Honduras Hoy

Honduras Hoy - Mariano Saravia - Ed. Nuestra América

El golpe – la resistencia

Una encrucijada mundial

“Nadie debe obediencia a un gobierno

usurpador ni a quienes asuman funciones

o empleos públicos por la fuerza de las

armas o usando medios o procedimientos

que quebranten o desconozcan lo que esta

Constitución y las leyes establecen. Los

actos verificados por tales autoridades son

nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a

la insurrección en defensa del orden constitucional”.

(Artículo 3 de la Constitución Nacional

de Honduras)

 INTRODUCCIÓN 

El mejor momento y el mejor lugar

América Latina es hoy el único lugar del

mundo en donde están poniéndose en discusión

nuevos o distintos modelos políticos, ideológicos

y hasta civilizatorios. Uno de esos lugares de

nuestra América, clave en esta revolución continental,

es Honduras, salvajemente golpeada por

esta aventura golpista. Con todas sus contradicciones

y paradojas, Honduras estaba siendo conducida

por un ex empresario maderero hacia la

revolución de Morazán y Bolívar. El presidente

constitucional José Manuel “Mel” Zelaya había

incluido a su país en el Alba. Había iniciado un

proceso no sólo de integración regional sino también

de distribución de la riqueza. Y todo eso en

el país que históricamente fue la plataforma del

Imperio en Centroamérica.

Hay que recordar que desde Honduras, en

1954 la CIA planificó el derrocamiento de Jacobo

Arbenz en Guatemala, la invasión a Cuba por la

Bahía de Cochinos en 1961, la guerra contrarrevolucionaria

de Nicaragua y la guerra contrainsurgente

de El Salvador en la década de 1980. Por

todo eso, Honduras es emblemática, además de

ser la cuna de Morazán y por ende el germen de

la unidad de los cinco Estados en que se dividió

la nación centroamericana (Guatemala, El Salvador,

Nicaragua, Honduras y Costa Rica).

Contexto

William Howard Taft, 27° presidente de los Estados

Unidos, había dicho en 1912: “No está lejano

el día en que tres banderas de barras y estrellas

señalen en tres sitios equidistantes la extensión

de nuestro territorio: una en el Polo

Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en

el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de

hecho, como en virtud de nuestra superioridad

racial, ya es nuestro moralmente”.

Como un verdadero visionario, Taft preanunció

el ascenso de su país como principal potencia

mundial, desplazando de ese lugar a sus maestros

ingleses. Y en ese sentido, también reemplazaron

a Inglaterra como poder colonial en

Sudamérica. De hecho, la metrópolis fue Madrid

entre 1492 y 1810; luego fue Londres hasta el período

de entreguerra, y desde entonces lo es Washington.

Hasta la Enciclopedia histórica de Oxford pone como

ejemplo de la categoría política de “semicolonia” a la

Argentina de la primera mitad del siglo XX en relación

con el Reino Unido.

Ahora bien, ese estatus de semicolonia de Inglaterra

durante la primera parte del siglo pasado,

en los años ‘70 pasó a ser de colonia de

Estados Unidos con todas las letras, ya que a la

dominación económica se le sumó la dominación

brutal por la fuerza, en general utilizando a los

militares de cada país adiestrados en Panamá.

Hoy, esa amenaza permanece latente, como con

el Plan Colombia o los amagues de intervencionismo

en Bolivia y Venezuela.

Cuando dejamos de depender de España cambiamos

la bandera roja y amarilla por otras que

nos empezaron a identificar en la escena mundial.

Pero hasta esas banderas nos robaron los

traidores que se atribuyeron la representación de

la nación y en nombre de ella implementaron el

terror de Estado y la expoliación económica del

pueblo.

Están sucias y rotas de tanto ser pisoteadas

por los poderes extranjeros y sus cipayos, pero

están ahí, a nuestro alcance. Podemos embanderarnos

con nuestros colores, podemos reconocer-

nos en ellos y ponernos la camiseta de nuestro

equipo.

El liberalismo conservador (que en economía

no es una contradicción) usó históricamente un

falso y fatuo nacionalismo para sus propósitos, y

también para dividirnos y licuar las ideas de Bolívar

y San Martín.

Es una paradoja que hoy, ese mismo liberalismo

conservador, ante proyectos nacionales y

populares como los de Venezuela o Bolivia, agiten

“el peligro del nacionalismo”. Pero la verdad

es que estos nacionalismos están volviendo la mirada

hacia sus propios pueblos, y abriendo el espectro

hacia los costados, redescubriendo el

sentido de ser sudamericanos, desempolvando

las ideas bolivarianas y sanmartinianas, y predicando

en definitiva un nacionalismo internacionalista

(que tampoco es una contradicción). O

más bien, recuperando la noción de gran Nación

en torno a la solidaridad entre los pueblos.

Después de la “Década Infame” de los años

‘90, en la que nos quisieron hacer creer aquello

que decía Francis Yukuyama acerca del fin de la

historia y el sepelio de las ideologías, algo está

sucediendo en Sudamérica.

Mientras el resto del mundo parece todavía

empantanado en la década pasada o en guerras

santas, América Latina es la única región del

globo que está redescubriendo el sentido de la

lucha de liberación social. Con mayor o menor

éxito, con mayor o menor coherencia, con mayor

o menor decisión, Sudamérica es el único lugar

de la Tierra donde se escuchan palabras como

justicia social, redistribución del ingreso, educación

popular, salud pública, derechos humanos,

y, sobre todo, integración regional. Hoy hemos

redescubierto o estamos en vías de redescubrir

que somos sudamericanos. Con el Área de Libre

Comercio para las Américas (Alca), los Estados

Unidos esperaban cristalizar el sueño de William

Taft, pero lamentablemente para ellos, ese proyecto

murió con la Cumbre de las Américas realizada

en octubre de 2005 en Mar del Plata. Y la

alternativa es el Alba, ahora rebautizado como

Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra

América.

Hoy, poco a poco, las sociedades sudamericanas

van recuperando sus colores, ya no están tan

pálidas. Van recuperando todos sus colores, su

multiplicidad de colores. Ya no hay un gran hermano

que marca un modo monocromo de actuar.

Hasta las palabras Patria y patriota se están recuperando.

Sería importante poder empezar a recuperar

conceptos como militar y Ejército

nacional, a pesar de que hayan sido y todavía

sean muchos los traidores y la imagen de las instituciones

se haya manchado. Aún hoy hay algunos

ejércitos como el hondureño que siguen

estando formados por soldados mercenarios, al

servicio de la oligarquía local y asesinos de su

propio pueblo.

Víctor Heredia, en su canción “Aquellos soldaditos

de plomo”, dice:

“Yo quiero una fila entera,

de soldados desfilando,

y todo un pueblo cantando,

con renovada pasión,

quiero de nuevo el honor,

aunque no existan victorias,

quiero llorar con la gloria,

de una marcha militar,

y un banderín agitar,

frente a un ejército popular”.

Y para recuperar todo lo nuestro es importante

volver la mirada atrás, repasar las campañas,

el valor y el pensamiento de nuestros grandes

militares como Morazán, Miranda, Bolívar,

San Martín, O’Higgins y Artigas. Habrá que

aprender de los pueblos originarios aquello de

que el pasado siempre está adelante, y que para

avanzar hay que mirar a nuestros padres y abuelos.

Como pueblos y como sociedades, también

deberemos poner a la historia en el lugar que se

merece, entenderla no como un compendio enciclopedista

de fechas y de batallas sino como una

verdadera lección de vida, y emparentarla definitivamente

con el presente.

CAPÍTULO UNO

En marcha, la revolución pendiente

En cualquier proceso de liberación colonial

tiene que haber dos revoluciones paralelas: una

de liberación nacional y otra de liberación social.

Cualquiera de las dos que se haga sin la otra,

quedará incompleta.

En América del Sur, los primeros intentos revolucionarios

fueron los de revoluciones indias

y negras, como la de José Gabriel Condorcanqui

(Tupac Amaru II) en 1780 en el Alto Perú o la

Conjura de Alfaiates de tinte antiesclavista en

Bahía en 1798. Pero las dos quedaron truncas.

Sin embargo, hubo un ejemplo de revolución

de liberación nacional y liberación social con-

temporáneas, fue la de Haití, que comenzó en

1791 y culminó exitosamente el 1º de enero de

1804.

Fue el segundo país del continente en liberarse

políticamente, luego de los Estados Unidos. Y la

única experiencia exitosa de revolución antiesclavista

en la historia de la Humanidad. Y todo

eso contra los ejércitos más poderosos del mundo

en esa época, los de Napoleón Bonaparte. Paradójicamente,

Haití es hoy un país ocupado y el

más pobre del continente.

Luego del éxito de la revolución haitiana, durante

las guerras de independencia, hubo héroes

que entendieron la necesidad de acompañar la liberación

nacional con un proceso de emancipación

social, económico y de soberanía total y

unión continental. Fueron Simón Bolívar, José de

San Martín, José Gervasio de Artigas y Manuel

Rodríguez (el guerrillero de la libertad), entre

otros. Pero lamentablemente en cada país se impusieron

los representantes de la reacción, los

mantuvieron separados y cada uno por su lado,

y sobre todo, lograron que el poder económico

no cambiara de manos.

En realidad, las clases dominantes siguieron

manteniendo sus prerrogativas y, como buenos

traidores y lacayos, se subordinaron automática

e inmediatamente al nuevo poder imperial. Es

que pasamos de depender políticamente de un

imperio, el español, a depender económica y financieramente

de otro imperio, el inglés. Eso volvió

a cambiar en el siglo XX a favor del imperio estadounidense.

Por eso, lo que ha comenzado a partir de Venezuela,

y luego se ha extendido a Bolivia y

Ecuador, y en menor medida a otros países de

América Latina, es la lucha por la liberación social,

económica y financiera. La revolución que completará

de nuestros héroes, justo 200 años después.

Por eso, desde la batalla de Ayacucho, el 9 de

diciembre de 1824, cuanto el gran mariscal Antonio

José de Sucre completó la liberación nacional,

esta etapa que vivimos es la más importante.

Pero la reacción es directamente proporcional

a la profundidad del proceso político emancipatorio

en marcha: los mismos traidores de siempre

al servicio del imperio de turno. Son las

clases privilegiadas, las clases dominantes, los

empresarios en Venezuela, los banqueros en

Ecuador, los cívicos de la Media Luna en Bolivia,

los terratenientes sojeros en Argentina, y sigue la

lista.

Y hay un nuevo actor que es común en todos

los países: los grandes grupos mediáticos, que ya

no están más al servicio del poder, hoy son el

poder.

Con el advenimiento de la sociedad de la información,

las nuevas tecnologías y la globalización,

los medios de comunicación masivos han

quedado en manos del poder financiero, con lo

cual el periodismo ha pasado de ser “el cuarto

poder” a ser el primer poder. De hecho, este matrimonio

entre el poder mediático y el poder financiero

es mucho más fuerte que el poder

político, en muchos casos. Menos donde las grandes

mayorías son las protagonistas de los procesos

políticos, como en los casos revolucionarios

ya mencionados.

Esta es la madre de todas las batallas en el presente

y en el futuro inmediato en nuestro continente,

el único del mundo que está inmerso en

una revolución de liberación.

 

CAPÍTULO DOS

Honduras en perspectiva

Honduras ha vivido un largo recorrido de intervenciones

estadounidenses y por la influencia

de la United y la Standard Fruit Company, dio

origen a la expresión “república bananera”, para

representar casi a un protectorado de los intereses

privados y públicos de Estados Unidos.

Para que esta situación se diera, por supuesto

que fue fundamental la actuación de las fuerzas

armadas y la oligarquía local, como en la actualidad.

Una vez derrotado el gran Francisco Morazán,

héroe principal no sólo de Honduras sino de

todo Centroamérica (y principal impulsor de la

Federación Centroamericana que agrupaba a

Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y

Costa Rica) a partir de 1840 no pudo desligarse

de un pasado marcado por el golpismo, el poder

de las clases conservadoras y el intervencionismo

norteamericano implícito y explícito.

En el siglo XX, la importancia creciente del banano

puso al país bajo el dominio de compañías

norteamericanas como United, Standard y Cuyamel.

En 1929 la United Fruit Company compró

Cuyamel y se fue quedando con todo, haciendo

finalmente de Honduras una “república bananera”.

Este vuelco de la economía primaria hondureña

desarrolló la zona del Caribe, construyó

puertos como Puerto Cortés, y también le dio un

impulso a San Pedro Sula, aunque este desarrollo

nunca se trasladó al bienestar de la población.

En 1933, de la mano de la United Fruit Company,

llegó al poder Tiburcio Carías Andino, detentándolo

a través de una férrea dictadura hasta

1948, cuando lo sucedió Juan Manuel Gálvez,

quien emprendió una relativa modernización del

país. Sus políticas capitalistas lo enfrentaron con

los obreros y las luchas populares terminaron en

1954 con la expulsión de la United Fruit y del

propio Gálvez. Asumió entonces el liberal

Ramón Villeda Morales y adhirió al Mercado

Común Centroamericano, al tiempo que lanzó algunos

programas en favor de una reforma agraria

y de la educación. En 1963, en el contexto de

la naciente Revolución Cubana, sufrió un nuevo

golpe de Estado financiado por Washington, sostenido

por la oligarquía local y encabezado por

el coronel Osvaldo López Arellano.

Esta dictadura fue cruel en sus políticas internas

y externas, al punto que llevó a Honduras en

1969 a la famosa “Guerra del Fútbol” con El Salvador,

usando como excusa un partido por las

eliminatorias del mundial de México ’70, pero en

realidad por cuestiones fronterizas y problemas

inmigratorios.

Después de más de casi dos décadas de dictadura

militar, hubo elecciones. Los hondureños

votaron en noviembre de 1981 en las primeras

elecciones presidenciales en 18 años y fue elegido

presidente Roberto Suazo Cordova, del Partido

Liberal.

A partir de la victoria de la Revolución Sandinista

en Nicaragua (el 19 de julio de 1979) Honduras

empezó a ser la mimada de Estados

Unidos, que acrecentó su presencia en el país.

Si bien ya Honduras había servido en cierta

forma de plataforma de apoyo a los Estados Uni-

dos en operaciones como la destitución en 1954

del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, o la

invasión de Cochinos en 1961 contra Cuba, a partir

de los ’80 se convirtió directamente en una

plataforma militar yankee. Sirvió de base a los

contras en Nicaragua, incluso con el recordado

escándalo del Irán Gate, y también a la contrainsurgencia

en El Salvador, que buscaba controlar

la guerra de guerrillas del Frente Farabundo

Martí de Liberación Nacional.

La Casa Blanca, habitada por el actor Ronald

Reagan, envió como embajador a Tegucigalpa a

John Negroponte, un ex agente de inteligencia en

la Guerra de Vietnam.

Contrariamente a lo que uno hubiera supuesto,

la represión y el terrorismo de Estado se

acrecentó en estos años de democracia formal, en

los que el hombre fuerte era el general Gustavo

Álvarez Martínez, graduado en los años ’60 como

subteniente en el Colegio Militar de la Nación de

El Palomar, Argentina, y luego alumno avanzado

del Estado Mayor del Ejército en Buenos Aires.

La Doctrina de la Seguridad Nacional seguía

más vigente que nunca, al punto que mientras se

votaba en Honduras, oficiales de los ejércitos de

20 países latinoamericanos se encontraban con

jefes militares estadounidenses en Washington.

El secretario de Defensa de los Estados Unidos,

Caspar Weinberger, y el ministro de defensa de

El Salvador, José Guillermo García, fueron los

oradores principales de esa reunión en la que se

discutió principalmente como contrarrestar “el

terrorismo, la subversión y la insurrección armada”

en toda América Latina. En esos días, la

embajadora estadounidense ante las Naciones

Unidas, Jeane Kirkpatrick, viajó a Argentina,

Uruguay y Chile, para pedir un mayor involucramiento

militar de estos países en Centroamérica.

Mientras tanto, en Honduras militares

norteamericanos organizaban una fuerza paramilitar

latinoamericana, financiada por la CIA.

Durante toda la década de 1980 se aplicó en

Honduras un terrorismo de Estado feroz, con torturas,

muertes y desapariciones de personas,

cuyo principal responsable fue un personaje oscuro:

Billy Joya, quien hoy es asesor en seguridad

del dictador civil Roberto Micheletti.

Al mismo tiempo, en las ciudades y en el interior

de Honduras, era común ver a los contras

mezclados con gente de la CIA y veteranos de

Vietnam, todos involucrados en la guerra nicaragüense.

De estos años, 1982, data la constitución vigente

en Honduras, que Mel Zelaya quería reformar

con el proceso de la cuarta urna. Pero la

excusa de la oligarquía y los militares es que esa

constitución tiene artículos “pétreos” que no

pueden ser modificados nunca.

En 1990 asumió la presidencia Rafael Callejas,

del Partido Nacional, pero a fines de 1993 volvió

a ganar el Partido Liberal con Carlos Reina, sucedido

por su correligionario Carlos Flores Facussé

y luego por el conservador Ricardo

Maduro (panameño de nacimiento, por lo cual

no podría haber sido presidente según la misma

constitución que hoy defienden los golpistas).

Durante todos esos años, los distintos gobiernos

fueron títeres del Imperio y la oligarquía

local, implementando a rajatabla los postulados

del Consenso de Washington y el neoliberalismo.

Sólo Reina, en 1995, bajo presión popular intentó

algunas medidas para acotar el poder de las

Fuerzas Armadas e investigar las violaciones a

los derechos humanos de la década anterior. Inmediatamente

el Ejército llenó de tanques Tegucigalpa

y ese solo gesto de demostración de

fuerza bastó para que todo quedara en la nada.

¿Qué era la cuarta urna?

Estas estructuras de poder y de dominación

del pueblo estaban garantizadas por la constitu-

ción de 1982, la de la peor época del terrorismo

de Estado. Esa era la constitución que se intentaba

cambiar con el proceso que se hubiera iniciado

el 28 de junio con la cuarta urna. Pero ese

día fue al revés y lo que empezó fue un proceso

golpista.

En la consulta popular no vinculante del 28 de

junio, se iba a auscultar la voluntad del pueblo

sobre la posibilidad de que en las elecciones del

29 de noviembre de 2009 se expidiera en torno a

la necesidad o no de una reforma constitucional.

¿Por qué cuarta urna? Porque en las elecciones

del 29 de noviembre, la primera urna sería para

elegir presidente, la segunda urna para congresistas,

la tercer urna para alcaldes y la cuarta urna

para decir si o no a una Asamblea Constituyente.

Ahora bien, ¿eso significaba que Zelaya quisiera

perpetuarse en el poder? De ninguna manera,

esa es una más de las mentiras (en realidad

la principal) de los golpistas y su principal herramienta:

los medios de comunicación,

Lo cierto es que en ningún caso Zelaya hubiera

podido presentarse a la reelección. Si se hubiera

hecho una Asamblea Constituyente, ésta se habría

reunido en 2010, y en caso de reformar la

constitución para permitir la reelección del pre-

sidente, ese cambio hubiera beneficiado a otro

presidente, nunca a Zelaya.

La propuesta de la consulta popular por la

cuarta urna fue apoyada por la mayoría de los

sindicatos y movimientos sociales del país. Pero

unos días antes de que se hiciera la consulta popular,

la Corte Suprema de Honduras la declaró

ilegal a petición del Congreso, dos reservorios de

la oligarquía vernácula.

Se creó entonces un conflicto de poderes, en

medio del cual las Fuerzas Armadas debían organizar

la consulta y distribuir las urnas. Pero el

jefe del Ejército, el general Romeo Vásquez Velázquez,

se negó a permitir que los militares distribuyesen

el material electoral para la consulta,

con la excusa de que acataba órdenes de la Corte

Suprema. El miércoles 24 de junio, el presidente,

en su despacho de la Casa de Gobierno, escuchó

las excusas de Vásquez Velázquez y le dijo:

“Bueno general, entonces estamos en una situación

muy delicada, usted le debe obediencia al comandante

en jefe de las Fuerzas Armadas, que es el presidente

elegido por el pueblo, y ante su desobediencia, estamos

en un problema serio: o se va usted o me deja tan desacreditado

que me tengo que ir yo a mi casa, y como yo

no me voy a ir, no me deja usted otro camino que destituirlo”.

Sin embargo, sorprendentemente, al día

siguiente, el jueves 25 de junio, la Corte Suprema

restituyó a Vásquez Velázquez en sus funciones,

tras declarar “inconstitucional” su destitución.

La tensión política siguió subiendo y el viernes

26 de junio, miles de hondureños salieron a

las calles de Tegucigalpa, en apoyo al presidente

Zelaya y a la cuarta urna. Pero se despertaron el

domingo 28 con la noticia de que nuevamente

había un golpe de Estado en marcha en su país.

Honduras en el Alba

Luego de los golpes fracasados en Venezuela

(2002), Bolivia (2008) y los intentos permanentes

de desestabilizar al gobierno de Ecuador, el golpe

militar del 28 de junio no fue sólo contra Honduras

ni sólo contra Zelaya, sino contra la

Alianza (antes Alternativa) Bolivariana para los

pueblos de nuestra América (ALBA).

Este bloque que no sólo es regional sino también

político, ideológico y cultural, surgió allá

por 2004 como instrumento para contrarrestar el

Área de Libre Comercio para las Américas

(ALCA) que sufrió un golpe mortal en la Cumbre

de las Américas de Mar del Plata de 2005.

El ALBA se presenta como “una iniciativa de

cooperación multilateral centrada en la solidaridad

y la promoción de los valores socialistas, que

busca fomentar el comercio desde una perspectiva

no convencional” y está formada hacia fines

de 2009 por Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia,

Nicaragua, Antigua y Barbuda, San Vicente y las

Granadinas, Dominica y Honduras. Y como países

observadores, prontos a entrar, están Paraguay

y Granada.

El ALBA es una propuesta de integración totalmente

distinta, mientras el ALCA responde a

los intereses del capital trasnacional y busca la liberalización

absoluta del comercio de bienes y

servicios e inversiones, el ALBA pone el acento

en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

El Alba se basa en mecanismos para crear ventajas

cooperativas y no competitivas entre las naciones

que permitan compensar las asimetrías

existentes entre los países. Se enfatiza en la cooperación

de fondos compensatorios para corregir

las desigualdades que ponen en desventaja a

los países débiles frente a las potencias. Por esta

razón el Alba le da prioridad a la integración latinoamericana

y a la negociación en bloques subregionales,

abriendo nuevo espacios de interés

común que permitan constituir alianzas estratégicas

y presentar posiciones comunes en los procesos

de negociación. El desafío es impedir la

dispersión en las negociaciones, evitando que las

naciones latinoamericanas o caribeñas sean fagocitadas

en medio del ALCA o, peor aún, en la

variante de los acuerdos bilaterales con potencias

centrales.

El ALBA es también una propuesta para construir

consensos para repensar los acuerdos de integración

hacia un desarrollo endógeno nacional

y regional que elimine la pobreza y las desigualdades

sociales, en la región más desigual del planeta.

Es, en definitiva, la herramienta de unidad

que está acompañando en esta hora histórica la

lucha por la liberación social que se ha desbocado

en América Latina. Es recuperar, 200 años más

tarde, la otra faceta de Morazán, Bolívar, San

Martín y Artigas: la del proyecto unitario como

única vía que garantice tanto la liberación nacional

cuanto la social.

Declaración de creación del Alba

DECLARACIÓN CONJUNTA ENTRE EL

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVA-

RIANA DE VENEZUELA Y EL PRESIDENTE

DEL CONSEJO DE ESTADO DE LA REPÚ-

BLICA DE CUBA PARA LA CREACIÓN DEL

ALBA

La Habana, 14 de diciembre de 2004.

Durante la visita oficial del presidente Hugo

Chávez Frías a Cuba, al cumplirse el décimo aniversario

de su encuentro con el pueblo cubano,

se produjo un amplio y profundo intercambio

entre el presidente de la República Bolivariana

de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado

de la República De Cuba, acompañados de

sus respectivas delegaciones, ambos jefes de estado

acordaron suscribir la siguiente declaración:

Subrayamos que el Área Libre de Comercio

para la Américas (ALCA) es la expresión más

acabada de los apetitos de dominación sobre la

región y que, de entrar en vigor construiría la

profundización del neoliberalismo y crearía niveles

de dependencia y subordinación sin precedentes.

Analizamos históricamente el proceso de integración

de la América Latina y el Caribe, y constatamos

que éste, lejos de responder a los

objetivos de desarrollo independiente y comple-

mentariedad económica regional, ha servido

como un mecanismo para profundizar la dependencia

y la dominación externa.

Constatamos también que los beneficios obtenidos

durante las últimas cinco décadas por las

grandes empresas transnacionales, el agotamiento

del modelo de sustitución de importaciones,

la crisis de la deuda externa y, más

recientemente, la difusión de las políticas neoliberales,

con una mayor transnacionalización de

las economías la tino americanas y Caribeñas y

con la proliferación de negociaciones para la conclusión

de acuerdos de libre comercio de igual

naturaleza que el ALCA, crean las bases que distinguen

el panorama de subordinación y retraso

que hoy sufre nuestra región.

Por tanto rechazamos con firmeza el contenido

y los propósitos del ALCA, y compartimos la

convicción de que la llamada integración sobre

las bases neoliberales, que ésta presenta, consolidaría

el panorama descrito, y nos conduciría a la

desunión aun mayor de los países latinoamericanos,

a mayor pobreza y desesperación de los

sectores mayoritarios de nuestros países, a la desnacionalización

de las economías de la región y a

un a subordinación absoluta a los dictados desde

el exterior.

Dejamos claro que si bien la integración es una

condición imprescindible para aspirar al desarrollo

en medio de la creciente formación de

grandes bloques regionales que ocupan posiciones

predominantes en la economía mundial, solo

una integración basada en la cooperación, la solidaridad

y la voluntad común de avanzar todos

de consuno hacia niveles aún más altos de desarrollo,

puede satisfacer la necesidades y anhelos

de los países latinoamericanos y caribeños, y

a la par, preservar su independencia, soberanía e

identidad.

Coincidimos en que la Alternativa Bolivariana

para los Pueblos de Nuestra América (ALBA)

propuesta por el Presidente Hugo Chávez Frías

en ocasión a la III Cumbre de Jefes de Estado y

de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe,

celebrada en la Isla de Margarita en Diciembre

del 2.001, traza los principios rectores de

la verdadera integración latinoamericana y caribeña,

basada en la justicia, y nos comprometemos

a luchar conjuntamente para hacerla

realidad.

Afirmamos que el principio cardinal que debe

guiar el ALBA es la solidaridad más amplia entre

los pueblos de América Latina y el Caribe, que se

sustenta con el pensamiento de Bolívar, Martí,

Sucre, O’Higgins, San Martín, Hidalgo, Petión,

Morazán, Sandino, y tantos otros próceres, sin

nacionalismos egoístas ni políticas nacionales objetivas

que nieguen el objetivo de construir una

Patria Grande en la América Latina, según lo soñaron

los héroes de nuestras luchas emancipadoras.

En tal sentido, coincidimos plenamente en que

el ALBA no se hará realidad con criterios mercantilistas

ni intereses egoístas de ganancia empresarial

o beneficio nacional en perjuicio de

otros pueblos. Solo una amplia visión latinoamericanista,

que reconozca la imposibilidad de que

nuestros países se desarrollen y sean verdaderamente

independientes de forma aislada, será

capaz de lograr lo que Bolívar llamó “ver formar

en América la más grande nación del mundo,

menos por su extensión y riqueza, que por su libertad

y gloria” y que Martí concibiera como la

“América Nuestra” para diferenciarla de la otra

América, expansionista y de apetitos imperiales.

Expresamos así mismo que el ALBA tiene por

objetivo la transformación de las sociedades Latinoamericanas,

haciéndolas más justas, cultas,

participativas y solidarias y que, por ello, está

concebida como un proceso integral que asegure

la eliminación de las desigualdades sociales y fomente

la calidad de vida y una participación efectiva

de los pueblos en la conformación de su

propio destino.

Compartimos el criterio de que, para alcanzar

los objetivos apuntados, el ALBA debe guiarse

por los siguientes principios y bases cardinales:

1. El comercio y la inversión no deben ser fines

en sí mismos, sino instrumentos para alcanzar un

desarrollo justo y sustentable, pues la verdadera

integración latinoamericana caribeña no puede

ser hija ciega del mercado, ni tampoco una simple

estrategia para ampliar los mercados externos

estimulando el comercio para lograrlo, se

requiere una efectiva participación del estado

como regulador y coordinador de la actividad

económica.

2. Trato especial y diferenciado, que tenga en

cuenta el nivel de desarrollo de los diversos países

y la dimensión de sus economías, y que garantice

el acceso de todas las naciones que

participen en los beneficios que se deriven del

proceso de integración.

3. La complementariedad económica y la cooperación

entre los países y producciones, de tal

modo que se promueva una especialización productiva

eficiente y competitiva que sea compati-

ble con el desarrollo económico equilibrado en

cada país, con las estrategias de lucha por la pobreza

y con la preservación de identidad cultural

de los pueblos.

4. Cooperación y solidaridad que se exprese

en planes especiales para los países menos desarrollados

en la región, que incluya un plan continental

contra el analfabetismo, utilizando

modernas tecnologías que ya fueron probadas en

Venezuela; un plan latinoamericano de tratamiento

gratuito de salud a ciudadanos que carecen

de tales servicios y un plan de becas de

carácter regionales, en las áreas de mayor interés

para el desarrollo económico y social.

5. Creación del fondo de emergencia social,

propuesto por el presidente Hugo Chávez en la

Cumbre de los Países Sudamericanos, celebrada

recientemente en Ayacucho.

6. Desarrollo integrador de las comunicaciones

y el transporte entre los países Latinoamericanos

y caribeños, que incluya planes conjuntos

de carreteras, ferrocarriles, líneas marítimas y aéreas,

telecomunicaciones y otras.

7. Acciones para propiciar la sostenibilidad del

desarrollo mediante normas que protejan el ambiente,

estimulen un uso racional de los recursos

e impidan la proliferación de los patrones de con-

sumo derrochadores y ajenos a las realidadades

de nuestros pueblos.

8. Integración energética entre los países de la

región: que se asegure el suministro estable de

productos energéticos en beneficio de las sociedades

latinoamericanas y caribeñas, como promueve

la República Bolivariana de Venezuela

con la creación de Petroamérica.

9. Fomento de las inversiones de capitales latinoamericanos

en la propia América Latina y el

Caribe, con el objetivo de reducir la dependencia

de los países de la región de los inversionistas foráneos.

Para ello se crearían, un fondo latinoamericano

de inversiones, un banco de desarrollo

del sur, y la sociedad de garantías recíprocas latinoamericanas.

10. Defensa de la cultura latinoamericana y caribeña

y de la identidad de los pueblos de la región,

con particular respeto y fomento de las

culturas autóctonas e indígenas, Creación de la

Televisora del Sur (Telesur) como instrumento alternativo

al servicio de la difusión de nuestras realidades.

11. Medidas para que las normas de propiedad

intelectual, al tiempo que protejan el patrimonio

de los países latinoamericanos y caribeños

frente a la voracidad de las empresas transnacio-

nales, no se conviertan en un freno de la necesaria

cooperación en todos los terrenos en entre

nuestros países.

12. Concertación de posiciones en la esfera

multilateral y en los procesos de negociación de

todo tipo con países y bloques de otras regiones,

incluida la lucha por la democratización y la

transparencia de las instancias internacionales,

particularmente de las Naciones Unidas y sus órganos.

En el año en que se conmemora el 180 aniversario

de la gloriosa victoria de Ayacucho y de la

convocatoria al Congreso de Anfictiónico de Panamá,

que trató de abrir el camino de integración

de nuestros países, frustrado desde entonces, expresamos

nuestra convicción de que ahora, finalmente,

con la consolidación de la Revolución

Bolivariana y el fracaso indiscutible de las políticas

neoliberales impuestas a nuestros países, los

pueblos latinoamericanos y caribeños se encuentran

en el camino de su segunda y verdadera independencia.

El surgimiento de la Alternativa

Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América

propuesta por el Presidente Hugo Rafael Chávez

Frías es su mejor expresión.

Hugo Chávez Frías

Presidente de la República

Bolivariana de Venezuela.

Fidel Castro Ruz

Presidente del Consejo de

Estado de la República de Cuba.

Luego de la firma de ese acuerdo en 2004 entre

la vanguardia ideológica de América Latina

(Cuba) y la vanguardia política (Venezuela), al

año siguiente se sumó el país que se constituyó

en la vanguardia social del continente, Bolivia.

En 2007 entró al Alba Nicaragua y en el 2008

Honduras. Ya en el 2009 lo hicieron Ecuador, San

Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y

Dominica.

Hugo Chávez suele decir que en el proceso de

integración americana no falta nadie porque hay

un militar (él), un indio (Evo Morales), un obrero

(Lula), una mujer (Cristina), un economista (Correa)

y ahora un obispo (Lugo). Podría agregar a

un empresario (Mel Zelaya), aunque esa lista no

coincide totalmente con la del ALBA.

Sin embargo, sirve para marcar la sorpresa

que significó el acercamiento de Zelaya a estos

procesos de integración latinoamericanos, por

tratarse de un empresario maderero y representante

del Partido Liberal que, sin embargo, ha

adoptado un discurso basado en la integración y

en la justicia social.

El germen de la integración

Hemos dicho que América Latina ha recuperado

la lucha por la liberación social que quedara

trunca hace 200 años. Y hemos dicho también

que esa lucha viene a completar la liberación nacional,

y en un marco de integración que es el

ALBA, todos postulados básicos de nuestros mejores

hombres de ayer y de hoy, desde Simón Rodríguez,

Francisco de Miranda, Simón Bolívar,

Antonio José de Sucre, Bernardo O’Higgins, Manuel

Belgrano, José de San Martín, Mariano Moreno,

Bernardo de Monteagudo y José Gervasio

de Artigas, hasta Hugo Chávez, Evo Morales,

Fidel y Raúl Castro y Rafael Correa, entre otros.

Ahora bien, ¿cuál puede ser la reacción de las

fuerzas opresoras, de ayer y de hoy? ¿Cuál la de

las oligarquías locales de ayer y de hoy, que son

las mismas, y cuál la del imperio de ayer (España)

y de hoy (Estados Unidos)?

Sería muy ingenuo pensar que no habrá reacción

de los opresores ante la intención de liberarse

del oprimido. Como decía el gran

ecuatoriano Eloy Alfaro: “La libertad no se implora

de rodillas, se gana en los campos de batalla”.

El Imperio, principalmente, no puede permitir

que este proceso de dignificación de los pueblos

tenga éxito y continúe adelante. Por un lado por

una cuestión de rapiña, principalmente de los recursos

naturales que están siendo recuperados:

producción de alimentos, petróleo, gas y, principalmente,

agua.

Pero por otro lado, porque políticamente no

puede el Imperio permitir que revoluciones de

este tipo se consoliden. De hecho, este proceso de

autonomía y liberación comenzó en 1998 en Venezuela

y luego se extendió a Bolivia, a Ecuador,

y sigue como una mancha por el continente. Lo

mismo con la integración del ALBA, comenzó

con dos países en 2004 y ya son nueve con posibilidades

de ser 11. Es un “mal ejemplo” para el

resto de los pueblos de América y del mundo.

Por lógica, por proximidad geográfica, por historia

de explotación común y por muchas otras

razones, los pueblos de África son los más ex-

puestos a la influencia de la revolución bolivariana

que campea por América Latina.

De hecho, el 26 y 27 de setiembre de 2009 se

realizó la Segunda Cumbre América del SurÁfrica

(ASA), en la isla Margarita, Venezuela.

La declaración contiene 95 puntos divididos

en 15 capítulos que recogen los planteamientos

expuestos por los presidentes y jefes de Estados

asistentes y finaliza con la convocatoria a la tercera

cumbre ASA en Libia en 2011.

Destaca la necesidad de promover la paz, la

seguridad, cooperación internacional, el desarme

mundial, la no proliferación de armas nucleares,

la lucha contra el tráfico de armas, el rechazo al

terrorismo, la piratería, el narcotráfico, el mercenarismo,

la delincuencia organizada y el tráfico

de personas.

En el marco multilateral, la Cumbre ASA renovó

el compromiso del respeto por las normas

y principios del derecho internacional y la Carta

de Naciones Unidas.

Los jefes de Estado y de gobierno africanos y

sudamericanos expresaron su apoyo a la reforma

del Consejo de Seguridad de la ONU, al

tiempo que se pronunciaron por una mayor participación

de los países en desarrollo de las regiones

suramericana y africana. En ese sentido,

en el documento final se pidió corregir los desequilibrios

y hacer del Consejo de Seguridad de

las Naciones Unidas “un órgano más democrático,

transparente, representativo, efectivo y legítimo,

que responda a las nuevas realidades

políticas”.

En el campo de la economía, la Cumbre del

ASA se pronunció por un comercio transparente,

no discriminatorio, justo e inclusivo.

Los asistentes se pronunciaron por la defensa

del medio ambiente, luchar contra la pobreza y

el hambre, además de aumentar la cooperación

energética entre América del Sur y África con el

fin de contribuir al crecimiento industrial.

Hubo más de 60 delegaciones que llegaron a la

isla Margarita y uno de los temas de mayor relevancia

fue el establecimiento de un mecanismo

financiero para contrarrestar la crisis económica

del capitalismo. Incluso cundió el ejemplo del

Banco del Sur y otras herramientas financieras

propias como el Banco del ASA, que sea propia

de los países históricamente sojuzgados.

África y Sudamérica suman en conjunto un territorio

de más de 40 millones de kilómetros cuadrados,

con una población de 1.200 millones de

habitantes y el 24 por ciento de las reservas de

petróleo en el mundo. Es decir, se propaga el ger-

men de la integración de los que siempre estuvieron

divididos por mandato de los poderosos.

Golpe al Alba

En este contexto, volvemos otra vez la mirada

sobre el ALBA y porqué el golpe del 28 de junio

no fue sólo contra Honduras y contra Zelaya.

Pero habíamos dicho que el ALBA está compuesto

por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador,

Nicaragua, Honduras, Dominica, San Vicente y

las Granadinas y Antigua y Barbuda. De todos

ellos, ¿por qué elegir a Honduras?

Por un lado, conviene recordar que ya se intentaron

golpes destituyentes de distintas características

en Venezuela en abril de 2002 y en

Bolivia en setiembre de 2008.

En el golpe contra Hugo Chávez hubo muchos

puntos en común con el golpe del 28 de junio

contra Zelaya. Fue un golpe en gran parte orquestado

y llevado a cabo por los grupos mediáticos

concentrados y, si bien intervino en ambos

casos el ejército, asumió el gobierno un civil, en el

caso de Venezuela Pedro Carmona “el breve”.

En cambio, el golpe cívico-prefectural de 2008

contra Evo Morales en Bolivia tuvo elementos

distintos, como el componente racista y separatista

de los cívicos de Santa Cruz de la Sierra y la

Media Luna.

El golpe de abril del 2002 en Venezuela fracasó

por la impresionante reacción del pueblo en defensa

de la democracia, de la revolución bolivariana

y de su líder, Hugo Chávez. El de setiembre

de 2008 en Bolivia fracasó también por las protestas

populares. Pero además por la inmediata

reacción de la Unión de Naciones Sudamericanas

(Unasur), que convocada por la presidenta chilena

Michelle Bachelet, reunió de urgencia a

todos los presidentes sudamericanos en Santiago

el 11 de setiembre, en la mismísima Casa de la

Moneda, el mismo lugar donde 35 años antes

(1973) Augusto Pinochet derrocó al presidente

socialista Salvador Allende.

Entonces, en el marco de la reacción del Imperio

y las oligarquías locales contra la revolución

del ALBA, ya habían fracasado intentos

golpistas en Venezuela y Bolivia. Por otro lado,

San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda

y Dominica son países chicos, donde un eventual

golpe tendría un impacto menor. Están quedando

entonces Ecuador, Nicaragua y Honduras.

Ecuador vive una situación que se aproxima a

la de Venezuela o Bolivia. Por formar parte tam-

bién de Unasur el precedente de Bolivia hubiera

sido importante y por el enorme apoyo popular

del presidente Rafael Correa, reelecto el 26 de

abril de 2009 en primera vuelta electoral con el

52 por ciento de los votos, el peligro de fracaso

social y político de los golpistas era muy grande.

Por su parte, Nicaragua es muy distinta a

Honduras, por su historia política, la experiencia

de lucha de los ’70 y de gobierno sandinista de

los ’80, al contrario de Honduras, que siempre

fue el portaaviones de Estados Unidos en Centroamérica,

como ya se consignó.

Por todos estos motivos, Honduras era el lugar

indicado para asestar un golpe de Estado acompañado

de represión y terrorismo de Estado que

sirva de amenaza al resto de los pueblos de nuestra

América. Es el eslabón más débil del Alba,

donde la oligarquía sigue fuerte y armada, y el

pueblo todavía en vías de organización, a pesar

de los avances que había logrado el gobierno de

Zelaya.

 

CAPÍTULO TRES

¿Quién es Mel Zelaya?

José Manuel “Mel” Zelaya Rosales nació el 20

de setiembre de 1952 en la ciudad de Catacamas,

departamento de Olancho, al noreste de Tegucigalpa.

Olancho es una zona maderera y la familia

Zelaya pertenece a la élite empresaria y

terrateniente. Fue a los mejores colegios privados,

el Niño Jesús de Praga y el Luis Landa, y

luego al Instituto Salesiano San Miguel en Tegucigalpa.

Estudió en la universidad ingeniería industrial,

pero abandonó en 1975 para ocuparse

de las empresas de su padre cuando éste fue declarado

cómplice de los delitos de tortura y ase-

sinato de 14 dirigentes rurales, un episodio que

marcó a Mel para toda la vida.

Zelaya ingresó en el Partido Liberal en 1970

como coordinador de organización y consejero

departamental de Olancho por el Movimiento

Rodista. En 1983 el ingeniero José Azcona Hoyo

rompió con el MLR. Este rompimiento dio lugar

a una nueva facción del Partido Liberal, la cual

se denominó “Movimiento Azconista,” al que se

unió Zelaya. En noviembre de 1985 José Azcona

Hoyo ganó las elecciones presidenciales, y Mel

obtuvo su primera diputación por el departamento

de Olancho al Congreso hondureño.

Durante su primer período como diputado,

fue presidente de las comisiones de Recursos Naturales

y Petróleo, y ocupó el cargo de secretario

de la Junta Directiva del Congreso. En 1990, durante

la presidencia del conservador (Partido Nacional)

Rafael Leonardo Callejas, Zelaya fue

reelecto diputado. En 1994, bajo la presidencia

del liberal Carlos Roberto Reina, ocupó el Ministerio

y la Dirección ejecutiva del Fondo Hondureño

de Inversión Social. También fue diputado

por el Departamento Francisco Morazán entre

1998 y 1999; asesor del presidente Carlos Roberto

Flores Facussé en 1998; secretario de Organización

y Propaganda del Consejo Central Ejecutivo

de 1999-2004; y miembro del Foro Nacional de

Convergencia, entre otros importantes cargos públicos.

Todo esto es para graficar el hecho de que

Zelaya ocupó muchísimos cargos, ejecutivos y legislativos,

e hizo la carrera política que hace cualquier

dirigente de los partidos tradicionales que

llega finalmente a los lugares más encumbrados.

En el 2005, el Partido Liberal presentó a Manuel

Zelaya Rosales como su candidato para las

elecciones presidenciales, derrotando en las

urnas al candidato del gobernante Partido Nacional,

Porfirio “Pepe” Lobo Sosa.

Antes de tomar posesión exigió al Congreso

que se aprobara una ley de participación ciudadana,

la cual se aprobó el mismo 27 de enero de

2006, día de la toma de posesión.

Pese a esa actitud progresista, ese primer año

de mandato no deparó grandes sobresaltos para

el establishment político y económico que lo

había llevado al poder. Seguía pareciendo un

hombre confiable que defendería y siempre defendería

los intereses de las clases dominantes y

del Imperio, como todos los anteriores presidentes

hondureños, con más y con menos.

Por ese motivo, en su primer año de gobierno,

tuvo que enfrentar una ola de protestas de dife-

rentes grupos sociales, como por ejemplo los

maestros, quienes le exigían el cumplimiento del

estatuto del docente como derecho adquirido y

conquista laboral, conflicto que terminó a favor

de los trabajadores.

Para ese entonces, los distintos gobiernos neoliberales

habían colocado a Honduras como el segundo

país más pobre de América, después de

Haití y desplazando al tercer lugar a Nicaragua.

El objetivo del primer año de gobierno de Zelaya

fue controlar la inflación. En diciembre, dijo a los

periodistas: “El 2006 lo estamos cerrando con mejores

indicadores que el 2005, 2004 y 2003, hay

una estabilidad de precios que nos está permitiendo

cerrar el año con el más bajo nivel de inflación

registrado en los últimos 16 años. La

CEPAL (Comisión Económica para América Latina

y el Caribe), este año colocó a Honduras en

uno de los primeros lugares de crecimiento económico

de la región centroamericana”.

La única luz amarilla que se encendió durante

su primer año de mandato fue la remoción de varios

de sus funcionarios, incluso algunos ministros,

por ineficiencia o supuesta corrupción. A

Zelaya no le importó que fueran sus amigos o correligionarios

del Partido Liberal, los sacó del go-

bierno, en una actitud extraña en un mandatario

hondureño.

El año 2007 comenzó con la novedad de su

oposición a la minería a cielo abierto, afectando a

empresas como Barrick Gold, Gold Corporation

y American Pacific. Y lanzó un programa gubernamental

de protección a los bosques hondureños,

especialmente en una zona muy importante:

el ecosistema de Río Plátano, en la Mosquitia,

sobre el Caribe. Esta sí fue una señal más intensa

de preocupación para los poderosos de este país,

sobre todo viniendo de un empresario maderero.

Si era capaz de afectar sus propios intereses, lo

que podría hacer con los de los demás, pensaron

sus aliados de clase.

Y efectivamente, no estaban equivocados, porque

a renglón seguido decidió que el Estado comenzara

a cobrar los impuestos como

corresponde a los grandes capitales, tanto nacionales

como internacionales, incluidos los grupos

concentrados de medios de comunicación. La relación

con sus pares de toda la vida comenzaba a

resquebrajarse definitivamente porque tomaron

esta decisión como una afrenta personal. Pero fue

ayudado por las circunstancias.

El 21 de enero Honduras fue beneficiada con

la condonación de la deuda externa de unos 1.400

millones de dólares por parte del Banco Interamericano

de Desarrollo.

Luego creció la sorpresa cuando se acercó a los

presidentes Daniel Ortega, de Nicaragua, y Hugo

Chávez, de Venezuela, beneficiando concretamente

a la población con planes sociales en materia

de salud y educación como el plan

Operación Milagro (en los primeros dos años se

operaron de cataratas 3.500 ancianos hondureños

sin jubilación ni obra social), Barrio Adentro (que

lleva los servicios esenciales de salud a los barrios

más pobres) o Yo sí puedo (alfabetización).

En diciembre de 2007 se produjo un hecho

muy importante por su valor simbólico: el Gobierno

de Venezuela condonó una vieja deuda de

30 millones de dólares que tenía Honduras desde

los ‘80.

Pero el año del giro total fue el 2008. Ya a principios

de ese año Honduras entró a Petrocaribe y

el 15 de febrero Hugo Chávez firmó en Tegucigalpa

un convenio para vender hidrocarburos a

Honduras con condiciones especiales de pago. A

partir de este convenio, Honduras aumentó la

compra a Venezuela a la cantidad de 20 mil barriles

diarios de combustible, que incluye el 100

por ciento del fueloil y 30 por ciento del diesel

utilizados por las plantas térmicas generadoras

de electricidad. Todo esto en detrimento de los

grandes y aparentemente eternos negociados de

la Standard Oil (Esso) y la Texaco.

Los beneficios eran muchos. Si bien Honduras

comenzó a comprar el petróleo venezolano a precio

de mercado, pagaba al contado el 60 por

ciento y dejaba el restante 40 por ciento como

préstamo concesional pagadero en 25 años, con

dos de gracia y un interés del uno por ciento

anual.

Todo esto se trasladó automáticamente a la población

porque hubo una baja importante del

precio de la nafta, beneficiando en primer lugar

a los transportistas, y luego a toda la economía.

Pero además, los largos plazos y bajos intereses

en el pago del combustible se tradujeron en un

ahorro importante de capital que pudo ser destinado

por Zelaya a planes sociales. Por ejemplo,

se implementó ese año la seguridad social para

empleadas domésticas y trabajadores de la construcción,

beneficiando a miles y miles de hondureños.

Finalmente, el 26 de agosto de 2008 se produjo

la adhesión de Honduras al Alba, en un acto en

Tegucigalpa en el que estuvieron presentes los

presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, de Bolivia,

Evo Morales y de Nicaragua, Daniel Ortega.

En el acto, con su tradicional sombrero de

estanciero hondureño, Mel Zelaya dijo: “No

somos empresarios que están tratando de hacer

negocios entre sí, sino que entre Estados estamos

tratando de satisfacer algunas demandas”. Extraño

escuchar a un empresario decir estas cosas,

¿no?

Pero ante esta realidad, la derecha hondureña

puso el grito en el cielo. Inmediatamente, el Consejo

de la Empresa Privada emitió un comunicado

diciendo: “El Alba conspira contra la libertad

de comercio, las libertades individuales y la libre determinación

de la sociedad, va en contra de las regulaciones

de la Organización Mundial del Comercio y

la empresa”.

Por su parte, el ex presidente conservador Ricardo

Maduro (nacido en Panamá) aseguró que

“al firmar el convenio del Alba, el gobierno declarará

la guerra a más de 1,2 millones de hondureños que residen

en Estados Unidos, que envían (casi tres mil millones

de dólares en) remesas cada año a sus familiares

y sostienen nuestra economía”.

A estas palabras de mal agüero, Zelaya respondió

en diciembre, antes de las fiestas de fin

de año, con un aumento del doble del salario mí-

nimo, medida que terminó de enamorar a las

grandes mayorías y de enfrentarlo con los poderosos.

Muchos empresarios privados se negaron a

cumplir con la medida y hasta iniciaron un lock

out patronal, aduciendo como siempre, que sus

empresas no estaban en condiciones de dar los

aumentos, y que la economía nacional se resentiría.

La misma historia de toda la vida: empresas

pobres de empresarios multimillonarios que

viven entre Tegucigalpa y Miami.

Así era él también, igual que cualquier otro

dueño de Honduras, con sus tierras, sus empresas,

sus trabajadores casi esclavizados, sus camionetas

enormes, sus ropas compradas en

Estados Unidos, su sombrero de patrón de estancia.

¿Qué pasó entonces? ¿De dónde salió este

otro Mel que habla de justicia social, de sensibilidad

con los más humildes, incluso de progresismo

y de izquierda?

Nadie se lo explica, ni él mismo lo puede explicar

cabalmente. Cuando alguien le pregunta

esto, responde que una vez en el poder se dio

cuenta del sufrimiento del pueblo y decidió hacer

algo para cambiar esa realidad.

Aunque no lo diga, lo atribuye a una iluminación

divina, ya que desde la izquierda hasta la

derecha, todos los hondureños meten a Dios en el

medio para todo, no lo dejan en paz.

Consultados distintos dirigentes sociales y líderes

del Frente Nacional de Resistencia contra

el Golpe de Estado, como Juan Barahona, Carlos

Humberto Reyes o el cura Andrés Tamayo, todos

coincidieron en responder que no tienen una explicación

racional para el cambio personal y político

de Zelaya pero que creen en su honestidad

y en que el cambio es real.

Lo cierto es que Mel se convirtió en un traidor

a su clase, la clase dominante que lo llevó al

poder para que le cuidara sus intereses, como

vienen haciendo desde hace décadas, turnándose

y repartiéndose entre 10 familias la riqueza de

siete millones de hondureños.

Por contrapartida, se transformó para el pueblo

en un aliado, un amigo, un líder. Y la prueba

está en la reacción heroica de miles y miles de

hondureños que no han dejado de estar en la

calle desde el 28 de junio en que fue depuesto ilegal

e ilegítimamente.

En su inexplicable cambio se puede encontrar

una explicación a la reacción popular y a su persistencia

en buscar la restitución en la Presidencia,

pero en su historia anterior se puede

encontrar también la explicación a algunas limi-

taciones de forma y de fondo, de metodología y

de ideología, en la lucha por esa restitución.

Quizás unas entrevistas hechas a fines de julio

con él de un lado de la frontera con Nicaragua y

con su familia del otro lado, puedan ayudar a entender

estos conceptos.

Entrevista con Manuel Zelaya, Ocotal, Nicaragua,

sábado 25 de julio de 2009.

Después del segundo día de intentos para volver

a su país, cae la tarde en el paso fronterizo de

Las Manos, y Zelaya se pone a organizar a sus seguidores

para volver al pueblo de Ocotal y armar

el campamento para dormir, la atención sanitaria

y la comida. Caminando por la ruta improvisamos

una entrevista, aunque bastante cortada

porque se le acerca un colaborador a preguntarle

algo, luego un seguidor a palmearlo, luego un

policía nicaragüense a avisarle algo al oído.

-Estos golpistas no tienen idea en el lío que se

han metido, ahora no saben por dónde salir, y

por eso se aferran a los fusiles, pero yo les digo

que todavía están a tiempo de rectificarse.

-¿Este golpe de Estado fue sólo contra usted o

fue también contra el Alba, contra Chávez y con-

tra todos los procesos de cambios en Latinoamérica?

-Hay muchos golpistas que están pagando

anuncios publicitarios contra Chávez. Pareciera

que el golpe fuera contra Chávez, pero el golpe

fue concretamente contra mi gobierno y contra el

pueblo de Honduras. Piensan que con el golpe

en Honduras debilitan a Chávez, pero el problema

de Honduras no es Chávez, que lo único

que ha hecho es ayudarnos, igual que Cuba,

sobre todo en sectores como salud y educación.

-¿Y qué grado de injerencia le atribuye usted a

los Estados Unidos?

-Este golpe lo han dado sectores de extrema

derecha de Washington. No el gobierno sino algunos

sectores y congresistas republicanos y de

la derecha demócrata. Ahí están por ejemplo

Otto Reich y Robert Carmona, entre otros.

-Con la colaboración de la oligarquía local…

-El problema de Honduras es que hay una

élite que quiere impedir que el pueblo se apodere

de su democracia para regir sus propios destinos.

Son los dueños del poder económico del país y

no quieren compartir la riqueza con nadie. Yo no

me enojo conque alguien tenga dinero. El problema

no es tener dinero. Usted puede tener di-

nero si se gana la lotería o si se casa bien. El problema

es que con ese dinero atropelle a los demás

y financie un golpe de Estado.

-¿Por qué reaccionaron así? ¿Su gobierno era

de izquierda, era revolucionario, cómo lo definiría?

-Nosotros luchamos por una bandera de democracia

y paz. Hubo guerrilleros que dejaron

sus armas para luchar en paz. Ahora, ex movimientos

guerrilleros han ganado elecciones en El

Salvador y en Nicaragua, y han instalado gobiernos

de izquierda. Y estos golpistas hondureños

se asustan de la izquierda, pero están rodeados

de gobiernos de izquierda, y no van a poder detener

a la izquierda porque el pueblo es más

fuerte que cualquier grupo sectario de derecha.

Yo les quiero decir a este grupo sectario golpista:

todo lo que ustedes están haciendo es nulo, quedan

como delincuentes, dejen todo y váyanse a

sus casas.

-Ellos se escudan en las elecciones del 29 de

noviembre…

-El pueblo de Honduras está en rebelión y

opuesto a este proceso de elecciones con los dos

aspirantes de los partidos tradicionales (“su” Partido

Liberal y el Partido Nacional) avalando el

golpe de Estado. Mira lo que es Dios, Elvin (San-

tos, el candidato liberal) se opuso a la cuarta urna

diciendo que era ilegal y ahora Dios lo castigó

poniéndolo en la casilla cuarta. Entonces, como

la cuarta urna es ilegal según tú, Elvin, tu candidatura

también es ilegal. Hay que creer en Dios,

hay que humillarse ante Dios y ponerse en sus

manos.

Conferencia de prensa de Mel Zelaya en Ocotal,

domingo 26 de julio de 2009.

“Antes que nada quiero dar un especial reconocimiento

y agradecimiento al pueblo de Nicaragua,

al pueblo de Sandino, al presidente Daniel

Ortega, a todos los nicaragüenses, por esta hospitalidad

y esta solidaridad, lo digo como patriota

centroamericano, hijo de Morazán, me

siento muy emocionado de estar en Ocotal, la tierra

donde Sandino ganó su primer batalla contra

los invasores. Y como la historia se repite, aquí

estamos ganando la primer batalla, que es poner

en orden y desenmascarar a los que financiaron,

a los que armaron intelectualmente al golpe de

Estado y a los que lo llevaron a cabo.”

“No sé por qué me apuntan con los rifles, si lo

único que queremos es justicia. A mi familia, mi

esposa, mis hijos y mi madre, que están detenidos

en este momento cerca de la frontera y no los

dejan que lleguen aquí a abrazarme.”

“Están reprimiendo las libertades cívicas, no

se permite la libertad de circulación, la libertad

de expresión ni la libre asociación, hay una dictadura.”

“Quiero agradecer a todos los compañeros

que están llegando hasta aquí, qué gran esfuerzo

han hecho ustedes compañeros. A quienes han

venido de todas las profundidades de Honduras.”

“Mire, a mí me gustaría tomar el nombre de

todos los que están luchando en Honduras y aquí

en Nicaragua, tomar los nombres de todos los

mártires que están cayendo bajo las balas del tirano.

Sepan que sus nombres van a estar escritos

con letras de bronce en la historia por su heroísmo

y patriotismo. Aquí nos vamos a organizar

en columnas de ciudadanos para apoyar desde

aquí al Frente Nacional de Resistencia contra el

Golpe.”

“Estoy agradecido de los apoyos de la comunidad

internacional, pero pienso yo que deberían

ser más fuertes, sobre todo de los personeros de

los Estados Unidos al señalar las atrocidades que

están haciendo los golpistas y dejar de decir que

hay negociaciones. No hay negociaciones con

golpistas.”

“Acá hay campesinos, maestros, gente que ha

caminado tres, cuatro, siete horas escapando a los

retenes. En este momento siento que tengo que

estar con ellos, con este pueblo hondureño que

canta, que llora, pero sobre todo que lucha. Entonces,

¿cuánto tiempo voy a estar aquí en el

Ocotal? El tiempo que sea necesario y el tiempo

que el pueblo hondureño me lo exija.”

“También me gustaría conocer los nombres de

los que no aceptan esta dictadura dentro de las

Fuerzas Armadas, yo sé que hay militares honestos

que quieren lo mejor para su país, que repudian

lo que han hecho Romeo Vázquez

Velázquez y Roberto Micheletti.”

“Hay muchos de esos militares honestos que

me mandan a decir que tienen miedo de que les

hagan juicio sumarísimo y los castiguen, pero

creo que en cualquier momento los militares honestos

de Honduras lo agarran a Romeo Vázquez

y lo ponen en su sitio. Romeo no creo que sea tan

ingenuo de haberse creído lo que le dijeron los

que financiaron el golpe, que quitar un presidente

de la forma que lo hizo es legal, no creo

que no sepa que dio un golpe de Estado, que

rompió la ley, la constitución, el estado de derecho,

y usurpó los poderes del Estado. Lo que le

manda la constitución es ser obediente al presidente,

así que él no tiene que andar haciendo reuniones

con políticos ni reuniones con nadie. Yo le

ordené que fuera a distribuir el material de las

urnas para una consulta no vinculante sobre la

cuarta urna.”

“Ellos nos apuntan con fusiles y nosotros los

combatimos con banderas blancas, y con esas

banderas blancas los vamos a vencer y los vamos

a hacer caer, los vamos a sacar de ese poder que

han usurpado y que sólo le corresponde al pueblo

hondureño.”

“Yo he vivido muchos golpes de Estado en mi

país. Recuerdo el de 1963, la convulsión duró dos

días. Hubo otro en 1972, en ese la convulsión

duró 10 minutos. Agarraron al presidente de la

mano y le dijeron que se fuera a su casa y el presidente

dijo: “Sí, no hay problema”, nadie protestó.

Otro golpe en 1974, pasó lo mismo y otro

en 1978, igual. ¿Y el pueblo? Sin problemas, callado.

Esta vez, estos golpistas se equivocaron,

pensaron que este era el mismo pueblo que

aquel, pero hoy hay un pueblo valiente en Honduras.

Un pueblo que despertó y que defiende su

democracia. Porque en Honduras, al presidente

de la Nación no lo ponen ni las Fuerzas Armadas,

ni el Congreso ni la Corte Suprema de Justicia,

al presidente lo pone el pueblo, y ese derecho

lo vamos a pelear con sangre, vida y corazón.”

Entrevista con Xiomara Castro, esposa de Manuel

Zelaya, en Jacaleapa, Honduras, lunes 27 de

julio de 2009.

“Nos pasó lo mismo que a Allende con Pinochet”

En el paraje Jacaleapa, a unos 40 kilómetros de

la frontera con Nicaragua, un nuevo retén militar

interrumpe la carretera. En este caso son muchos

más los hombres de verde, armados hasta los

dientes. Es que a un costado de la ruta, está

acampando la familia del presidente constitucional

de Honduras, Manuel Zelaya.

Está la primera dama, Xiomara Castro, por ahí

también su suegra y más allá, en la parte de atrás

de una camioneta, improvisando una siesta, su

hija la “Pichu”. Hay más vehículos, de todo tipo,

y un centenar de personas, sobre todo humildes,

apoyándolas.

Se acerca y me atiende amablemente, fuerza

una sonrisa aunque se le nota el cansancio en el

rostro. Ya lleva tres días aquí, en las camionetas

y yendo a la noche a comer, bañarse y dormir a

una casa que unos lugareños le abren.

-El jefe de las Fuerzas Armadas, general

Romeo Vásquez Velázquez le ofreció un helicóptero

para cruzar la frontera y encontrarse con su

esposo. ¿No confía en ese ofrecimiento?

-Imagínate tú que yo voy a confiar en las personas

que arrestaron al Presidente, que ingresaron

a mi casa a punta de bala, que rompieron las

puertas y sacaron al Presidente amarrado de las

manos y de los pies y pretenden que vuelva a

confiar en ellos y digo vuelva porque cuando el

Presidente lo destituye al general Vázquez Velázquez

y lo anuncia en un medio de comunicación

el miércoles 24 de junio, el general estuvo

llamándome tres, cuatro veces al día y su última

llamada fue a las dos de la tarde del sábado me

dijo así: “Comandanta le quiero informar que

aquí está todo controlado, que todo está tranquilo,

el hecho de que las urnas la distribuyan a

través de la sociedad civil nos puede permitir a

nosotros los militares acompañar a la policía y

resguardar el proceso, dígale al Presidente que lo

esperamos en el Estado Mayor, que aquí estamos

reunidos todos los generales, y que queremos tomarnos

un cafecito con él. Yo llamé al Presidente

y le dije todo eso, y yo creo que él se confió después

de mi llamada, porque durante todos esos

días previos él había estado durmiendo en diferentes

casas, pero esa noche volvió a nuestra

casa. El general dijo que amaba a su país, que

venía de la entraña del pueblo, que las Fuerzas

Armadas lo único que han hecho es resguardar,

que los únicos que están deteniendo son los policías,

pero en realidad, los que están reprimiendo

más son los militares. Si ya confié una

vez, y después volvimos a confiar”.

-Es decir que esos días previos ustedes preveían

la posibilidad de un golpe.

-Los militares le deben obediencia al comandante

general que es el Presidente. Pero hubo

una desobediencia, con el pronunciamiento mili-

tar ante la destitución de Romeo Vázquez Velázquez.

Desde ese momento, ya comenzamos a

temer la posibilidad de un golpe de Estado.

-Y antes de esa semana, ¿cómo era la relación

de su familia con Romeo Vázquez Velázquez? ¿Él

era un hombre de confianza suyo y del Presidente?

-Sí, pensábamos que era un hombre leal.

Cuando hablábamos con él y lo escuchábamos,

nos inspiraba confianza, con la humildad y la

tranquilidad con que él habla, nos convenció. De

hecho el Presidente lo ratificó en este gobierno

porque venía de antes en el cargo.

-¿A ustedes les pasó lo mismo que a Salvador

Allende con Augusto Pinochet?

-Exactamente, confiamos en él. Ustedes tienen

que tener claro lo que está pasando aquí y ahora

es lo mismo que sucedía en las décadas de los ’70

y ’80 en todos los países de América Latina. Era

casi una tradición que los militares estuvieran gobernando

¡Pero cuánto luchamos nosotros por la

democracia! ¡Cuánto les ha costado a ustedes

como país cambiar la historia. Ustedes han luchado

por eso, cuántos muertos, cuántos vejámenes

han tenido ustedes por causa de estas

mismas cosas. Nosotros también. Pero nuca habíamos

visto una reacción popular como la que

tenemos ahora, los golpes de Estado duraban 15

minutos y la gente sólo miraba y aceptaba. Hoy

la gente tiene conciencia, hoy sabe lo que significa

tener un golpe de Estado en nuestro país. La

gente se ha rebelado.

-Y en todos esos golpes que usted menciona,

estaba siempre Estados Unidos. Ahora también

se habla mucho de una reunión crucial en la Embajada

de los Estados Unidos, previamente al

golpe…

-Sí, antes del golpe hubo reuniones con el Presidente,

en las que estaban los candidatos de los

partidos Liberal y Nacional, estaba el propio Roberto

Micheletti como presidente del Congreso y

el embajador de los Estados Unidos, Hugo Llorens.

Ellos estuvieron buscando una solución a

algo a lo que no podían oponerse, que era la consulta

por la cuarta urna, que no era nada más que

preguntar a la población si quería que en las elecciones

generales de noviembre se instalara una

cuarta urna en la que se consultara a su vez la posibilidad

de una Asamblea Constituyente.

-Pero en esas reuniones estaban los principales

actores políticos hondureños, ¿por qué tenía que

estar ahí el embajador de los Estados Unidos?

-Ha existido una relación desde que el embajador

Hugo Llorens llegó a nuestro país, y a tra-

vés de él se pudo lograr sentar a estas personas.

Él prácticamente era quien convocaba y él estaba

allí y escuchaba, quienes hablaban eran los políticos

hondureños. Llorens era como un mediador,

era la persona que tenía la capacidad de

convocar a uno y a otro. Y las reuniones eran en

la residencia del embajador, no en la embajada.

-Cuando la gente, incluso los golpistas, se refieren

a Manuel Zelaya, hay varias expresiones,

como ex presidente, presidente depuesto, y muchas

más. Pero cuando se refieren a usted, siguen

diciendo primera dama. ¿Por qué será?

-Mire, yo no me había dado cuenta de esto,

pero la verdad es que nosotros en estos tres años

hemos trabajado por los más humildes como

nunca antes se hizo y la oportunidad de que yo

sea parte del Gabinete Social para hacer tareas sociales

fue decisión del Presidente. Hicimos acciones

para atender a 170.000 personas que vivían

en la extrema pobreza, y en el lapso de tres años

redujimos un 10 por ciento la extrema pobreza.

Probablemente por todo esto me he ganado un

respeto especial.

-¿Usted encabezaría una alternativa electoral

en el futuro?

-Lo que hace falta para construir una alternativa

a los partidos tradicionales es darle más par-

ticipación al pueblo. Bueno, eso era lo que se estaba

haciendo y por eso nos dieron el golpe de

Estado. Se le ha dado más poder al pueblo y se

les han dado razones para luchar y exigir por sus

derechos y vamos para allá independientemente

de lo que suceda. Independientemente de si el

Presidente regresa o no, esa ya es una lucha que

trasciende al Presidente, es una lucha de la gente,

una lucha del pueblo. Y a través de esa lucha, de

las manifestaciones que hemos, ya podemos

decir: misión cumplida, podemos regresar a la

casa con el orgullos de decir que no sólo dejamos

obras físicas, sino también una nueva mentalidad

en el pueblo.

-Usted habla de regresar a su casa. Desde el

plano humano, se arrepiente de haberse metido

en política. Porque ustedes eran una familia acomodada,

con sus negocios, se metieron en esto y

ahora están sufriendo.

Yo no me voy a arrepentir de acompañar al

Presidente en todo el esfuerzo que ha hecho.

Tampoco de la lucha que se ha logrado. Honduras

tiene siete millones de habitantes y sólo uno

es Presidente. Cuando uno llega a estas posiciones

una vez en la vida, tiene la oportunidad de

cambiar la historia del país. Entonces no debe

haber arrepentimiento, y menos cuando uno ve

la respuesta del pueblo (se le llenan los ojos de

lágrimas). Hoy más que nunca me siento orgullosa

de ser hondureña, te lo digo de todo corazón,

de vivir en esta tierra, con esta gente

acompañándola, porque por primera vez hemos

sentido la solidaridad. Cuando mucho se quedaron

apoyando a este régimen, el pueblo es el que

nos sigue apoyando.

-Usted permanentemente habla del pueblo, y

de que los más solidarios con ustedes son los más

pobres. Sus amigos de antes, sus amigos de siempre,

¿los han traicionado?

-En realidad, nuestros verdaderos amigos

están firmes. Los amigos temporales, por circunstancias,

esos no. Los que se acercan por interés,

ya sabíamos que no eran nuestros amigos y

que no íbamos a contar con ellos cuando saliéramos

del poder. Nos adulaban, nos abrían las

puertas de los carros y de sus casas. Los verdaderos

amigos son los que han estado con nosotros

durante un mes, sobre todo los más pobres.

Sabe la cantidad de gente común que me dice:

‘En este país hay muchos puntos por donde el

Presidente puede entrar, dígale que sólo nos diga

por dónde y hacia dónde, y ahí estaremos’. Eso es

lo que me da fortaleza.

Entrevista con Hortensia Esmeralda Rosales,

madre de Zelaya, Jacaleapa, Honduras, lunes 27

de julio de 2009.

“Tengo miedo de que lo maten”

Hortensia Esmeralda Rosales fue maestra toda

su vida. Ahora tiene 80 años y está en la ruta

junto a su nuera y sus nietos apoyando a su hijo,

que se encuentra exiliado forzosamente a 50 kilómetros,

del otro lado de la frontera con Nicaragua.

Luego del saludo y la presentación, me agradece

“la oportunidad de expresarse” y se precipitan

las emociones, primero un silencio

prolongado, después los ojos se le inundan y finalmente

se quiebra en llanto. Entonces pide disculpas

y un ratito para recuperarse.

-¿Alguna vez pensó que su hijo iba a ser Presidente?

-Yo siempre le dije que él iba a ser Presidente,

lo que nunca pensé es que lo fueran a derrocar.

Ya desde el kinder le veía su personalidad de

líder. Fue líder en todos lados, en su familia,

entre sus amigos, en la escuela, en la universidad,

pero siempre con buenas intenciones y queriendo

ayudar a los demás. Y ya de joven empezó

en política, siempre en el Partido Liberal. Yo

siempre lo apoyé no sólo como un deber de

madre, sino también porque veía que él podía

hacer cosas grandes para el pueblo hondureño.

-¿Pero no le daba un poco de miedo?

-El padre le dijo: ‘Tus ideas son de avanzada y

este país está muy atrasado, por eso los poderosos

no te van a dar oportunidades’. Pero él nunca

lo escuchó y siguió adelante con sus ideales.

-¿El padre lo quería disuadir y usted lo apoyaba?

-Si, pero después el padre también terminó

apoyándolo, porque vio su determinación y sus

buenas intenciones. Luego la familia estuvo

siempre unida graníticamente.

-Ustedes son una familia poderosa también, ¿a

qué se debe ese distanciamiento de los círculos

del poder a los cuales ustedes pertenecían?

-Mire, nosotros venimos de una familia de

agricultura y ganadería a gran escala. Somos

dueños de muchas propiedades. Somos gente

poderosa, tenemos 35 años de poner presidentes

de Honduras, sufriendo algunas decepciones y

viendo que no salíamos del atraso. Además, a

pesar de nuestra posición, siempre estuvimos al

lado del pueblo, por eso apoyamos las políticas

que ha llevado adelante mi hijo.

-Con tantos intereses y tan grandes en juego,

¿tiene miedo que a su hijo lo puedan matar?-

-Bueno, es una pregunta muy dolorosa para

una madre. Si tengo miedo de que lo maten, pero

también tengo fe en Dios y sé que está haciendo

las cosas correctamente. Yo confío en la justicia

divina porque la Justicia de los hombres aquí en

Honduras no existe.

Entrevista con Xiomara “Pichu” Zelaya, hija

de Mel Zelaya, Jacaleapa, Honduras, 27 de julio

de 2009.

“Él ya no es mi padre, es mi líder”

En la parte de atrás de una de las camionetas

estacionadas al costado del camino, bajo la sombra

de unos pinos, la “Pichu” se reincorpora. La

tercera hija de Zelaya tiene 24 años, estudiante de

comunicación social, ojos negros penetrantes.

Ante un puñado de seguidores, empieza a cantar

la canción de la cordobesa Liliana Felipe:

“Están atrás, van para atrás, piensan atrás, son el

atrás, están detrás de su armadura militar. Nos

tienen miedo porque no tenemos miedo..”

-¿Realmente no tenés miedo?.

- Mira, después del golpe, estuve unos días refugiada

en una embajada. Pero a los tres días le

dije a mi papá que no quería seguir así, y menos

irme del país. Yo voy a seguir peleando con el

pueblo, quiero estar con ellos, y a mi padre, para

liberarlo de la carga, le dije que él ya no es mi

padre, él es el líder al que sigo, me desligué de él

y lo desligué de mí para que pueda actuar libremente.

Para poder superar todo, para poder sentirme

fuerte, he tenido que desligarme del

sentimiento paternal. Si lo sintiera como padre,

me dolerían más las cosas que están sucediendo

ahora. Me he desligado. Y me ha dolido desligarme.

Pero he conseguido convertirme en una

ciudadana más que está reclamando sus derechos,

que está reclamando justicia para el país.

Así que yo no lo veo ahora como mi padre, sino

como un líder.

-Acá en El Paraíso también las han tratado mal

los poderosos…

-Desde el primer día. Nos han perseguido de

todas formas los golpistas, nos congelaron cuentas

bancarias sin orden fiscal, tarjetas de créditos

sin orden fiscal. A toda la familia. Nos dijeron

que había órdenes de captura en contra de mi

mamá, de mí, de mis tíos… Me sentí siempre hostigada,

pero es cierto, lo más terrible fue cuando

llegamos aquí a El Paraíso para seguir hacia la

frontera con Nicaragua a ver a mi papá. Varios

empresarios se reunieron y en la madrugada dispararon

hacia el hotel donde estábamos. Nos dijeron

que si a las seis de la mañana no nos íbamos

de allí, iba a haber sangre. Es una persecución

salvaje.

-Sos la que más ha estado apoyándolo en este

trance de todos los hermanos.

-Sí, es que siempre fui la más apegada a mi

papá, y la que más me interesé en política. Mi

hermana mayor está casada, con hijos, y embarazada

en este momento. Mi hermano quiere ser

futbolista y es chico todavía. Yo soy la que tengo

que estar aquí.

-Sos la única de la familia que estaba con tu

padre el día del golpe. ¿Cómo fue?

-Sólo mi papá y yo estábamos en la casa el día

del asalto. Fue a las 5.30 de la mañana, yo estaba

en el baño y ahí escuché el primer disparo, luego

otro y tres más y mi papá grita ‘Pichu, Pichu,

Pichu nos están dando el golpe’. Yo me encerré

en el cuarto, debajo de la cama y empecé a hacer

llamadas: a mi hermano, que hizo el anuncio a la

OEA; a un amigo del Bloque Popular; y a otros

alertando la situación. Ellos (los militares) llegaron

disparando, gritando ‘arriba las manos’, y mi

papá les dijo que si la orden era matarlo que lo

hicieran. Mi edecán saltó las verjas y cerró todas

las puertas, por eso no pudieron encontrarme,

allí me quedé más de media hora.

-¿Cómo está toda esa gente ahora?

-Con mucho miedo, porque están obligando a

la gente de nuestra seguridad a decir que hubo

orden de allanamiento durante el asalto, lo cual

es falso, y a decir que ocurrió a las 6.15, cuando

en realidad fue a las 5.30. Esto es muy importante

porque según la Constitución no puede haber

allanamiento de morada entre las 6 de la tarde y

las 6 de la mañana. Tengo miedo por ellos, que

se niegan a mentir, no por mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO CUATRO

El golpe. Volver 30 años

Ese domingo 28 de junio debía realizarse

una consulta popular para auscultar al pueblo en

relación a la instalación de una eventual cuarta

urna en las elecciones programadas para el 29 de

noviembre. ¿Por qué una cuarta urna? La primera

sería para la elección presidencial, la segunda

para elegir diputados al Congreso

unicameral, la tercera para alcaldes y la cuarta,

para preguntarle a la ciudadanía sobre una eventual

reforma constitucional que asegurara una

democracia más participativa y que reestructurara

algunas estructuras de poder anquilosadas,

como el Congreso y la Corte Suprema de Justi-

cia, donde se refugian la corrupción y la explotación

del pueblo. Ante la posibilidad de la consulta

popular, la clase política y empresaria puso

el grito en el cielo. Era una traición más de uno de

los suyos, a quien ellos mismos habían depositado

en el gobierno para que cuidara sus intereses.

La semana previa a la consulta se sucedieron

las reuniones. La primera de esa semana previa

fue el domingo 21 de junio en la casa del

embajador de Estados Unidos en Honduras,

Hugo Llorens, donde además del representante

del imperio, estuvieron los de las clases dominantes

locales: el candidato del Partido Liberal,

Elvin Santos, el del Partido Nacional, Porfirio

“Pepe” Lobo, y el jefe de las Fuerzas Armadas,

general Romeo Vázquez Velázquez. En esa reunión

los presentes intentaron hacer “entrar en razones”

a Zelaya de que “no le convenía” insistir

con la consulta por la cuarta urna. Otra vez la

eternal combinación: imperialismo más oligarquías

locales. Pero él siguió adelante con ese proyecto,

que ya había sido lanzado y no podía

detenerse. Ese mismo día, estuvo en Tegucigalpa

el subsecretario de Estado para América Latina

del gobierno de los Estados Unidos, Thomas

Shannon, quien se reunió con representantes de

la Iglesia y de los medios de comunicación.

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas,

Romeo Vázquez Velázquez, dijo entonces

que sus soldados no colaborarían en la

logística para la consulta por lo que el jueves 25

de junio, Zelaya lo destituyó. Vázquez Velázquez

le había dicho textualmente el día anterior: “Hay

muchos problemas con la consulta, presidente,

pero si usted me lo ordena, voy a cumplir con repartir

las urnas, porque soy un soldado”. Sin embargo,

ese jueves el general entró al despacho

presidencial y le informó que no respetaría la

orden. Entonces, Zelaya tomó la palabra: “General,

yo soy el comandante en jefe de las Fuerzas

Armadas y estoy en este lugar porque aquí me

puso el pueblo. Si usted me desobedece, entonces

yo tengo que destituirlo, porque si no lo hago, me

tengo que ir yo”.

En ese momento empezó el golpe propiamente

dicho con la desobediencia y el desacato

de Vázquez Velázquez y la crisis institucional

que se desató. Ese mismo jueves 25 de junio, se

produjo otra visita sugestiva, la de John Negroponte,

quien había sido el embajador estadouni-

dense en Honduras durante los ’80 y el terrorismo

de Estado.

Finalmente, el golpe de Estado se concretó

en toda su dimensión el domingo 28 de junio

cuando a las 5.30 de la madrugada, unos 200 soldados

entraron en la residencia presidencial y a

punta de pistola y metralleta, secuestraron al presidente,

lo subieron a un avión y lo llevaron a San

José de Costa Rica. Pero sugestivamente, ese

avión que llevaba a Mel paró en la base militar

estadounidense de Palmerola, en el departamento

de Choluteca.

Esa misma mañana del domingo 28, mientras

en Tegucigalpa el presidente del Congreso,

Roberto Micheletti, usurpaba el poder y se erigía

en presidente de facto, en el aeropuerto San José

Santamaría de San José, Zelaya daba una conferencia

de prensa en camiseta junto a su par de

Costa Rica, Oscar Arias.

Por la noche, viajó a Managua para participar

de la cumbre presidencial del Sistema de la

Integración Centroamericana (SICA), y de la

Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra

América (ALBA) convocada por el presidente

pro témpore del SICA, Daniel Ortega. En esa reunión

especial y urgente, el presidente de Ecuador,

Rafael Correa, convocó a una cumbre

presidencial del Grupo de Río, cuya presidencia

pro témpore recaía en ese momento en el mandatario

mexicano Felipe Calderón

El lunes 29 de junio, la cumbre presidencial

del SICA emitió una declaración en la que afirmaba

que sus países miembros debían suspender

todo tipo de reuniones de carácter político,

financiero y deportivo con funcionarios hondureños

que fueran nombrados por el gobierno ilegítimo

de Honduras. La declaración llamaba

también a los embajadores de los países que integran

el SICA a consulta para conocer la situación.

En ese mismo acto los países integrantes del

grupo C-4 (Nicaragua, Honduras, El Salvador y

Guatemala), decidieron cerrar sus fronteras como

forma de presión para que el gobierno nombrado

en ese país deponga su actitud y restituya a Zelaya

en el poder. En tanto, el secretario general

de la Organización de Estados Americanos

(OEA), José Miguel Insulza, llegó a Managua, y

apenas llegado señaló que los resultados para resolver

la situación política de Honduras tras el

golpe de Estado dependía de la unidad internacional

y americana. Ese mismo día el Grupo de

Río, el ALBA y el SICA, emitieron declaraciones

para condenar el golpe de Estado en Honduras

y exigir la restitución inmediata del presidente

constitucional.

La verdad que la condena internacional

contra el golpe hondureño tuvo una unanimidad

y celeridad nunca vistos en situaciones similares.

El martes 30 de junio la Asamblea General de la

ONU condenó el golpe de Estado y exigió la inmediata

restitución de Zelaya. Ese mismo día

Mel anunció su decisión de retornar por cualquier

medio a su país, para retomar el poder.

Pero la actitud más firme fue la de Venezuela,

que el viernes 3 de julio suspendió todo

envío de petróleo a Honduras.

El sábado 4 de julio, el presidente de Nicaragua,

Daniel Ortega, informó que el ex canciller

nicaragüense y actual presidente de la Asamblea

General de la ONU, Miguel D’Escoto, acompañaría

al derrocado presidente en su primer intento

de retorno a Honduras. Ese sábado, la

Asamblea General de la OEA emitió una declaración

en la que en la que decidió suspender al

Estado de Honduras del ejercicio de su derecho

de participación en el organismo, conforme al artículo

21 de la Carta Democrática Interamericana.

Primer intento de regresar

Ya a esta altura de los acontecimientos, Zelaya

estaba cometiendo su primer error, deambular

por todos lados mendigando apoyos en vez

de instalarse en alguno de los tantos pasos fronterizos

de entrada. El domingo 5 de julio, comete

el segundo error: intentar aterrizar en un avión

venezolano en el aeropuerto de Toncontín, donde

se habían reunido unas 300 mil personas.La represión

fue brutal: Isis Obed Murillo, un muchacho

de 19 años fue asesinado por el Ejército

hondureño. “Yo estaba a dos metros del muchacho,

estoy seguro de que esa bala era para mí”,

relató el cura Andrés Tamayo, uno de los líderes

de la resistencia en las calles. El periodista sueco

Dick Emanuelsson me contó que ese día, le llamó

la atención que los militares y policías dejaban

pasar a la gente y acercarse al alambrado del aeropuerto.

Miriam Huezo, fotógrafa hondureña y

esposa de Dick, agregó: “Fue una emboscada

hecha a propósito para preparar la represión”.

El caso fue que, con todos los aeropuertos

cerrados por los golpistas, cuando se divisó un

avión en el cielo de Tegucigalpa, no había dudas

de que era el que llevaba al presidente. Pero a los

golpistas les bastó cruzar un par de carros blin-

dados en la pista para frustrar el aterrizaje. Es difícil

pensar que a esos niveles se cometen errores

infantiles o se peca de ingenuidad. Si la decisión

era absoluta para volver a Honduras con su pueblo,

Zelaya y compañía deberían haber advertido

esa circunstancia y en todo caso, haber utilizado

un helicóptero, bajo el riesgo de ser muerto o

apresado. Lo cierto es que mientras el pueblo estaba

siendo masacrado por el ejército, Zelaya sobrevoló

el aeropuerto y volvió a San Salvador,

adonde estaban también la presidenta argentina

Cristina Fernández de Kirchner y su par paraguayo

Fernando Lugo.

El lunes 6 de julio, la Unión Europea, en un

gesto de repudio al golpe militar, suspende la octava

ronda de negociaciones prevista para realizarse

en Bruselas, Bélgica, del 6 al 10 de julio, con

representantes de los países centroamericanos.

Mientras tanto, el Ejército de Nicaragua desmiente

denuncias de las autoridades golpistas

hondureñas sobre una presunta movilización de

tropas nicaragüenses a la línea fronteriza común.

Zelaya viaja a Washington y se reúne el

martes 7 de julio con la secretaria norteamericana

de Estado, Hillary Clinton. Es de destacar que

nunca el presidente Zelaya fue recibido por su

par de Estados Unidos, Barack Obama.

El 9 de julio Oscar Arias, inicia sus gestiones

como mediador en la crisis y el 14 de julio, el embajador

de Estados Unidos en Managua, Robert

Callahan, desmiente un presunto apoyo del gobierno

de su país al golpe militar.

El 18 de julio, con el evidente apoyo de los

Estados Unidos, Arias propone un plan de paz

de siete puntos para resolver lo que eufemísticamente

llama como “la crisis política”. Ese

acuerdo proponía textualmente:

1. SOBRE EL GOBIERNO DE UNIDAD Y

RECONCILIACIÓN NACIONAL.

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, conformaremos un Gobierno de

Unidad y Reconciliación Nacional, integrado por

representantes de los diversos partidos políticos,

reconocidos por su capacidad, honorabilidad,

idoneidad y voluntad para dialogar, quienes ocuparán

las distintas Secretarías y Subsecretarías de

Estado, de conformidad con el artículo 246 y siguientes

de la Constitución de la República de

Honduras.

En vista de que con antelación al 28 de

junio, el Poder Ejecutivo no había remitido a consideración

del Congreso Nacional el Proyecto de

Presupuesto General de Ingresos y Egresos, de

conformidad con lo establecido en el artículo 205,

inciso 32 de la Constitución de la República de

Honduras, este Gobierno de Unidad y Reconciliación

Nacional respetará y funcionará sobre la

base del Presupuesto General recientemente

aprobado por el Congreso Nacional para el ejercicio

fiscal 2009.

2. SOBRE LA AMNISTÍA PARA LOS DELITOS

POLÍTICOS

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, solicitamos al Congreso Nacional la

declaratoria de una amnistía general, exclusivamente

para los delitos políticos cometidos con

ocasión de este conflicto, antes y después del 28

de junio de 2009, y hasta la firma de este

Acuerdo, según los términos del artículo 205, inciso

16, de la Constitución de la República de

Honduras y la legislación especial vigente que regule

la materia. La amnistía deberá, además, garantizar

con claridad las condiciones de

seguridad y de libertad de las personas que queden

bajo su amparo.

De la misma manera, nos comprometemos

a no iniciar ni continuar acciones legales por los

actos anteriores al 1º de julio de 2009 que se deriven

del presente conflicto, por un periodo de seis

meses. El incumplimiento de cualquiera de los

compromisos contenidos en este Acuerdo, comprobado

y declarado por la Comisión de Verificación

a la que se refiere el punto 7, anulará los

efectos de esta moratoria para el trasgresor o los

trasgresores.

3. SOBRE LA RENUNCIA A CONVOCAR

A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE

O REFORMAR LA CONSTITUCIÓN EN

LO IRREFORMABLE

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, reiteramos nuestro respeto a la

Constitución y las leyes de nuestro país, absteniéndonos

de hacer llamamientos a la convocatoria

a una Asamblea Nacional Constituyente, de

modo directo o indirecto, y renunciando también

a promover o apoyar cualquier consulta popular

con el fin de reformar la Constitución para permitir

la reelección presidencial, modificar la

forma de Gobierno o contravenir cualquiera de

los artículos irreformables de nuestra Carta Fundamental.

En particular, no realizaremos declaraciones

públicas ni ejerceremos algún tipo de influencia

inconsistente con los artículos 5, 239, 373

y 374 de la Constitución de la República de Hon-

duras, y rechazaremos enérgicamente toda manifestación

contraria al espíritu de dichos artículos

y de la Ley Especial que Regula el

Referéndum y el Plebiscito.

4. SOBRE EL ADELANTAMIENTO DE

LAS ELECCIONES GENERALES Y EL TRASPASO

DE GOBIERNO

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, instamos al Tribunal Supremo Electoral

para que considere el adelantamiento de las

elecciones nacionales convocadas para el 29 de

noviembre de 2009, al 28 de octubre de 2009; y el

consecuente adelanto de la campaña electoral del

1º de septiembre de 2009, al 1º de agosto de 2009.

Reiteramos que, de conformidad con los artículos

44 y 51 de la Constitución de la República de

Honduras, el voto es universal, obligatorio, igualitario,

directo, libre y secreto, y corresponde al

Tribunal Supremo Electoral, con plena autonomía

e independencia, supervisar y ejecutar todo

lo relacionado con los actos y procesos electorales.

Asimismo, realizamos un llamado al pueblo

hondureño para que participe pacíficamente

en las próximas elecciones generales y evite todo

tipo de manifestaciones que se opongan a las

elecciones o a su resultado, o promuevan la insurrección,

la conducta antijurídica, la desobediencia

civil u otros actos que pudieren producir

confrontaciones violentas o transgresiones a la

ley.

Con el fin de demostrar la transparencia y

legitimidad del proceso electoral, instamos al Tribunal

Supremo Electoral a que autorice y acredite

la presencia de misiones internacionales

desde ahora y hasta la declaratoria del resultado

de las elecciones generales, así como durante el

traspaso de poderes que tendrá lugar, conforme

con el artículo 237 de la Constitución de la República

de Honduras, el 27 de enero de 2010.

5. SOBRE LAS FUERZAS ARMADAS

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, ratificamos nuestra voluntad de acatar

en todos sus extremos el artículo 272 de la

Constitución de la República de Honduras, conforme

con el cual las Fuerzas Armadas quedan a

disposición del Tribunal Supremo Electoral

desde un mes antes de las elecciones generales, a

efectos de garantizar el libre ejercicio del sufragio,

la custodia, transporte y vigilancia de los materiales

electorales y demás aspectos de la

seguridad del proceso. Reafirmamos el carácter

profesional, apolítico, obediente y no deliberante

de las Fuerzas Armadas hondureñas. De igual

forma, reconocemos la profesionalidad de la Policía

Nacional, cuya rotación deberá sujetarse estrictamente

a lo que prescribe su legislación

especial.

6. SOBRE EL RETORNO DE LOS PODERES

DEL ESTADO A SU INTEGRACIÓN PREVIA

AL 28 DE JUNIO

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, solicitamos al Congreso Nacional

que, a efectos de recuperar la integración y legítima

conformación de los poderes constituidos al

28 de junio de 2009, en lo procedente retrotraiga

la situación del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo,

el Poder Judicial y el Tribunal Supremo

Electoral a su estado previo al 28 de junio, por

haber sido conformados según los artículos 202,

205, incisos 9 y 11, y 236 de la Constitución de la

República de Honduras. Lo anterior implica el

retorno de José Manuel Zelaya Rosales a la Presidencia

de la República hasta la conclusión del

actual periodo gubernamental, el 27 de enero de

2010.

7. SOBRE LA COMISIÓN DE VERIFICACIÓN

Y LA COMISIÓN DE LA VERDAD

Para lograr la reconciliación y fortalecer la

democracia, disponemos la creación de una Comisión

de Verificación de los compromisos asumidos

en este Acuerdo, y los que de él se deriven,

presidida por la Organización de Estados Americanos

(OEA), y las personas que ésta considere

idóneas entre las figuras nacionales e internacionales.

La Comisión de Verificación será la encargada

de dar fe del estricto cumplimiento de todos

los puntos de este Acuerdo, y recibirá para ello

la plena cooperación de las instituciones públicas

hondureñas.

Con el fin de esclarecer los hechos ocurridos

antes y después del 28 de junio de 2009, se

creará también una Comisión de la Verdad que

identifique los actos que condujeron a la situación

actual, y proporcione al pueblo de Honduras

elementos para evitar que estos hechos se

repitan en el futuro. El trabajo de la Comisión de

la Verdad será fundamental en la recuperación

de la confianza del pueblo hondureño en su

Constitución y en su Gobierno. Para asegurar la

imparcialidad en la ejecución de esta tarea, designamos

como conductor de la Comisión de la

Verdad al Instituto Interamericano de Derechos

Humanos.

8. SOBRE LA NORMALIZACIÓN DE LAS

RELACIONES DE LA REPÚBLICA DE HONDURAS

CON LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Al comprometernos a cumplir fielmente los

compromisos asumidos en el presente Acuerdo,

solicitamos respetuosamente la inmediata revocatoria

de aquellas medidas o sanciones adoptadas

a nivel bilateral o multilateral, que de alguna

manera afectan la reinserción y participación

plena de la República de Honduras en la comunidad

internacional, y su acceso a todas las formas

de cooperación.

Hacemos un llamado a la comunidad internacional

para que reactive lo antes posible los

proyectos vigentes de cooperación con la República

de Honduras, y continúe con la negociación

de los futuros. En particular, instamos a que, a

solicitud de las autoridades competentes, se haga

efectiva la cooperación internacional que resulte

necesaria y oportuna para que la Comisión de

Verificación y la Comisión de la Verdad aseguren

el fiel cumplimiento y seguimiento de los

compromisos adquiridos en este Acuerdo.

9. SOBRE LA ENTRADA EN VIGENCIA

DEL ACUERDO DE SAN JOSÉ

Todos los compromisos asumidos cobran

formal y total vigencia desde el momento mismo

de su suscripción.

10. DISPOSICIONES FINALES

Toda diferencia de interpretación o aplicación

del presente Acuerdo será sometida a la Comisión

de Verificación, la que determinará, en

apego a lo dispuesto en la Constitución de la República

de Honduras y en la legislación vigente,

y mediante una interpretación auténtica del presente

Acuerdo, la solución que corresponda.

Tomando en cuenta que el presente

Acuerdo es producto del entendimiento y la fraternidad

entre hondureños, solicitamos vehementemente

a la comunidad internacional que

respete la soberanía de la República de Honduras,

y observe plenamente el principio consagrado

en la Carta de las Naciones Unidas de no

injerencia en los asuntos internos de otros Estados.

11. CALENDARIO DE CUMPLIMIENTO

DE LOS ACUERDOS

Dada la entrada en vigencia inmediata de

este Acuerdo a partir de su fecha de suscripción,

y con el fin de clarificar los tiempos de cumpli-

miento y de seguimiento de los compromisos adquiridos

para alcanzar la reconciliación nacional,

convenimos el siguiente calendario de cumplimiento:

22 de julio de 2009

1. Suscripción y entrada en vigencia del

Acuerdo de San José.

24 de julio de 2009

1. Retorno de José Manuel Zelaya Rosales

a la Presidencia de la República de Honduras.

2. Conformación de la Comisión de Verificación.

27 de julio de 2009

1. Conformación del Gobierno de Unión

y de Reconciliación Nacional.

2. Conformación de la Comisión de la

Verdad.

27 de enero de 2010

1. Celebración del traspaso de gobierno.

12. DECLARACIÓN FINAL

En nombre de la reconciliación que nos ha

convocado ante la mesa de diálogo, nos comprometemos

a ejecutar de buena fe el presente

Acuerdo, y los que de él se deriven. Sabemos que

la humanidad espera de Honduras una demos-

tración de unidad y de paz, a la que estamos obligados

por nuestra consciencia y nuestra historia.

Juntos, sabremos demostrar nuestro valor y coronar

con olivos la frente de nuestra democracia,

para que las futuras generaciones vean lo que fuimos

capaces de hacer por nuestra patria.

Como se ve, este acuerdo propuesto por

Arias pero fogoneado desde las sombras por

Washington, era un abanico de conquistas golpistas

y de concesiones de la democracia. Volvía

atrás con el proceso de reforma constitucional,

maniataba al presidente imponiéndole compartir

el gobierno con los golpistas y garantizaba la

impunidad a los que no sólo usurparon el poder

sino que cometieron los más horrendos crímenes

de lesa humanidad.

Ante los primeros síntomas de fracaso del

plan Arias, el 19 de julio éste pidió 72 horas para

trabajar su propuesta, pero finalmente el 22 se lo

considera definitivamente fracasado.

El tercer gran error fue aceptar una negociación

en San José de Costa Rica. Eso fue darle

escenario legal internacional y legitimidad a los

golpistas, un paso atrás inconmensurable, porque

de aquí en adelante, cualquiera puede quebrar

el orden constitucional, ignorar la voz del

pueblo y luego pedir ser escuchado y hasta negociar.

Hay dos cosas sorprendentes, que Zelaya se

haya mostrado dispuesto a aceptar un acuerdo

tan nefasto para la democracia y el pueblo hondureños,

pero más que nada, sorprende que los

golpistas hayan sido los que lo rechazaron,

siendo que el acuerdo les otorgaba todos los beneficios

de fondo. Se puede pensar que a esta altura

de la historia, tanto la cúpula militar cuanto

el propio dictador civil Micheletti estaban fuera

del control de los poderes locales e internacionales

que los avalaron en un primer momento.

Caído el Acuerdo de San José, el jueves 23

Zelaya se instala en Ocotal, una localidad del

norte de Nicaragua, distante 12 kilómetros del

paso fronterizo de Las Manos.

 

Segundo intento de regresar

En la cara del hombre se mezclaba la extenuación,

la emoción, la incertidumbre, la desorientación,

la bronca, todo un poco. Caminó

despacio, abriéndose paso entre la multitud de

micrófonos y cámaras y entró en territorio de su

país. Fue hasta un cartel que dice “Bienvenidos

a Honduras”; lo tocó y lo acribillaron a flashes.

Los militares y policías habían retrocedido y miraban

entre ingenuos y desconfiados desde unos

50 metros.

Fue cerca del mediodía, cuando el presidente

constitucional de Honduras, Manuel Zelaya,

entró unos cinco metros en territorio de su

país después de 26 días de haber sido sacado de

su cama a las cinco de la mañana.

Lo había dicho la noche anterior en un hotel

de las afueras de la ciudad de Estelí, norte de Nicaragua:

“Estoy caminando despacio desde Managua

hasta Tegucigalpa”.

Hasta ese momento, nadie sabía por dónde

intentaría “Mel” Zelaya atravesar la frontera, si

por alguno de los tres pasos fronterizos o por los

innumerables puntos por donde se puede permear

esta frontera de 922 kilómetros que divide

a Nicaragua de Honduras.

Finalmente, ese viernes comenzó a dilucidarse

el misterio cuando arrancó la caravana de

unos 50 vehículos desde Estelí con dirección al

norte. Antes de la localidad fronteriza de Ocotal,

en el cruce de Yalagüina, Zelaya frenó el Jeep

blanco que conducía él personalmente, con el

canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, como

copiloto. En medio de la ruta, se instaló una mesa

con una silla. Ni siquiera un vaso de agua le acercaron.

Y se sentó el presidente hondureño destituido,

dispuesto a responder las preguntas de los

periodistas.

“El pueblo está apoyándonos y la comunidad

internacional ha condenado esta forma de

tomar el poder. El Mercosur fue categórico en declarar

que no dejará que se consolide el golpismo,

y les agradezco a todos los presidentes, especialmente

a la presidenta Cristina Kirchner que dijo

que sólo la unidad de los países de América del

Sur debe tomar acciones contra este régimen represivo”,

dijo Zelaya.

Mientras el presidente atendía su teléfono

celular, este periodista conversó con el canciller

de Venezuela, Nicolás Maduro, quien dijo que

“éste es un plan de los sectores más reaccionarios

de Estados Unidos. Están involucrados la CIA, el

Departamento de Estado y la derecha republicana,

que se han complotado para hacer este

golpe de Estado. Pero vamos a tener la capacidad

de dilucidarlo y demostrar la verdad al mundo”.

–¿Ha sido sólo un golpe a Zelaya y a Honduras,

o al Alba principalmente?

–Esto va incluso más allá del Alba, ha sido un

golpe contra todos los pueblos de Sudamérica, de Cen-

troamérica y del Caribe, y por eso es tan importante

no dejarlo pasar.

–Si el presidente Zelaya logra revertir la situación,

¿será también un gran espaldarazo al proceso del

Alba, así como lo fue el fracaso del golpe de 2002 en Venezuela?

–Mire, acá juegan los golpes y los contragolpes.

Nosotros estamos en un contragolpe democrático, pacífico,

constitucional contra los golpistas.

En eso, Zelaya llamó a Maduro y raudamente

volvieron a subir al Jeep blanco para retomar

el camino al norte, rumbo a la frontera con

Honduras.

La caravana pasó por la localidad de Ocotal,

donde hombres, ancianos y sobre todo niños

salían a su encuentro y saludaban, muchos de

ellos agitando banderas del gobernante Frente

Sandinista de Liberación Nacional. Una media

hora después, la caravana estaba llegando al paso

fronterizo de Las Manos.

En ese momento se largó una típica tormenta

tropical que obligó a Zelaya, y a los periodistas

que pudieron, a buscar un refugio bajo

techo en uno de los típicos quiosquitos de frontera.

Cuando amainó el agua, caminó hasta el

puesto de migraciones del lado nicaragüense y

saludó a los empleados, incluida Ángela Martínez,

una de las empleadas de migraciones de

Honduras, que no podía disimular su alegría de

conocer y saludar a “su” presidente, aunque en

ese momento estuviera corriendo serio peligro su

trabajo.

Y así, de a poco, se fue acercando Zelaya a

lo que se conoce internacionalmente como “tierra

de nadie”, esos 10 metros que están entre la

cadena que delimita el territorio nicaragüense y

la que marca el de Honduras.

Del otro lado de la cadena, un nutrido

grupo de militares y policías miraban todo con

cara de nada. Hasta que Hollman Morris, un corresponsal

de la prensa francesa, y yo entablamos

un diálogo con el jefe del escuadrón militar en el

lugar, el teniente coronel Luis Recarte.

–¿Tienen orden de captura contra el presidente?

–No, nosotros los militares no podemos arrestar

a nadie, para eso está la policía.

–¿Y entonces cómo se explica que a Zelaya lo

arrestaron militares durante el golpe de Estado?

Silencio del otro lado.

–¿Si no lo va a arrestar, qué órdenes tiene?

–Hablar con el señor Zelaya.

–¿Hablar de qué?

–Simplemente hablar, como caballeros.

En ese momento, Hollman le pidió el número

de celular al oficial, quien ante el asombro

de todos los presentes, se lo dio y le dijo que Zelaya

lo llamara, cosa que ocurrió minutos después.

Cuando le dieron las novedades a Mel, éste

pidió un celular y marcó el número del teniente

coronel.

“Si señor, aquí lo espero para que hablemos,

le doy mi palabra que no le va a pasar nada

y hasta si quiere me desarmo”, le dijo el teniente

coronel Recarte al que en realidad es su verdadero

comandante en jefe.

A los 10 minutos llegó Zelaya en medio de

la nube de luces y micrófonos que lo acompañó

durante todo el día. Llegó hasta la cadena y le estrechó

la mano al oficial del ejército.

–Mucho gusto, teniente coronel, vengo a ver si

puedo pasar la frontera.

–Por supuesto señor, si este es su país.

–Bueno, pero quiero garantías, por favor comuníqueme

con el comandante de la región.

El militar se retiró con esa misión, pero

nunca más volvió.

Mientras tanto, del lado de Honduras, en el

poblado de El Paraíso, la gente que llegaba en

ómnibus o vehículos particulares era detenida

por los retenes de la policía y el ejército. Incluso

hubo disturbios y una dura represión.

Según coincidieron varias fuentes, los militares

hondureños tiraban gases lacrimógenos

hasta dentro de autos y colectivos y usaron balas

de plomo para reprimir.

Los campesinos llegados de la zona de

Olancho, de donde es oriundo Zelaya, al ver imposibilitado

el paso, se aventuraron por las verdísimas

montañas para buscar un camino que los

depositara del otro lado de la frontera. Luego de

las cuatro de la tarde, comenzaron a llegar estos

grupos de campesinos que bajaban de los cerros

puños en alto y vivando a su presidente.

Esos fueron otros de los picos de emoción

de la jornada, cuando el propio Zelaya se acercaba

a recibir y abrazar a los que sin comida, sin

agua y en muchos casos sin calzado, habían caminado

entre siete y ocho horas por el monte

para burlar los retenes policiales y militares y llegar

al otro lado de la frontera para intentar acompañar

a Mel de regreso.

Pero llegaron a juntarse unas 500 personas,

una cantidad muy pequeña como para garantizar

a Zelaya que no lo arresten los policías hondureños

apenas cruce la frontera. Para poder

pisar su tierra, Zelaya hubiera necesitado el

acompañamiento de varios miles de compatriotas

que le garantizaran no ser apresado por los

esbirros de la dictadura. Pero la represión desatada

en Honduras y los innumerables retenes

policiales y militares, ubicados desde Tegucigalpa

hasta la frontera, impidieron la llegada masiva

del pueblo al límite fronterizo.

Ya al anochecer comenzaron a organizarse

los grupos para ver qué comerían y dónde dormirían.

Para este tema, los hondureños contaron

con la solidaridad del gobierno de Nicaragua,

que se suma a la guardia policial propia de un

jefe de Estado.

Cerca de las ocho de la noche Zelaya volvió

a Ocotal para comer y descansar un poco, a la espera

de un nuevo intento por volver a su país y

al poder que le confirió la democracia.

Poco después inicia una gira por varios países

latinoamericanos, entre ellos, Brasil, Argentina,

Ecuador, Venezuela.

En los últimos días de julio se incrementó

la presión mediática con el retiro por parte de Estados

Unidos de las visas y el anuncio de congelamiento

de las cuentas bancarias de varios

funcionarios del régimen de facto. El retiro de las

visas afectó a cuatro altos funcionarios: el propio

dictador civil Micheletti, el magistrado Tomás

Arita, quien ordenó el arresto y expulsión de Zelaya

del país; Alfredo Saavedra, presidente del

Congreso unicameral; y Ramón Custodio, un comisionado

de Derechos Humanos que está de

adorno y mira para otro lado mientras se suceden

los muertos y desaparecidos. Esta revocatoria

de las visas de ingreso a Estados Unidos

pareciera un dato irrelevante, pero en Honduras,

las clases dominantes viven viajando permanentemente

a los Estados Unidos. Si tienen que comprarse

ropa, las mujeres de la clase alta viajan a

Nueva York. Si un joven rico quiere congraciarse

con su novia, la invita a cenar y a bailar a Miami.

Y perder la visa, para ellos es muy grave. “Prefieren

quedar huérfanos antes que les saquen las

visas”, me dijo con gracia Mercedes, la moza de

un merendero popular del centro de Tegucigalpa.

A esto se le sumó que por esos días las empresas

símbolo del sistema capitalista, como Nike

y Adidas, anunciaron el cierre de sus maquilas

(máquinas textiles), aumentando el ahogo financiero

que se sumaba por entonces al recorte de

toda la ayuda internacional que llega desde Estados

Unidos y la Unión Europea. Era un grave

problema para el gobierno golpista, porque el 30

por ciento del presupuesto del país depende di-

rectamente de esta ayuda internacional. Sin embargo,

hay muchas dudas de que esto fuera realmente

así, porque el gobierno golpista siguió

adelante, no se asfixió y los más escépticos piensan

que Micheletti y compañía siguieron recibiendo

algún tipo de ayuda porque si no, no

habrían podido ni siquiera pagar los sueldos estatales.

Por eso, dentro de las condenas internacionales,

conviene distinguir las actitudes asumidas

por los distintos países: mientras los miembros

del Alba pusieron el cuerpo y estuvieron contundentemente

con Honduras desde el inicio,

hubo posiciones intermedias como la de Costa

Rica que propició la negociación con los golpistas,

o abiertamente permisibles con ellos como las

de Colombia y Panamá. Ni hablar de Estados

Unidos, cuya participación en el golpe es clara,

aunque también allí hay diferentes actitudes al

menos en el discurso. La CIA y el Pentágono son

los más involucrados, mientras que el presidente

Obama condenó el golpe, pero sólo de palabra, y

como ya se consignó, nunca se dignó recibir al

presidente constitucional depuesto por las

armas.

Para ese momento, avanzaba en el Congreso

unicameral el estudio de una amnistía para

Zelaya, acusado de violar la Constitución al llamar

a una consulta para reformarla. Parecía un

manotazo de ahogado de los golpistas que por

fin tiraban la toalla.

El miércoles 29 de julio, Ricardo Rodríguez,

presidente de la Comisión Especial para la Amnistía,

me confirmó: “Estamos analizando varios

tipos de amnistías, totales, parciales, limitadas,

pero queremos escuchar a todas las partes, principalmente

a los personeros de la Corte Suprema

de Justicia”.

El primer mes pos golpe, julio, terminó el

jueves 30 con una reunión en Managua del embajador

de Estados Unidos en Honduras, Hugo

Llorens con Zelaya.

CAPÍTULO CINCO

Represión y resistencia

Desde el domingo 28 de junio, el pueblo hondureño

estuvo todos los días en la calle, resistiendo

al golpe de Estado y exigiendo la

restitución del orden constitucional y de su presidente

legítimo, Manuel Zelaya. Y por supuesto,

la Asamblea Constituyente.

Cuando llegué a Tegucigalpa, tuve problemas

en sortear una oficina de migraciones mucho más

celosa que lo esperable. Luego ya en el taxi me

empecé a dar cuenta de que encontraría una sociedad

dividida, porque el taxista me decía una

cosa y las paredes me gritaban otras totalmente

distintas.

El ambiente que se vivía en la capital de Honduras

se parecía a las calmas que anteceden a las

tormentas. Luego de instalarme en el hotel, salí a

la calle a hablar con la gente.

En un bar llamado Paradiso, donde se congregan

artistas e intelectuales ligados a la resistencia

contra el golpe, su dueña Anarella me contó:

“A mi marido se le perdió el documento y a mí

se me venció el pasaporte, pero no pienso hacer

esos trámites ahora, porque no serían válidos,

documentos entregados por un gobierno ilegal,

serían ilegales”.

Después fui a comer a un restorán llamado La

milonga, cuya dueña es Cristina Taboada,

oriunda de Avellaneda, en el Gran Buenos Aires.

Para ella, luego de 33 años volvieron los fantasmas:

“Llegamos en mayo de 1976. Para el golpe

militar vivíamos en La Plata, teníamos dos hijos

y decidimos venirnos porque la cosa se puso

muy fea. Hace 33 años de aquello y parece una

locura. El 26 de junio, cuando ya había movimientos

y rumores, me preguntaron si podría

haber un golpe aquí, les dije que no, que de ninguna

manera, que era una locura, por eso todavía

no lo puedo creer”.

Otra argentina vivió todo el proceso desde

bien adentro. Es María del Carmen Ortega, de 34

años, que hasta el 28 de junio trabajaba como jefa

de gabinete de la primera dama Xiomara Castro.

“Ese día yo había salido a las cuatro de la mañana

para Catacamas (la ciudad de la familia Zelaya)

en el interior para colaborar con la esposa

del presidente en el proceso de la consulta popular

y minutos antes de las seis me llama ella

desesperada con las novedades. Desde ese momento

estuvimos tres días pasando de casa en

casa de gente de la comunidad para resguardarla

y evitar que la capturaran y la expulsaran del

país a ella también”, me contó esa noche María

del Carmen.

Cuando llegué al hotel y pedí al conserje que

necesitaba una conexión de Internet para escribir,

conocí al patrón del lugar, Ricardo Maniego,

un abogado joven, peinado para atrás, quien se

esforzó en explicarme que “se trata de una sucesión

constitucional absolutamente legal, porque

el único que violó las leyes y la constitución fue

Zelaya al querer perpetuarse en el poder. Lo que

pasa es que está muy influido por comunistas y

narcotraficantes como Chávez o Evo Morales”.

Demasiado para esa primera tarde en Tegucigalpa,

me fui a dormir pensando en lo dividida

que estaba la sociedad hondureña.

Al día siguiente me levanté temprano, me

comí todo lo que me dieron de desayuno, donde

suelen incluir frijoles, huevos y frutas, y me fui a

dos marchas masivas, una a favor del presidente

Zelaya y otra a favor del dictador Micheletti.

En ésta, llamada “Marcha por la paz”, la mayoría

de los concurrentes de clases medias y altas

marchaban por el Boulevard Supaya hasta el Estadio

Nacional vestidos de blanco y con banderas

de Honduras y pancartas en apoyo a las Fuerzas

Armadas, y en contra de Zelaya. Pero también un

objetivo recurrente era el presidente de Venezuela

Hugo Chávez. La más llamativa decía: “Sí

somos golpistas, contra la corrupción, continuismo,

dictadura y comunismo”.

Una de las organizadoras de la marcha, Hermida

de López Contreras, me dijo: “Lo único que

queremos es vivir en paz, usted puede ver que

esta manifestación se hace en total libertad y

tranquilidad y que lo sepa la comunidad internacional,

engañada por Zelaya y su cómplice (el

secretario general de la OEA, José Miguel) Insulza”.

A su lado caminaba también de impecable

blanco Ernestina Mejía, del Movimiento

Unión Cívica (un nombre que recuerda al Comité

Cívico de Santa Cruz de la Sierra). Ella me aseguró:

“Aquí no hay ninguna violación a los dere-

chos humanos, esas mentiras son parte de la

campaña de desprestigio de Zelaya y otros malos

hondureños que tienen engañado al mundo”. Me

sonó muy parecido a lo que decían los militares

argentinos en 1978, en vísperas del mundial de

fútbol, cuando recurrían a la famosa campaña

antiargentina y contrarrestaban: “Los argentinos

somos derechos y humanos”.

Justamente en referencia a las denunciadas

violaciones de los derechos humanos por parte

del gobierno de facto, el comisionado de los Derechos

Humanos de Honduras, Ramón Custodio,

dijo a este enviado: “No sé de qué muertos me

habla, no se deje llevar por rumores”. Ante la especificación

de que el Sindicato de Telefónicos

está denunciando dos muertes entre sus dirigentes,

Custodio se limitó a decir: “A mí no me

consta, aquí no denunciaron nada”. Esto fue en

un alto que hizo la marcha de las clases altas,

para vivar a Custodio, un hombre con cierto

prestigio que dilapidó en esos días poniéndose

absolutamente del lado del golpismo. Pero lo que

me sonó como más cínico fue que me respondiera

que él necesita denuncias concretas para

ponerse a investigar, cuando el ABC de la lucha

por los derechos humanos es que las víctimas o

sus familiares casi nunca hacen denuncias ante el

mismo Estado que está ejerciendo el terrorismo

de una manera planificada y sistemática. Es tan

ridículo como pedirles a los familiares de las víctimas

de un genocidio certificado de defunción

de sus seres queridos.

En un momento las marchas pasaron cerca y

sólo se produjo una escaramuza con estudiantes

secundarios que marchaban a favor del regreso

de Zelaya al poder, pero sin que pasara a mayores

por la intervención de la policía.

La marcha por Mel terminó en el Parque Central

(la plaza principal de la ciudad) con la intervención

de líderes de distintos movimientos

sociales. El dirigente de Vía Campesina Rafael

Alegría, me dijo: “El tiempo del diálogo se ha

acabado, somos un pueblo pacífico, pero también

sabemos luchar”. Otro de los líderes de la Coordinadora

de Resistencia al Golpe, Juan Barahona,

remarcó: “El presidente Zelaya tal vez vuelva el

viernes (por el viernes 24 de julio), pero nosotros

estaremos en las calles, y lo único que podemos

esperar de este gobierno golpista es más represión,

hay un solo muerto oficial, pero varios desaparecidos.

Y el pueblo ya no tiene paciencia, hay

que tener cuidado porque hay muchas armas en

manos de civiles”.

Ese jueves 23 de julio, la capital del país amaneció

paralizada, sin clases ni atención médica en

los hospitales, con todas las carreteras cortadas y

las distintas organizaciones populares organizando

sus viajes para ir a la frontera a esperar a

Zelaya.

Ya conté qué pasaba con Zelaya del otro lado

de la frontera, en el norte de Nicaragua, en la gloriosa

ciudad de Estelí, baluarte de la lucha sandinista

contra la dictadura de Somoza. Ahora

veamos qué estaba pasando del lado hondureño

de la frontera.

Ese jueves conseguí un taxi especial que compartí

con la enviada del diario Times de Londres.

Salimos cerca de las 11 de la mañana y luego de

atravesar sin mayores problemas un par de piquetes

de la resistencia, nos encontramos con el

primer retén de la policía. Nos hicieron bajar del

auto, mostrar documentos, bolsos y explicar por

qué y para qué estábamos ahí, y sobre todo por

qué y para qué estábamos camino al sur, hacia la

frontera con Nicaragua. Así fue en cada uno de

los 13 retenes que tuvimos que sortear para hacer

150 kilómetros, a veces apelando a la mentira, al

pedido amable o a la amenaza de escándalo en la

prensa internacional. Lo más complicado fue en

Danlí y luego en El Paraíso, los últimos pueblos

antes de la frontera. Ahí ya no eran policías sino

militares los que cerraban total y absolutamente

el paso de cualquier persona. En El Paraíso, de

hecho, tuvimos suerte de que Carlos, el chofer, se

animó de buen ánimo a meter su Mazda modelo

2008 por un camino lateral de tierra que unos pobladores

nos indicaron para poder eludir el cerco

militar.

Por suerte, a las tres de la tarde ya estábamos

en el paso fronterizo de Las Manos, adonde nos

tuvo que dejar Carlos. Nosotros, un argentino y

una inglesa, sí podíamos salir del país, pero él

que era hondureño no. Cruzamos caminando, y

una vez del otro lado un oficial nicaragüense nos

dijo en voz alta para que escucharan sus pares

hondureños: “Bienvenidos, están e un país

donde hay libertad de prensa y se van a respetar

todos sus derechos”. Luego seguimos nuestro camino

como pudimos, principalmente en esos colectivos

amarillos que se ven en las películas

yanquis, que sirven de transporte escolar en Estados

Unidos y luego cuando están viejos van a

parar al sistema de transporte de cualquier país

de Centroamérica. Pero esa es otra historia, volvamos

a lo que pasaba del lado hondureño de la

frontera.

No todos tenían la suerte de tener un carnet

de prensa internacional, así que cada hondureño

que ese día intentaba movilizarse por el país, y

mucho más hacia la frontera, debía enfrentarse a

los retenes. La mayoría de ellos, que eran miles y

miles, llegaron sólo hasta El Paraíso, a 10 kilómetros

del paso de Las Manos. Entre ese jueves y

viernes no dejó de llegar gente a El Paraíso, hondureños

de todos los rincones del país, gente

pobre, sobre todo campesinos, pero también algunos

obreros y estudiantes. Ocuparon los parques

y plazas porque como es lógico no tenían

dinero para pagar hospedaje, se notaba la falta

de organización, tanto en la logística para el dormir

y el comer como cuando por momentos arreciaba

la represión de los militares. Algunos

denunciaron que entre las balas de goma, de vez

en cuando aparecía alguna de plomo. Es muy

fácil distinguir un tiro con bala de goma, que

hace un estruendo seco, de uno de bala de plomo

que hace un zumbido. También hubo contingentes

a los que les tiraron bombas lacrimógenas

adentro de los colectivos y todo tipo de abusos.

Pero el peor fue el caso de Pedro Magdiel

Muñoz Salvador. Era un muchacho de 23 años,

albañil de un barrio pobre de Tegucigalpa. Ese

viernes 24 de julio, mientras Zelaya fracasaba en

su intento de entrar caminando a Honduras,

Pedro estaba en El Paraíso, hasta donde había podido

llegar con su moto. Era ya el atardecer y estaba

en primera línea, frente a frente con los

soldados y policías apostados y armados hasta

los dientes. Dicen algunos testigos que hizo una

fogata y comenzó a tirarles el humo a los militares,

hasta que lo detuvieron, cerca de las siete de

la tarde de ese viernes. A la mañana siguiente,

apareció su cuerpo, en el mismo lugar, con las

muñecas y los dedos de las manos quebrados,

signos de haber sido torturado y 36 puñaladas en

la espalda. Un claro mensaje mafioso del terrorismo

de Estado desatado por un ejército asesino.

“Nos fueron a buscar al piquete la gente para que

fuéramos y le tomáramos fotografías”, me contó

Dick Emanuelsson, el periodista sueco que había

ido ese día con su esposa Miriam Huezo. “Nunca

voy a poder olvidar su cara, su expresión, sus

ojos abiertos”, agregó Miriam.

 

Enmontañados

Pero ante tanta represión los campesinos empezaron

a enmontañarse. Es decir, la gente empezó

a internarse en esas montañas selváticas tan

típicas de Centroamérica, para intentar pasar al

otro lado en busca de su presidente. Eran grupos

de 10 o 15: casi todos habían dejado a sus familias

y se aventuraron con lo puesto. Caminaban entre

seis y ocho horas por las montañas, harapientos,

con hambre y sed y con los pies deshechos; muchos

de ellos empezaron a sufrir enfermedades

dermatológicas o respiratorias.

Ese viernes 24 de julio, en el lado nicaragüense

del paso fronterizo de Las Manos, cada tanto alguien

daba el alerta y señalaba hacia las montañas

verdes, donde se veían puntitos que eran los

enmontañados. Cuando llegaban salían a su encuentro

los demás y se abrazaban y coreaban

consignas de resistencia, envalentonados por la

proeza conseguida por un nuevo compañero de

lucha.

Pero no todos los intentos terminaban bien, la

montaña centroamericana, al ser tan selvática, es

más difícil para el que no la conoce, porque no

hay ni cañadas ni ningún otro accidente que a

uno lo pueda ir orientando. Entonces muchos

grupos se perdían, y cuando bajaba la noche, se

hacía cada vez más difícil, sobre todo con las patrullas

militares hondureñas pisándoles los talones.

Desde los helicópteros los atemorizaban con

megáfonos, gritándoles: “Paren, vuélvanse o les

disparamos”, una forma de terror psicológico. Y

a veces les disparaban, con balas de salva e incluso,

según algunos testimonios, con balas de

plomo.

Pero lo más común por esos días fue la desaparición

de decenas de campesinos enmontañados.

Según la Comisión de Familiares de

Desaparecidos de Honduras (Cofadeh), no hay

un registro certero de las desapariciones, pero se

calculan decenas. Por lo que me contaron los hermanos

René y Guillermo Amador, líderes juveniles

del Frente Nacional de Resistencia contra el

Golpe de Estado, en esos días los grupos de elite

Cobra mataban a campesinos en plena montaña

y a puñal. Esto, según todos los testimonios, se

da por dos motivos principales: primero porque

es una forma de dejar dudas sobre la autoría del

asesinato, ya que no existe forma de investigar la

bala, el calibre y todas esas cosas como cuando

se usa un arma de fuego; y segundo y principal,

porque en el marco de la mente perversa de estos

asesinos, tiene más valor matar “a mano” que

con un arma de fuego, más allá de que el que está

enfrente sea un indefenso campesino.

Ese sábado 26 con un equipo de documentalistas

hondureños, militantes y también sandinistas

nicaragüenses, me interné en la montaña

para buscar a un grupo de enmontañados que sabíamos

que tenían que llegar, y en el cual venían

los diputados Silvia Ayala y César Ham, este último

también candidato a presidente en las elecciones

del 29 de noviembre y ambos del partido

de izquierda Unificación Democrática.

El piso era arcilloso y cubierto en gran parte

por hojas y gramilla, con una tupida vegetación

que en muchos lugares dificultaba el paso. Pero

lo que más entorpecía el camino era la falta de

luna, que hacía que la noche fuera cerrada, y no

se podía abusar de las linternas porque hubiera

sido peligroso ante la cercanía de la línea fronteriza

y la posibilidad de que hubiera patrullas

hondureñas por la zona. Después de una hora de

dificultosa caminata encontramos al grupo de

“enmontañado”; la alegría contenida se reflejó en

comentarios en voz baja: “Bienvenidos compañeros,

están en el territorio libre de Nicaragua, ya

no se preocupen”. Las caras denotaban una mezcla

de abatimiento con una alegría que infundía

más coraje.

“Fue terrible –dijo César Ham– no sólo por lo

complicado del camino, sino también por el se-

guimiento del Ejército, éramos un grupo grande,

algunos se lesionaron y no habíamos comido en

todo el día, pero estamos contentos porque aquí

nos están recibiendo compatriotas nicaragüenses.

Quiero decirte que no venimos aquí huyendo, ni

exiliados, venimos a seguir organizándonos porque

la lucha continúa. Vale la pena cualquier calambre,

cualquier sacrificio, cualquier dolor, siete

horas de caminata, porque aquí no sólo se juega

el futuro de Honduras sino el de toda América

Latina”.

En tanto, Silvia Ayala, se refirió a las acusaciones

de Micheletti en el sentido de que los que cruzaban

la frontera de esta forma eran traidores a la

patria: “El único traidor a la patria es él, que

usurpó el poder y ahora está asesinando al pueblo,

nosotros estamos con esta gente que son verdaderos

patriotas que están arriesgando sus

vidas por sus ideales de democracia y justicia”.

Vitalino Álvares era uno de esos tantos campesinos

que habían por la montaña y que no sabían

cómo volverían porque Micheletti los había

acusado de traidores a la patria. Vitalino es de la

zona norte del país, cerca de San Pedro Sula. En

su juventud fue guerrillero del Movimiento Revolucionario

Francisco Morazán. Pero en el campamento

de refugiados de Ocotal, ese sábado a

la noche miró a sus compañeros de lucha y me

dijo en voz baja: “Nos falta organización, y me

da pena ver que los que están rodeando al Presidente

son burócratas, sin embargo, sigo creyendo

en mi comandante Mel, por ahora”. Vitalino recordó

sus viejas épocas de lucha armada y con

lágrimas en los ojos se descargó: “Acá tendrían

que estar todos, pero por ejemplo mi comandante

de aquella época, ahora se olvidó de todo.

Yo sigo luchando por lo que creo, como tantos

hondureños que pueden verse aquí”.

Era cierto todo lo que decía Vitalino, se veía

una resistencia heroica de muchos hondureños

pero se notaba la falta de organización, tanto en

Tegucigalpa, como en El Paraíso y también en

Ocotal, del lado nicaragüense. Es que el pasado

tiene su correlato en esta hora histórica, en la que

se combinan un terrorismo de Estado bestial, con

una resistencia voluntarista, rayana con lo heroico

que ya ha dejado más de 11 mártires, y una

prensa manejada por los golpistas y tan concentrada

como para manejar a su vez gran parte de

la opinión pública hondureña.

“Llamo al pueblo a tomar los medios de comunicación”

Al día siguiente, domingo 26 de julio, pude

por fin hablar más tranquilo y a solas con Patricia

Rodas, la canciller constitucional de Honduras

y, para mí, el cuadro político más importante

y lúcido del gobierno de Zelaya. Rodas fue guerrillera

Sin lugar a dudas es una de las espadas más

importantes de esta lucha por la democracia, y

sobre todo por una democracia que sea más justa.

Ella estaba ahí, en el polideportivo de Ocotal,

transformado en campamento de refugiados,

como está en todos lados. La vemos en la frontera

con su gente, la vemos en los foros internacionales,

sobre todo junto a los pueblos del Alba,

en el Bicentenario de Bolivia, en el 30º aniversario

de la Revolución Sandinista, en todos lados

está. Y nadie sabe cómo hace para mezclar su encanto

con su firmeza y su claridad conceptual. Es

una de las pocas (hay que decirlo) incondicionales

que no ha desfallecido y se ha mantenido día

a día y hora a hora en pie de lucha.

“Estamos simple y sencillamente llamando a

nuestro país para que en un solo bloque, en una

misma resistencia, podamos finalmente remontar

el gobierno que se nos arrebató a todos los

hondureños”.

Ante mi insistencia, teñida de pragmatismo y

contaminada por la ansiedad, me toma el brazo y

con tranquilidad y una sonrisa me dice: “Esto no

tiene un programa, no tiene una agenda que podamos

publicar, el presidente va marcando el

paso y detrás vamos sus soldados. El presidente

en los próximos días estará deambulando, ya lo

verás.

-El presidente decidió quedarse con su gente y

no acudir al llamado de la secretaria de Estado

de Estados Unidos. ¿Usted participó de esa decisión?

-Hillary Clinton no ha hecho un llamado, sólo

ha tenido una expresión. Recuerden que en Estados

Unidos no están cayendo presos ni muertos,

ni hay un pueblo en resistencia ni un pueblo sufriendo.

Por lo tanto, la visión que se tiene desde

afuera no es la misma que se tiene desde acá. La

obligación de un presidente es la de cumplir con

las atribuciones que su pueblo le ha ordenado, y

él debe hacerlo, fuera o dentro del país, y en todo

momento seguir gobernando. Esa es la realidad,

y no es imprudencia. Si el presidente al que se

destituyó y se secuestró hubiera sido el de los Estados

Unidos, ya tendríamos la Armada de ese

país lista y en pie de guerra en cualquier lugar

del mundo. Nuestro país es más pequeño, y

mucho más pobre, pero creemos que no nos merecemos

menos.

-¿Tiene idea cuántos son los hondureños que

están llegando por las montañas?

-No sabemos cuántos son, pero son miles, que

están huyendo de la represión y viniendo a apoyar

a su presidente.

-Micheletti ha dicho que son traidores a la patria

y por eso no podrán volver, al menos legalmente.

-Imagínese a un traidor hablando de traición,

eso sí es el colmo. El pueblo hondureño es un

pueblo fuerte, firme, heroico. Todos los que están

llegando no son empleados públicos, no obedecen

a empresarios ni se sienten amenazados de

perder sus trabajos (en relación a los manifestantes

de las marchas blancas en apoyo al golpe de

Estado). Simplemente los mueve la dignidad, con

esa misma dignidad nuestro pueblo ha logrado

grandes conquistas, como recuperar las urnas.

Esta vez también va a luchar para reconquistar el

derecho a dirimir nuestras diferencias por la vía

democrática. Esta ha sido la historia de nuestra

región centroamericana, luchar y luchar y luchar,

sin fronteras.

-¿Usted no tiene pensado volver a Honduras

para organizar el frente interno?

-Todos los días de mi vida.

-Pero en lo inmediato.

-No, ahora yo soy la responsable del frente internacional.

Soy la canciller de la república, no

podemos perder el contacto con el mundo, nuestro

esfuerzo es justamente sostener la condena

del mundo al régimen de facto, que no es ni de

facto, es un régimen golpista. Cuando esa labor

sea cumplida y el presidente nos dé la orden, inmediatamente

entramos, pero la articulación del

movimiento está clara y tenemos líderes de primer

orden al frente de la resistencia.

-Pero están metiendo presos a los principales

líderes.

-Claro, esa ha sido la historia de nuestros países,

fuerzas armadas que sólo han servido para

dar golpes de Estado y golpear a nuestra gente,

pero siempre el pueblo ha vencido. Ahora han

vuelto para atrás, nosotros lo volveremos para

adelante. Las luchas no se ganan de la noche a la

mañana, son procesos, y con todo esto el pueblo

va adquiriendo conciencia, y va adquiriendo conciencia

además para entregarse a la lucha y además

va aprendiendo a organizarse y a detectar a

sus líderes inmediatos Nosotros no podemos

pensar que hoy nos meten preso a un líder y se

acabó. No compañero, estos son los procesos de

la lucha de un pueblo, esto no es una justa machista,

a ver quién llega primero, a ver quién

tiene más fuerza. Esto es la lucha de un régimen

constitucional de un país al que se le ha arrebatado

la democracia, que ahora tienen de rehén al

Estado, tienen a rehenes y nos quieren chantajear

por esos rehenes, ¿lo vamos a aceptar? No, nuestro

pueblo está marchando, ya lo verás.

En ese momento, Rodas pide disculpas para

atender temas puntuales de la atención a los campesinos

recién llegados, con hambre, con sed, con

los pies destrozados por la caminata y enfermedades

respiratorias y dermatológicas, principalmente.

Al rato, vuelve, se acomoda un poco el pelo y

dice: “¿Por dónde íbamos?”

- Sabemos que los países del Alba y del Mercosur

han sido contundentes en la condena del

golpe. ¿Pero cómo ve usted la actitud de Colombia

y Panamá?

-Colombia ha desmentido al grupo golpista,

ha dicho que no es cierto que va a admitir como

legítimo a la camarilla golpista. Panamá desde un

primer momento ha sostenido eso, desde el primer

momento en que invitó al presidente constitucional

a la toma de posesión del señor

Martinelli. Yo he recibido comunicaciones cons-

tantes de la cancillería panameña preocupados

por la seguridad y la vida del presidente Zelaya.

Agradecemos todos estos gestos, en sus distintos

niveles y orden que le corresponde a cada uno.

Los países del Alba han estado al frente y poniendo

el pecho por nosotros, articulados, los países

del Grupo Río se han mantenido al lado

nuestro, firmes y solidarios, la OEA ha mantenido

un rechazo constante al régimen golpista,

todo el mundo.

-Israel pareciera el único país que ha sido condescendiente

con los golpistas…

-Israel no reconoce tampoco al régimen golpista.

-¿Y Estados Unidos, cómo ve que actuó su gobierno?

La historia marca que siempre estuvieron

detrás de los golpes de Estado en nuestro

continente.

-El gobierno de los Estados Unidos es un gobierno

complejo, con grandes contradicciones internas,

incluso antagonismos. Recuerda que en

los Estados Unidos han asesinado presidentes, y

no precisamente gobiernos extranjeros. De modo

que tenemos que comprender que la historia, tal

como los dices tú, nos enseña cada día que no

hay golpe de Estado en el que alguna fuerza de

poder de los Estados Unidos no se involucre. Ob-

viamente ésta no tiene por qué ser la excepción.

Ahora bien, nosotros no podemos culpar por ello

a toda la estructura gubernamental de los Estados

Unidos. Yo no puedo responsabilizar al presidente

Obama, o a la propia secretaria de Estado

Hillary Clinton, o a un sector importante de congresistas

progresistas demócratas que de repente

creen en la libertad de los pueblos. Pero sí puedo

responsabilizar a esos entes del estado norteamericano

que sin ellos no se movería un dedo

para un golpe de Estado. Recuerde usted que

esos órganos son los mejor informados del

mundo, para que se mueva una hoja, para que

nazca un huracán, se necesita el permiso de ellos.

Y si ellos no se metieron, es porque algún interés

tienen en esto. Yo sí creo que hay fuerzas del gobierno

de Estados Unidos que a espaldas del presidente

Obama están actuando en contra de mi

pueblo. Esos mismos sectores están gritando en

el Congreso de los Estados Unidos contra el pueblo

hondureño. Están pidiendo en el Congreso

que apresen o asesinen al presidente constitucional.

Están mandando a Honduras a sus asesores,

Otto Reich, Carmona, están apoyando a los asesinos.

-¿Pero usted está convencida de la inocencia

de Obama?, porque también Kennedy negaba su

participación en la invasión de la Bahía de Cochinos.

-Yo creo en el estado de derecho y la presunción

de inocencia es fundamental, y que yo sepa

en el pasado el presidente Obama no ha participado

en el pasado de ningún acto criminal contra

nuestro pueblo. Pero sí la CIA, pero sí el Pentágono,

y sí el Departamento de Estado. Lo que

quiero decirte es que yo todavía no puedo culpar

a un presidente que está recién llegando, que no

sabemos realmente adónde conduce su proceso,

porque no quisiera dentro de unos años tener

que retractarme. El mismo Obama ha dicho que

tendrá que dormir vestido y con la valija al lado

hecha porque hoy ningún presidente puede dormir

tranquilo. Y nosotros en broma decimos que

eso se aplica para América Latina, pero en los Estados

Unidos la experiencia nos dice que es mejor

que duerman con la mortaja y el ataúd al lado.

-¿Y cómo analiza la actitud del presidente

Oscar Arias? ¿Por qué ir a San José a negociar con

golpistas?

-No hubo negociación, lo que hubo fue una

necesidad de la diplomacia de prestarse a una

mediación. Fuimos a ver sólo cuándo se iban los

golpistas para devolver el lugar que están usurpando

el poder.

-Pero cuando se restituya el orden constitucional

y ustedes vuelvan al poder, ¿habrá perdón

o castigo para los golpistas?

-Nosotros hemos aceptado discutir eso. El

único punto que aceptamos es que una vez que

se restituya el orden constitucional, el presidente

Arias convocará a los distintos sectores de la sociedad

para discutir los temas que él ha propuesto,

que quizás ingenuamente se haya

equivocado. Se ha equivocado Arias, es verdad,

pero eso no le borra la buena intención.

-¿Por qué se dio el golpe, ustedes habían

hecho reformas, ¿pero el proceso iba en vía de

convertirse en una revolución?

-Si, en una revolución ciudadana, pacífica. Y

sobre todo les dolió a las transnacionales, las que

habían sido más golpeadas por las virtudes democráticas

de nuestro presidente.

-¿Usted en lo humano cómo está viviendo

todo esto?

-Mira, realmente todavía no me he puesto a

pensar en eso, pero es muy duro. Te voy a contar

mi historia, si me permites, ven que nos sentamos

aquí. Cuando yo tenía dos años, un batallón

de las Fuerzas Armadas de Honduras me sacó de

mi casa en una cuna porque habían asestado un

golpe de Estado para que mi padre no ganara las

elecciones (3 de octubre de 1963). Fueron los mismos

que ahora están llevando adelante este golpe

de Estado. Tuvimos que salir todos del país y

andar de arriba para abajo todo el tiempo. Mi

padre murió luchando por la democracia dos

meses antes de la primera elección libre. Luego,

siendo yo adolescente, los mismos que antes apoyaban

a mi padre, lo traicionaron, y lo enterraron

con sus sueños. Al presidente Zelaya no lo enterraron,

pero lo traicionaron igual Son los mismos

nombres. Después, siendo joven, sufrí junto a mi

generación la persecución y la muerte. Mis primeros

novios y esposos fueron asesinados, por

las mismas fuerzas que hoy asesinan a mi pueblo

(se emociona, y debe hacer un alto). Tomé los

fusiles y me fui a la guerrilla por seis años (participó

del Movimiento Revolucionario Francisco

Morazán). Luchamos como creímos conveniente

por nuestro país. Luego bajamos los fusiles y Manuel

Zelaya nos invitó a marchar pacíficamente

hacia una revolución democrática… y marchamos

a su lado. Ahora son los mismos de siempre,

la derecha de siempre, la que vuelve a levantar

armas contra nosotros. Pero seguiremos con fe y

esperanza junto a nuestro presidente por una

lucha pacífica y no armada, pero con profundas

convicciones. Entonces esto lo estoy viviendo

como lo he vivido durante toda mi vida.

-Si vuelve el orden constitucional, ¿aceptaría

en algún momento encabezar una herramienta

política y ser presidenta?

-No no no, antes mi presidente. Al lado de un

gran roble tiene que pasar mucho para que nazcan

roblecitos. Yo soy sólo una soldada de mi tierra.

Y si alguna vez tengo que tomar la

responsabilidad, lo haré con dignidad al lado de

mi pueblo. Lo importante es que estamos comenzando

a construir revolucionariamente de

nuevo. Poniendo el pecho hasta la muerte, porque

un pueblo entero marchando no puede ser

vencido por ningún cañón del mundo.

-El problema es que el enemigo hoy tiene en

su poder otras armas poderosas, los medios de

comunicación.

-Es muy cierto compañero, no tenemos medios

de comunicación que digan la verdad. Y los

pocos que dicen la verdad, en este momento

están siendo silenciados. Qué cierto es lo que

dices, éstos micrófonos (señala el mío) a veces

son más fuertes que los fusiles.

-Porque matan conciencias, o las adormecen.

-Sí, matan pueblos enteros de un solo cañonazo.

En eso tienes razón y por eso necesitamos

con urgencia medios propios. Yo aprovecho esta

entrevista para llamar entonces a que el pueblo

tome las radioemisoras, que tome las televisoras

y no permita que nunca más vuelvan a herir la

conciencia de mi pueblo.

-Eso sería prácticamente una guerra civil, porque

la oligarquía no se dejaría arrebatar su arma

más preciada sin pelear…

- Ningún militar podrá levantar sus armas

contra el pueblo entrando a los medios de comunicación

y posesionándose de los micrófonos. Yo

no quiero una guerra civil, vivimos compañero

en una región que entregó cientos de miles de

compatriotas, casi todos jóvenes en guerras que

planteaban el nacimiento de otro mundo. Al

final, todos perdimos, no pudimos lograr vencer

nuestras dependencias, no pudimos vencer a las

transnacionales, ni a nuestras propias conciencias.

En definitiva, no todo lo armado es purificador,

pero también las urnas nos han dicho lo

mismo, tampoco sirven las urnas para darle de

comer a mi pueblo.

-¿Y entonces?

-Mantendremos la lucha pacífica hasta que eso

nos sea posible, pero lucha pacífica no quiere

decir inmovilismo. Ahora bien, somos pacíficos,

pero de repente en la retaguardia, necesitemos

algunas… algunos instrumentos que disuadan

las balas del adversario.

-¿No cree que el Alba debería integrarse militarmente

para intervenir a favor de los pueblos

en este tipo de casos de golpe de Estado y terrorismo

de Estado?

-Lástima que eso no me lo propusiste hace algunos

años. Creo que definitivamente te hubiera

dicho que sí.

 

Micrófonos como fusiles

Honduras es el mejor ejemplo de que el poder

mediático es hoy, asociado al poder económico y,

más precisamente al financiero, el primer poder.

Los dueños del poder financiero, apropiados de

los grandes medios concentrados, son mucho

más fuertes que el poder político, y no tienen ningún

prurito en usar a los militares para dar un

golpe de Estado si hace falta, y luego disfrazarlo

de “sucesión constitucional”.

En Honduras, desde el 28 de junio sólo dos

emisoras de radio (Globo y El Progreso), un canal

(36) y un periódico (El Libertador) siguen informando

ecuánimemente y verazmente, y fueron

perseguidos permanentemente hasta que, el

lunes 28 de setiembre fueron clausurados. Antes

habían sido ocupados en más de una oportunidad

por la Policía y el Ejército. Una de esas veces

en que los soldados entraron a las patadas a

Radio Globo, el director David Romero se tiró

por la ventana desde un tercer piso, fracturándose

la clavícula y una costilla. “Es que ya estuve

preso y fui torturado en los años ’80, con el terrorismo

de Estado de aquellos años, sé lo que es

eso y no estoy dispuesto a que me vuelva a

pasar”, contó.

Sin embargo, estos periodistas son casos excepcionales,

ya que lamentablemente la inmensa

mayoría de los trabajadores de prensa de Honduras

se están comportando como cipayos de los

golpistas.

 

Poder antidemocrático

Con el advenimiento de las telecomunicaciones

y la revolución informática, se produjo también

en las últimas décadas una concentración

ilimitada de los medios de comunicación en

pocas manos, en concordancia con las políticas

económicas neoliberales que no ponen ningún

tipo de límites al capital.

Antes, los medios en nuestros países eran de

familias, de personas de carne y hueso. Hoy son

de grupos de inversión, de capitales financieros

que fluyen libremente por el mundo, sin siquiera

las fronteras que tienen los Estados.

Esta unión del poder financiero internacional

con el poder mediático ha llevado a este último a

abandonar su tradicional lugar de cuarto poder,

por dos motivos: porque es mucho más fuerte

que el poder político y por lo tanto es el primer

poder; pero además porque aquel concepto de

cuarto poder era atribuido a una función de contrapoder

o de poder fiscalizador que controlaba

a los otros tres poderes de la república (ejecutivo,

legislativo y judicial). El poder mediático ha abdicado

de esa función de control, porque como

él mismo es el poder, sería controlarse a sí

mismo, algo incongruente.

En este contexto, el poder mediático abandona

absolutamente su vocación de servicio de información

y se dedica absolutamente al objetivo de

buscar el lucro, económico y político.

Antes, el negocio de los medios de comunicación

era vender información a su público. Ahora,

el negocio de los medios es vender su público a

sus anunciantes. Y usar ese poder y ese público

para otros negocios de todo tipo, entre ellos po-

líticos. De hecho, hoy la lucha política se da principalmente

en el campo de lo mediático, como

veremos más adelante.

Es aquí donde se confunden los conceptos de

libertad de prensa con libertad de empresa. Y es

aquí donde se hace esencial contraponer a la libertad

de prensa otro concepto básico para la democracia:

el derecho a la información, que

corresponde al pueblo.

Es decir, ¿hasta dónde llega la libertad de expresión

del periodista o del medio? ¿Hasta mentir,

hasta tergiversar, hasta llamar al golpe de

Estado y al magnicidio, como en Venezuela y Bolivia?

Este cuadro de situación se empeora si se toma

en cuenta que el poder mediático es un poder autoritario,

antidemocrático y hasta dictatorial. ¿Por

qué?

-En primer lugar, porque impone un discurso

único en defensa de su clase. Más allá de que

pueda hacer dos o tres grandes grupos mediáticos

en un país, no tendrán diferencias sustantivas

porque pertenecen al mismo grupo de poder

o a la misma clase.

-En segundo lugar porque no se lo puede criticar

ni siquiera observar. Los medios pueden criticar

y defenestrar a políticos, artistas, deportistas

y a cualquier persona pública o no, pero no soportan

que alguien pueda criticar su tarea. Si eso

ocurre, inmediatamente denuncian censura, ataques

a la libertad de prensa y muchas cosas más.

-En tercer lugar porque nadie los elige y nadie

los puede sacar de la posición de poder extremo

que ocupan. Al poder político al menos lo vota la

sociedad y lo saca mediante elecciones y un sistema

más o menos democrático.

-En cuarto lugar porque muchas veces ese

poder extremo que ejerce se transforma en un

poder desestabilizador y destituyente del poder

político. Y hasta golpista, como en el caso del

golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el

presidente Hugo Chávez de Venezuela, el del

golpe cívico-prefectural de Bolivia de 2008 y el

del golpe de Honduras de 2009.

 

 

 

 

 

Golpe blando, golpe duro

Lo que se vivió en Honduras es algo muy extraño,

se podría decir que es una mezcla de golpe

blando con golpe duro, o golpe institucional con

golpe de Estado típico, como los que veíamos en

los años ’70 u ’80. Podríamos decir que el golpe

en sí fue un típico neogolpe, encabezado por ci-

viles y con la participación del Legislativo y el Judicial,

pero la represión que vino después está

más relacionada con un férreo gobierno militar.

En los últimos tiempos ha surgido un nuevo

golpismo que está encabezado por civiles y

cuenta con el apoyo abierto o encubierto de las

Fuerzas Armadas, cuando antes era justamente

al revés: el golpe estaba encabezado por las Fuerzas

Armadas, que contaban con el apoyo abierto

o encubierto de civiles.

Este nuevo golpismo pretende conservar una

imagen institucional mínima con el Congreso y

la Corte Suprema de Justicia indemnes y en funcionamiento,

y trata de que el uso de la violencia

no sea tan ostensible.

Otro punto importante de este neogolpismo es

que muchas veces cuenta con importantes manifestaciones

populares en contra del gobierno depuesto,

como por ejemplo los casos de Ecuador

en contra de Abdalá Bucaram en 1997 y Jamil

Mahuad en 2000, y de Argentina en contra de

Fernando De la Rúa en 2001. Además, de a poco

este tipo de golpes cívico-militares han ido

siendo aceptados por la comunidad internacional

casi como si fueran sucesiones constitucionales

comunes. En este punto no quiero hacer un

análisis político ideológico porque es claro que

tanto Bucaram, como Mahuad y De la Rúa habían

implementado políticas antipopulares, pero

tras la ilusión de que al gobernante lo echó el

pueblo, se puede esconder este neogolpismo.

Muy distintos son los casos de Venezuela en

2002, Haití en 2004 y Bolivia en 2008. El golpe del

11 de abril de 2002 en Venezuela también fue una

mezcla de modos tradicionales y nuevos. Como

el oficialismo controlaba el Congreso, y el pueblo

en su inmensa mayoría apoyaba al presidente

Hugo Chávez, necesitaron apelar a prácticas tradicionales

como el cierre del Congreso y el secuestro

del presidente por parte de las Fuerzas

Armadas, mezclados con métodos nuevos como

la elección de un civil como nuevo presidente.

Pero en este punto, ante la imposibilidad de que

ese civil fuera el presidente del Congreso, no pudieron

apelar a la teoría de la sucesión constitucional.

En cuanto a la reacción de la comunidad

internacional, fue muy despareja. Mientras países

como Argentina, Brasil y Chile repudiaron el

golpe de Estado y lo llamaron así con todas las

letras, Estados Unidos, España y Colombia no lo

llamaron así y, además, lo justificaron, reconociendo

al efímero gobierno de Pedro Carmona

“el breve”. Hubo incluso al igual que en el caso

hondureño, el intento de decir públicamente que

el presidente había renunciado. Finalmente,

quien salvó la democracia en Venezuela fue el

pueblo en las calles y dos días después de su derrocamiento,

reasumió el poder Hugo Chávez.

Dos años más tarde, en 2004, se produjo un

nuevo golpe en Haití contra Jean-Brertrand Aristide.

En este caso, los golpistas y el Imperio perfeccionaron

lo hecho en Venezuela y para evitar

cualquier posibilidad de vuelta al gobierno de la

mano del pueblo, secuestraron al presidente, lo

pusieron en un avión y lo llevaron a la República

Centroafricana. Como se ve, en el caso de Honduras

se han perfeccionado los métodos tomando

las distintas experiencias.

Por último, tenemos el ejemplo del golpe cívico-

prefectural de Bolivia de 2008, cuando se intentó

una crisis separatista encarnada por los

cívicos de Santa Cruz de la Sierra y la llamada

Media Luna. Este intento fue más complejo en

cuanto a la ingeniería política, pero fue desarticulado

y contrarrestado por la reacción rápida,

unánime y contundente de los países de la Unión

de Naciones Sudamericanas, especialmente reunidos

en Santiago de Chile el 11 de setiembre de

2008.

En Honduras se conjugan características del

neogolpismo con el más típico y tradicional te-

rrorismo de Estado. Las elites políticas hondureñas,

aliadas a los militares, acusan al presidente

de irrespeto a la constitución y, en vez de hacerle

un juicio político, lo secuestran como a Chávez

en el 2002 y lo suben en un avión para mandarlo

a otro país como a Aristide en 2004. Luego, no

asumen el poder los militares sino que encaran

una farsa de sucesión constitucional haciendo

asumir al presidente del Congreso, Roberto Micheletti.

Para que les cerrara la farsa, apelan a la

misma mentira que con Chávez en 2004: “El presidente

ha renunciado”. En este caso, llegan al extremo

de falsificar una supuesta renuncia de

Zelaya, con su firma apócrifa incluida.

Un punto muy importante es que las grandes

mayorías de hondureños apoyaban a Zelaya y tomaron

el golpe como un golpe al pueblo. A partir

del mismo domingo y durante esos primeros

días, el pueblo estuvo en la calle protestando y

resistiendo al golpe, sobre todo el domingo siguiente,

5 de julio, cuando más de 300 mil hondureños

se congregaron en el aeropuerto de

Tontontín ante el intento de retorno de Zelaya.

Por eso a los golpistas les hizo falta recurrir a una

feroz represión, típica de los golpes tradicionales

y del terrorismo de Estado de los ’70 y ‘80. De

hecho, el asesor en seguridad del dictador civil

Micheletti es Billy Joya, un personaje emblemático

de los escuadrones de la muerte en los ’80.

Esa represión indiscriminada, con decenas de

asesinados y desaparecidos, cumplió con su objetivo

de minar la posibilidad de una gran movilización

popular que ponga en jaque a la

dictadura y reinstale en el gobierno al presidente

legítimo y legal.

El elemento nuevo en este golpe de Estado,

entre blando y duro, fue la condena general de

toda la comunidad internacional, como no se

había visto nunca, más allá de que, como ya se

ha dicho, Estados Unidos ha tenido una actitud

ambigua e hipócrita, por un lado siendo parte activa

del golpe, y luego condenándolo.

Incluso los gobiernos que en un primer momento

amagaron con reconocer al régimen golpista,

como Colombia, Panamá, Israel y Taiwán,

tuvieron que dar marcha atrás para no quedar

fuera de contexto dentro de la comunidad internacional.

Sin embargo, más allá de esa condena unánime

del mundo, las organizaciones supranacionales,

sobre todo la OEA, han vuelto a demostrar

su falta de efectividad.

En este contexto, sin efectividad en los intentos

de la comunidad internacional y con una represión

brutal que impide una gran movilización

popular que ponga en jaque a la dictadura, el neogolpismo

parece afianzarse en Honduras.

Ante este innegable éxito del neogolpismo, el

peligro evidente es que quede un pésimo precedente

que envalentone a los golpistas de las oligarquías

de cada país para reproducir la receta

mejorada.

A dos meses del golpe, el tema central de la región

era el acuerdo entre el presidente de Colombia,

Álvaro Uribe, y su par de Estados

Unidos, Barack Obama, para potenciar al país

sudamericano como una gran plataforma bélica

del Imperio. En definitiva, para hacer en el inicio

del siglo XXI de Colombia, la plataforma yanqui

en Sudamérica que fue durante el siglo XX Honduras

en Cetroamérica.

Esto demuestra claramente que existe una embestida

evidente y brutal del Imperio contra los

procesos revolucionarios en marcha, y que el

golpe del 28 de junio no fue sólo contra José Manuel

Zelaya ni sólo contra Honduras.

Para avalar esta aseveración, volvemos a recordar

que el domingo 21 de junio de 2009 (una

semana antes del golpe) se produjo una reunión

crucial en la casa del embajador de Estados Unidos,

Hugo Llorens. En esa reunión, además del

“virrey”, estuvieron presentes el propio Zelaya,

el entonces presidente del Congreso unicameral

y hoy dictador civil Roberto Micheletti, los candidatos

presidenciales Elvin Santos (Partido Liberal)

y Porfirio Lobo (Partido Nacional) y el

comandante en jefe de las Fuerzas Armadas,

Romeo Vázquez Velásquez. Según el propio diario

golpista La Prensa, en su edición del lunes 22

de junio, en esa reunión todos los presentes le

“pidieron” a Zelaya que anulara la encuesta prevista

para el 28. Ese mismo día (domingo 21), llegaba

a Tegucigalpa Thomas Shannon,

subsecretario de Estado para América Latina, es

decir subalterno directo de la secretaria Hillary

Clinton.

El jueves 25 de junio desembarcó en Honduras

otro asesor de Hillary Clinton: John Negroponte,

un oscuro personaje que fue jefe de la CIA, asesor

de inteligencia en la Guerra de Vietnam, embajador

en Honduras durante los años ’80, cuando

transformó este país en una plataforma de la guerra

contrainsurgente en El Salvador y contrarrevolucionaria

en Nicaragua, y finalmente enviado

especial de George W. Bush a Irak. Ese jueves,

tres días antes del golpe, Negroponte se reunió

con Vázquez Velásquez, con el cardenal Oscar

Andrés Rodríguez (presidente de la Conferencia

Episcopal Hondureña) y con Billy Joya, quien

fuera el creador de los escuadrones de la muerte

y sobre todo el comando 3-36 en los años ’80 y

hoy asesor de seguridad de Micheletti.

A todas estas evidencias de la injerencia imperial

en la situación política hondureña se suma

el hecho admitido por el propio Comando Sur de

los Estados Unidos de que el avión que llevaba

secuestrado al presidente Zelaya paró a reabastecerse

en la base militar de Soto Cano, en Palmerola.

Con este marco de situación, es lógica la preocupación

de los países del Alba respecto a la embestida

que empezó con el golpe en Honduras y

continúa con las bases en Colombia. Los que más

preocupados están, con razón, son Venezuela y

Ecuador, porque tienen antecedentes de un Estado

como Colombia que viola sistemáticamente

la soberanía de otros países. Dos casos emblemáticos

son el secuestro llevado a cabo por agentes

secretos de Rodrigo Granda (el llamado “canciller

de las Farc”) en pleno territorio venezolano el

13 de diciembre de 2004 y el bombardeo de territorio

ecuatoriano para matar a Raúl Reyes (tam-

bién comandante de las Farc) el 1º de marzo de

2008.

Pero además, viendo que el Imperio interviene

en cualquier rincón del mundo con cualquier excusa

(como las supuestas armas de destrucción

masiva en Irak y la aprehensión de Bin Laden en

Afganistán) y que los organismos internacionales

se demuestran cada vez más y más impotentes

e ineficientes ante las injerencias de Estados

Unidos, la pregunta es: ¿no habrá llegado el momento

de plantear seriamente una integración

militar de los países del Alba para intervenir en

estos casos? Si decimos que el golpe en Honduras

no es sólo contra Honduras sino contra todos los

pueblos de nuestra América, se hace necesario

que los pueblos y sus gobiernos revolucionarios

intervengan para defenderse.

 

CAPÍTULO SEIS

Desenlace

El primer mes posterior al golpe de Estado estuvo

signado por la represión de los jerarcas de la

dictadura cívico-militar, por la resistencia del

pueblo y por los dos intentos de regreso de Zelaya,

el primero por aire el 5 de julio y el segundo

por tierra el 24 y 25 de julio.

El segundo mes de resistencia terminó el lunes

31 de agosto con el lanzamiento de la campaña

electoral con miras a las elecciones generales del

29 de noviembre y el presidente constitucional

exhortando a los hondureños a no participar de

la misma, por darse en el marco de una dictadura.

En cambio, los golpistas siguieron actuando

con los hechos consumados y con el discurso de

todo golpista: “Hay que mirar para adelante”.

Ante esta situación, se planteaban varios temas

en la agenda de los movimientos populares:

¿cómo continuar la heroica resistencia del pueblo

hondureño que no había dejado de estar en

las calles ni un día desde el golpe? ¿Qué hacer

ante las elecciones de noviembre?

Para ese entonces, más allá de que la lucha popular

seguía siendo por la vuelta de Zelaya y la

restitución del orden constitucional, el debate

instalado en las calles, en el campo, en las universidades

y en las fábricas, es si había que participar

o no de este proceso electoral. Muchos

planteaban que no había que hacerlo porque

sería legitimar un proceso armado por la dictadura

cívico-militar y el Imperio. Además, teniendo

en cuenta que la mayoría de los Estados

de la Comunidad Internacional había dicho que

no reconocería al próximo presidente, seguramente

no mandarían veedores internacionales,

por lo cual crecía la posibilidad de que fueran comicios

amañados.

Pero muchos otros opinaban que no participar

hubiera sido ceder espacios de poder a la oligarquía

que justamente es lo que buscaba, actuando

con los hechos consumados y sin ningún prurito

democrático. A fines de julio les hice la misma

pregunta a los dos candidatos de izquierda: “¿Va

a retirar su candidatura?”. La respuesta de César

Ham fue: “Lo decidirá el partido” y la de Carlos

Reyes: “La candidatura no es mía sino del pueblo,

y el pueblo en la calle me pide que me presente”.

Una posibilidad que se barajó era que Reyes y

Ham compartieran una candidatura de corte popular

y progresista, y que incluso allí confluyeran

algunos sectores del Partido Liberal, aquellos

más cercanos al presidente constitucional Zelaya.

Hasta se llegó a hablar que muchos dirigentes liberales

pudieran ser candidatos a alcaldes y diputados

bajo el ala de la personería jurídica de

UD. Pero esa alternativa está fue atacada por los

sectores de derecha del mismo Partido Liberal y

del Partido Nacional, argumentando que la Carta

Orgánica de UD exige una afiliación de dos años

como mínimo para poder representar al partido

en elecciones. Paradójico: los mismos que no se

avergüenzan de haber dado un golpe grotesco y

sangriento, cuestionan una cláusula interna de

otro partido.

Pero finalmente la decisión del Frente Nacional

de Resistencia contra el Golpe de Estado y de

los candidatos fue no participar de las elecciones

si no se producía antes la restitución de Zelaya a

la presidencia. Hasta el Partido Innovación y

Unidad Social Demócrata (Pinu) tomó la decisión

de retirar a sus candidatos y no participar de las

elecciones, desautorizando a su candidato Bernard

Martínez.

Mientras tanto, el Partido Nacional (conservador)

y el Partido Liberal se lanzaron durante setiembre

de lleno a la campaña electoral por sus

candidatos Porfirio “Pepe” Lobo y Elvin Santos,

respectivamente. Como si no hubiera pasado

nada, los dos candidatos repetían los slogans vacíos

de cada campaña electoral y las mentiras de

siempre para justificar su complicidad con el

golpe.

 

La vuelta

Sin embargo, el lunes 21 de setiembre ocurrió

algo que nadie esperaba. De repente, Zelaya apareció

en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

Había entrado por tierra en auto desde Guatemala

y logrando eludir los retenes y controles, se

había refugiado en la delegación brasileña.

En un primer momento, Micheletti salió a desmentir

la información y acusó a los medios de comunicación

que daban cuenta de la presencia de

Zelaya en Tegucigalpa de estar haciendo “terrorismo

mediático”. Ese lunes dijo: “(Zelaya) está

tranquilo en una suite de un hotel de Nicaragua”.

Fue un episodio más entre absurdo y ridículo

que dejó mal parado a Micheletti, sobre todo

cuando se confirmó que el presidente constitucional

estaba en la embajada de Brasil.

Fue también una jugada arriesgada del gobierno

de Luiz Inacio Lula da Silva, que significó

una velada provocación a los Estados Unidos, ya

que fue meterse en territorio de influencia norteamericana.

En la política internacional moderna,

existe un acuerdo tácito que divide el continente

en dos, desde el istmo de Panamá para arriba

bajo la influencia estadounidense y Sudamérica

bajo el influjo brasileño.

Lo cierto es que esa semana, la embajada de

Brasil se constituyó en un centro congregación de

los seguidores de Zelaya y en general de la resistencia.

Pero también de exageradas fuerzas militares

y policiales que se apostaron en las

inmediaciones, redoblaron la represión y hasta

llegaron a incurrir en ataques contra la sede diplomática,

con sonido y con gases, algo que po-

dría haber constituido incluso causa de guerra

porque atacar una embajada equivale a atacar el

territorio del otro país. Mientras tanto, la policía

desalojaba permanentemente a los manifestantes

de la resistencia congregados fuera de la embajada

brasileña.

 

La vida dentro de la embajada

Adentro de la sede diplomática brasileña, la

vida era tan complicada como afuera. Al principio,

por la cantidad de personas que había, y

luego por las huellas del tiempo y los días de encierro.

Durante los primeros días, más de 300 personas

convivían dentro de la sede, compartiendo

tres baños. Incluso hubo un brote de diarrea y

muchos denunciaron que había gases tóxicos que

estaban enfermándolos.

Además, en esos primeros días, el gobierno

dictatorial cortó la luz, el agua y no dejaba entrar

alimentos, una situación que cambió sólo ante la

enérgica protesta del gobierno de Brasil.

Cuando se estabilizó la situación, un restaurante

vecino se encargó de proveer a los fotógrafos

y periodistas de comida, principalmente

arroz y frijoles, matizados de vez en cuando con

algún trozo de carne o algún huevo.

Luego de un mes, quedaban en la embajada

de Brasil unas 40 personas que, por lo menos podían

ducharse, no como al principio.

Y tenían algunas mantas para dormir sobre el

piso. El propio Zelaya no estaba mejor, dormía

en un colchón inflable y, para hablar por teléfono,

debía subir al techo, único lugar donde había

señal.

Sin embargo, ya sea en colchones inflables o

sobre el piso, la mayoría no podía dormir dentro

de la embajada, principalmente por el hostigamiento

permanente de los soldados, que prenden

reflectores y los enfocan a la embajada, gritan,

maúllan como gatos, ladran como perros, insultan,

o pasan música a todo volumen.

Según varios fotógrafos presentes, la canción

que más ponían los soldados durante la noche

era “Rata de dos patas”, un tema de la cantante

mejicana Paquita la del barrio que empieza diciendo:

“Rata inmunda, animal rastrero, escoria

de la vida, adefesio mal hecho…”

La falta de sueño entorpece todas las funciones

y la vida cotidiana y nubla la mente, igual

que la inactividad y el hacinamiento. De hecho,

tanto los correligionarios de Zelaya cuanto los

periodistas, para no enloquecer, se ponían a contar

historias, hacer música con elementos a la

mano, arreglar el jardín, limpiar o leer los tantos

libros sobre Brasil disponibles en la embajada.

Los partidarios de Zelaya, en tanto, se turnaban

haciendo guardias de tres horas para alertar

sobre movimientos extraños de los soldados que,

a escasos metros, no dejaban de vigilarlos permanentemente

con largavistas.

La propia Organización de los Estados Americanos

(OEA) denunció que los soldados hostigan

a los ocupantes de la embajada y los afectan

físicamente con la música alta y el bullicio y Brasil

ha exigido varias veces que dejen tranquilos a

sus huéspedes.

 

Estado de sitio

El domingo 27 de setiembre se agravó la situación,

cuando el dictador civil Micheletti decretó

el estado de sitio y la supresión de las

garantías constitucionales por 45 días, abriendo

la posibilidad de que cualquiera pudiera ser detenido

sin una orden judicial. Hasta ese momento,

y desde el mismo golpe, lo que regía era

el toque de queda, que normalmente abarcaba

desde las 10 o 12 de la noche, hasta las seis de la

mañana, aunque algunos días era desde las seis

de la tarde. Durante esas horas, los ciudadanos

hondureños no podían reunirse y ni siquiera circular

caminando o en vehículo.

El lunes 28 de setiembre, con el estado de sitio

bajo el brazo, el gobierno dictatorial decretó el

cierre de Radio Globo y de Canal 36, los dos únicos

medios, junto a Radio Progreso y el diario El

Libertador, que informaban cabalmente.

Los mismos representantes del establishment

y de los partidos tradicionales (Liberal y Nacional)

se opusieron a la medida, que iba a terminar

afectando también sus campañas electorales. El

propio presidente del Congreso, José Alfredo

Saavedra, solicitó a Micheletti la derogación del

decreto que suspendía las garantías constitucionales.

Pero ese lunes 28 de setiembre también se reunieron

de forma urgente en Washington las delegaciones

de los 33 países de la Organización de

Estados Americanos (OEA) para analizar la situación

en Honduras. Allí, como para echar un

poco de luz sobre la sombría y ambivalente posición

de los Estados Unidos, el representante alterno

Lewis Amslem dijo que el regreso de

Zelaya a Tegucigalpa había sido una decisión

“irresponsable e idiota”.

“El retorno del Presidente Zelaya a Honduras

es irresponsable e idiota y no sirve ni a los intereses

de su pueblo ni a aquellos que buscan el

restablecimiento pacífico del orden democrático

en Honduras”, dijo Amselem durante una reunión

extraordinaria del Consejo Permanente de

la OEA.

Quedaba la remota posibilidad de que hubiera

sido un exabrupto del diplomático, algo de todos

modos injustificable. Sin embargo, a la sorpresa

inicial se sumó otra cuando los dichos de Amselem

fueron ratificados por el portavoz del Departamento

de Estado, Philip Crowley: “Lo que

dijo (Amselem) es totalmente coherente con

nuestra preocupación de que ambas partes necesitan

tomar una acción constructiva. Ya lo hemos

dicho”.

Y sí, también la propia Hillary Clinton, secretaria

de Estado se había mostrado crítica de Zelaya

cuando el presidente constitucional había

intentado a principios y finales de julio entrar su

país, primero en avión y luego caminando, catalogando

a esos intentos como “imprudentes”.

El lunes cinco de octubre, Micheletti levantó el

estado de sitio, una semana después de haberlo

implementado.

 

La negociación

El jueves 24 de setiembre, el obispo auxiliar de

la diócesis de Tegucigalpa, Juan José Pineda, visitó

a Zelaya en la embajada de Brasil y el 30 septiembre

propuso un diálogo con los auspicios y la

mediación del canciller panameño, Juan Carlos

Varela.

Al día siguiente, Micheletti aseguró que dejaría

la presidencia usurpada pero si Zelaya también

renunciaba a la restitución. Fue lo que

empezó a llamarse como “tercería”, es decir, que

un tercero ocupara la presidencia para encausar

el proceso electoral y hasta el 27 de enero en que

debería asumir el nuevo presidente.

El dos de octubre llegó a Honduras una avanzada

de la OEA y ese día se reunieron, en la base

yanqui de Palmerola, Micheletti y el secretario

general José Miguel Insulza. El miércoles siguiente,

7 de octubre, Insulza llegó a Tegucigalpa

esta vez en forma oficial y acompañado de varios

cancilleres de países miembros de la OEA.

Luego de haberse generado una gran expectativa,

Micheletti recibió esa tarde a la delegación

continental en la casa de gobierno y fue un espectáculo

casi vergonzoso ver en vivo por televisión

cómo un dictador retaba como si fueran

niños a los integrantes de la OEA. Ante la advertencia

de la comunidad internacional de que no

reconocería los resultados de las elecciones del

29 de noviembre si antes no se restituía el orden

democrático, Micheletti casi les gritó en la cara a

los visitantes: “Fíjense lo que les digo, sólo hay

una posibilidad de que no se celebren elecciones

ese día: que nos invadan, que nos manden soldados

y nos invadan…”.

Se fueron los cancilleres e Insulza sumó un fracaso

más. Las posibilidades de un entendimiento

se evaporaron y la situación volvió al estancamiento.

A la siguiente semana, pareció descongelarse

el diálogo, pero las discrepancias principales

entre las comisiones de zelayistas y golpistas giraban

en torno a la restitución del presidente

constitucional y sobre todo en relación a quién

debía decidir sobre el tema. Los negociadores de

Zelaya exigían que fuera el Congreso, mientras

que los de Micheletti querían que fuera la Corte

Suprema de Justicia.

En esos días, un avance en las negociaciones

fue el acuerdo entre las partes para que no se

lleve a cabo una Asamblea para reformar la

Constitución, quizá el punto central que explica

el golpe y la crisis.

Este punto de acuerdo fue visto por gran parte

de la resistencia como una concesión y hasta una

traición por parte de Zelaya y sus negociadores,

aunque no lo hicieron público. Sin embargo, un

signo elocuente fue el retiro del dirigente del

Frente Nacional de Resistencia, Juan Barahona,

del equipo de negociadores de Zelaya, para que

ante un eventual acuerdo, no estampara su firma

renunciando a una Asamblea Nacional Constituyente.

Aunque pasó casi desapercibido, este hecho

marcó en ese momento un cierto distanciamiento

entre el Frente de Resistencia y el propio Mel Zelaya.

El miércoles 14 de octubre, Zelaya dio un ultimátum

a los golpistas para que antes del viernes

se decida su restitución en la presidencia, caso

contrario analizaría otras acciones para volver al

poder. Fue uno más de los capítulos de lo que se

parecía ya a una telenovela mientras el pueblo seguía

siendo reprimido en las calles.

Ese viernes no pasó nada, ni el fin de semana

ni el lunes. Luego de casi dos semanas de estancamiento

en el diálogo, el miércoles 28 de octubre

llegó a Tegucigalpa una misión de alto nivel, encabezada

por el subsecretario de Asuntos Occidentales

y América Latina de la Secretaría de

Estado de Estados Unidos, Thomas Shannon y

acompañado por el enviado de la OEA, Víctor

Rico.

Esta misión y la diferencia de estatura política

de Shannon y Rico muestra a las claras la jugada

de los Estados Unidos de inmiscuirse en el terreno

de la OEA y hasta desplazar al organismo

internacional para manejar directamente la crisis

hondureña.

Mientras tanto, durante todos esos días, el bastión

de la resistencia pasó a estar en los barrios

de Tegucigalpa y de San Pedro Zula, y el Frente

Nacional emitió un comunicado en el que aseguraba:

“Ante cada nueva medida represiva la población

aumenta los niveles de conciencia,

organización y espíritu de lucha. La resistencia

no regateará sus derechos ante el opresor, seguirá

con el mismo rumbo, pero más decidida, hacia la

instalación de una asamblea nacional constituyente”.

 

Acuerdo del viernes 29 de octubre

Sorpresivamente, cuando parecía que la misión

encabezada por Thomas Shannon también

terminaría en nada, el jueves a la madrugada

salió humo blanco del noveno piso del Hotel Clarion,

en el centro de Tegucigalpa. Las dos delegaciones

habían llegado a un acuerdo basado en

que, previa opinión de la Suprema Corte de Justicia,

el Congreso debería “retrotraer la titularidad

del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28

de junio”, lo que todos asumieron como la restitución

de Zelaya en la presidencia.

Se puso incluso un plazo: antes del jueves

cinco de noviembre debía establecerse en Honduras

un gobierno de unidad nacional. Hubo satisfacción

en la delegación de Estados Unidos,

congratulaciones en la OEA y hasta festejos en la

embajada de Brasil entre los zelayistas.

El dictador Micheletti dijo a la prensa el viernes

30: “Me complace anunciar que autoricé a mi

equipo negociador a firmar un acuerdo que marque

el inicio del final de la situación política del

país”.

Por su parte, Zelaya declaró su satisfacción:

“Es un primer paso para concretar mi restitución

que tendrá que sufrir varios momentos. Yo soy

un optimista moderado y hoy mismo empezamos

a discutir el cronograma”.

Pero apenas un día después, durante el fin de

semana (sábado 31 de octubre y domingo 1 de

octubre) todos los festejos se acallaron por nuevos

truenos en un cielo negro.

Micheletti, a esta altura experto en decir una

cosa y hacer otra para ganar tiempo, dijo el sábado

que el acuerdo no obligaba al Congreso a

restituir a Zelaya y que podría haber un gobierno

de unidad nacional con él en el cargo o con la famosa

“tercería”. Inmediatamente llegó la réplica

de Zelaya desde la embajada de Brasil: “Sólo

habrá gobierno de conciliación y unidad si yo soy

repuesto como presidente. Si nosotros no estamos

de acuerdo, no habrá gobierno de conciliación.

El acuerdo se hace por dos partes. Y yo soy

una de las dos partes del acuerdo. Si una de las

partes siente que le están haciendo una trampa,

el acuerdo se rompe”.

La excusa que apareció entonces fue que los

diputados del Congreso unicameral estaban de

licencia para poder hacer campaña electoral con

miras a las elecciones del 29 de noviembre. Por

consiguiente, podría haber un gobierno de unidad

el jueves cinco de noviembre pero la restitu-

ción de Zelaya no sería resuelta por el Congreso

hasta diciembre.

Una nueva derrota estrepitosa de Zelaya que,

además, dejó en ridículo a sus negociadores, engañados

por las trampas de los golpistas.

Si Zelaya era el gran perdedor, Micheletti era

el gran ganador (trampa de por medio) y el gobierno

de Barack Obama era otro ganador, aunque

más moderado. De hecho, Thomas Shannon

podía presentar algunos resultados teóricos: el

golpe había sido condenado, él había logrado superar

la intransigencia de los golpistas, se harían

elecciones y, sobre todo, el proceso revolucionario

y la posibilidad de una Asamblea Constituyente

habían quedado totalmente sepultadas.

Todo esto en teoría, porque en la realidad, la situación

era muy distinta. Y sobre todo mucho

más compleja.

 

La intransigencia de un necio

Como dijimos, el mayor logro de Thomas

Shannon, de Oscar Arias y de la OEA había sido

actuar con el hecho consumado de que el proceso

de transformaciones de Honduras había quedado

definitivamente sepultado, sobre todo con

la renuncia de Zelaya a la Asamblea Constitucional.

Es más, la posibilidad de que Zelaya volviera

y reasumiera el mandato que le dio el pueblo, si

hubiera llegado a concretarse, hubiera sido una

pantomima. Zelaya hubiera vuelto “atado de

pies y manos”, como lo dijo su propia esposa

Xiomara Castro. Habría sido una amarga rémora

de lo que fue la restitución de Jean Bertrand Aristide,

el presidente de Haití, derrocado en 1991

por un golpe impulsado por los Estados Unidos

y devuelto al poder en 1994 por los mismos Estados

Unidos, pero siendo un espectro del que

fuera cura tercermundista y líder progresista.

Si Zelaya hubiera vuelto en el marco del llamado

Acuerdo de San José-Tegucigalpa, hubiera

sido también en el marco de una amnistía general

para quienes seguían matando y haciendo

desaparecer personas desde hacía cuatro meses.

Por eso, lo único que habría hecho en ese caso

Zelaya es una pantomima de vuelta al orden

constitucional para encausar el proceso eleccionario.

Sin embargo, aunque no se pueda entender, el

dictador Micheletti se volvió a oponer a la restitución

de Zelaya, anteponiendo sus caprichos

personales a los intereses de su clase y del Impe-

rio. Lo que quiero decir es que a esta altura del

partido (principios de noviembre) hubiera sido

muchísimo más funcional para la oligarquía hondureña

y el Imperio la vuelta de una sombra de

Zelaya que la continuidad de un muñeco de

trapo tan golpeado como Micheletti. Pero lo

cierto es que no hubo acuerdo.

Sorprendentemente, el martes 3 de noviembre

Micheletti le envió una carta a Zelaya, a través de

su ministro de la Presidencia, Rafael Pineda

Ponce, solicitándole “sin demora, una lista de

diez ciudadanos con requisitos establecidos en la

Constitución de la República, para dentro de

ellos hacer la escogencia de los servidores públicos

que, a partir del 6 de noviembre, habrán de

integrar el gobierno de unidad y reconciliación

nacional”.

Zelaya, desde la embajada de Brasil, respondió:

“Es una agresión, una ofensa del punto de

vista de que en el acuerdo no se establece en esa

forma la integración del gobierno de unidad y

conciliación”.

El miércoles 4 comenzó a trabajar la Comisión

Verificadora, otra comisión “de papel”, sin

ningún peso específico, encabezada por el ex presidente

chileno Ricardo Lagos, y que parecía

deber su existencia al juego de dilación de los

golpistas.

Finalmente, el diálogo se dio por roto y cualquier

negociación por fracasada, sin gobierno de

unidad y con los golpistas al frente del proceso

electoral.

El candidato independiente de izquierda Carlos

Humberto Reyes anunció el domingo 8 que

retiraba su candidatura ante la no restitución de

Zelaya y el orden constitucional, mientras que

César Ham, candidato de Unificación Democrática

(UD), siguió dudando hasta último momento.

De esta manera, los candidatos que quedaron

firmes con vistas a las elecciones amañadas del

29 de noviembre, en el marco de una dictadura

cívico-militar, fueron: Elvin Santos del Partido Liberal;

Porfirio “Pepe” Lobo del conservador Partido

Nacional; Felícito Ávila de la Democracia

Cristiana; y Bernard Martínez del Partido Innovación

y Unidad (Pinu, repudiado por su propia

fuerza) y César Ham de UD.

El martes 10 la OEA decidió no enviar una misión

observadora a las elecciones, mientras que

la mayoría de los países reafirmaban su decisión

de no reconocer al gobierno que salga de esas

elecciones.

En cambio, Estados Unidos se sacó la careta y

avaló las elecciones aún sin la vuelta previa al

orden democrático, como sus propios representantes

habían pedido. El embajador en Tegucigalpa,

Hugo Llorens, dijo: “Las elecciones serán

parte de la realidad y volverán a Honduras a un

camino a la democracia, los comicios van a ocurrir,

esto es claro, el pueblo hondureño tiene derecho

a elegir su presidente, un nuevo Congreso

y alcaldes…, y sería un error histórico y de grandes

proporciones negar ese derecho”.

Se abrió entonces por primera vez una brecha

entre la comunidad internacional que seguía sin

reconocer la validez de esas elecciones y Estados

Unidos que bregaba por ellas. Hasta ese momento,

y más allá de su clara participación en el

golpe, Estados Unidos había mostrado una imagen

ficticia de condena al golpe y de reclamo por

la restitución de Zelaya, a través de las actuaciones

de Obama o Clinton principalmente. Pero

paulatinamente se iba viendo el verdadero rostro

del Imperio.

En la sede de la OEA de Washington quedó

evidenciado este quiebre, mientras Brasil, Venezuela,

Argentina, Nicaragua, Ecuador y otros países

insistieron con que si el presidente Zelaya no

era restituido en la presidencia, las elecciones no

serían reconocidas.

Pero el embajador interino de Estados Unidos

ante la OEA, Lewis Amselem, un duro al que llaman

Terminator, dijo que el acuerdo negociado

por Thomas Shannon, no preveía la reinstauración

inmediata de Zelaya y volvió a asegurar que

Estados Unidos colaborará con el buen desarrollo

de las elecciones.

A todo esto se suma que quedó oficializado

que las Fuerzas Armadas serían las encargadas

de la organización y la realización de las elecciones

el 29 de noviembre, es decir que serían

elecciones claramente bajo las bayonetas de la

dictadura cívica-militar.

Por su parte, la resistencia reafirmó por esos

días su estrategia no sólo de abstención sino de

boicot activo contra las elecciones, amparada en

el artículo 3 de la constitución hondureña que

dice: “Nadie debe obediencia a un gobierno

usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos

públicos por la fuerza de las armas o

usando medios o procedimientos que quebranten

o desconozcan lo que esta Constitución y las

leyes establecen. Los actos verificados por tales

autoridades son nulos. el pueblo tiene derecho a

recurrir a la insurrección en defensa del orden

constitucional”.

 

CAPÍTULO SIETE

Revolución en marcha

Si una cosa queda clara atrás de la maraña de

información y contrainformación, luchas, negociaciones,

idas y vueltas, es que el punto clave en

esta historia de ansias de cambio, reacción, golpe

y resistencia: la Asamblea Nacional Constituyente.

Es la herramienta que, en manos del pueblo

puede llevarlo a ejercer un poder constituyente

(un poder fundante de una nueva realidad) que

transforme de raíz las estructuras de poder que

han hecho que este país tenga en la actualidad un

80 por ciento de su población bajo la línea de la

pobreza, sea el segundo país más pobre del con-

tinente después de Haití y el 30 por ciento de su

presupuesto deba mendigarse en el exterior

mientras que las multinacionales rapiñan sus riquezas

forestales, mineras, agrícolas y pesqueras.

De hecho, la gota que rebalsó el vaso de la

cada vez peor relación entre Zelaya y la elite política,

fue este punto álgido y fundamental. El detonante

de la crisis fue la consulta popular que

había convocado el gobierno legítimo para que

el pueblo se expresara el domingo 28 de junio

sobre si quería o no una cuarta urna en las elecciones

del 29 de noviembre con vistas a la ansiada

Asamblea Constituyente. Pero ese domingo

28 de junio se pasó de lo que iba a ser un salto

cualitativo de la democracia (un paso hacia una

democracia más participativa y menos delegativa)

a un verdadero golpe de Estado, con sus

consecuencias de terrorismo de Estado y todo lo

demás.

Sin embargo, el pueblo hondureño ha avanzado

más en pocos meses de martirio que en

años, ganando un alto grado de conciencia y unidad.

Hoy está claro que la lucha trasciende a Zelaya:

el objetivo final del pueblo es la Asamblea

Nacional Constituyente, una herramienta política

que no sólo consolide los avances producidos por

Zelaya, sino que signifique un paso más por cambiar

un destino.

 

La constitución

La constitución puede ser definida como un

conjunto de normas de un país que ordenan la

vida política, administrativa, económica, social,

cultural, territorial, y que de manera técnica y

procedimental estipula la autoridad y su ejercicio,

los poderes públicos y sus límites, y los derechos

de la sociedad.

Pero la constitución no es solamente una

norma, sino que es el reflejo de la realidad cotidiana,

con sus conflictos y tensiones que ocurren

comúnmente en la lucha por el poder.

El politólogo italiano Norberto Bobbio ha profundizado

ampliamente esta doble dimensión de

la constitución, la formal y la material, y cómo

una sociedad a través de su constitución, a lo

largo de los procesos históricos va definiendo y

redefiniendo sus valores y principios, la organización

del poder, del territorio y la población, y

el lugar de lo económico en ese escenario.

En tanto, una asamblea o congreso constituyente

es un órgano colegiado de representantes

del pueblo que tienen como función redactar una

constitución o modificar la ya existente, mediante

el ejercicio de un poder constituyente que es la

atribución de dar origen a un Estado o a un sistema

político (poder constituyente primario u

originario), o modificarlo o enmendarlo (poder

constituyente derivado).

 

Venezuela, faltó poco para el gran salto en

2007

Hay tres naciones en Sudamérica que están inmersas

claramente en procesos revolucionarios:

Venezuela, Bolivia y Ecuador, cada una con sus

características especiales. Y en las tres se pasó por

una Asamblea Constituyente.

En Venezuela, Hugo Chávez llegó al poder el

2 de febrero de 1999 y lo primero que hizo fue activar

un poder constituyente. Inmediatamente

llamó a un referéndum a los venezolanos para

modificar la constitución. Ese referéndum se realizó

el 25 de abril de 1999 y la Asamblea Constituyente

culminó el 20 de noviembre de ese año.

Luego llamó a otro referéndum por el cual el

pueblo venezolano ratificó esa constitución.

Recién el 30 de julio de 2000, ya con una nueva

constitución, se realizaron nuevas elecciones ge-

nerales para relegitimar todos los poderes y empezar

otra etapa en el camino revolucionario venezolano.

Resumidamente, la nueva constitución venezolana

de 1999, con respecto a la anterior de 1961,

garantiza más derechos culturales, económicos y

sociales a las mayorías y establece un mecanismo

democrático que permite revocar, a mitad de

mandato, a los cargos elegidos a todos los niveles,

incluido el presidente de la república

Entre los puntos centrales que representan

cambios verdaderamente revolucionarios la

constitución de 1999 dice: “El Estado promoverá

la agricultura sustentable como base estratégica

del desarrollo rural integral a fin de garantizar la

seguridad alimentaria de la población”.

En relación a la tenencia de la tierra, establece:

“El régimen latifundista es contrario al interés social.

La ley dispondrá lo conducente en materia

tributaria para gravar las tierras ociosas y establecerá

las medidas necesarias para su transformación

en unidades económicas productivas,

rescatando igualmente las tierras de vocación

agrícola. Los campesinos o campesinas y demás

productores agropecuarios y productoras agropecuarias

tienen derecho a la propiedad de la tierra,

en los casos y formas especificados en la ley

respectiva. El Estado protegerá y promoverá las

formas asociativas y particulares de propiedad

para garantizar la producción agrícola”.

En relación a los recursos energéticos, remarca:

“El Estado se reserva, mediante la ley orgánica

respectiva, y por razones de conveniencia

nacional, la actividad petrolera y otras industrias,

explotaciones, servicios y bienes de interés público

y de carácter estratégico”.

Y más concretamente, en lo relacionado al petróleo,

estipula: “Por razones de soberanía económica,

política y de estrategia nacional, el

Estado conservará la totalidad de las acciones de

Petróleos de Venezuela SA (Pedevesa), o del ente

creado para el manejo de la industria petrolera”.

El 15 de agosto de 2007 se presentó un nuevo

proyecto para reformar 33 artículos de la constitución.

Los cambios se sometieron a referéndum

el 2 de diciembre de 2007 en dos bloques de artículos,

cada uno de los cuales tenía como opciones

SI o NO. El resultado fue de un 51 por ciento para

el NO y un 49 por ciento para el SI, aunque el

dato sobresaliente fue la abstención del 44,11 por

ciento.

En la línea que sosteníamos de que los cambios

constitucionales representan verdaderas revoluciones

políticas y sociales, hay que decir que

ese proyecto de cambios que terminó siendo rechazado

por un poco más de la mitad de los venezolanos,

representaba una verdadera

profundización hacia el socialismo del siglo XXI.

Decía entre otras cosas en su capítulo siete, sobre

los derechos socioeconómicos:

Artículo 112. “El Estado promoverá el desarrollo

de un modelo económico productivo, intermedio,

diversificado e independiente,

fundado en los valores humanísticos de la cooperación

y la preponderancia de los intereses comunes

sobre los individuales, que garantice la

satisfacción de las necesidades sociales y materiales

del pueblo, la mayor suma de estabilidad

política y social y la mayor suma de felicidad posible.

Asimismo, fomentará y desarrollará distintas

formas de empresas y unidades económicas de

propiedad social, tanto directa o comunal como

indirecta o estatal, así como empresas y unidades

económicas de producción o distribución social,

pudiendo ser éstas de propiedad mixta entre

el Estado, el sector privado y el poder comunal,

creando las mejores condiciones para la construcción

colectiva y cooperativa de una economía

socialista”.

Artículo 113. “Se prohíben los monopolios. Se

declaran contrarios a los principios fundamentales

de esta Constitución cualquier acto, actividad,

conducta o acuerdo de un o una particular, varios

o varias particulares, o una empresa privada

o conjunto de empresas privadas, que tengan por

objeto el establecimiento de un monopolio, o que

conduzcan, por sus efectos reales e independientemente

de la voluntad de aquellos o aquellas, a

su existencia, cualquiera que fuere la forma que

adoptare en la realidad. También es contrario a

dichos principios, el abuso de la posición de dominio

que un o una particular, un conjunto de

ellos o de ellas, o una empresa privada o conjunto

de empresas privadas adquiera o haya adquirido

en un determinado mercado de bienes o de servicios,

así como cuando se trate de una demanda

concentrada. En todos los casos antes indicados,

el Estado adoptará las medidas que fueren necesarias

para evitar los efectos nocivos y restrictivos

del monopolio, del abuso de la posición de

dominio y de las demandas concentradas, teniendo

como finalidad la protección del público

consumidor, de los productores y productoras y

el aseguramiento de condiciones efectivas de

competencia en la economía. En general no se

permitirán actividades, acuerdos, prácticas, con-

ductas y omisiones de los y las particulares que

vulneren los métodos y sistemas de producción

social y colectiva con los cuales se afecte la propiedad

social y colectiva o impidan o dificulten la

justa y equitativa concurrencia de bienes y servicios.

Cuando se trate de explotación de recursos naturales

o de cualquier otro bien del dominio de

la Nación, considerados de carácter estratégico

por esta Constitución o la ley, así como cuando

se trate de la prestación de servicios públicos vitales,

considerados como tales por esta Constitución

o la ley, el Estado podrá reservarse la

explotación o ejecución de los mismos, directamente

o mediante empresas de su propiedad, sin

perjuicio de establecer empresas de propiedad

social directa, empresas mixtas o unidades de

producción socialistas, que aseguren la soberanía

económica y social, respeten el control del Estado,

y cumplan con las cargas sociales que se le

impongan, todo ello conforme a los términos que

desarrollen las leyes respectivas de cada sector

de la economía. En los demás casos de explotación

de bienes de la Nación, o de prestación de

servicios públicos, el Estado, mediante ley, seleccionará

el mecanismo o sistema de producción y

ejecución de los mismos, pudiendo otorgar con-

cesiones por tiempo determinado, asegurando

siempre la existencia de contraprestaciones o

contrapartidas adecuadas al interés público, y el

establecimiento de cargas sociales directas en los

beneficios”.

Artículo 115. “Se reconocen y garantizan las

diferentes formas de propiedad. La propiedad

pública es aquella que pertenece a los entes del

Estado; la propiedad social es aquella que pertenece

al pueblo en su conjunto y las futuras generaciones,

y podrá ser de dos tipos: la propiedad

social indirecta cuando es ejercida por el Estado

a nombre de la comunidad, y la propiedad social

directa, cuando el Estado la asigna, bajo distintas

formas y en ámbitos territoriales demarcados, a

una o varias comunidades, a una o varias comunas,

constituyéndose así en propiedad comunal o

a una o varias ciudades, constituyéndose así en

propiedad ciudadana; la propiedad colectiva es

la perteneciente a grupos sociales o personas,

para su aprovechamiento, uso o goce en común,

pudiendo ser de origen social o de origen privado;

la propiedad mixta es la conformada entre

el sector público, el sector social, el sector colectivo

y el sector privado, en distintas combinaciones,

para el aprovechamiento de recursos o

ejecución de actividades, siempre sometida al

respeto absoluto de la soberanía económica y social

de la Nación; y la propiedad privada es aquella

que pertenece a personas naturales o jurídicas

y que se reconoce sobre bienes de uso, consumo

y medios de producción legítimamente adquiridos,

con los atributos de uso, goce y disposición

y las limitaciones y restricciones que establece la

ley. Igualmente, toda propiedad, estará sometida

a las contribuciones, cargas, restricciones y obligaciones

que establezca la ley con fines de utilidad

pública o de interés general. Por causa de

utilidad pública o interés social, mediante sentencia

firme y pago oportuno de justa indemnización,

podrá ser declarada la expropiación de

cualquier clase de bienes, sin perjuicio de la facultad

de los órganos del Estado de ocupar previamente,

durante el proceso judicial, los bienes

objeto de expropiación, conforme a los requisitos

establecidos en la ley”.

 

Bolivia, un Estado plurinacional

En el caso de Bolivia, el Movimiento al Socialismo

(MAS) ganó las elecciones de fines de 2005

con el 54 por ciento de los votos y llevó al gobierno

a Evo Morales, primer presidente indí-

gena de la historia del país, que asumió el 22 de

enero de 2006. En el Congreso tiene una mayoría

simple pero no la mayoría absoluta de los dos

tercios, lo que complicó la situación de gobernabilidad

sobre todo teniendo en cuenta los cambios

estructurales que encaró Morales.

El 2 de julio de ese primer año de gobierno, se

hicieron las elecciones para elegir a 255 integrantes

de la Asamblea Constituyente y el MAS logró

casi el 60 por ciento de los votos, una victoria que

al no alcanzar los dos tercios, obligaba a la fuerza

de Evo Morales a tejer alianzas con otros partidos.

A estas dificultades se sumaba que la sede de

la Asamblea Constituyente era Sucre, capital del

país, donde la oposición se hizo fuerte, potenciando

sentimientos racistas de parte de la población

blanca hacia los asambleístas de origen

indígena.

Luego de muchas idas y vueltas, con una oposición

que lo único que hizo fue obstaculizar el

funcionamiento de la asamblea para impedir los

cambios, la reforma fue aprobada en la ciudad de

Oruro el sábado 30 de noviembre de 2007 por 164

de los 255 asambleístas. Los partidos tradicionales

defensores de las clases dominantes intentaron

desconocer esa reforma y el 2008 fue un año

muy complicado, con referéndums ilegales e ilegítimos

de tinte secesionistas en los departamentos

de la llamada Media Luna (Santa Cruz de la

Sierra, Pando, Beni y Tarija).

El 10 de agosto de 2008 se realizó un referéndum

revocatorio y Evo Morales fue ratificado en

su cargo por el 67,43 por ciento de los votos de

los bolivianos.

Finalmente, y luego de haber sido pospuesto

dos veces (el cuatro de mayo y el 7 de diciembre),

el 25 de enero de 2009 se realizó el referéndum

constitucional y el 61,43 por ciento de los bolivianos

dieron el SI a la nueva constitución, de

verdadero carácter revolucionario.

Para muestra de la transformación de fondo

que representa esta constitución reproducimos

su preámbulo:

“En tiempos inmemoriales se erigieron montañas,

se desplazaron ríos, se formaron lagos.

Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano

y nuestros llanos y valles se cubrieron de

verdores y flores.

Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros

diferentes, y comprendimos desde entonces

la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra

diversidad como seres y culturas. Así conformamos

nuestros pueblos, y jamás comprendimos el

racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos

tiempos de la colonia.

El pueblo boliviano, de composición plural,

desde la profundidad de la historia, inspirado en

las luchas del pasado, en la sublevación indígena

anticolonial, en la independencia, en las luchas

populares de liberación, en las marchas indígenas,

sociales y sindicales, en las guerras del agua

y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio,

y con la memoria de nuestros mártires, construimos

un nuevo Estado.

Un Estado basado en el respeto e igualdad

entre todos, con principios de soberanía, dignidad,

complementariedad, solidaridad, armonía

y equidad en la distribución y redistribución del

producto social, donde predomine la búsqueda

del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica,

social, jurídica, política y cultural de los habitantes

de esta tierra; en convivencia colectiva

con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda

para todos.

Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano

y neoliberal. Asumimos el reto histórico

de construir colectivamente el Estado

Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario,

que integra y articula los propósitos de

avanzar hacia una Bolivia democrática, produc-

tiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida

con el desarrollo integral y con la libre determinación

de los pueblos.

Nosotros, mujeres y hombres, a través de la

Asamblea Constituyente y con el poder originario

del pueblo, manifestamos nuestro compromiso

con la unidad e integridad del país.

Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos,

con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias

a Dios, refundamos Bolivia.

Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente

y liberadora, que han hecho posible esta

nueva historia”.

 

Ecuador, la naturaleza es sujeto de derechos

Ecuador trazó un camino parecido: Rafael Correa

fue elegido presidente en diciembre de 2006

sin partido ni candidatos al Congreso. Inmediatamente

convocó a un referéndum para llamar a

una Asamblea Constituyente y el el 15 de abril de

2007 el SI obtuvo el 82 por ciento de los votos.

Luego, en las elecciones de constituyentes del 30

de setiembre, el Movimiento País obtuvo más del

70 por ciento, 80 de los 130 constituyentes. Ese

proceso constituyente duró ocho meses, fue com-

plicado y conflictivo y finalmente se llegó al 28

de setiembre de 2008, cuando el pueblo aprobó

la nueva Constitución, que no sólo reafirma las

conquistas anteriores sino que amplía y suma derechos.

Igual que en Bolivia, en Ecuador la nueva

constitución reconoce los derechos colectivos de

los pueblos originarios y el carácter plurinacional

del Estado. Se extiende el derecho a la educación

gratuita y universal al tercer nivel en las

universidades públicas. La justicia, la defensoría

pública y la salud se establecen por la constitución

como gratuitas y universales. Se agrega la

jubilación universal como derecho de las personas

mayores. Uno de los rasgos distintivos es que

enuncia una nueva y multidimensional concepción

del desarrollo que es “el buen vivir” o, en

términos quichuas, sumak kausay, expresión que

incluye al mismo tiempo las nociones de “belleza”,

“armonía” y “equilibrio”.

Y Se incluyen los derechos de la naturaleza,

siendo pionera en el mundo al respecto. Así, el

artículo 71 dice: “La naturaleza o Pacha Mama,

donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho

a que se respete integralmente su existencia

y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos

vitales, estructura, funciones y procesos evoluti-

vos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad

podrá exigir a la autoridad pública el

cumplimiento de los derechos de la naturaleza”.

En artículo 1, la constitución dice: “El Ecuador

es un Estado social de derecho, soberano, unitario,

independiente, democrático, pluricultural y

multiétnico”.

En el artículo 83: “Los pueblos indígenas, que

se autodefinen como nacionalidades de raíces ancestrales,

y los pueblos negros o afroecuatorianos,

forman parte del Estado ecuatoriano, único

e indivisible.

Art. 84: “El Estado reconocerá y garantizará a

los pueblos indígenas, de conformidad con esta

Constitución y la ley, el respeto al orden público

y a los derechos humanos, los siguientes derechos

colectivos:

1. Mantener, desarrollar y fortalecer su

identidad y tradiciones en lo espiritual, cultural,

lingüístico, social, político y económico.

2. Conservar la propiedad imprescriptible

de las tierras comunitarias, que serán inalienables,

inembargables e indivisibles,

salvo la facultad del Estado para declarar

su utilidad pública. Estas tierras estarán

exentas del pago del impuesto predial.

3. Mantener la posesión ancestral de las

tierras comunitarias y a obtener su adjudicación

gratuita, conforme a la ley.

4. Participar en el uso, usufructo, administración

y conservación de los recursos

naturales renovables que se hallen en sus

tierras.

5. Ser consultados sobre planes y programas

de prospección y explotación de recursos

no renovables que se hallen en sus

tierras y que puedan afectarlos ambiental o

culturalmente; participar en los beneficios

que esos proyectos reporten, en cuanto sea

posible y recibir indemnizaciones por los

perjuicios socio-ambientales que les causen.

6. Conservar y promover sus prácticas de

manejo de la biodiversidad y de su entorno

natural.

7. Conservar y desarrollar sus formas tradicionales

de convivencia y organización

social, de generación y ejercicio de la autoridad.

8. A no ser desplazados, como pueblos,

de sus tierras.

9. A la propiedad intelectual colectiva de

sus conocimientos ancestrales; a su valoración,

uso y desarrollo conforme a la ley.

10. Mantener, desarrollar y administrar

su patrimonio cultural e histórico.

11. Acceder a una educación de calidad.

Contar con el sistema de educación intercultural

bilingüe.

12. A sus sistemas, conocimientos y prácticas

de medicina tradicional, incluido el

derecho a la protección de los lugares rituales

y sagrados, plantas, animales, minerales

y ecosistemas de interés vital desde el

punto de vista de aquella.

13. Formular prioridades en planes y

proyectos para el desarrollo y mejoramiento

de sus condiciones económicas y sociales;

y a un adecuado financiamiento del

Estado.

14. Participar, mediante representantes,

en los organismos oficiales que determine

la ley.

15. Usar símbolos y emblemas que los

identifiquen”.

 

¿Y en Honduras?

Nadie puede asegurar cuál hubiera sido el

matiz de una eventual reforma constitucional en

Honduras. Eso hubiera dependido del propio camino

y destino del pueblo hondureño, pero seguramente

hubiera sido una reforma

revolucionaria, base de cambios profundos y una

garantía para no volver atrás al sistema de explotación

de las mayorías que siempre ha imperado

en el país.

Como vimos, los procesos de Venezuela, Bolivia

y Ecuador tuvieron sus grandes diferencias y

particularidades, pero en todos esos casos, las

asambleas constituyentes representaron saltos

cualitativos en las respectivas democracias y en

las transformaciones profundas en marcha.

Si el 28 de junio, en vez de un golpe de Estado,

se hubiera realizado la consulta popular por la

cuarta urna, con toda seguridad que el SI hubiera

arrasado. Por consiguiente, en las elecciones del

29 de noviembre, se hubieran presentado cuatro

urnas a la ciudadanía: la primera para votar presidente,

la segunda urna para votar congresistas,

la tercera para votar alcaldes y la cuarta urna

para votar por SI o NO a una Asamblea Constituyente.

Esa Asamblea Constituyente se hubiera realizado

en 2010, luego de que el 27 de enero Zelaya

entregara la presidencia a su sucesor. Pero hubiera

sido quien hubiera sido el sucesor, hubiera

estado hmuy presionado por el pueblo a través de

esta herramienta fundamental que es la Asamblea

Constituyente.

Es más, sin el golpe de Estado del 28 de junio

ni la represión posterior, con Zelaya en el poder

y el proceso revolucionario en marcha, el resultado

de las elecciones del 29 de noviembre también

hubiera sido otro, porque el progresismo

seguramente podría haberse dedicado a la construcción

de una alternativa sólida y con posibilidades.

Pero ocurrido el golpe y con la posterior

explosión del terrorismo de Estado, el campo popular

y el progresismo político tuvo que destinar

todos sus esfuerzos a la resistencia.

Sin embargo, la lucha continuará centrándose

en el objetivo principal de perseguir una asamblea

constituyente y la revolución en marcha no

se detendrá en Honduras. En estos meses de resistencia,

el pueblo hondureño ha logrado un

nivel de unidad y conciencia que antes no tenía.

 

 

 

Epílogo

En la bandera de Honduras hay

cinco estrellas que simbolizan a los

cinco países de la Federación Centroamericana:

Guatamala, El Salvador,

Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Como buen símbolo, esas estrellas representan

el destino cruzado de los

pueblos de Centroamérica.

Pero más allá de eso, toda América

Latina está ligada al destino de Honduras

porque el futuro del Alba se define

en parte con la forma en que

absorba este golpe.

 

 

 

Mariano Saravia