Las paradojas haitianas

Publicado por admin el Jun 20th, 2009 bajo la Categoria Derechos Humanos, Opinion General, Politica Internacional. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

haitiComo una nueva paradoja de la política internacional, el ex presidente de Estados Unidos, William Clinton, se hizo cargo de su nueva función como enviado especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a Haití. Es el mismo que en 1994, cuando ocupaba la Casa Blanca ordenó una invasión militar al país antillano para restituir en el poder a Jean Bertrand Aristide, el cura tercermundista que había sido destituido tres años antes por un golpe de Estado del general Raoul Cedras.

No fue la única ocupación por la fuerza de los Estados Unidos, ya habían estado entre 1915 y 1934. Ahora, Clinton vuelve como enviado por Ban Ki Moon, y lo primero que dice, en una conferencia de prensa dada en París el miércoles pasado, es: “El plan del presidente Préval es un buen plan, pero yo voy a aplicar mi propio programa de desarrollo”.

Cabe entonces preguntarnos: ¿quién gobierna Haití? Sobre todo considerando que René Préval, lejos de molestarse por esas declaraciones, saludó el desembarco de Clinton.

Por otro lado, semejante declaración no es atribuible ni a un neófito que da sus primeros pasos en la política internacional, ni a un grotesco personaje desacreditado al estilo Bush. No, es el propio Clinton, que no sólo habla como ex presidente, sino que indefectiblemente expresa el pensamiento de su esposa, secretaria de Estado, y del propio Barak Obama, que empieza a demostrar lo exageradas que eran las esperanzas de cambio profundo en la política exterior de los Estados Unidos.

En realidad, la pregunta de quién gobierna en Haití es ingenua o redundante, porque se trata hoy de un país ocupado desde junio de 2004 por una supuesta fuerza de paz de la ONU llamada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), integrada por Brasil, Bolivia, Estados Unidos, Francia, Canadá, Argentina, Chile, Uruguay, Croacia, Ecuador, España, Guatemala, Jordania, Malasia, Marruecos, Nepal, Paraguay, Perú, Filipinas y Sri Lanka.

Esta “fuerza de paz”, en cinco años, no ha mejorado en nada la vida de los haitianos, todo lo contrario, hay denuncias concretas contra soldados de distintas nacionalidades por violaciones, asesinatos y tráficos de todo tipo (personas, armas y drogas principalmente). El pico de la represión extranjera fue el 22 de diciembre de 2006 cuando las tropas al mando de la comandancia brasileña atacaron distintos barrios pobres de Puerto Príncipe, sobre todo Cité Soleil, dejando un saldo de 17 civiles muertos y más de 40 heridos.

El argumento para que sigan los soldados y para que aterrice Bill Clinton es el que siempre esgrime un colonialista: el colonizado es un bárbaro, un incivilizado que no puede manejarse por sí mismo. El panorama que se pinta es el del caos y la ingobernabilidad, por lo tanto, tenemos que ir nosotros los civilizados occidentales a poner orden. Un orden que por lo general es el orden de los cementerios.

Se suele decir que es el país más pobre del continente, o que es el más pobre del Hemisferio Norte, o uno de los más pobres del mundo. En realidad, habría que decir que es un país empobrecido, una nación saqueada históricamente.

Hoy, más que nunca, Haití necesita de América latina y del mundo. Pero necesita que le manden médicos, maestros, albañiles, alegría y amor, no soldados, helicópteros artillados y tanques de guerra.

Lamentablemente, América latina vuelve a pagarle mal a Haití, siendo que fue Haití quien sostuvo en sus momentos de flaquezas la revolución de Simón Bolívar. En tiempos del bicentenario, América latina debería hacer memoria y reconocer su deuda histórica con Haití. Y recordar también que este país antillano protagonizó la primera de todas las revoluciones de liberación, en 1804 de la mano de Jean-Jacques Dessalines y contra los mismísimos ejércitos napoleónicos.

Y no sólo fue la primera del continente luego de la de los Estados Unidos, sino que además fue la única revolución que a la liberación nacional le adosó una liberación social: fue la única de carácter antiesclavista y estableció una república negra y libre. Que hoy sea una república ocupada y con una expectativa de vida de 47 años para los hombres y 51 años para las mujeres, es una cruel paradoja.

2 Respuestas para “Las paradojas haitianas”

  1. fateme dice:

    mucha gracia por su articulo tan bonito.disfrute al leerlo.

  2. ofsepy dice:

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Mariano Saravia