá. Varios
empresarios se reunieron y en la madrugada dispararon
hacia el hotel donde estábamos. Nos dijeron
que si a las seis de la mañana no nos íbamos
de allí, iba a haber sangre. Es una persecución
salvaje.
-Sos la que más ha estado apoyándolo en este
trance de todos los hermanos.
-Sí, es que siempre fui la más apegada a mi
papá, y la que más me interesé en política. Mi
hermana mayor está casada, con hijos, y embarazada
en este momento. Mi hermano quiere ser
futbolista y es chico todavía. Yo soy la que tengo
que estar aquí.
-Sos la única de la familia que estaba con tu
padre el día del golpe. ¿Cómo fue?
-Sólo mi papá y yo estábamos en la casa el día
del asalto. Fue a las 5.30 de la mañana, yo estaba
en el baño y ahí escuché el primer disparo, luego
otro y tres más y mi papá grita ‘Pichu, Pichu,
Pichu nos están dando el golpe’. Yo me encerré
en el cuarto, debajo de la cama y empecé a hacer
llamadas: a mi hermano, que hizo el anuncio a la
OEA; a un amigo del Bloque Popular; y a otros
alertando la situación. Ellos (los militares) llegaron
disparando, gritando ‘arriba las manos’, y mi
papá les dijo que si la orden era matarlo que lo
hicieran. Mi edecán saltó las verjas y cerró todas
las puertas, por eso no pudieron encontrarme,
allí me quedé más de media hora.
-¿Cómo está toda esa gente ahora?
-Con mucho miedo, porque están obligando a
la gente de nuestra seguridad a decir que hubo
orden de allanamiento durante el asalto, lo cual
es falso, y a decir que ocurrió a las 6.15, cuando
en realidad fue a las 5.30. Esto es muy importante
porque según la Constitución no puede haber
allanamiento de morada entre las 6 de la tarde y
las 6 de la mañana. Tengo miedo por ellos, que
se niegan a mentir, no por mí.
CAPÍTULO CUATRO
El golpe. Volver 30 años
Ese domingo 28 de junio debía realizarse
una consulta popular para auscultar al pueblo en
relación a la instalación de una eventual cuarta
urna en las elecciones programadas para el 29 de
noviembre. ¿Por qué una cuarta urna? La primera
sería para la elección presidencial, la segunda
para elegir diputados al Congreso
unicameral, la tercera para alcaldes y la cuarta,
para preguntarle a la ciudadanía sobre una eventual
reforma constitucional que asegurara una
democracia más participativa y que reestructurara
algunas estructuras de poder anquilosadas,
como el Congreso y la Corte Suprema de Justi-
cia, donde se refugian la corrupción y la explotación
del pueblo. Ante la posibilidad de la consulta
popular, la clase política y empresaria puso
el grito en el cielo. Era una traición más de uno de
los suyos, a quien ellos mismos habían depositado
en el gobierno para que cuidara sus intereses.
La semana previa a la consulta se sucedieron
las reuniones. La primera de esa semana previa
fue el domingo 21 de junio en la casa del
embajador de Estados Unidos en Honduras,
Hugo Llorens, donde además del representante
del imperio, estuvieron los de las clases dominantes
locales: el candidato del Partido Liberal,
Elvin Santos, el del Partido Nacional, Porfirio
“Pepe” Lobo, y el jefe de las Fuerzas Armadas,
general Romeo Vázquez Velázquez. En esa reunión
los presentes intentaron hacer “entrar en razones”
a Zelaya de que “no le convenía” insistir
con la consulta por la cuarta urna. Otra vez la
eternal combinación: imperialismo más oligarquías
locales. Pero él siguió adelante con ese proyecto,
que ya había sido lanzado y no podía
detenerse. Ese mismo día, estuvo en Tegucigalpa
el subsecretario de Estado para América Latina
del gobierno de los Estados Unidos, Thomas
Shannon, quien se reunió con representantes de
la Iglesia y de los medios de comunicación.
El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas,
Romeo Vázquez Velázquez, dijo entonces
que sus soldados no colaborarían en la
logística para la consulta por lo que el jueves 25
de junio, Zelaya lo destituyó. Vázquez Velázquez
le había dicho textualmente el día anterior: “Hay
muchos problemas con la consulta, presidente,
pero si usted me lo ordena, voy a cumplir con repartir
las urnas, porque soy un soldado”. Sin embargo,
ese jueves el general entró al despacho
presidencial y le informó que no respetaría la
orden. Entonces, Zelaya tomó la palabra: “General,
yo soy el comandante en jefe de las Fuerzas
Armadas y estoy en este lugar porque aquí me
puso el pueblo. Si usted me desobedece, entonces
yo tengo que destituirlo, porque si no lo hago, me
tengo que ir yo”.
En ese momento empezó el golpe propiamente
dicho con la desobediencia y el desacato
de Vázquez Velázquez y la crisis institucional
que se desató. Ese mismo jueves 25 de junio, se
produjo otra visita sugestiva, la de John Negroponte,
quien había sido el embajador estadouni-
dense en Honduras durante los ’80 y el terrorismo
de Estado.
Finalmente, el golpe de Estado se concretó
en toda su dimensión el domingo 28 de junio
cuando a las 5.30 de la madrugada, unos 200 soldados
entraron en la residencia presidencial y a
punta de pistola y metralleta, secuestraron al presidente,
lo subieron a un avión y lo llevaron a San
José de Costa Rica. Pero sugestivamente, ese
avión que llevaba a Mel paró en la base militar
estadounidense de Palmerola, en el departamento
de Choluteca.
Esa misma mañana del domingo 28, mientras
en Tegucigalpa el presidente del Congreso,
Roberto Micheletti, usurpaba el poder y se erigía
en presidente de facto, en el aeropuerto San José
Santamaría de San José, Zelaya daba una conferencia
de prensa en camiseta junto a su par de
Costa Rica, Oscar Arias.
Por la noche, viajó a Managua para participar
de la cumbre presidencial del Sistema de la
Integración Centroamericana (SICA), y de la
Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra
América (ALBA) convocada por el presidente
pro témpore del SICA, Daniel Ortega. En esa reunión
especial y urgente, el presidente de Ecuador,
Rafael Correa, convocó a una cumbre
presidencial del Grupo de Río, cuya presidencia
pro témpore recaía en ese momento en el mandatario
mexicano Felipe Calderón
El lunes 29 de junio, la cumbre presidencial
del SICA emitió una declaración en la que afirmaba
que sus países miembros debían suspender
todo tipo de reuniones de carácter político,
financiero y deportivo con funcionarios hondureños
que fueran nombrados por el gobierno ilegítimo
de Honduras. La declaración llamaba
también a los embajadores de los países que integran
el SICA a consulta para conocer la situación.
En ese mismo acto los países integrantes del
grupo C-4 (Nicaragua, Honduras, El Salvador y
Guatemala), decidieron cerrar sus fronteras como
forma de presión para que el gobierno nombrado
en ese país deponga su actitud y restituya a Zelaya
en el poder. En tanto, el secretario general
de la Organización de Estados Americanos
(OEA), José Miguel Insulza, llegó a Managua, y
apenas llegado señaló que los resultados para resolver
la situación política de Honduras tras el
golpe de Estado dependía de la unidad internacional
y americana. Ese mismo día el Grupo de
Río, el ALBA y el SICA, emitieron declaraciones
para condenar el golpe de Estado en Honduras
y exigir la restitución inmediata del presidente
constitucional.
La verdad que la condena internacional
contra el golpe hondureño tuvo una unanimidad
y celeridad nunca vistos en situaciones similares.
El martes 30 de junio la Asamblea General de la
ONU condenó el golpe de Estado y exigió la inmediata
restitución de Zelaya. Ese mismo día
Mel anunció su decisión de retornar por cualquier
medio a su país, para retomar el poder.
Pero la actitud más firme fue la de Venezuela,
que el viernes 3 de julio suspendió todo
envío de petróleo a Honduras.
El sábado 4 de julio, el presidente de Nicaragua,
Daniel Ortega, informó que el ex canciller
nicaragüense y actual presidente de la Asamblea
General de la ONU, Miguel D’Escoto, acompañaría
al derrocado presidente en su primer intento
de retorno a Honduras. Ese sábado, la
Asamblea General de la OEA emitió una declaración
en la que en la que decidió suspender al
Estado de Honduras del ejercicio de su derecho
de participación en el organismo, conforme al artículo
21 de la Carta Democrática Interamericana.
Primer intento de regresar
Ya a esta altura de los acontecimientos, Zelaya
estaba cometiendo su primer error, deambular
por todos lados mendigando apoyos en vez
de instalarse en alguno de los tantos pasos fronterizos
de entrada. El domingo 5 de julio, comete
el segundo error: intentar aterrizar en un avión
venezolano en el aeropuerto de Toncontín, donde
se habían reunido unas 300 mil personas.La represión
fue brutal: Isis Obed Murillo, un muchacho
de 19 años fue asesinado por el Ejército
hondureño. “Yo estaba a dos metros del muchacho,
estoy seguro de que esa bala era para mí”,
relató el cura Andrés Tamayo, uno de los líderes
de la resistencia en las calles. El periodista sueco
Dick Emanuelsson me contó que ese día, le llamó
la atención que los militares y policías dejaban
pasar a la gente y acercarse al alambrado del aeropuerto.
Miriam Huezo, fotógrafa hondureña y
esposa de Dick, agregó: “Fue una emboscada
hecha a propósito para preparar la represión”.
El caso fue que, con todos los aeropuertos
cerrados por los golpistas, cuando se divisó un
avión en el cielo de Tegucigalpa, no había dudas
de que era el que llevaba al presidente. Pero a los
golpistas les bastó cruzar un par de carros blin-
dados en la pista para frustrar el aterrizaje. Es difícil
pensar que a esos niveles se cometen errores
infantiles o se peca de ingenuidad. Si la decisión
era absoluta para volver a Honduras con su pueblo,
Zelaya y compañía deberían haber advertido
esa circunstancia y en todo caso, haber utilizado
un helicóptero, bajo el riesgo de ser muerto o
apresado. Lo cierto es que mientras el pueblo estaba
siendo masacrado por el ejército, Zelaya sobrevoló
el aeropuerto y volvió a San Salvador,
adonde estaban también la presidenta argentina
Cristina Fernández de Kirchner y su par paraguayo
Fernando Lugo.
El lunes 6 de julio, la Unión Europea, en un
gesto de repudio al golpe militar, suspende la octava
ronda de negociaciones prevista para realizarse
en Bruselas, Bélgica, del 6 al 10 de julio, con
representantes de los países centroamericanos.
Mientras tanto, el Ejército de Nicaragua desmiente
denuncias de las autoridades golpistas
hondureñas sobre una presunta movilización de
tropas nicaragüenses a la línea fronteriza común.
Zelaya viaja a Washington y se reúne el
martes 7 de julio con la secretaria norteamericana
de Estado, Hillary Clinton. Es de destacar que
nunca el presidente Zelaya fue recibido por su
par de Estados Unidos, Barack Obama.
El 9 de julio Oscar Arias, inicia sus gestiones
como mediador en la crisis y el 14 de julio, el embajador
de Estados Unidos en Managua, Robert
Callahan, desmiente un presunto apoyo del gobierno
de su país al golpe militar.
El 18 de julio, con el evidente apoyo de los
Estados Unidos, Arias propone un plan de paz
de siete puntos para resolver lo que eufemísticamente
llama como “la crisis política”. Ese
acuerdo proponía textualmente:
1. SOBRE EL GOBIERNO DE UNIDAD Y
RECONCILIACIÓN NACIONAL.
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, conformaremos un Gobierno de
Unidad y Reconciliación Nacional, integrado por
representantes de los diversos partidos políticos,
reconocidos por su capacidad, honorabilidad,
idoneidad y voluntad para dialogar, quienes ocuparán
las distintas Secretarías y Subsecretarías de
Estado, de conformidad con el artículo 246 y siguientes
de la Constitución de la República de
Honduras.
En vista de que con antelación al 28 de
junio, el Poder Ejecutivo no había remitido a consideración
del Congreso Nacional el Proyecto de
Presupuesto General de Ingresos y Egresos, de
conformidad con lo establecido en el artículo 205,
inciso 32 de la Constitución de la República de
Honduras, este Gobierno de Unidad y Reconciliación
Nacional respetará y funcionará sobre la
base del Presupuesto General recientemente
aprobado por el Congreso Nacional para el ejercicio
fiscal 2009.
2. SOBRE LA AMNISTÍA PARA LOS DELITOS
POLÍTICOS
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, solicitamos al Congreso Nacional la
declaratoria de una amnistía general, exclusivamente
para los delitos políticos cometidos con
ocasión de este conflicto, antes y después del 28
de junio de 2009, y hasta la firma de este
Acuerdo, según los términos del artículo 205, inciso
16, de la Constitución de la República de
Honduras y la legislación especial vigente que regule
la materia. La amnistía deberá, además, garantizar
con claridad las condiciones de
seguridad y de libertad de las personas que queden
bajo su amparo.
De la misma manera, nos comprometemos
a no iniciar ni continuar acciones legales por los
actos anteriores al 1º de julio de 2009 que se deriven
del presente conflicto, por un periodo de seis
meses. El incumplimiento de cualquiera de los
compromisos contenidos en este Acuerdo, comprobado
y declarado por la Comisión de Verificación
a la que se refiere el punto 7, anulará los
efectos de esta moratoria para el trasgresor o los
trasgresores.
3. SOBRE LA RENUNCIA A CONVOCAR
A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE
O REFORMAR LA CONSTITUCIÓN EN
LO IRREFORMABLE
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, reiteramos nuestro respeto a la
Constitución y las leyes de nuestro país, absteniéndonos
de hacer llamamientos a la convocatoria
a una Asamblea Nacional Constituyente, de
modo directo o indirecto, y renunciando también
a promover o apoyar cualquier consulta popular
con el fin de reformar la Constitución para permitir
la reelección presidencial, modificar la
forma de Gobierno o contravenir cualquiera de
los artículos irreformables de nuestra Carta Fundamental.
En particular, no realizaremos declaraciones
públicas ni ejerceremos algún tipo de influencia
inconsistente con los artículos 5, 239, 373
y 374 de la Constitución de la República de Hon-
duras, y rechazaremos enérgicamente toda manifestación
contraria al espíritu de dichos artículos
y de la Ley Especial que Regula el
Referéndum y el Plebiscito.
4. SOBRE EL ADELANTAMIENTO DE
LAS ELECCIONES GENERALES Y EL TRASPASO
DE GOBIERNO
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, instamos al Tribunal Supremo Electoral
para que considere el adelantamiento de las
elecciones nacionales convocadas para el 29 de
noviembre de 2009, al 28 de octubre de 2009; y el
consecuente adelanto de la campaña electoral del
1º de septiembre de 2009, al 1º de agosto de 2009.
Reiteramos que, de conformidad con los artículos
44 y 51 de la Constitución de la República de
Honduras, el voto es universal, obligatorio, igualitario,
directo, libre y secreto, y corresponde al
Tribunal Supremo Electoral, con plena autonomía
e independencia, supervisar y ejecutar todo
lo relacionado con los actos y procesos electorales.
Asimismo, realizamos un llamado al pueblo
hondureño para que participe pacíficamente
en las próximas elecciones generales y evite todo
tipo de manifestaciones que se opongan a las
elecciones o a su resultado, o promuevan la insurrección,
la conducta antijurídica, la desobediencia
civil u otros actos que pudieren producir
confrontaciones violentas o transgresiones a la
ley.
Con el fin de demostrar la transparencia y
legitimidad del proceso electoral, instamos al Tribunal
Supremo Electoral a que autorice y acredite
la presencia de misiones internacionales
desde ahora y hasta la declaratoria del resultado
de las elecciones generales, así como durante el
traspaso de poderes que tendrá lugar, conforme
con el artículo 237 de la Constitución de la República
de Honduras, el 27 de enero de 2010.
5. SOBRE LAS FUERZAS ARMADAS
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, ratificamos nuestra voluntad de acatar
en todos sus extremos el artículo 272 de la
Constitución de la República de Honduras, conforme
con el cual las Fuerzas Armadas quedan a
disposición del Tribunal Supremo Electoral
desde un mes antes de las elecciones generales, a
efectos de garantizar el libre ejercicio del sufragio,
la custodia, transporte y vigilancia de los materiales
electorales y demás aspectos de la
seguridad del proceso. Reafirmamos el carácter
profesional, apolítico, obediente y no deliberante
de las Fuerzas Armadas hondureñas. De igual
forma, reconocemos la profesionalidad de la Policía
Nacional, cuya rotación deberá sujetarse estrictamente
a lo que prescribe su legislación
especial.
6. SOBRE EL RETORNO DE LOS PODERES
DEL ESTADO A SU INTEGRACIÓN PREVIA
AL 28 DE JUNIO
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, solicitamos al Congreso Nacional
que, a efectos de recuperar la integración y legítima
conformación de los poderes constituidos al
28 de junio de 2009, en lo procedente retrotraiga
la situación del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo,
el Poder Judicial y el Tribunal Supremo
Electoral a su estado previo al 28 de junio, por
haber sido conformados según los artículos 202,
205, incisos 9 y 11, y 236 de la Constitución de la
República de Honduras. Lo anterior implica el
retorno de José Manuel Zelaya Rosales a la Presidencia
de la República hasta la conclusión del
actual periodo gubernamental, el 27 de enero de
2010.
7. SOBRE LA COMISIÓN DE VERIFICACIÓN
Y LA COMISIÓN DE LA VERDAD
Para lograr la reconciliación y fortalecer la
democracia, disponemos la creación de una Comisión
de Verificación de los compromisos asumidos
en este Acuerdo, y los que de él se deriven,
presidida por la Organización de Estados Americanos
(OEA), y las personas que ésta considere
idóneas entre las figuras nacionales e internacionales.
La Comisión de Verificación será la encargada
de dar fe del estricto cumplimiento de todos
los puntos de este Acuerdo, y recibirá para ello
la plena cooperación de las instituciones públicas
hondureñas.
Con el fin de esclarecer los hechos ocurridos
antes y después del 28 de junio de 2009, se
creará también una Comisión de la Verdad que
identifique los actos que condujeron a la situación
actual, y proporcione al pueblo de Honduras
elementos para evitar que estos hechos se
repitan en el futuro. El trabajo de la Comisión de
la Verdad será fundamental en la recuperación
de la confianza del pueblo hondureño en su
Constitución y en su Gobierno. Para asegurar la
imparcialidad en la ejecución de esta tarea, designamos
como conductor de la Comisión de la
Verdad al Instituto Interamericano de Derechos
Humanos.
8. SOBRE LA NORMALIZACIÓN DE LAS
RELACIONES DE LA REPÚBLICA DE HONDURAS
CON LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Al comprometernos a cumplir fielmente los
compromisos asumidos en el presente Acuerdo,
solicitamos respetuosamente la inmediata revocatoria
de aquellas medidas o sanciones adoptadas
a nivel bilateral o multilateral, que de alguna
manera afectan la reinserción y participación
plena de la República de Honduras en la comunidad
internacional, y su acceso a todas las formas
de cooperación.
Hacemos un llamado a la comunidad internacional
para que reactive lo antes posible los
proyectos vigentes de cooperación con la República
de Honduras, y continúe con la negociación
de los futuros. En particular, instamos a que, a
solicitud de las autoridades competentes, se haga
efectiva la cooperación internacional que resulte
necesaria y oportuna para que la Comisión de
Verificación y la Comisión de la Verdad aseguren
el fiel cumplimiento y seguimiento de los
compromisos adquiridos en este Acuerdo.
9. SOBRE LA ENTRADA EN VIGENCIA
DEL ACUERDO DE SAN JOSÉ
Todos los compromisos asumidos cobran
formal y total vigencia desde el momento mismo
de su suscripción.
10. DISPOSICIONES FINALES
Toda diferencia de interpretación o aplicación
del presente Acuerdo será sometida a la Comisión
de Verificación, la que determinará, en
apego a lo dispuesto en la Constitución de la República
de Honduras y en la legislación vigente,
y mediante una interpretación auténtica del presente
Acuerdo, la solución que corresponda.
Tomando en cuenta que el presente
Acuerdo es producto del entendimiento y la fraternidad
entre hondureños, solicitamos vehementemente
a la comunidad internacional que
respete la soberanía de la República de Honduras,
y observe plenamente el principio consagrado
en la Carta de las Naciones Unidas de no
injerencia en los asuntos internos de otros Estados.
11. CALENDARIO DE CUMPLIMIENTO
DE LOS ACUERDOS
Dada la entrada en vigencia inmediata de
este Acuerdo a partir de su fecha de suscripción,
y con el fin de clarificar los tiempos de cumpli-
miento y de seguimiento de los compromisos adquiridos
para alcanzar la reconciliación nacional,
convenimos el siguiente calendario de cumplimiento:
22 de julio de 2009
1. Suscripción y entrada en vigencia del
Acuerdo de San José.
24 de julio de 2009
1. Retorno de José Manuel Zelaya Rosales
a la Presidencia de la República de Honduras.
2. Conformación de la Comisión de Verificación.
27 de julio de 2009
1. Conformación del Gobierno de Unión
y de Reconciliación Nacional.
2. Conformación de la Comisión de la
Verdad.
27 de enero de 2010
1. Celebración del traspaso de gobierno.
12. DECLARACIÓN FINAL
En nombre de la reconciliación que nos ha
convocado ante la mesa de diálogo, nos comprometemos
a ejecutar de buena fe el presente
Acuerdo, y los que de él se deriven. Sabemos que
la humanidad espera de Honduras una demos-
tración de unidad y de paz, a la que estamos obligados
por nuestra consciencia y nuestra historia.
Juntos, sabremos demostrar nuestro valor y coronar
con olivos la frente de nuestra democracia,
para que las futuras generaciones vean lo que fuimos
capaces de hacer por nuestra patria.
Como se ve, este acuerdo propuesto por
Arias pero fogoneado desde las sombras por
Washington, era un abanico de conquistas golpistas
y de concesiones de la democracia. Volvía
atrás con el proceso de reforma constitucional,
maniataba al presidente imponiéndole compartir
el gobierno con los golpistas y garantizaba la
impunidad a los que no sólo usurparon el poder
sino que cometieron los más horrendos crímenes
de lesa humanidad.
Ante los primeros síntomas de fracaso del
plan Arias, el 19 de julio éste pidió 72 horas para
trabajar su propuesta, pero finalmente el 22 se lo
considera definitivamente fracasado.
El tercer gran error fue aceptar una negociación
en San José de Costa Rica. Eso fue darle
escenario legal internacional y legitimidad a los
golpistas, un paso atrás inconmensurable, porque
de aquí en adelante, cualquiera puede quebrar
el orden constitucional, ignorar la voz del
pueblo y luego pedir ser escuchado y hasta negociar.
Hay dos cosas sorprendentes, que Zelaya se
haya mostrado dispuesto a aceptar un acuerdo
tan nefasto para la democracia y el pueblo hondureños,
pero más que nada, sorprende que los
golpistas hayan sido los que lo rechazaron,
siendo que el acuerdo les otorgaba todos los beneficios
de fondo. Se puede pensar que a esta altura
de la historia, tanto la cúpula militar cuanto
el propio dictador civil Micheletti estaban fuera
del control de los poderes locales e internacionales
que los avalaron en un primer momento.
Caído el Acuerdo de San José, el jueves 23
Zelaya se instala en Ocotal, una localidad del
norte de Nicaragua, distante 12 kilómetros del
paso fronterizo de Las Manos.
Segundo intento de regresar
En la cara del hombre se mezclaba la extenuación,
la emoción, la incertidumbre, la desorientación,
la bronca, todo un poco. Caminó
despacio, abriéndose paso entre la multitud de
micrófonos y cámaras y entró en territorio de su
país. Fue hasta un cartel que dice “Bienvenidos
a Honduras”; lo tocó y lo acribillaron a flashes.
Los militares y policías habían retrocedido y miraban
entre ingenuos y desconfiados desde unos
50 metros.
Fue cerca del mediodía, cuando el presidente
constitucional de Honduras, Manuel Zelaya,
entró unos cinco metros en territorio de su
país después de 26 días de haber sido sacado de
su cama a las cinco de la mañana.
Lo había dicho la noche anterior en un hotel
de las afueras de la ciudad de Estelí, norte de Nicaragua:
“Estoy caminando despacio desde Managua
hasta Tegucigalpa”.
Hasta ese momento, nadie sabía por dónde
intentaría “Mel” Zelaya atravesar la frontera, si
por alguno de los tres pasos fronterizos o por los
innumerables puntos por donde se puede permear
esta frontera de 922 kilómetros que divide
a Nicaragua de Honduras.
Finalmente, ese viernes comenzó a dilucidarse
el misterio cuando arrancó la caravana de
unos 50 vehículos desde Estelí con dirección al
norte. Antes de la localidad fronteriza de Ocotal,
en el cruce de Yalagüina, Zelaya frenó el Jeep
blanco que conducía él personalmente, con el
canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, como
copiloto. En medio de la ruta, se instaló una mesa
con una silla. Ni siquiera un vaso de agua le acercaron.
Y se sentó el presidente hondureño destituido,
dispuesto a responder las preguntas de los
periodistas.
“El pueblo está apoyándonos y la comunidad
internacional ha condenado esta forma de
tomar el poder. El Mercosur fue categórico en declarar
que no dejará que se consolide el golpismo,
y les agradezco a todos los presidentes, especialmente
a la presidenta Cristina Kirchner que dijo
que sólo la unidad de los países de América del
Sur debe tomar acciones contra este régimen represivo”,
dijo Zelaya.
Mientras el presidente atendía su teléfono
celular, este periodista conversó con el canciller
de Venezuela, Nicolás Maduro, quien dijo que
“éste es un plan de los sectores más reaccionarios
de Estados Unidos. Están involucrados la CIA, el
Departamento de Estado y la derecha republicana,
que se han complotado para hacer este
golpe de Estado. Pero vamos a tener la capacidad
de dilucidarlo y demostrar la verdad al mundo”.
–¿Ha sido sólo un golpe a Zelaya y a Honduras,
o al Alba principalmente?
–Esto va incluso más allá del Alba, ha sido un
golpe contra todos los pueblos de Sudamérica, de Cen-
troamérica y del Caribe, y por eso es tan importante
no dejarlo pasar.
–Si el presidente Zelaya logra revertir la situación,
¿será también un gran espaldarazo al proceso del
Alba, así como lo fue el fracaso del golpe de 2002 en Venezuela?
–Mire, acá juegan los golpes y los contragolpes.
Nosotros estamos en un contragolpe democrático, pacífico,
constitucional contra los golpistas.
En eso, Zelaya llamó a Maduro y raudamente
volvieron a subir al Jeep blanco para retomar
el camino al norte, rumbo a la frontera con
Honduras.
La caravana pasó por la localidad de Ocotal,
donde hombres, ancianos y sobre todo niños
salían a su encuentro y saludaban, muchos de
ellos agitando banderas del gobernante Frente
Sandinista de Liberación Nacional. Una media
hora después, la caravana estaba llegando al paso
fronterizo de Las Manos.
En ese momento se largó una típica tormenta
tropical que obligó a Zelaya, y a los periodistas
que pudieron, a buscar un refugio bajo
techo en uno de los típicos quiosquitos de frontera.
Cuando amainó el agua, caminó hasta el
puesto de migraciones del lado nicaragüense y
saludó a los empleados, incluida Ángela Martínez,
una de las empleadas de migraciones de
Honduras, que no podía disimular su alegría de
conocer y saludar a “su” presidente, aunque en
ese momento estuviera corriendo serio peligro su
trabajo.
Y así, de a poco, se fue acercando Zelaya a
lo que se conoce internacionalmente como “tierra
de nadie”, esos 10 metros que están entre la
cadena que delimita el territorio nicaragüense y
la que marca el de Honduras.
Del otro lado de la cadena, un nutrido
grupo de militares y policías miraban todo con
cara de nada. Hasta que Hollman Morris, un corresponsal
de la prensa francesa, y yo entablamos
un diálogo con el jefe del escuadrón militar en el
lugar, el teniente coronel Luis Recarte.
–¿Tienen orden de captura contra el presidente?
–No, nosotros los militares no podemos arrestar
a nadie, para eso está la policía.
–¿Y entonces cómo se explica que a Zelaya lo
arrestaron militares durante el golpe de Estado?
Silencio del otro lado.
–¿Si no lo va a arrestar, qué órdenes tiene?
–Hablar con el señor Zelaya.
–¿Hablar de qué?
–Simplemente hablar, como caballeros.
En ese momento, Hollman le pidió el número
de celular al oficial, quien ante el asombro
de todos los presentes, se lo dio y le dijo que Zelaya
lo llamara, cosa que ocurrió minutos después.
Cuando le dieron las novedades a Mel, éste
pidió un celular y marcó el número del teniente
coronel.
“Si señor, aquí lo espero para que hablemos,
le doy mi palabra que no le va a pasar nada
y hasta si quiere me desarmo”, le dijo el teniente
coronel Recarte al que en realidad es su verdadero
comandante en jefe.
A los 10 minutos llegó Zelaya en medio de
la nube de luces y micrófonos que lo acompañó
durante todo el día. Llegó hasta la cadena y le estrechó
la mano al oficial del ejército.
–Mucho gusto, teniente coronel, vengo a ver si
puedo pasar la frontera.
–Por supuesto señor, si este es su país.
–Bueno, pero quiero garantías, por favor comuníqueme
con el comandante de la región.
El militar se retiró con esa misión, pero
nunca más volvió.
Mientras tanto, del lado de Honduras, en el
poblado de El Paraíso, la gente que llegaba en
ómnibus o vehículos particulares era detenida
por los retenes de la policía y el ejército. Incluso
hubo disturbios y una dura represión.
Según coincidieron varias fuentes, los militares
hondureños tiraban gases lacrimógenos
hasta dentro de autos y colectivos y usaron balas
de plomo para reprimir.
Los campesinos llegados de la zona de
Olancho, de donde es oriundo Zelaya, al ver imposibilitado
el paso, se aventuraron por las verdísimas
montañas para buscar un camino que los
depositara del otro lado de la frontera. Luego de
las cuatro de la tarde, comenzaron a llegar estos
grupos de campesinos que bajaban de los cerros
puños en alto y vivando a su presidente.
Esos fueron otros de los picos de emoción
de la jornada, cuando el propio Zelaya se acercaba
a recibir y abrazar a los que sin comida, sin
agua y en muchos casos sin calzado, habían caminado
entre siete y ocho horas por el monte
para burlar los retenes policiales y militares y llegar
al otro lado de la frontera para intentar acompañar
a Mel de regreso.
Pero llegaron a juntarse unas 500 personas,
una cantidad muy pequeña como para garantizar
a Zelaya que no lo arresten los policías hondureños
apenas cruce la frontera. Para poder
pisar su tierra, Zelaya hubiera necesitado el
acompañamiento de varios miles de compatriotas
que le garantizaran no ser apresado por los
esbirros de la dictadura. Pero la represión desatada
en Honduras y los innumerables retenes
policiales y militares, ubicados desde Tegucigalpa
hasta la frontera, impidieron la llegada masiva
del pueblo al límite fronterizo.
Ya al anochecer comenzaron a organizarse
los grupos para ver qué comerían y dónde dormirían.
Para este tema, los hondureños contaron
con la solidaridad del gobierno de Nicaragua,
que se suma a la guardia policial propia de un
jefe de Estado.
Cerca de las ocho de la noche Zelaya volvió
a Ocotal para comer y descansar un poco, a la espera
de un nuevo intento por volver a su país y
al poder que le confirió la democracia.
Poco después inicia una gira por varios países
latinoamericanos, entre ellos, Brasil, Argentina,
Ecuador, Venezuela.
En los últimos días de julio se incrementó
la presión mediática con el retiro por parte de Estados
Unidos de las visas y el anuncio de congelamiento
de las cuentas bancarias de varios
funcionarios del régimen de facto. El retiro de las
visas afectó a cuatro altos funcionarios: el propio
dictador civil Micheletti, el magistrado Tomás
Arita, quien ordenó el arresto y expulsión de Zelaya
del país; Alfredo Saavedra, presidente del
Congreso unicameral; y Ramón Custodio, un comisionado
de Derechos Humanos que está de
adorno y mira para otro lado mientras se suceden
los muertos y desaparecidos. Esta revocatoria
de las visas de ingreso a Estados Unidos
pareciera un dato irrelevante, pero en Honduras,
las clases dominantes viven viajando permanentemente
a los Estados Unidos. Si tienen que comprarse
ropa, las mujeres de la clase alta viajan a
Nueva York. Si un joven rico quiere congraciarse
con su novia, la invita a cenar y a bailar a Miami.
Y perder la visa, para ellos es muy grave. “Prefieren
quedar huérfanos antes que les saquen las
visas”, me dijo con gracia Mercedes, la moza de
un merendero popular del centro de Tegucigalpa.
A esto se le sumó que por esos días las empresas
símbolo del sistema capitalista, como Nike
y Adidas, anunciaron el cierre de sus maquilas
(máquinas textiles), aumentando el ahogo financiero
que se sumaba por entonces al recorte de
toda la ayuda internacional que llega desde Estados
Unidos y la Unión Europea. Era un grave
problema para el gobierno golpista, porque el 30
por ciento del presupuesto del país depende di-
rectamente de esta ayuda internacional. Sin embargo,
hay muchas dudas de que esto fuera realmente
así, porque el gobierno golpista siguió
adelante, no se asfixió y los más escépticos piensan
que Micheletti y compañía siguieron recibiendo
algún tipo de ayuda porque si no, no
habrían podido ni siquiera pagar los sueldos estatales.
Por eso, dentro de las condenas internacionales,
conviene distinguir las actitudes asumidas
por los distintos países: mientras los miembros
del Alba pusieron el cuerpo y estuvieron contundentemente
con Honduras desde el inicio,
hubo posiciones intermedias como la de Costa
Rica que propició la negociación con los golpistas,
o abiertamente permisibles con ellos como las
de Colombia y Panamá. Ni hablar de Estados
Unidos, cuya participación en el golpe es clara,
aunque también allí hay diferentes actitudes al
menos en el discurso. La CIA y el Pentágono son
los más involucrados, mientras que el presidente
Obama condenó el golpe, pero sólo de palabra, y
como ya se consignó, nunca se dignó recibir al
presidente constitucional depuesto por las
armas.
Para ese momento, avanzaba en el Congreso
unicameral el estudio de una amnistía para
Zelaya, acusado de violar la Constitución al llamar
a una consulta para reformarla. Parecía un
manotazo de ahogado de los golpistas que por
fin tiraban la toalla.
El miércoles 29 de julio, Ricardo Rodríguez,
presidente de la Comisión Especial para la Amnistía,
me confirmó: “Estamos analizando varios
tipos de amnistías, totales, parciales, limitadas,
pero queremos escuchar a todas las partes, principalmente
a los personeros de la Corte Suprema
de Justicia”.
El primer mes pos golpe, julio, terminó el
jueves 30 con una reunión en Managua del embajador
de Estados Unidos en Honduras, Hugo
Llorens con Zelaya.
CAPÍTULO CINCO
Represión y resistencia
Desde el domingo 28 de junio, el pueblo hondureño
estuvo todos los días en la calle, resistiendo
al golpe de Estado y exigiendo la
restitución del orden constitucional y de su presidente
legítimo, Manuel Zelaya. Y por supuesto,
la Asamblea Constituyente.
Cuando llegué a Tegucigalpa, tuve problemas
en sortear una oficina de migraciones mucho más
celosa que lo esperable. Luego ya en el taxi me
empecé a dar cuenta de que encontraría una sociedad
dividida, porque el taxista me decía una
cosa y las paredes me gritaban otras totalmente
distintas.
El ambiente que se vivía en la capital de Honduras
se parecía a las calmas que anteceden a las
tormentas. Luego de instalarme en el hotel, salí a
la calle a hablar con la gente.
En un bar llamado Paradiso, donde se congregan
artistas e intelectuales ligados a la resistencia
contra el golpe, su dueña Anarella me contó:
“A mi marido se le perdió el documento y a mí
se me venció el pasaporte, pero no pienso hacer
esos trámites ahora, porque no serían válidos,
documentos entregados por un gobierno ilegal,
serían ilegales”.
Después fui a comer a un restorán llamado La
milonga, cuya dueña es Cristina Taboada,
oriunda de Avellaneda, en el Gran Buenos Aires.
Para ella, luego de 33 años volvieron los fantasmas:
“Llegamos en mayo de 1976. Para el golpe
militar vivíamos en La Plata, teníamos dos hijos
y decidimos venirnos porque la cosa se puso
muy fea. Hace 33 años de aquello y parece una
locura. El 26 de junio, cuando ya había movimientos
y rumores, me preguntaron si podría
haber un golpe aquí, les dije que no, que de ninguna
manera, que era una locura, por eso todavía
no lo puedo creer”.
Otra argentina vivió todo el proceso desde
bien adentro. Es María del Carmen Ortega, de 34
años, que hasta el 28 de junio trabajaba como jefa
de gabinete de la primera dama Xiomara Castro.
“Ese día yo había salido a las cuatro de la mañana
para Catacamas (la ciudad de la familia Zelaya)
en el interior para colaborar con la esposa
del presidente en el proceso de la consulta popular
y minutos antes de las seis me llama ella
desesperada con las novedades. Desde ese momento
estuvimos tres días pasando de casa en
casa de gente de la comunidad para resguardarla
y evitar que la capturaran y la expulsaran del
país a ella también”, me contó esa noche María
del Carmen.
Cuando llegué al hotel y pedí al conserje que
necesitaba una conexión de Internet para escribir,
conocí al patrón del lugar, Ricardo Maniego,
un abogado joven, peinado para atrás, quien se
esforzó en explicarme que “se trata de una sucesión
constitucional absolutamente legal, porque
el único que violó las leyes y la constitución fue
Zelaya al querer perpetuarse en el poder. Lo que
pasa es que está muy influido por comunistas y
narcotraficantes como Chávez o Evo Morales”.
Demasiado para esa primera tarde en Tegucigalpa,
me fui a dormir pensando en lo dividida
que estaba la sociedad hondureña.
Al día siguiente me levanté temprano, me
comí todo lo que me dieron de desayuno, donde
suelen incluir frijoles, huevos y frutas, y me fui a
dos marchas masivas, una a favor del presidente
Zelaya y otra a favor del dictador Micheletti.
En ésta, llamada “Marcha por la paz”, la mayoría
de los concurrentes de clases medias y altas
marchaban por el Boulevard Supaya hasta el Estadio
Nacional vestidos de blanco y con banderas
de Honduras y pancartas en apoyo a las Fuerzas
Armadas, y en contra de Zelaya. Pero también un
objetivo recurrente era el presidente de Venezuela
Hugo Chávez. La más llamativa decía: “Sí
somos golpistas, contra la corrupción, continuismo,
dictadura y comunismo”.
Una de las organizadoras de la marcha, Hermida
de López Contreras, me dijo: “Lo único que
queremos es vivir en paz, usted puede ver que
esta manifestación se hace en total libertad y
tranquilidad y que lo sepa la comunidad internacional,
engañada por Zelaya y su cómplice (el
secretario general de la OEA, José Miguel) Insulza”.
A su lado caminaba también de impecable
blanco Ernestina Mejía, del Movimiento
Unión Cívica (un nombre que recuerda al Comité
Cívico de Santa Cruz de la Sierra). Ella me aseguró:
“Aquí no hay ninguna violación a los dere-
chos humanos, esas mentiras son parte de la
campaña de desprestigio de Zelaya y otros malos
hondureños que tienen engañado al mundo”. Me
sonó muy parecido a lo que decían los militares
argentinos en 1978, en vísperas del mundial de
fútbol, cuando recurrían a la famosa campaña
antiargentina y contrarrestaban: “Los argentinos
somos derechos y humanos”.
Justamente en referencia a las denunciadas
violaciones de los derechos humanos por parte
del gobierno de facto, el comisionado de los Derechos
Humanos de Honduras, Ramón Custodio,
dijo a este enviado: “No sé de qué muertos me
habla, no se deje llevar por rumores”. Ante la especificación
de que el Sindicato de Telefónicos
está denunciando dos muertes entre sus dirigentes,
Custodio se limitó a decir: “A mí no me
consta, aquí no denunciaron nada”. Esto fue en
un alto que hizo la marcha de las clases altas,
para vivar a Custodio, un hombre con cierto
prestigio que dilapidó en esos días poniéndose
absolutamente del lado del golpismo. Pero lo que
me sonó como más cínico fue que me respondiera
que él necesita denuncias concretas para
ponerse a investigar, cuando el ABC de la lucha
por los derechos humanos es que las víctimas o
sus familiares casi nunca hacen denuncias ante el
mismo Estado que está ejerciendo el terrorismo
de una manera planificada y sistemática. Es tan
ridículo como pedirles a los familiares de las víctimas
de un genocidio certificado de defunción
de sus seres queridos.
En un momento las marchas pasaron cerca y
sólo se produjo una escaramuza con estudiantes
secundarios que marchaban a favor del regreso
de Zelaya al poder, pero sin que pasara a mayores
por la intervención de la policía.
La marcha por Mel terminó en el Parque Central
(la plaza principal de la ciudad) con la intervención
de líderes de distintos movimientos
sociales. El dirigente de Vía Campesina Rafael
Alegría, me dijo: “El tiempo del diálogo se ha
acabado, somos un pueblo pacífico, pero también
sabemos luchar”. Otro de los líderes de la Coordinadora
de Resistencia al Golpe, Juan Barahona,
remarcó: “El presidente Zelaya tal vez vuelva el
viernes (por el viernes 24 de julio), pero nosotros
estaremos en las calles, y lo único que podemos
esperar de este gobierno golpista es más represión,
hay un solo muerto oficial, pero varios desaparecidos.
Y el pueblo ya no tiene paciencia, hay
que tener cuidado porque hay muchas armas en
manos de civiles”.
Ese jueves 23 de julio, la capital del país amaneció
paralizada, sin clases ni atención médica en
los hospitales, con todas las carreteras cortadas y
las distintas organizaciones populares organizando
sus viajes para ir a la frontera a esperar a
Zelaya.
Ya conté qué pasaba con Zelaya del otro lado
de la frontera, en el norte de Nicaragua, en la gloriosa
ciudad de Estelí, baluarte de la lucha sandinista
contra la dictadura de Somoza. Ahora
veamos qué estaba pasando del lado hondureño
de la frontera.
Ese jueves conseguí un taxi especial que compartí
con la enviada del diario Times de Londres.
Salimos cerca de las 11 de la mañana y luego de
atravesar sin mayores problemas un par de piquetes
de la resistencia, nos encontramos con el
primer retén de la policía. Nos hicieron bajar del
auto, mostrar documentos, bolsos y explicar por
qué y para qué estábamos ahí, y sobre todo por
qué y para qué estábamos camino al sur, hacia la
frontera con Nicaragua. Así fue en cada uno de
los 13 retenes que tuvimos que sortear para hacer
150 kilómetros, a veces apelando a la mentira, al
pedido amable o a la amenaza de escándalo en la
prensa internacional. Lo más complicado fue en
Danlí y luego en El Paraíso, los últimos pueblos
antes de la frontera. Ahí ya no eran policías sino
militares los que cerraban total y absolutamente
el paso de cualquier persona. En El Paraíso, de
hecho, tuvimos suerte de que Carlos, el chofer, se
animó de buen ánimo a meter su Mazda modelo
2008 por un camino lateral de tierra que unos pobladores
nos indicaron para poder eludir el cerco
militar.
Por suerte, a las tres de la tarde ya estábamos
en el paso fronterizo de Las Manos, adonde nos
tuvo que dejar Carlos. Nosotros, un argentino y
una inglesa, sí podíamos salir del país, pero él
que era hondureño no. Cruzamos caminando, y
una vez del otro lado un oficial nicaragüense nos
dijo en voz alta para que escucharan sus pares
hondureños: “Bienvenidos, están e un país
donde hay libertad de prensa y se van a respetar
todos sus derechos”. Luego seguimos nuestro camino
como pudimos, principalmente en esos colectivos
amarillos que se ven en las películas
yanquis, que sirven de transporte escolar en Estados
Unidos y luego cuando están viejos van a
parar al sistema de transporte de cualquier país
de Centroamérica. Pero esa es otra historia, volvamos
a lo que pasaba del lado hondureño de la
frontera.
No todos tenían la suerte de tener un carnet
de prensa internacional, así que cada hondureño
que ese día intentaba movilizarse por el país, y
mucho más hacia la frontera, debía enfrentarse a
los retenes. La mayoría de ellos, que eran miles y
miles, llegaron sólo hasta El Paraíso, a 10 kilómetros
del paso de Las Manos. Entre ese jueves y
viernes no dejó de llegar gente a El Paraíso, hondureños
de todos los rincones del país, gente
pobre, sobre todo campesinos, pero también algunos
obreros y estudiantes. Ocuparon los parques
y plazas porque como es lógico no tenían
dinero para pagar hospedaje, se notaba la falta
de organización, tanto en la logística para el dormir
y el comer como cuando por momentos arreciaba
la represión de los militares. Algunos
denunciaron que entre las balas de goma, de vez
en cuando aparecía alguna de plomo. Es muy
fácil distinguir un tiro con bala de goma, que
hace un estruendo seco, de uno de bala de plomo
que hace un zumbido. También hubo contingentes
a los que les tiraron bombas lacrimógenas
adentro de los colectivos y todo tipo de abusos.
Pero el peor fue el caso de Pedro Magdiel
Muñoz Salvador. Era un muchacho de 23 años,
albañil de un barrio pobre de Tegucigalpa. Ese
viernes 24 de julio, mientras Zelaya fracasaba en
su intento de entrar caminando a Honduras,
Pedro estaba en El Paraíso, hasta donde había podido
llegar con su moto. Era ya el atardecer y estaba
en primera línea, frente a frente con los
soldados y policías apostados y armados hasta
los dientes. Dicen algunos testigos que hizo una
fogata y comenzó a tirarles el humo a los militares,
hasta que lo detuvieron, cerca de las siete de
la tarde de ese viernes. A la mañana siguiente,
apareció su cuerpo, en el mismo lugar, con las
muñecas y los dedos de las manos quebrados,
signos de haber sido torturado y 36 puñaladas en
la espalda. Un claro mensaje mafioso del terrorismo
de Estado desatado por un ejército asesino.
“Nos fueron a buscar al piquete la gente para que
fuéramos y le tomáramos fotografías”, me contó
Dick Emanuelsson, el periodista sueco que había
ido ese día con su esposa Miriam Huezo. “Nunca
voy a poder olvidar su cara, su expresión, sus
ojos abiertos”, agregó Miriam.
Enmontañados
Pero ante tanta represión los campesinos empezaron
a enmontañarse. Es decir, la gente empezó
a internarse en esas montañas selváticas tan
típicas de Centroamérica, para intentar pasar al
otro lado en busca de su presidente. Eran grupos
de 10 o 15: casi todos habían dejado a sus familias
y se aventuraron con lo puesto. Caminaban entre
seis y ocho horas por las montañas, harapientos,
con hambre y sed y con los pies deshechos; muchos
de ellos empezaron a sufrir enfermedades
dermatológicas o respiratorias.
Ese viernes 24 de julio, en el lado nicaragüense
del paso fronterizo de Las Manos, cada tanto alguien
daba el alerta y señalaba hacia las montañas
verdes, donde se veían puntitos que eran los
enmontañados. Cuando llegaban salían a su encuentro
los demás y se abrazaban y coreaban
consignas de resistencia, envalentonados por la
proeza conseguida por un nuevo compañero de
lucha.
Pero no todos los intentos terminaban bien, la
montaña centroamericana, al ser tan selvática, es
más difícil para el que no la conoce, porque no
hay ni cañadas ni ningún otro accidente que a
uno lo pueda ir orientando. Entonces muchos
grupos se perdían, y cuando bajaba la noche, se
hacía cada vez más difícil, sobre todo con las patrullas
militares hondureñas pisándoles los talones.
Desde los helicópteros los atemorizaban con
megáfonos, gritándoles: “Paren, vuélvanse o les
disparamos”, una forma de terror psicológico. Y
a veces les disparaban, con balas de salva e incluso,
según algunos testimonios, con balas de
plomo.
Pero lo más común por esos días fue la desaparición
de decenas de campesinos enmontañados.
Según la Comisión de Familiares de
Desaparecidos de Honduras (Cofadeh), no hay
un registro certero de las desapariciones, pero se
calculan decenas. Por lo que me contaron los hermanos
René y Guillermo Amador, líderes juveniles
del Frente Nacional de Resistencia contra el
Golpe de Estado, en esos días los grupos de elite
Cobra mataban a campesinos en plena montaña
y a puñal. Esto, según todos los testimonios, se
da por dos motivos principales: primero porque
es una forma de dejar dudas sobre la autoría del
asesinato, ya que no existe forma de investigar la
bala, el calibre y todas esas cosas como cuando
se usa un arma de fuego; y segundo y principal,
porque en el marco de la mente perversa de estos
asesinos, tiene más valor matar “a mano” que
con un arma de fuego, más allá de que el que está
enfrente sea un indefenso campesino.
Ese sábado 26 con un equipo de documentalistas
hondureños, militantes y también sandinistas
nicaragüenses, me interné en la montaña
para buscar a un grupo de enmontañados que sabíamos
que tenían que llegar, y en el cual venían
los diputados Silvia Ayala y César Ham, este último
también candidato a presidente en las elecciones
del 29 de noviembre y ambos del partido
de izquierda Unificación Democrática.
El piso era arcilloso y cubierto en gran parte
por hojas y gramilla, con una tupida vegetación
que en muchos lugares dificultaba el paso. Pero
lo que más entorpecía el camino era la falta de
luna, que hacía que la noche fuera cerrada, y no
se podía abusar de las linternas porque hubiera
sido peligroso ante la cercanía de la línea fronteriza
y la posibilidad de que hubiera patrullas
hondureñas por la zona. Después de una hora de
dificultosa caminata encontramos al grupo de
“enmontañado”; la alegría contenida se reflejó en
comentarios en voz baja: “Bienvenidos compañeros,
están en el territorio libre de Nicaragua, ya
no se preocupen”. Las caras denotaban una mezcla
de abatimiento con una alegría que infundía
más coraje.
“Fue terrible –dijo César Ham– no sólo por lo
complicado del camino, sino también por el se-
guimiento del Ejército, éramos un grupo grande,
algunos se lesionaron y no habíamos comido en
todo el día, pero estamos contentos porque aquí
nos están recibiendo compatriotas nicaragüenses.
Quiero decirte que no venimos aquí huyendo, ni
exiliados, venimos a seguir organizándonos porque
la lucha continúa. Vale la pena cualquier calambre,
cualquier sacrificio, cualquier dolor, siete
horas de caminata, porque aquí no sólo se juega
el futuro de Honduras sino el de toda América
Latina”.
En tanto, Silvia Ayala, se refirió a las acusaciones
de Micheletti en el sentido de que los que cruzaban
la frontera de esta forma eran traidores a la
patria: “El único traidor a la patria es él, que
usurpó el poder y ahora está asesinando al pueblo,
nosotros estamos con esta gente que son verdaderos
patriotas que están arriesgando sus
vidas por sus ideales de democracia y justicia”.
Vitalino Álvares era uno de esos tantos campesinos
que habían por la montaña y que no sabían
cómo volverían porque Micheletti los había
acusado de traidores a la patria. Vitalino es de la
zona norte del país, cerca de San Pedro Sula. En
su juventud fue guerrillero del Movimiento Revolucionario
Francisco Morazán. Pero en el campamento
de refugiados de Ocotal, ese sábado a
la noche miró a sus compañeros de lucha y me
dijo en voz baja: “Nos falta organización, y me
da pena ver que los que están rodeando al Presidente
son burócratas, sin embargo, sigo creyendo
en mi comandante Mel, por ahora”. Vitalino recordó
sus viejas épocas de lucha armada y con
lágrimas en los ojos se descargó: “Acá tendrían
que estar todos, pero por ejemplo mi comandante
de aquella época, ahora se olvidó de todo.
Yo sigo luchando por lo que creo, como tantos
hondureños que pueden verse aquí”.
Era cierto todo lo que decía Vitalino, se veía
una resistencia heroica de muchos hondureños
pero se notaba la falta de organización, tanto en
Tegucigalpa, como en El Paraíso y también en
Ocotal, del lado nicaragüense. Es que el pasado
tiene su correlato en esta hora histórica, en la que
se combinan un terrorismo de Estado bestial, con
una resistencia voluntarista, rayana con lo heroico
que ya ha dejado más de 11 mártires, y una
prensa manejada por los golpistas y tan concentrada
como para manejar a su vez gran parte de
la opinión pública hondureña.
“Llamo al pueblo a tomar los medios de comunicación”
Al día siguiente, domingo 26 de julio, pude
por fin hablar más tranquilo y a solas con Patricia
Rodas, la canciller constitucional de Honduras
y, para mí, el cuadro político más importante
y lúcido del gobierno de Zelaya. Rodas fue guerrillera
Sin lugar a dudas es una de las espadas más
importantes de esta lucha por la democracia, y
sobre todo por una democracia que sea más justa.
Ella estaba ahí, en el polideportivo de Ocotal,
transformado en campamento de refugiados,
como está en todos lados. La vemos en la frontera
con su gente, la vemos en los foros internacionales,
sobre todo junto a los pueblos del Alba,
en el Bicentenario de Bolivia, en el 30º aniversario
de la Revolución Sandinista, en todos lados
está. Y nadie sabe cómo hace para mezclar su encanto
con su firmeza y su claridad conceptual. Es
una de las pocas (hay que decirlo) incondicionales
que no ha desfallecido y se ha mantenido día
a día y hora a hora en pie de lucha.
“Estamos simple y sencillamente llamando a
nuestro país para que en un solo bloque, en una
misma resistencia, podamos finalmente remontar
el gobierno que se nos arrebató a todos los
hondureños”.
Ante mi insistencia, teñida de pragmatismo y
contaminada por la ansiedad, me toma el brazo y
con tranquilidad y una sonrisa me dice: “Esto no
tiene un programa, no tiene una agenda que podamos
publicar, el presidente va marcando el
paso y detrás vamos sus soldados. El presidente
en los próximos días estará deambulando, ya lo
verás.
-El presidente decidió quedarse con su gente y
no acudir al llamado de la secretaria de Estado
de Estados Unidos. ¿Usted participó de esa decisión?
-Hillary Clinton no ha hecho un llamado, sólo
ha tenido una expresión. Recuerden que en Estados
Unidos no están cayendo presos ni muertos,
ni hay un pueblo en resistencia ni un pueblo sufriendo.
Por lo tanto, la visión que se tiene desde
afuera no es la misma que se tiene desde acá. La
obligación de un presidente es la de cumplir con
las atribuciones que su pueblo le ha ordenado, y
él debe hacerlo, fuera o dentro del país, y en todo
momento seguir gobernando. Esa es la realidad,
y no es imprudencia. Si el presidente al que se
destituyó y se secuestró hubiera sido el de los Estados
Unidos, ya tendríamos la Armada de ese
país lista y en pie de guerra en cualquier lugar
del mundo. Nuestro país es más pequeño, y
mucho más pobre, pero creemos que no nos merecemos
menos.
-¿Tiene idea cuántos son los hondureños que
están llegando por las montañas?
-No sabemos cuántos son, pero son miles, que
están huyendo de la represión y viniendo a apoyar
a su presidente.
-Micheletti ha dicho que son traidores a la patria
y por eso no podrán volver, al menos legalmente.
-Imagínese a un traidor hablando de traición,
eso sí es el colmo. El pueblo hondureño es un
pueblo fuerte, firme, heroico. Todos los que están
llegando no son empleados públicos, no obedecen
a empresarios ni se sienten amenazados de
perder sus trabajos (en relación a los manifestantes
de las marchas blancas en apoyo al golpe de
Estado). Simplemente los mueve la dignidad, con
esa misma dignidad nuestro pueblo ha logrado
grandes conquistas, como recuperar las urnas.
Esta vez también va a luchar para reconquistar el
derecho a dirimir nuestras diferencias por la vía
democrática. Esta ha sido la historia de nuestra
región centroamericana, luchar y luchar y luchar,
sin fronteras.
-¿Usted no tiene pensado volver a Honduras
para organizar el frente interno?
-Todos los días de mi vida.
-Pero en lo inmediato.
-No, ahora yo soy la responsable del frente internacional.
Soy la canciller de la república, no
podemos perder el contacto con el mundo, nuestro
esfuerzo es justamente sostener la condena
del mundo al régimen de facto, que no es ni de
facto, es un régimen golpista. Cuando esa labor
sea cumplida y el presidente nos dé la orden, inmediatamente
entramos, pero la articulación del
movimiento está clara y tenemos líderes de primer
orden al frente de la resistencia.
-Pero están metiendo presos a los principales
líderes.
-Claro, esa ha sido la historia de nuestros países,
fuerzas armadas que sólo han servido para
dar golpes de Estado y golpear a nuestra gente,
pero siempre el pueblo ha vencido. Ahora han
vuelto para atrás, nosotros lo volveremos para
adelante. Las luchas no se ganan de la noche a la
mañana, son procesos, y con todo esto el pueblo
va adquiriendo conciencia, y va adquiriendo conciencia
además para entregarse a la lucha y además
va aprendiendo a organizarse y a detectar a
sus líderes inmediatos Nosotros no podemos
pensar que hoy nos meten preso a un líder y se
acabó. No compañero, estos son los procesos de
la lucha de un pueblo, esto no es una justa machista,
a ver quién llega primero, a ver quién
tiene más fuerza. Esto es la lucha de un régimen
constitucional de un país al que se le ha arrebatado
la democracia, que ahora tienen de rehén al
Estado, tienen a rehenes y nos quieren chantajear
por esos rehenes, ¿lo vamos a aceptar? No, nuestro
pueblo está marchando, ya lo verás.
En ese momento, Rodas pide disculpas para
atender temas puntuales de la atención a los campesinos
recién llegados, con hambre, con sed, con
los pies destrozados por la caminata y enfermedades
respiratorias y dermatológicas, principalmente.
Al rato, vuelve, se acomoda un poco el pelo y
dice: “¿Por dónde íbamos?”
- Sabemos que los países del Alba y del Mercosur
han sido contundentes en la condena del
golpe. ¿Pero cómo ve usted la actitud de Colombia
y Panamá?
-Colombia ha desmentido al grupo golpista,
ha dicho que no es cierto que va a admitir como
legítimo a la camarilla golpista. Panamá desde un
primer momento ha sostenido eso, desde el primer
momento en que invitó al presidente constitucional
a la toma de posesión del señor
Martinelli. Yo he recibido comunicaciones cons-
tantes de la cancillería panameña preocupados
por la seguridad y la vida del presidente Zelaya.
Agradecemos todos estos gestos, en sus distintos
niveles y orden que le corresponde a cada uno.
Los países del Alba han estado al frente y poniendo
el pecho por nosotros, articulados, los países
del Grupo Río se han mantenido al lado
nuestro, firmes y solidarios, la OEA ha mantenido
un rechazo constante al régimen golpista,
todo el mundo.
-Israel pareciera el único país que ha sido condescendiente
con los golpistas…
-Israel no reconoce tampoco al régimen golpista.
-¿Y Estados Unidos, cómo ve que actuó su gobierno?
La historia marca que siempre estuvieron
detrás de los golpes de Estado en nuestro
continente.
-El gobierno de los Estados Unidos es un gobierno
complejo, con grandes contradicciones internas,
incluso antagonismos. Recuerda que en
los Estados Unidos han asesinado presidentes, y
no precisamente gobiernos extranjeros. De modo
que tenemos que comprender que la historia, tal
como los dices tú, nos enseña cada día que no
hay golpe de Estado en el que alguna fuerza de
poder de los Estados Unidos no se involucre. Ob-
viamente ésta no tiene por qué ser la excepción.
Ahora bien, nosotros no podemos culpar por ello
a toda la estructura gubernamental de los Estados
Unidos. Yo no puedo responsabilizar al presidente
Obama, o a la propia secretaria de Estado
Hillary Clinton, o a un sector importante de congresistas
progresistas demócratas que de repente
creen en la libertad de los pueblos. Pero sí puedo
responsabilizar a esos entes del estado norteamericano
que sin ellos no se movería un dedo
para un golpe de Estado. Recuerde usted que
esos órganos son los mejor informados del
mundo, para que se mueva una hoja, para que
nazca un huracán, se necesita el permiso de ellos.
Y si ellos no se metieron, es porque algún interés
tienen en esto. Yo sí creo que hay fuerzas del gobierno
de Estados Unidos que a espaldas del presidente
Obama están actuando en contra de mi
pueblo. Esos mismos sectores están gritando en
el Congreso de los Estados Unidos contra el pueblo
hondureño. Están pidiendo en el Congreso
que apresen o asesinen al presidente constitucional.
Están mandando a Honduras a sus asesores,
Otto Reich, Carmona, están apoyando a los asesinos.
-¿Pero usted está convencida de la inocencia
de Obama?, porque también Kennedy negaba su
participación en la invasión de la Bahía de Cochinos.
-Yo creo en el estado de derecho y la presunción
de inocencia es fundamental, y que yo sepa
en el pasado el presidente Obama no ha participado
en el pasado de ningún acto criminal contra
nuestro pueblo. Pero sí la CIA, pero sí el Pentágono,
y sí el Departamento de Estado. Lo que
quiero decirte es que yo todavía no puedo culpar
a un presidente que está recién llegando, que no
sabemos realmente adónde conduce su proceso,
porque no quisiera dentro de unos años tener
que retractarme. El mismo Obama ha dicho que
tendrá que dormir vestido y con la valija al lado
hecha porque hoy ningún presidente puede dormir
tranquilo. Y nosotros en broma decimos que
eso se aplica para América Latina, pero en los Estados
Unidos la experiencia nos dice que es mejor
que duerman con la mortaja y el ataúd al lado.
-¿Y cómo analiza la actitud del presidente
Oscar Arias? ¿Por qué ir a San José a negociar con
golpistas?
-No hubo negociación, lo que hubo fue una
necesidad de la diplomacia de prestarse a una
mediación. Fuimos a ver sólo cuándo se iban los
golpistas para devolver el lugar que están usurpando
el poder.
-Pero cuando se restituya el orden constitucional
y ustedes vuelvan al poder, ¿habrá perdón
o castigo para los golpistas?
-Nosotros hemos aceptado discutir eso. El
único punto que aceptamos es que una vez que
se restituya el orden constitucional, el presidente
Arias convocará a los distintos sectores de la sociedad
para discutir los temas que él ha propuesto,
que quizás ingenuamente se haya
equivocado. Se ha equivocado Arias, es verdad,
pero eso no le borra la buena intención.
-¿Por qué se dio el golpe, ustedes habían
hecho reformas, ¿pero el proceso iba en vía de
convertirse en una revolución?
-Si, en una revolución ciudadana, pacífica. Y
sobre todo les dolió a las transnacionales, las que
habían sido más golpeadas por las virtudes democráticas
de nuestro presidente.
-¿Usted en lo humano cómo está viviendo
todo esto?
-Mira, realmente todavía no me he puesto a
pensar en eso, pero es muy duro. Te voy a contar
mi historia, si me permites, ven que nos sentamos
aquí. Cuando yo tenía dos años, un batallón
de las Fuerzas Armadas de Honduras me sacó de
mi casa en una cuna porque habían asestado un
golpe de Estado para que mi padre no ganara las
elecciones (3 de octubre de 1963). Fueron los mismos
que ahora están llevando adelante este golpe
de Estado. Tuvimos que salir todos del país y
andar de arriba para abajo todo el tiempo. Mi
padre murió luchando por la democracia dos
meses antes de la primera elección libre. Luego,
siendo yo adolescente, los mismos que antes apoyaban
a mi padre, lo traicionaron, y lo enterraron
con sus sueños. Al presidente Zelaya no lo enterraron,
pero lo traicionaron igual Son los mismos
nombres. Después, siendo joven, sufrí junto a mi
generación la persecución y la muerte. Mis primeros
novios y esposos fueron asesinados, por
las mismas fuerzas que hoy asesinan a mi pueblo
(se emociona, y debe hacer un alto). Tomé los
fusiles y me fui a la guerrilla por seis años (participó
del Movimiento Revolucionario Francisco
Morazán). Luchamos como creímos conveniente
por nuestro país. Luego bajamos los fusiles y Manuel
Zelaya nos invitó a marchar pacíficamente
hacia una revolución democrática… y marchamos
a su lado. Ahora son los mismos de siempre,
la derecha de siempre, la que vuelve a levantar
armas contra nosotros. Pero seguiremos con fe y
esperanza junto a nuestro presidente por una
lucha pacífica y no armada, pero con profundas
convicciones. Entonces esto lo estoy viviendo
como lo he vivido durante toda mi vida.
-Si vuelve el orden constitucional, ¿aceptaría
en algún momento encabezar una herramienta
política y ser presidenta?
-No no no, antes mi presidente. Al lado de un
gran roble tiene que pasar mucho para que nazcan
roblecitos. Yo soy sólo una soldada de mi tierra.
Y si alguna vez tengo que tomar la
responsabilidad, lo haré con dignidad al lado de
mi pueblo. Lo importante es que estamos comenzando
a construir revolucionariamente de
nuevo. Poniendo el pecho hasta la muerte, porque
un pueblo entero marchando no puede ser
vencido por ningún cañón del mundo.
-El problema es que el enemigo hoy tiene en
su poder otras armas poderosas, los medios de
comunicación.
-Es muy cierto compañero, no tenemos medios
de comunicación que digan la verdad. Y los
pocos que dicen la verdad, en este momento
están siendo silenciados. Qué cierto es lo que
dices, éstos micrófonos (señala el mío) a veces
son más fuertes que los fusiles.
-Porque matan conciencias, o las adormecen.
-Sí, matan pueblos enteros de un solo cañonazo.
En eso tienes razón y por eso necesitamos
con urgencia medios propios. Yo aprovecho esta
entrevista para llamar entonces a que el pueblo
tome las radioemisoras, que tome las televisoras
y no permita que nunca más vuelvan a herir la
conciencia de mi pueblo.
-Eso sería prácticamente una guerra civil, porque
la oligarquía no se dejaría arrebatar su arma
más preciada sin pelear…
- Ningún militar podrá levantar sus armas
contra el pueblo entrando a los medios de comunicación
y posesionándose de los micrófonos. Yo
no quiero una guerra civil, vivimos compañero
en una región que entregó cientos de miles de
compatriotas, casi todos jóvenes en guerras que
planteaban el nacimiento de otro mundo. Al
final, todos perdimos, no pudimos lograr vencer
nuestras dependencias, no pudimos vencer a las
transnacionales, ni a nuestras propias conciencias.
En definitiva, no todo lo armado es purificador,
pero también las urnas nos han dicho lo
mismo, tampoco sirven las urnas para darle de
comer a mi pueblo.
-¿Y entonces?
-Mantendremos la lucha pacífica hasta que eso
nos sea posible, pero lucha pacífica no quiere
decir inmovilismo. Ahora bien, somos pacíficos,
pero de repente en la retaguardia, necesitemos
algunas… algunos instrumentos que disuadan
las balas del adversario.
-¿No cree que el Alba debería integrarse militarmente
para intervenir a favor de los pueblos
en este tipo de casos de golpe de Estado y terrorismo
de Estado?
-Lástima que eso no me lo propusiste hace algunos
años. Creo que definitivamente te hubiera
dicho que sí.
Micrófonos como fusiles
Honduras es el mejor ejemplo de que el poder
mediático es hoy, asociado al poder económico y,
más precisamente al financiero, el primer poder.
Los dueños del poder financiero, apropiados de
los grandes medios concentrados, son mucho
más fuertes que el poder político, y no tienen ningún
prurito en usar a los militares para dar un
golpe de Estado si hace falta, y luego disfrazarlo
de “sucesión constitucional”.
En Honduras, desde el 28 de junio sólo dos
emisoras de radio (Globo y El Progreso), un canal
(36) y un periódico (El Libertador) siguen informando
ecuánimemente y verazmente, y fueron
perseguidos permanentemente hasta que, el
lunes 28 de setiembre fueron clausurados. Antes
habían sido ocupados en más de una oportunidad
por la Policía y el Ejército. Una de esas veces
en que los soldados entraron a las patadas a
Radio Globo, el director David Romero se tiró
por la ventana desde un tercer piso, fracturándose
la clavícula y una costilla. “Es que ya estuve
preso y fui torturado en los años ’80, con el terrorismo
de Estado de aquellos años, sé lo que es
eso y no estoy dispuesto a que me vuelva a
pasar”, contó.
Sin embargo, estos periodistas son casos excepcionales,
ya que lamentablemente la inmensa
mayoría de los trabajadores de prensa de Honduras
se están comportando como cipayos de los
golpistas.
Poder antidemocrático
Con el advenimiento de las telecomunicaciones
y la revolución informática, se produjo también
en las últimas décadas una concentración
ilimitada de los medios de comunicación en
pocas manos, en concordancia con las políticas
económicas neoliberales que no ponen ningún
tipo de límites al capital.
Antes, los medios en nuestros países eran de
familias, de personas de carne y hueso. Hoy son
de grupos de inversión, de capitales financieros
que fluyen libremente por el mundo, sin siquiera
las fronteras que tienen los Estados.
Esta unión del poder financiero internacional
con el poder mediático ha llevado a este último a
abandonar su tradicional lugar de cuarto poder,
por dos motivos: porque es mucho más fuerte
que el poder político y por lo tanto es el primer
poder; pero además porque aquel concepto de
cuarto poder era atribuido a una función de contrapoder
o de poder fiscalizador que controlaba
a los otros tres poderes de la república (ejecutivo,
legislativo y judicial). El poder mediático ha abdicado
de esa función de control, porque como
él mismo es el poder, sería controlarse a sí
mismo, algo incongruente.
En este contexto, el poder mediático abandona
absolutamente su vocación de servicio de información
y se dedica absolutamente al objetivo de
buscar el lucro, económico y político.
Antes, el negocio de los medios de comunicación
era vender información a su público. Ahora,
el negocio de los medios es vender su público a
sus anunciantes. Y usar ese poder y ese público
para otros negocios de todo tipo, entre ellos po-
líticos. De hecho, hoy la lucha política se da principalmente
en el campo de lo mediático, como
veremos más adelante.
Es aquí donde se confunden los conceptos de
libertad de prensa con libertad de empresa. Y es
aquí donde se hace esencial contraponer a la libertad
de prensa otro concepto básico para la democracia:
el derecho a la información, que
corresponde al pueblo.
Es decir, ¿hasta dónde llega la libertad de expresión
del periodista o del medio? ¿Hasta mentir,
hasta tergiversar, hasta llamar al golpe de
Estado y al magnicidio, como en Venezuela y Bolivia?
Este cuadro de situación se empeora si se toma
en cuenta que el poder mediático es un poder autoritario,
antidemocrático y hasta dictatorial. ¿Por
qué?
-En primer lugar, porque impone un discurso
único en defensa de su clase. Más allá de que
pueda hacer dos o tres grandes grupos mediáticos
en un país, no tendrán diferencias sustantivas
porque pertenecen al mismo grupo de poder
o a la misma clase.
-En segundo lugar porque no se lo puede criticar
ni siquiera observar. Los medios pueden criticar
y defenestrar a políticos, artistas, deportistas
y a cualquier persona pública o no, pero no soportan
que alguien pueda criticar su tarea. Si eso
ocurre, inmediatamente denuncian censura, ataques
a la libertad de prensa y muchas cosas más.
-En tercer lugar porque nadie los elige y nadie
los puede sacar de la posición de poder extremo
que ocupan. Al poder político al menos lo vota la
sociedad y lo saca mediante elecciones y un sistema
más o menos democrático.
-En cuarto lugar porque muchas veces ese
poder extremo que ejerce se transforma en un
poder desestabilizador y destituyente del poder
político. Y hasta golpista, como en el caso del
golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el
presidente Hugo Chávez de Venezuela, el del
golpe cívico-prefectural de Bolivia de 2008 y el
del golpe de Honduras de 2009.
Golpe blando, golpe duro
Lo que se vivió en Honduras es algo muy extraño,
se podría decir que es una mezcla de golpe
blando con golpe duro, o golpe institucional con
golpe de Estado típico, como los que veíamos en
los años ’70 u ’80. Podríamos decir que el golpe
en sí fue un típico neogolpe, encabezado por ci-
viles y con la participación del Legislativo y el Judicial,
pero la represión que vino después está
más relacionada con un férreo gobierno militar.
En los últimos tiempos ha surgido un nuevo
golpismo que está encabezado por civiles y
cuenta con el apoyo abierto o encubierto de las
Fuerzas Armadas, cuando antes era justamente
al revés: el golpe estaba encabezado por las Fuerzas
Armadas, que contaban con el apoyo abierto
o encubierto de civiles.
Este nuevo golpismo pretende conservar una
imagen institucional mínima con el Congreso y
la Corte Suprema de Justicia indemnes y en funcionamiento,
y trata de que el uso de la violencia
no sea tan ostensible.
Otro punto importante de este neogolpismo es
que muchas veces cuenta con importantes manifestaciones
populares en contra del gobierno depuesto,
como por ejemplo los casos de Ecuador
en contra de Abdalá Bucaram en 1997 y Jamil
Mahuad en 2000, y de Argentina en contra de
Fernando De la Rúa en 2001. Además, de a poco
este tipo de golpes cívico-militares han ido
siendo aceptados por la comunidad internacional
casi como si fueran sucesiones constitucionales
comunes. En este punto no quiero hacer un
análisis político ideológico porque es claro que
tanto Bucaram, como Mahuad y De la Rúa habían
implementado políticas antipopulares, pero
tras la ilusión de que al gobernante lo echó el
pueblo, se puede esconder este neogolpismo.
Muy distintos son los casos de Venezuela en
2002, Haití en 2004 y Bolivia en 2008. El golpe del
11 de abril de 2002 en Venezuela también fue una
mezcla de modos tradicionales y nuevos. Como
el oficialismo controlaba el Congreso, y el pueblo
en su inmensa mayoría apoyaba al presidente
Hugo Chávez, necesitaron apelar a prácticas tradicionales
como el cierre del Congreso y el secuestro
del presidente por parte de las Fuerzas
Armadas, mezclados con métodos nuevos como
la elección de un civil como nuevo presidente.
Pero en este punto, ante la imposibilidad de que
ese civil fuera el presidente del Congreso, no pudieron
apelar a la teoría de la sucesión constitucional.
En cuanto a la reacción de la comunidad
internacional, fue muy despareja. Mientras países
como Argentina, Brasil y Chile repudiaron el
golpe de Estado y lo llamaron así con todas las
letras, Estados Unidos, España y Colombia no lo
llamaron así y, además, lo justificaron, reconociendo
al efímero gobierno de Pedro Carmona
“el breve”. Hubo incluso al igual que en el caso
hondureño, el intento de decir públicamente que
el presidente había renunciado. Finalmente,
quien salvó la democracia en Venezuela fue el
pueblo en las calles y dos días después de su derrocamiento,
reasumió el poder Hugo Chávez.
Dos años más tarde, en 2004, se produjo un
nuevo golpe en Haití contra Jean-Brertrand Aristide.
En este caso, los golpistas y el Imperio perfeccionaron
lo hecho en Venezuela y para evitar
cualquier posibilidad de vuelta al gobierno de la
mano del pueblo, secuestraron al presidente, lo
pusieron en un avión y lo llevaron a la República
Centroafricana. Como se ve, en el caso de Honduras
se han perfeccionado los métodos tomando
las distintas experiencias.
Por último, tenemos el ejemplo del golpe cívico-
prefectural de Bolivia de 2008, cuando se intentó
una crisis separatista encarnada por los
cívicos de Santa Cruz de la Sierra y la llamada
Media Luna. Este intento fue más complejo en
cuanto a la ingeniería política, pero fue desarticulado
y contrarrestado por la reacción rápida,
unánime y contundente de los países de la Unión
de Naciones Sudamericanas, especialmente reunidos
en Santiago de Chile el 11 de setiembre de
2008.
En Honduras se conjugan características del
neogolpismo con el más típico y tradicional te-
rrorismo de Estado. Las elites políticas hondureñas,
aliadas a los militares, acusan al presidente
de irrespeto a la constitución y, en vez de hacerle
un juicio político, lo secuestran como a Chávez
en el 2002 y lo suben en un avión para mandarlo
a otro país como a Aristide en 2004. Luego, no
asumen el poder los militares sino que encaran
una farsa de sucesión constitucional haciendo
asumir al presidente del Congreso, Roberto Micheletti.
Para que les cerrara la farsa, apelan a la
misma mentira que con Chávez en 2004: “El presidente
ha renunciado”. En este caso, llegan al extremo
de falsificar una supuesta renuncia de
Zelaya, con su firma apócrifa incluida.
Un punto muy importante es que las grandes
mayorías de hondureños apoyaban a Zelaya y tomaron
el golpe como un golpe al pueblo. A partir
del mismo domingo y durante esos primeros
días, el pueblo estuvo en la calle protestando y
resistiendo al golpe, sobre todo el domingo siguiente,
5 de julio, cuando más de 300 mil hondureños
se congregaron en el aeropuerto de
Tontontín ante el intento de retorno de Zelaya.
Por eso a los golpistas les hizo falta recurrir a una
feroz represión, típica de los golpes tradicionales
y del terrorismo de Estado de los ’70 y ‘80. De
hecho, el asesor en seguridad del dictador civil
Micheletti es Billy Joya, un personaje emblemático
de los escuadrones de la muerte en los ’80.
Esa represión indiscriminada, con decenas de
asesinados y desaparecidos, cumplió con su objetivo
de minar la posibilidad de una gran movilización
popular que ponga en jaque a la
dictadura y reinstale en el gobierno al presidente
legítimo y legal.
El elemento nuevo en este golpe de Estado,
entre blando y duro, fue la condena general de
toda la comunidad internacional, como no se
había visto nunca, más allá de que, como ya se
ha dicho, Estados Unidos ha tenido una actitud
ambigua e hipócrita, por un lado siendo parte activa
del golpe, y luego condenándolo.
Incluso los gobiernos que en un primer momento
amagaron con reconocer al régimen golpista,
como Colombia, Panamá, Israel y Taiwán,
tuvieron que dar marcha atrás para no quedar
fuera de contexto dentro de la comunidad internacional.
Sin embargo, más allá de esa condena unánime
del mundo, las organizaciones supranacionales,
sobre todo la OEA, han vuelto a demostrar
su falta de efectividad.
En este contexto, sin efectividad en los intentos
de la comunidad internacional y con una represión
brutal que impide una gran movilización
popular que ponga en jaque a la dictadura, el neogolpismo
parece afianzarse en Honduras.
Ante este innegable éxito del neogolpismo, el
peligro evidente es que quede un pésimo precedente
que envalentone a los golpistas de las oligarquías
de cada país para reproducir la receta
mejorada.
A dos meses del golpe, el tema central de la región
era el acuerdo entre el presidente de Colombia,
Álvaro Uribe, y su par de Estados
Unidos, Barack Obama, para potenciar al país
sudamericano como una gran plataforma bélica
del Imperio. En definitiva, para hacer en el inicio
del siglo XXI de Colombia, la plataforma yanqui
en Sudamérica que fue durante el siglo XX Honduras
en Cetroamérica.
Esto demuestra claramente que existe una embestida
evidente y brutal del Imperio contra los
procesos revolucionarios en marcha, y que el
golpe del 28 de junio no fue sólo contra José Manuel
Zelaya ni sólo contra Honduras.
Para avalar esta aseveración, volvemos a recordar
que el domingo 21 de junio de 2009 (una
semana antes del golpe) se produjo una reunión
crucial en la casa del embajador de Estados Unidos,
Hugo Llorens. En esa reunión, además del
“virrey”, estuvieron presentes el propio Zelaya,
el entonces presidente del Congreso unicameral
y hoy dictador civil Roberto Micheletti, los candidatos
presidenciales Elvin Santos (Partido Liberal)
y Porfirio Lobo (Partido Nacional) y el
comandante en jefe de las Fuerzas Armadas,
Romeo Vázquez Velásquez. Según el propio diario
golpista La Prensa, en su edición del lunes 22
de junio, en esa reunión todos los presentes le
“pidieron” a Zelaya que anulara la encuesta prevista
para el 28. Ese mismo día (domingo 21), llegaba
a Tegucigalpa Thomas Shannon,
subsecretario de Estado para América Latina, es
decir subalterno directo de la secretaria Hillary
Clinton.
El jueves 25 de junio desembarcó en Honduras
otro asesor de Hillary Clinton: John Negroponte,
un oscuro personaje que fue jefe de la CIA, asesor
de inteligencia en la Guerra de Vietnam, embajador
en Honduras durante los años ’80, cuando
transformó este país en una plataforma de la guerra
contrainsurgente en El Salvador y contrarrevolucionaria
en Nicaragua, y finalmente enviado
especial de George W. Bush a Irak. Ese jueves,
tres días antes del golpe, Negroponte se reunió
con Vázquez Velásquez, con el cardenal Oscar
Andrés Rodríguez (presidente de la Conferencia
Episcopal Hondureña) y con Billy Joya, quien
fuera el creador de los escuadrones de la muerte
y sobre todo el comando 3-36 en los años ’80 y
hoy asesor de seguridad de Micheletti.
A todas estas evidencias de la injerencia imperial
en la situación política hondureña se suma
el hecho admitido por el propio Comando Sur de
los Estados Unidos de que el avión que llevaba
secuestrado al presidente Zelaya paró a reabastecerse
en la base militar de Soto Cano, en Palmerola.
Con este marco de situación, es lógica la preocupación
de los países del Alba respecto a la embestida
que empezó con el golpe en Honduras y
continúa con las bases en Colombia. Los que más
preocupados están, con razón, son Venezuela y
Ecuador, porque tienen antecedentes de un Estado
como Colombia que viola sistemáticamente
la soberanía de otros países. Dos casos emblemáticos
son el secuestro llevado a cabo por agentes
secretos de Rodrigo Granda (el llamado “canciller
de las Farc”) en pleno territorio venezolano el
13 de diciembre de 2004 y el bombardeo de territorio
ecuatoriano para matar a Raúl Reyes (tam-
bién comandante de las Farc) el 1º de marzo de
2008.
Pero además, viendo que el Imperio interviene
en cualquier rincón del mundo con cualquier excusa
(como las supuestas armas de destrucción
masiva en Irak y la aprehensión de Bin Laden en
Afganistán) y que los organismos internacionales
se demuestran cada vez más y más impotentes
e ineficientes ante las injerencias de Estados
Unidos, la pregunta es: ¿no habrá llegado el momento
de plantear seriamente una integración
militar de los países del Alba para intervenir en
estos casos? Si decimos que el golpe en Honduras
no es sólo contra Honduras sino contra todos los
pueblos de nuestra América, se hace necesario
que los pueblos y sus gobiernos revolucionarios
intervengan para defenderse.
CAPÍTULO SEIS
Desenlace
El primer mes posterior al golpe de Estado estuvo
signado por la represión de los jerarcas de la
dictadura cívico-militar, por la resistencia del
pueblo y por los dos intentos de regreso de Zelaya,
el primero por aire el 5 de julio y el segundo
por tierra el 24 y 25 de julio.
El segundo mes de resistencia terminó el lunes
31 de agosto con el lanzamiento de la campaña
electoral con miras a las elecciones generales del
29 de noviembre y el presidente constitucional
exhortando a los hondureños a no participar de
la misma, por darse en el marco de una dictadura.
En cambio, los golpistas siguieron actuando
con los hechos consumados y con el discurso de
todo golpista: “Hay que mirar para adelante”.
Ante esta situación, se planteaban varios temas
en la agenda de los movimientos populares:
¿cómo continuar la heroica resistencia del pueblo
hondureño que no había dejado de estar en
las calles ni un día desde el golpe? ¿Qué hacer
ante las elecciones de noviembre?
Para ese entonces, más allá de que la lucha popular
seguía siendo por la vuelta de Zelaya y la
restitución del orden constitucional, el debate
instalado en las calles, en el campo, en las universidades
y en las fábricas, es si había que participar
o no de este proceso electoral. Muchos
planteaban que no había que hacerlo porque
sería legitimar un proceso armado por la dictadura
cívico-militar y el Imperio. Además, teniendo
en cuenta que la mayoría de los Estados
de la Comunidad Internacional había dicho que
no reconocería al próximo presidente, seguramente
no mandarían veedores internacionales,
por lo cual crecía la posibilidad de que fueran comicios
amañados.
Pero muchos otros opinaban que no participar
hubiera sido ceder espacios de poder a la oligarquía
que justamente es lo que buscaba, actuando
con los hechos consumados y sin ningún prurito
democrático. A fines de julio les hice la misma
pregunta a los dos candidatos de izquierda: “¿Va
a retirar su candidatura?”. La respuesta de César
Ham fue: “Lo decidirá el partido” y la de Carlos
Reyes: “La candidatura no es mía sino del pueblo,
y el pueblo en la calle me pide que me presente”.
Una posibilidad que se barajó era que Reyes y
Ham compartieran una candidatura de corte popular
y progresista, y que incluso allí confluyeran
algunos sectores del Partido Liberal, aquellos
más cercanos al presidente constitucional Zelaya.
Hasta se llegó a hablar que muchos dirigentes liberales
pudieran ser candidatos a alcaldes y diputados
bajo el ala de la personería jurídica de
UD. Pero esa alternativa está fue atacada por los
sectores de derecha del mismo Partido Liberal y
del Partido Nacional, argumentando que la Carta
Orgánica de UD exige una afiliación de dos años
como mínimo para poder representar al partido
en elecciones. Paradójico: los mismos que no se
avergüenzan de haber dado un golpe grotesco y
sangriento, cuestionan una cláusula interna de
otro partido.
Pero finalmente la decisión del Frente Nacional
de Resistencia contra el Golpe de Estado y de
los candidatos fue no participar de las elecciones
si no se producía antes la restitución de Zelaya a
la presidencia. Hasta el Partido Innovación y
Unidad Social Demócrata (Pinu) tomó la decisión
de retirar a sus candidatos y no participar de las
elecciones, desautorizando a su candidato Bernard
Martínez.
Mientras tanto, el Partido Nacional (conservador)
y el Partido Liberal se lanzaron durante setiembre
de lleno a la campaña electoral por sus
candidatos Porfirio “Pepe” Lobo y Elvin Santos,
respectivamente. Como si no hubiera pasado
nada, los dos candidatos repetían los slogans vacíos
de cada campaña electoral y las mentiras de
siempre para justificar su complicidad con el
golpe.
La vuelta
Sin embargo, el lunes 21 de setiembre ocurrió
algo que nadie esperaba. De repente, Zelaya apareció
en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.
Había entrado por tierra en auto desde Guatemala
y logrando eludir los retenes y controles, se
había refugiado en la delegación brasileña.
En un primer momento, Micheletti salió a desmentir
la información y acusó a los medios de comunicación
que daban cuenta de la presencia de
Zelaya en Tegucigalpa de estar haciendo “terrorismo
mediático”. Ese lunes dijo: “(Zelaya) está
tranquilo en una suite de un hotel de Nicaragua”.
Fue un episodio más entre absurdo y ridículo
que dejó mal parado a Micheletti, sobre todo
cuando se confirmó que el presidente constitucional
estaba en la embajada de Brasil.
Fue también una jugada arriesgada del gobierno
de Luiz Inacio Lula da Silva, que significó
una velada provocación a los Estados Unidos, ya
que fue meterse en territorio de influencia norteamericana.
En la política internacional moderna,
existe un acuerdo tácito que divide el continente
en dos, desde el istmo de Panamá para arriba
bajo la influencia estadounidense y Sudamérica
bajo el influjo brasileño.
Lo cierto es que esa semana, la embajada de
Brasil se constituyó en un centro congregación de
los seguidores de Zelaya y en general de la resistencia.
Pero también de exageradas fuerzas militares
y policiales que se apostaron en las
inmediaciones, redoblaron la represión y hasta
llegaron a incurrir en ataques contra la sede diplomática,
con sonido y con gases, algo que po-
dría haber constituido incluso causa de guerra
porque atacar una embajada equivale a atacar el
territorio del otro país. Mientras tanto, la policía
desalojaba permanentemente a los manifestantes
de la resistencia congregados fuera de la embajada
brasileña.
La vida dentro de la embajada
Adentro de la sede diplomática brasileña, la
vida era tan complicada como afuera. Al principio,
por la cantidad de personas que había, y
luego por las huellas del tiempo y los días de encierro.
Durante los primeros días, más de 300 personas
convivían dentro de la sede, compartiendo
tres baños. Incluso hubo un brote de diarrea y
muchos denunciaron que había gases tóxicos que
estaban enfermándolos.
Además, en esos primeros días, el gobierno
dictatorial cortó la luz, el agua y no dejaba entrar
alimentos, una situación que cambió sólo ante la
enérgica protesta del gobierno de Brasil.
Cuando se estabilizó la situación, un restaurante
vecino se encargó de proveer a los fotógrafos
y periodistas de comida, principalmente
arroz y frijoles, matizados de vez en cuando con
algún trozo de carne o algún huevo.
Luego de un mes, quedaban en la embajada
de Brasil unas 40 personas que, por lo menos podían
ducharse, no como al principio.
Y tenían algunas mantas para dormir sobre el
piso. El propio Zelaya no estaba mejor, dormía
en un colchón inflable y, para hablar por teléfono,
debía subir al techo, único lugar donde había
señal.
Sin embargo, ya sea en colchones inflables o
sobre el piso, la mayoría no podía dormir dentro
de la embajada, principalmente por el hostigamiento
permanente de los soldados, que prenden
reflectores y los enfocan a la embajada, gritan,
maúllan como gatos, ladran como perros, insultan,
o pasan música a todo volumen.
Según varios fotógrafos presentes, la canción
que más ponían los soldados durante la noche
era “Rata de dos patas”, un tema de la cantante
mejicana Paquita la del barrio que empieza diciendo:
“Rata inmunda, animal rastrero, escoria
de la vida, adefesio mal hecho…”
La falta de sueño entorpece todas las funciones
y la vida cotidiana y nubla la mente, igual
que la inactividad y el hacinamiento. De hecho,
tanto los correligionarios de Zelaya cuanto los
periodistas, para no enloquecer, se ponían a contar
historias, hacer música con elementos a la
mano, arreglar el jardín, limpiar o leer los tantos
libros sobre Brasil disponibles en la embajada.
Los partidarios de Zelaya, en tanto, se turnaban
haciendo guardias de tres horas para alertar
sobre movimientos extraños de los soldados que,
a escasos metros, no dejaban de vigilarlos permanentemente
con largavistas.
La propia Organización de los Estados Americanos
(OEA) denunció que los soldados hostigan
a los ocupantes de la embajada y los afectan
físicamente con la música alta y el bullicio y Brasil
ha exigido varias veces que dejen tranquilos a
sus huéspedes.
Estado de sitio
El domingo 27 de setiembre se agravó la situación,
cuando el dictador civil Micheletti decretó
el estado de sitio y la supresión de las
garantías constitucionales por 45 días, abriendo
la posibilidad de que cualquiera pudiera ser detenido
sin una orden judicial. Hasta ese momento,
y desde el mismo golpe, lo que regía era
el toque de queda, que normalmente abarcaba
desde las 10 o 12 de la noche, hasta las seis de la
mañana, aunque algunos días era desde las seis
de la tarde. Durante esas horas, los ciudadanos
hondureños no podían reunirse y ni siquiera circular
caminando o en vehículo.
El lunes 28 de setiembre, con el estado de sitio
bajo el brazo, el gobierno dictatorial decretó el
cierre de Radio Globo y de Canal 36, los dos únicos
medios, junto a Radio Progreso y el diario El
Libertador, que informaban cabalmente.
Los mismos representantes del establishment
y de los partidos tradicionales (Liberal y Nacional)
se opusieron a la medida, que iba a terminar
afectando también sus campañas electorales. El
propio presidente del Congreso, José Alfredo
Saavedra, solicitó a Micheletti la derogación del
decreto que suspendía las garantías constitucionales.
Pero ese lunes 28 de setiembre también se reunieron
de forma urgente en Washington las delegaciones
de los 33 países de la Organización de
Estados Americanos (OEA) para analizar la situación
en Honduras. Allí, como para echar un
poco de luz sobre la sombría y ambivalente posición
de los Estados Unidos, el representante alterno
Lewis Amslem dijo que el regreso de
Zelaya a Tegucigalpa había sido una decisión
“irresponsable e idiota”.
“El retorno del Presidente Zelaya a Honduras
es irresponsable e idiota y no sirve ni a los intereses
de su pueblo ni a aquellos que buscan el
restablecimiento pacífico del orden democrático
en Honduras”, dijo Amselem durante una reunión
extraordinaria del Consejo Permanente de
la OEA.
Quedaba la remota posibilidad de que hubiera
sido un exabrupto del diplomático, algo de todos
modos injustificable. Sin embargo, a la sorpresa
inicial se sumó otra cuando los dichos de Amselem
fueron ratificados por el portavoz del Departamento
de Estado, Philip Crowley: “Lo que
dijo (Amselem) es totalmente coherente con
nuestra preocupación de que ambas partes necesitan
tomar una acción constructiva. Ya lo hemos
dicho”.
Y sí, también la propia Hillary Clinton, secretaria
de Estado se había mostrado crítica de Zelaya
cuando el presidente constitucional había
intentado a principios y finales de julio entrar su
país, primero en avión y luego caminando, catalogando
a esos intentos como “imprudentes”.
El lunes cinco de octubre, Micheletti levantó el
estado de sitio, una semana después de haberlo
implementado.
La negociación
El jueves 24 de setiembre, el obispo auxiliar de
la diócesis de Tegucigalpa, Juan José Pineda, visitó
a Zelaya en la embajada de Brasil y el 30 septiembre
propuso un diálogo con los auspicios y la
mediación del canciller panameño, Juan Carlos
Varela.
Al día siguiente, Micheletti aseguró que dejaría
la presidencia usurpada pero si Zelaya también
renunciaba a la restitución. Fue lo que
empezó a llamarse como “tercería”, es decir, que
un tercero ocupara la presidencia para encausar
el proceso electoral y hasta el 27 de enero en que
debería asumir el nuevo presidente.
El dos de octubre llegó a Honduras una avanzada
de la OEA y ese día se reunieron, en la base
yanqui de Palmerola, Micheletti y el secretario
general José Miguel Insulza. El miércoles siguiente,
7 de octubre, Insulza llegó a Tegucigalpa
esta vez en forma oficial y acompañado de varios
cancilleres de países miembros de la OEA.
Luego de haberse generado una gran expectativa,
Micheletti recibió esa tarde a la delegación
continental en la casa de gobierno y fue un espectáculo
casi vergonzoso ver en vivo por televisión
cómo un dictador retaba como si fueran
niños a los integrantes de la OEA. Ante la advertencia
de la comunidad internacional de que no
reconocería los resultados de las elecciones del
29 de noviembre si antes no se restituía el orden
democrático, Micheletti casi les gritó en la cara a
los visitantes: “Fíjense lo que les digo, sólo hay
una posibilidad de que no se celebren elecciones
ese día: que nos invadan, que nos manden soldados
y nos invadan…”.
Se fueron los cancilleres e Insulza sumó un fracaso
más. Las posibilidades de un entendimiento
se evaporaron y la situación volvió al estancamiento.
A la siguiente semana, pareció descongelarse
el diálogo, pero las discrepancias principales
entre las comisiones de zelayistas y golpistas giraban
en torno a la restitución del presidente
constitucional y sobre todo en relación a quién
debía decidir sobre el tema. Los negociadores de
Zelaya exigían que fuera el Congreso, mientras
que los de Micheletti querían que fuera la Corte
Suprema de Justicia.
En esos días, un avance en las negociaciones
fue el acuerdo entre las partes para que no se
lleve a cabo una Asamblea para reformar la
Constitución, quizá el punto central que explica
el golpe y la crisis.
Este punto de acuerdo fue visto por gran parte
de la resistencia como una concesión y hasta una
traición por parte de Zelaya y sus negociadores,
aunque no lo hicieron público. Sin embargo, un
signo elocuente fue el retiro del dirigente del
Frente Nacional de Resistencia, Juan Barahona,
del equipo de negociadores de Zelaya, para que
ante un eventual acuerdo, no estampara su firma
renunciando a una Asamblea Nacional Constituyente.
Aunque pasó casi desapercibido, este hecho
marcó en ese momento un cierto distanciamiento
entre el Frente de Resistencia y el propio Mel Zelaya.
El miércoles 14 de octubre, Zelaya dio un ultimátum
a los golpistas para que antes del viernes
se decida su restitución en la presidencia, caso
contrario analizaría otras acciones para volver al
poder. Fue uno más de los capítulos de lo que se
parecía ya a una telenovela mientras el pueblo seguía
siendo reprimido en las calles.
Ese viernes no pasó nada, ni el fin de semana
ni el lunes. Luego de casi dos semanas de estancamiento
en el diálogo, el miércoles 28 de octubre
llegó a Tegucigalpa una misión de alto nivel, encabezada
por el subsecretario de Asuntos Occidentales
y América Latina de la Secretaría de
Estado de Estados Unidos, Thomas Shannon y
acompañado por el enviado de la OEA, Víctor
Rico.
Esta misión y la diferencia de estatura política
de Shannon y Rico muestra a las claras la jugada
de los Estados Unidos de inmiscuirse en el terreno
de la OEA y hasta desplazar al organismo
internacional para manejar directamente la crisis
hondureña.
Mientras tanto, durante todos esos días, el bastión
de la resistencia pasó a estar en los barrios
de Tegucigalpa y de San Pedro Zula, y el Frente
Nacional emitió un comunicado en el que aseguraba:
“Ante cada nueva medida represiva la población
aumenta los niveles de conciencia,
organización y espíritu de lucha. La resistencia
no regateará sus derechos ante el opresor, seguirá
con el mismo rumbo, pero más decidida, hacia la
instalación de una asamblea nacional constituyente”.
Acuerdo del viernes 29 de octubre
Sorpresivamente, cuando parecía que la misión
encabezada por Thomas Shannon también
terminaría en nada, el jueves a la madrugada
salió humo blanco del noveno piso del Hotel Clarion,
en el centro de Tegucigalpa. Las dos delegaciones
habían llegado a un acuerdo basado en
que, previa opinión de la Suprema Corte de Justicia,
el Congreso debería “retrotraer la titularidad
del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28
de junio”, lo que todos asumieron como la restitución
de Zelaya en la presidencia.
Se puso incluso un plazo: antes del jueves
cinco de noviembre debía establecerse en Honduras
un gobierno de unidad nacional. Hubo satisfacción
en la delegación de Estados Unidos,
congratulaciones en la OEA y hasta festejos en la
embajada de Brasil entre los zelayistas.
El dictador Micheletti dijo a la prensa el viernes
30: “Me complace anunciar que autoricé a mi
equipo negociador a firmar un acuerdo que marque
el inicio del final de la situación política del
país”.
Por su parte, Zelaya declaró su satisfacción:
“Es un primer paso para concretar mi restitución
que tendrá que sufrir varios momentos. Yo soy
un optimista moderado y hoy mismo empezamos
a discutir el cronograma”.
Pero apenas un día después, durante el fin de
semana (sábado 31 de octubre y domingo 1 de
octubre) todos los festejos se acallaron por nuevos
truenos en un cielo negro.
Micheletti, a esta altura experto en decir una
cosa y hacer otra para ganar tiempo, dijo el sábado
que el acuerdo no obligaba al Congreso a
restituir a Zelaya y que podría haber un gobierno
de unidad nacional con él en el cargo o con la famosa
“tercería”. Inmediatamente llegó la réplica
de Zelaya desde la embajada de Brasil: “Sólo
habrá gobierno de conciliación y unidad si yo soy
repuesto como presidente. Si nosotros no estamos
de acuerdo, no habrá gobierno de conciliación.
El acuerdo se hace por dos partes. Y yo soy
una de las dos partes del acuerdo. Si una de las
partes siente que le están haciendo una trampa,
el acuerdo se rompe”.
La excusa que apareció entonces fue que los
diputados del Congreso unicameral estaban de
licencia para poder hacer campaña electoral con
miras a las elecciones del 29 de noviembre. Por
consiguiente, podría haber un gobierno de unidad
el jueves cinco de noviembre pero la restitu-
ción de Zelaya no sería resuelta por el Congreso
hasta diciembre.
Una nueva derrota estrepitosa de Zelaya que,
además, dejó en ridículo a sus negociadores, engañados
por las trampas de los golpistas.
Si Zelaya era el gran perdedor, Micheletti era
el gran ganador (trampa de por medio) y el gobierno
de Barack Obama era otro ganador, aunque
más moderado. De hecho, Thomas Shannon
podía presentar algunos resultados teóricos: el
golpe había sido condenado, él había logrado superar
la intransigencia de los golpistas, se harían
elecciones y, sobre todo, el proceso revolucionario
y la posibilidad de una Asamblea Constituyente
habían quedado totalmente sepultadas.
Todo esto en teoría, porque en la realidad, la situación
era muy distinta. Y sobre todo mucho
más compleja.
La intransigencia de un necio
Como dijimos, el mayor logro de Thomas
Shannon, de Oscar Arias y de la OEA había sido
actuar con el hecho consumado de que el proceso
de transformaciones de Honduras había quedado
definitivamente sepultado, sobre todo con
la renuncia de Zelaya a la Asamblea Constitucional.
Es más, la posibilidad de que Zelaya volviera
y reasumiera el mandato que le dio el pueblo, si
hubiera llegado a concretarse, hubiera sido una
pantomima. Zelaya hubiera vuelto “atado de
pies y manos”, como lo dijo su propia esposa
Xiomara Castro. Habría sido una amarga rémora
de lo que fue la restitución de Jean Bertrand Aristide,
el presidente de Haití, derrocado en 1991
por un golpe impulsado por los Estados Unidos
y devuelto al poder en 1994 por los mismos Estados
Unidos, pero siendo un espectro del que
fuera cura tercermundista y líder progresista.
Si Zelaya hubiera vuelto en el marco del llamado
Acuerdo de San José-Tegucigalpa, hubiera
sido también en el marco de una amnistía general
para quienes seguían matando y haciendo
desaparecer personas desde hacía cuatro meses.
Por eso, lo único que habría hecho en ese caso
Zelaya es una pantomima de vuelta al orden
constitucional para encausar el proceso eleccionario.
Sin embargo, aunque no se pueda entender, el
dictador Micheletti se volvió a oponer a la restitución
de Zelaya, anteponiendo sus caprichos
personales a los intereses de su clase y del Impe-
rio. Lo que quiero decir es que a esta altura del
partido (principios de noviembre) hubiera sido
muchísimo más funcional para la oligarquía hondureña
y el Imperio la vuelta de una sombra de
Zelaya que la continuidad de un muñeco de
trapo tan golpeado como Micheletti. Pero lo
cierto es que no hubo acuerdo.
Sorprendentemente, el martes 3 de noviembre
Micheletti le envió una carta a Zelaya, a través de
su ministro de la Presidencia, Rafael Pineda
Ponce, solicitándole “sin demora, una lista de
diez ciudadanos con requisitos establecidos en la
Constitución de la República, para dentro de
ellos hacer la escogencia de los servidores públicos
que, a partir del 6 de noviembre, habrán de
integrar el gobierno de unidad y reconciliación
nacional”.
Zelaya, desde la embajada de Brasil, respondió:
“Es una agresión, una ofensa del punto de
vista de que en el acuerdo no se establece en esa
forma la integración del gobierno de unidad y
conciliación”.
El miércoles 4 comenzó a trabajar la Comisión
Verificadora, otra comisión “de papel”, sin
ningún peso específico, encabezada por el ex presidente
chileno Ricardo Lagos, y que parecía
deber su existencia al juego de dilación de los
golpistas.
Finalmente, el diálogo se dio por roto y cualquier
negociación por fracasada, sin gobierno de
unidad y con los golpistas al frente del proceso
electoral.
El candidato independiente de izquierda Carlos
Humberto Reyes anunció el domingo 8 que
retiraba su candidatura ante la no restitución de
Zelaya y el orden constitucional, mientras que
César Ham, candidato de Unificación Democrática
(UD), siguió dudando hasta último momento.
De esta manera, los candidatos que quedaron
firmes con vistas a las elecciones amañadas del
29 de noviembre, en el marco de una dictadura
cívico-militar, fueron: Elvin Santos del Partido Liberal;
Porfirio “Pepe” Lobo del conservador Partido
Nacional; Felícito Ávila de la Democracia
Cristiana; y Bernard Martínez del Partido Innovación
y Unidad (Pinu, repudiado por su propia
fuerza) y César Ham de UD.
El martes 10 la OEA decidió no enviar una misión
observadora a las elecciones, mientras que
la mayoría de los países reafirmaban su decisión
de no reconocer al gobierno que salga de esas
elecciones.
En cambio, Estados Unidos se sacó la careta y
avaló las elecciones aún sin la vuelta previa al
orden democrático, como sus propios representantes
habían pedido. El embajador en Tegucigalpa,
Hugo Llorens, dijo: “Las elecciones serán
parte de la realidad y volverán a Honduras a un
camino a la democracia, los comicios van a ocurrir,
esto es claro, el pueblo hondureño tiene derecho
a elegir su presidente, un nuevo Congreso
y alcaldes…, y sería un error histórico y de grandes
proporciones negar ese derecho”.
Se abrió entonces por primera vez una brecha
entre la comunidad internacional que seguía sin
reconocer la validez de esas elecciones y Estados
Unidos que bregaba por ellas. Hasta ese momento,
y más allá de su clara participación en el
golpe, Estados Unidos había mostrado una imagen
ficticia de condena al golpe y de reclamo por
la restitución de Zelaya, a través de las actuaciones
de Obama o Clinton principalmente. Pero
paulatinamente se iba viendo el verdadero rostro
del Imperio.
En la sede de la OEA de Washington quedó
evidenciado este quiebre, mientras Brasil, Venezuela,
Argentina, Nicaragua, Ecuador y otros países
insistieron con que si el presidente Zelaya no
era restituido en la presidencia, las elecciones no
serían reconocidas.
Pero el embajador interino de Estados Unidos
ante la OEA, Lewis Amselem, un duro al que llaman
Terminator, dijo que el acuerdo negociado
por Thomas Shannon, no preveía la reinstauración
inmediata de Zelaya y volvió a asegurar que
Estados Unidos colaborará con el buen desarrollo
de las elecciones.
A todo esto se suma que quedó oficializado
que las Fuerzas Armadas serían las encargadas
de la organización y la realización de las elecciones
el 29 de noviembre, es decir que serían
elecciones claramente bajo las bayonetas de la
dictadura cívica-militar.
Por su parte, la resistencia reafirmó por esos
días su estrategia no sólo de abstención sino de
boicot activo contra las elecciones, amparada en
el artículo 3 de la constitución hondureña que
dice: “Nadie debe obediencia a un gobierno
usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos
públicos por la fuerza de las armas o
usando medios o procedimientos que quebranten
o desconozcan lo que esta Constitución y las
leyes establecen. Los actos verificados por tales
autoridades son nulos. el pueblo tiene derecho a
recurrir a la insurrección en defensa del orden
constitucional”.
CAPÍTULO SIETE
Revolución en marcha
Si una cosa queda clara atrás de la maraña de
información y contrainformación, luchas, negociaciones,
idas y vueltas, es que el punto clave en
esta historia de ansias de cambio, reacción, golpe
y resistencia: la Asamblea Nacional Constituyente.
Es la herramienta que, en manos del pueblo
puede llevarlo a ejercer un poder constituyente
(un poder fundante de una nueva realidad) que
transforme de raíz las estructuras de poder que
han hecho que este país tenga en la actualidad un
80 por ciento de su población bajo la línea de la
pobreza, sea el segundo país más pobre del con-
tinente después de Haití y el 30 por ciento de su
presupuesto deba mendigarse en el exterior
mientras que las multinacionales rapiñan sus riquezas
forestales, mineras, agrícolas y pesqueras.
De hecho, la gota que rebalsó el vaso de la
cada vez peor relación entre Zelaya y la elite política,
fue este punto álgido y fundamental. El detonante
de la crisis fue la consulta popular que
había convocado el gobierno legítimo para que
el pueblo se expresara el domingo 28 de junio
sobre si quería o no una cuarta urna en las elecciones
del 29 de noviembre con vistas a la ansiada
Asamblea Constituyente. Pero ese domingo
28 de junio se pasó de lo que iba a ser un salto
cualitativo de la democracia (un paso hacia una
democracia más participativa y menos delegativa)
a un verdadero golpe de Estado, con sus
consecuencias de terrorismo de Estado y todo lo
demás.
Sin embargo, el pueblo hondureño ha avanzado
más en pocos meses de martirio que en
años, ganando un alto grado de conciencia y unidad.
Hoy está claro que la lucha trasciende a Zelaya:
el objetivo final del pueblo es la Asamblea
Nacional Constituyente, una herramienta política
que no sólo consolide los avances producidos por
Zelaya, sino que signifique un paso más por cambiar
un destino.
La constitución
La constitución puede ser definida como un
conjunto de normas de un país que ordenan la
vida política, administrativa, económica, social,
cultural, territorial, y que de manera técnica y
procedimental estipula la autoridad y su ejercicio,
los poderes públicos y sus límites, y los derechos
de la sociedad.
Pero la constitución no es solamente una
norma, sino que es el reflejo de la realidad cotidiana,
con sus conflictos y tensiones que ocurren
comúnmente en la lucha por el poder.
El politólogo italiano Norberto Bobbio ha profundizado
ampliamente esta doble dimensión de
la constitución, la formal y la material, y cómo
una sociedad a través de su constitución, a lo
largo de los procesos históricos va definiendo y
redefiniendo sus valores y principios, la organización
del poder, del territorio y la población, y
el lugar de lo económico en ese escenario.
En tanto, una asamblea o congreso constituyente
es un órgano colegiado de representantes
del pueblo que tienen como función redactar una
constitución o modificar la ya existente, mediante
el ejercicio de un poder constituyente que es la
atribución de dar origen a un Estado o a un sistema
político (poder constituyente primario u
originario), o modificarlo o enmendarlo (poder
constituyente derivado).
Venezuela, faltó poco para el gran salto en
2007
Hay tres naciones en Sudamérica que están inmersas
claramente en procesos revolucionarios:
Venezuela, Bolivia y Ecuador, cada una con sus
características especiales. Y en las tres se pasó por
una Asamblea Constituyente.
En Venezuela, Hugo Chávez llegó al poder el
2 de febrero de 1999 y lo primero que hizo fue activar
un poder constituyente. Inmediatamente
llamó a un referéndum a los venezolanos para
modificar la constitución. Ese referéndum se realizó
el 25 de abril de 1999 y la Asamblea Constituyente
culminó el 20 de noviembre de ese año.
Luego llamó a otro referéndum por el cual el
pueblo venezolano ratificó esa constitución.
Recién el 30 de julio de 2000, ya con una nueva
constitución, se realizaron nuevas elecciones ge-
nerales para relegitimar todos los poderes y empezar
otra etapa en el camino revolucionario venezolano.
Resumidamente, la nueva constitución venezolana
de 1999, con respecto a la anterior de 1961,
garantiza más derechos culturales, económicos y
sociales a las mayorías y establece un mecanismo
democrático que permite revocar, a mitad de
mandato, a los cargos elegidos a todos los niveles,
incluido el presidente de la república
Entre los puntos centrales que representan
cambios verdaderamente revolucionarios la
constitución de 1999 dice: “El Estado promoverá
la agricultura sustentable como base estratégica
del desarrollo rural integral a fin de garantizar la
seguridad alimentaria de la población”.
En relación a la tenencia de la tierra, establece:
“El régimen latifundista es contrario al interés social.
La ley dispondrá lo conducente en materia
tributaria para gravar las tierras ociosas y establecerá
las medidas necesarias para su transformación
en unidades económicas productivas,
rescatando igualmente las tierras de vocación
agrícola. Los campesinos o campesinas y demás
productores agropecuarios y productoras agropecuarias
tienen derecho a la propiedad de la tierra,
en los casos y formas especificados en la ley
respectiva. El Estado protegerá y promoverá las
formas asociativas y particulares de propiedad
para garantizar la producción agrícola”.
En relación a los recursos energéticos, remarca:
“El Estado se reserva, mediante la ley orgánica
respectiva, y por razones de conveniencia
nacional, la actividad petrolera y otras industrias,
explotaciones, servicios y bienes de interés público
y de carácter estratégico”.
Y más concretamente, en lo relacionado al petróleo,
estipula: “Por razones de soberanía económica,
política y de estrategia nacional, el
Estado conservará la totalidad de las acciones de
Petróleos de Venezuela SA (Pedevesa), o del ente
creado para el manejo de la industria petrolera”.
El 15 de agosto de 2007 se presentó un nuevo
proyecto para reformar 33 artículos de la constitución.
Los cambios se sometieron a referéndum
el 2 de diciembre de 2007 en dos bloques de artículos,
cada uno de los cuales tenía como opciones
SI o NO. El resultado fue de un 51 por ciento para
el NO y un 49 por ciento para el SI, aunque el
dato sobresaliente fue la abstención del 44,11 por
ciento.
En la línea que sosteníamos de que los cambios
constitucionales representan verdaderas revoluciones
políticas y sociales, hay que decir que
ese proyecto de cambios que terminó siendo rechazado
por un poco más de la mitad de los venezolanos,
representaba una verdadera
profundización hacia el socialismo del siglo XXI.
Decía entre otras cosas en su capítulo siete, sobre
los derechos socioeconómicos:
Artículo 112. “El Estado promoverá el desarrollo
de un modelo económico productivo, intermedio,
diversificado e independiente,
fundado en los valores humanísticos de la cooperación
y la preponderancia de los intereses comunes
sobre los individuales, que garantice la
satisfacción de las necesidades sociales y materiales
del pueblo, la mayor suma de estabilidad
política y social y la mayor suma de felicidad posible.
Asimismo, fomentará y desarrollará distintas
formas de empresas y unidades económicas de
propiedad social, tanto directa o comunal como
indirecta o estatal, así como empresas y unidades
económicas de producción o distribución social,
pudiendo ser éstas de propiedad mixta entre
el Estado, el sector privado y el poder comunal,
creando las mejores condiciones para la construcción
colectiva y cooperativa de una economía
socialista”.
Artículo 113. “Se prohíben los monopolios. Se
declaran contrarios a los principios fundamentales
de esta Constitución cualquier acto, actividad,
conducta o acuerdo de un o una particular, varios
o varias particulares, o una empresa privada
o conjunto de empresas privadas, que tengan por
objeto el establecimiento de un monopolio, o que
conduzcan, por sus efectos reales e independientemente
de la voluntad de aquellos o aquellas, a
su existencia, cualquiera que fuere la forma que
adoptare en la realidad. También es contrario a
dichos principios, el abuso de la posición de dominio
que un o una particular, un conjunto de
ellos o de ellas, o una empresa privada o conjunto
de empresas privadas adquiera o haya adquirido
en un determinado mercado de bienes o de servicios,
así como cuando se trate de una demanda
concentrada. En todos los casos antes indicados,
el Estado adoptará las medidas que fueren necesarias
para evitar los efectos nocivos y restrictivos
del monopolio, del abuso de la posición de
dominio y de las demandas concentradas, teniendo
como finalidad la protección del público
consumidor, de los productores y productoras y
el aseguramiento de condiciones efectivas de
competencia en la economía. En general no se
permitirán actividades, acuerdos, prácticas, con-
ductas y omisiones de los y las particulares que
vulneren los métodos y sistemas de producción
social y colectiva con los cuales se afecte la propiedad
social y colectiva o impidan o dificulten la
justa y equitativa concurrencia de bienes y servicios.
Cuando se trate de explotación de recursos naturales
o de cualquier otro bien del dominio de
la Nación, considerados de carácter estratégico
por esta Constitución o la ley, así como cuando
se trate de la prestación de servicios públicos vitales,
considerados como tales por esta Constitución
o la ley, el Estado podrá reservarse la
explotación o ejecución de los mismos, directamente
o mediante empresas de su propiedad, sin
perjuicio de establecer empresas de propiedad
social directa, empresas mixtas o unidades de
producción socialistas, que aseguren la soberanía
económica y social, respeten el control del Estado,
y cumplan con las cargas sociales que se le
impongan, todo ello conforme a los términos que
desarrollen las leyes respectivas de cada sector
de la economía. En los demás casos de explotación
de bienes de la Nación, o de prestación de
servicios públicos, el Estado, mediante ley, seleccionará
el mecanismo o sistema de producción y
ejecución de los mismos, pudiendo otorgar con-
cesiones por tiempo determinado, asegurando
siempre la existencia de contraprestaciones o
contrapartidas adecuadas al interés público, y el
establecimiento de cargas sociales directas en los
beneficios”.
Artículo 115. “Se reconocen y garantizan las
diferentes formas de propiedad. La propiedad
pública es aquella que pertenece a los entes del
Estado; la propiedad social es aquella que pertenece
al pueblo en su conjunto y las futuras generaciones,
y podrá ser de dos tipos: la propiedad
social indirecta cuando es ejercida por el Estado
a nombre de la comunidad, y la propiedad social
directa, cuando el Estado la asigna, bajo distintas
formas y en ámbitos territoriales demarcados, a
una o varias comunidades, a una o varias comunas,
constituyéndose así en propiedad comunal o
a una o varias ciudades, constituyéndose así en
propiedad ciudadana; la propiedad colectiva es
la perteneciente a grupos sociales o personas,
para su aprovechamiento, uso o goce en común,
pudiendo ser de origen social o de origen privado;
la propiedad mixta es la conformada entre
el sector público, el sector social, el sector colectivo
y el sector privado, en distintas combinaciones,
para el aprovechamiento de recursos o
ejecución de actividades, siempre sometida al
respeto absoluto de la soberanía económica y social
de la Nación; y la propiedad privada es aquella
que pertenece a personas naturales o jurídicas
y que se reconoce sobre bienes de uso, consumo
y medios de producción legítimamente adquiridos,
con los atributos de uso, goce y disposición
y las limitaciones y restricciones que establece la
ley. Igualmente, toda propiedad, estará sometida
a las contribuciones, cargas, restricciones y obligaciones
que establezca la ley con fines de utilidad
pública o de interés general. Por causa de
utilidad pública o interés social, mediante sentencia
firme y pago oportuno de justa indemnización,
podrá ser declarada la expropiación de
cualquier clase de bienes, sin perjuicio de la facultad
de los órganos del Estado de ocupar previamente,
durante el proceso judicial, los bienes
objeto de expropiación, conforme a los requisitos
establecidos en la ley”.
Bolivia, un Estado plurinacional
En el caso de Bolivia, el Movimiento al Socialismo
(MAS) ganó las elecciones de fines de 2005
con el 54 por ciento de los votos y llevó al gobierno
a Evo Morales, primer presidente indí-
gena de la historia del país, que asumió el 22 de
enero de 2006. En el Congreso tiene una mayoría
simple pero no la mayoría absoluta de los dos
tercios, lo que complicó la situación de gobernabilidad
sobre todo teniendo en cuenta los cambios
estructurales que encaró Morales.
El 2 de julio de ese primer año de gobierno, se
hicieron las elecciones para elegir a 255 integrantes
de la Asamblea Constituyente y el MAS logró
casi el 60 por ciento de los votos, una victoria que
al no alcanzar los dos tercios, obligaba a la fuerza
de Evo Morales a tejer alianzas con otros partidos.
A estas dificultades se sumaba que la sede de
la Asamblea Constituyente era Sucre, capital del
país, donde la oposición se hizo fuerte, potenciando
sentimientos racistas de parte de la población
blanca hacia los asambleístas de origen
indígena.
Luego de muchas idas y vueltas, con una oposición
que lo único que hizo fue obstaculizar el
funcionamiento de la asamblea para impedir los
cambios, la reforma fue aprobada en la ciudad de
Oruro el sábado 30 de noviembre de 2007 por 164
de los 255 asambleístas. Los partidos tradicionales
defensores de las clases dominantes intentaron
desconocer esa reforma y el 2008 fue un año
muy complicado, con referéndums ilegales e ilegítimos
de tinte secesionistas en los departamentos
de la llamada Media Luna (Santa Cruz de la
Sierra, Pando, Beni y Tarija).
El 10 de agosto de 2008 se realizó un referéndum
revocatorio y Evo Morales fue ratificado en
su cargo por el 67,43 por ciento de los votos de
los bolivianos.
Finalmente, y luego de haber sido pospuesto
dos veces (el cuatro de mayo y el 7 de diciembre),
el 25 de enero de 2009 se realizó el referéndum
constitucional y el 61,43 por ciento de los bolivianos
dieron el SI a la nueva constitución, de
verdadero carácter revolucionario.
Para muestra de la transformación de fondo
que representa esta constitución reproducimos
su preámbulo:
“En tiempos inmemoriales se erigieron montañas,
se desplazaron ríos, se formaron lagos.
Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano
y nuestros llanos y valles se cubrieron de
verdores y flores.
Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros
diferentes, y comprendimos desde entonces
la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra
diversidad como seres y culturas. Así conformamos
nuestros pueblos, y jamás comprendimos el
racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos
tiempos de la colonia.
El pueblo boliviano, de composición plural,
desde la profundidad de la historia, inspirado en
las luchas del pasado, en la sublevación indígena
anticolonial, en la independencia, en las luchas
populares de liberación, en las marchas indígenas,
sociales y sindicales, en las guerras del agua
y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio,
y con la memoria de nuestros mártires, construimos
un nuevo Estado.
Un Estado basado en el respeto e igualdad
entre todos, con principios de soberanía, dignidad,
complementariedad, solidaridad, armonía
y equidad en la distribución y redistribución del
producto social, donde predomine la búsqueda
del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica,
social, jurídica, política y cultural de los habitantes
de esta tierra; en convivencia colectiva
con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda
para todos.
Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano
y neoliberal. Asumimos el reto histórico
de construir colectivamente el Estado
Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario,
que integra y articula los propósitos de
avanzar hacia una Bolivia democrática, produc-
tiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida
con el desarrollo integral y con la libre determinación
de los pueblos.
Nosotros, mujeres y hombres, a través de la
Asamblea Constituyente y con el poder originario
del pueblo, manifestamos nuestro compromiso
con la unidad e integridad del país.
Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos,
con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias
a Dios, refundamos Bolivia.
Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente
y liberadora, que han hecho posible esta
nueva historia”.
Ecuador, la naturaleza es sujeto de derechos
Ecuador trazó un camino parecido: Rafael Correa
fue elegido presidente en diciembre de 2006
sin partido ni candidatos al Congreso. Inmediatamente
convocó a un referéndum para llamar a
una Asamblea Constituyente y el el 15 de abril de
2007 el SI obtuvo el 82 por ciento de los votos.
Luego, en las elecciones de constituyentes del 30
de setiembre, el Movimiento País obtuvo más del
70 por ciento, 80 de los 130 constituyentes. Ese
proceso constituyente duró ocho meses, fue com-
plicado y conflictivo y finalmente se llegó al 28
de setiembre de 2008, cuando el pueblo aprobó
la nueva Constitución, que no sólo reafirma las
conquistas anteriores sino que amplía y suma derechos.
Igual que en Bolivia, en Ecuador la nueva
constitución reconoce los derechos colectivos de
los pueblos originarios y el carácter plurinacional
del Estado. Se extiende el derecho a la educación
gratuita y universal al tercer nivel en las
universidades públicas. La justicia, la defensoría
pública y la salud se establecen por la constitución
como gratuitas y universales. Se agrega la
jubilación universal como derecho de las personas
mayores. Uno de los rasgos distintivos es que
enuncia una nueva y multidimensional concepción
del desarrollo que es “el buen vivir” o, en
términos quichuas, sumak kausay, expresión que
incluye al mismo tiempo las nociones de “belleza”,
“armonía” y “equilibrio”.
Y Se incluyen los derechos de la naturaleza,
siendo pionera en el mundo al respecto. Así, el
artículo 71 dice: “La naturaleza o Pacha Mama,
donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho
a que se respete integralmente su existencia
y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos
vitales, estructura, funciones y procesos evoluti-
vos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad
podrá exigir a la autoridad pública el
cumplimiento de los derechos de la naturaleza”.
En artículo 1, la constitución dice: “El Ecuador
es un Estado social de derecho, soberano, unitario,
independiente, democrático, pluricultural y
multiétnico”.
En el artículo 83: “Los pueblos indígenas, que
se autodefinen como nacionalidades de raíces ancestrales,
y los pueblos negros o afroecuatorianos,
forman parte del Estado ecuatoriano, único
e indivisible.
Art. 84: “El Estado reconocerá y garantizará a
los pueblos indígenas, de conformidad con esta
Constitución y la ley, el respeto al orden público
y a los derechos humanos, los siguientes derechos
colectivos:
1. Mantener, desarrollar y fortalecer su
identidad y tradiciones en lo espiritual, cultural,
lingüístico, social, político y económico.
2. Conservar la propiedad imprescriptible
de las tierras comunitarias, que serán inalienables,
inembargables e indivisibles,
salvo la facultad del Estado para declarar
su utilidad pública. Estas tierras estarán
exentas del pago del impuesto predial.
3. Mantener la posesión ancestral de las
tierras comunitarias y a obtener su adjudicación
gratuita, conforme a la ley.
4. Participar en el uso, usufructo, administración
y conservación de los recursos
naturales renovables que se hallen en sus
tierras.
5. Ser consultados sobre planes y programas
de prospección y explotación de recursos
no renovables que se hallen en sus
tierras y que puedan afectarlos ambiental o
culturalmente; participar en los beneficios
que esos proyectos reporten, en cuanto sea
posible y recibir indemnizaciones por los
perjuicios socio-ambientales que les causen.
6. Conservar y promover sus prácticas de
manejo de la biodiversidad y de su entorno
natural.
7. Conservar y desarrollar sus formas tradicionales
de convivencia y organización
social, de generación y ejercicio de la autoridad.
8. A no ser desplazados, como pueblos,
de sus tierras.
9. A la propiedad intelectual colectiva de
sus conocimientos ancestrales; a su valoración,
uso y desarrollo conforme a la ley.
10. Mantener, desarrollar y administrar
su patrimonio cultural e histórico.
11. Acceder a una educación de calidad.
Contar con el sistema de educación intercultural
bilingüe.
12. A sus sistemas, conocimientos y prácticas
de medicina tradicional, incluido el
derecho a la protección de los lugares rituales
y sagrados, plantas, animales, minerales
y ecosistemas de interés vital desde el
punto de vista de aquella.
13. Formular prioridades en planes y
proyectos para el desarrollo y mejoramiento
de sus condiciones económicas y sociales;
y a un adecuado financiamiento del
Estado.
14. Participar, mediante representantes,
en los organismos oficiales que determine
la ley.
15. Usar símbolos y emblemas que los
identifiquen”.
¿Y en Honduras?
Nadie puede asegurar cuál hubiera sido el
matiz de una eventual reforma constitucional en
Honduras. Eso hubiera dependido del propio camino
y destino del pueblo hondureño, pero seguramente
hubiera sido una reforma
revolucionaria, base de cambios profundos y una
garantía para no volver atrás al sistema de explotación
de las mayorías que siempre ha imperado
en el país.
Como vimos, los procesos de Venezuela, Bolivia
y Ecuador tuvieron sus grandes diferencias y
particularidades, pero en todos esos casos, las
asambleas constituyentes representaron saltos
cualitativos en las respectivas democracias y en
las transformaciones profundas en marcha.
Si el 28 de junio, en vez de un golpe de Estado,
se hubiera realizado la consulta popular por la
cuarta urna, con toda seguridad que el SI hubiera
arrasado. Por consiguiente, en las elecciones del
29 de noviembre, se hubieran presentado cuatro
urnas a la ciudadanía: la primera para votar presidente,
la segunda urna para votar congresistas,
la tercera para votar alcaldes y la cuarta urna
para votar por SI o NO a una Asamblea Constituyente.
Esa Asamblea Constituyente se hubiera realizado
en 2010, luego de que el 27 de enero Zelaya
entregara la presidencia a su sucesor. Pero hubiera
sido quien hubiera sido el sucesor, hubiera
estado hmuy presionado por el pueblo a través de
esta herramienta fundamental que es la Asamblea
Constituyente.
Es más, sin el golpe de Estado del 28 de junio
ni la represión posterior, con Zelaya en el poder
y el proceso revolucionario en marcha, el resultado
de las elecciones del 29 de noviembre también
hubiera sido otro, porque el progresismo
seguramente podría haberse dedicado a la construcción
de una alternativa sólida y con posibilidades.
Pero ocurrido el golpe y con la posterior
explosión del terrorismo de Estado, el campo popular
y el progresismo político tuvo que destinar
todos sus esfuerzos a la resistencia.
Sin embargo, la lucha continuará centrándose
en el objetivo principal de perseguir una asamblea
constituyente y la revolución en marcha no
se detendrá en Honduras. En estos meses de resistencia,
el pueblo hondureño ha logrado un
nivel de unidad y conciencia que antes no tenía.
Epílogo
En la bandera de Honduras hay
cinco estrellas que simbolizan a los
cinco países de la Federación Centroamericana:
Guatamala, El Salvador,
Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Como buen símbolo, esas estrellas representan
el destino cruzado de los
pueblos de Centroamérica.
Pero más allá de eso, toda América
Latina está ligada al destino de Honduras
porque el futuro del Alba se define
en parte con la forma en que
absorba este golpe.


