En la Argentina de los últimos tiempos, se habla mucho de la “judicialización” de la política, de la “politización” de la justicia. Pero ahora, también podemos hablar de la “futbolización” de la diplomacia. Y no podía ser para menos en un país tan futbolero y tan pasional, donde muchas veces los fervores eclipsan a las razones. Luego del recuerdo del 28º aniversario de la guerra de las Malvinas, una polémica se instaló esta semana en la sociedad: que la selección de Maradona, en caso de cruzarse con Inglaterra en el Mundial de Sudáfrica, use una camiseta especial, con el mapa de las islas en el pecho. Todo el mundo opina en los grupos de Facebook “Si Argentina juega con Inglaterra en el mundial que use esta remera” y “Yo también quiero esta camiseta en el Mundial”.
Es idea de Fernando Vittorini, un veterano de guerra que también es diseñador gráfico y que presentó el proyecto a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) hace tres años, con la intención de que se usara en la Copa América de Venezuela.
“Un día, hablando en familia de famosos y autógrafos yo dije: ‘Si lo viera a Maradona, lo abrazaría y le diría: ‘En el 86 me hiciste llorar dos veces, con la mano de Dios y con el mejor gol de la historia’, en el partido de cuartos de final contra Inglaterra. Fue como una revelación. El fútbol una vez me había reivindicado y ahora podría hacerlo nuevamente. Y surgió lo de la camiseta”.
Sin embargo, la propuesta no prosperó porque la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) sentencia que “el equipamiento de los jugadores no llevará ninguna declaración política, religiosa ni personal”.
Más allá de lo anecdótico, el caso muestra que los argentinos mantienen una herida abierta por el tama Malvinas, y los ingleses metieron el dedo en la yaga al anunciar hace un mes la exploración petrolera en las islas.
Luego del desatino de la guerra -manotazo de ahogado de un régimen militar genocida que se hundía- vino el retiro total de los gobiernos democráticos y en los últimos años, así como se recuperó la discusión política interna, también el país recuperó una línea mucho más digna y soberana en política internacional. Esto incluye el firme reclamo diplomático por Malvinas, pidiendo a la Organización de las Naciones Unidas que haga cumplir las diversas resoluciones de la Asamblea general y del Comité de Descolonización para que el Reino Unido y la Argentina se sienten a negociar la soberanía sobre las islas.
Como dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es inconcebible que un país reclame soberanía a 14 mil kilómetros de distancia. Eso es simple colonialismo.
Y si a esta situación se suma la de la Guayana Francesa (muy cerquita de Venezuela), tenemos la aberración de dos colonias en el corazón de Sudamérica, en pleno siglo XXI. Con todo lo que esto significa, sobre todo desde el punto de vista de avasallamiento a la soberanía popular y política, y la amenaza militar para una región que marca el rumbo de la discusión ideológica en el mundo.


