El viernes 11 de diciembre es otra fecha histórica para Córdoba, además del 24 de julio de 2008. Ese día, Luciano Benjamín Menéndez sumó su tercera condena a cadena perpetua, a cumplirse en cárcel común y efectiva. Ese mismo día comenzó en Buenos Aires el juicio Esma y durante los días anteriores y posteriores surgieron hechos que fueron noticia por involucrar a civiles con los crímenes de la dictadura.
Es decir, el tema tabú de la participación de civiles en el terrorismo de Estado está empezando a salir a la luz, porque la verdad es como un corcho, que aunque se quiera hundir en el agua, sale de nuevo a la superficie. Durante muchos años hubo idas y vueltas, marchas y contramarchas con respecto a la verdad y la justicia, hasta que con la derogación por inconstitucionales de las leyes de impunidad, estos últimos años han servido para, entre otras cosas, volver a escuchar una condena como la del viernes 11 contra genocidas de la calaña de Menéndez. Incluso ahora se avanzó en incluir a policías (del D2 en este caso) dentro de los responsables de lo vivido. Pero todavía queda la sensación (buscada intencionalmente) de que con Menéndez y otros uniformados se cierra el círculo de responsabilidades. Cosa totalmente falsa, que beneficia justamente a aquellos poderosos del ayer que siguen siéndolo hoy, los que usaron a los militares para implementar un sistema económico de expolio y opresión.
En su discurso de última palabra, al que tuvo derecho “el Cachorro”, volvió a justificar sus crímenes de lesa humanidad bajo la teoría de los dos demonios. Dijo textualmente: “La otra cita a la que recurriré es una editorial del La Voz del Interior del dos de enero de 2009 que se titula ‘Cuba medio siglo después’ y que dice: ‘las esperanzas democrático republicanas que suscitaron la caída de Batista y la victoria de los revolucionarios del 26 de Julio se desvanecieron y dieron lugar a un fenómeno completamente distinto la expansión de una ola revolucionaria en América Latina y la proliferación de grupos armados inspirados en la Revolución Cubana que proponían la toma del poder por la vía armada y la construcción de una sociedad de tipo comunista. Esa ola de violencia – sigue el diario – esa ola de violencia revolucionaria se extendió a toda América Latina, incluida en uno de los primeros lugares la Argentina. Todo el drama histórico que se abatió sobre la Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Brasil y toda la región en las décadas de 1960 y 1970 está directamente relacionado con la llamarada encendida por la Revolución Cubana a principios de 1959”.
Luego volvió sobre un argumento ya esgrimido el año pasado para el primer juicio que lo condenó: “Tenemos el dudoso mérito de ser el primer país en la historia del mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y venciera por orden de y para sus compatriotas, ostentamos este triste record que destacó aquí orgullosamente el Sr. Fiscal por la sencilla razón de que como es lógico nadie nos lo disputó”. En este punto, Menéndez cita a otro diario y al flamante ministro de Educación de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires: “Bien recuerda Abel Posse en un artículo en La Nación: ‘Ningún país repudió a su ejercito por lo que le exigieron sus gobiernos, ni Francia por lo de Argelia, ni Alemania por la matanza de Rusia, ni Rusia por la masacre de Polonia y Berlín, ni EEUU por Hiroshima’. Nosotros los argentinos podemos preguntarnos con patética tristeza como lo hacía un oficial uruguayo hace unos meses, ¿Para quién ganamos la batalla?”. Aquí reconoce tácitamente que sus crímenes son comparables a los de las OAS en Argelia o con la carnicería atómica yanqui en Hiroshima.
“Ahora la justicia nacional nos juzga por supuestos crímenes cometidos por las fuerzas armadas en la guerra contrarrevolucionaria, se nos señala además por supuestos excesos de las fuerzas armadas. Será que en 1975 nadie en la nación ni el Poder Ejecutivo, ni el Legislativo, ni el Judicial, ningún funcionario y ningún periodista imaginó para frenar la agresión del terrorismo marxista otra solución que usar las armas”. En esta frase, Menéndez está haciendo corresponsables del Terrorismo de Estado a los poderes civiles y también a parte del periodismo.
E insiste en este punto: “Será que se comprendió entonces como lo muestran numerosos artículos periodísticos de la época que enfrentábamos una guerra y que el Poder Judicial con el código penal no podía librar una guerra. Es oportuno recordar que el 17/12/75 se publicó en La Razón un discurso del ministro de Defensa de Isabel Perón, doctor Botero que en uno de sus párrafos decía: ‘Las fuerzas armadas en cumplimiento de obligaciones constitucionales y convocadas por el gobierno han asumido junto a las fuerzas de seguridad la responsabilidad de acción directa contra la subversión, lo han hecho y lo siguen haciendo con marcado y rotundo éxito a ellos rindo como Ministro de Defensa y en nombre de la Sra. Presidenta de la Nación la gratitud y homenaje del gobierno llamándolos beneméritos de la Patria y diciéndoles nuestra inquebrantable determinación de no dejar de hacer absolutamente nada de lo que está dentro de nuestras facultades y de nuestro poder para alcanzar su más completo exterminio’”.
Por último, Menéndez se zambulle directamente en la política actual, alegrándose del triunfo electoral de la oposición (radicales, coaligados cívicos, macristas y peronistas disidentes) en las elecciones pasadas: “Hoy la situación nos permite ser moderadamente optimistas, pareciera que después de seis años de despotismo estamos por recuperar nuestra democracia, republicana, representativa y federal y va a volver a regir la constitución, la ley, la justicia, la libertad en la Patria de la libertad”.
Todos tienen algo que revisar
No es incoherente Menéndez al alegrarse del triunfo de radicales, cívicos, macristas y peronistas disidentes, teniendo en cuenta los últimos escándalos surgidos de funcionarios y políticos vinculados con la dictadura o que, extemporáneamente, vuelven a justificar el terrorismo de Estado.
En Buenos Aires, a los escándalos de Fino Pizarro, Chamorro y Ciro James, Macri sumó uno nuevo designando a Abel Posse como ministro de Educación, quien casi de inmediato pidió más represión como solución al problema de la inseguridad.
En Córdoba, estalló otro escándalo: el de Horaldo Senn, legislador provincial del Partido Justicialista, mencionado por Carlos Chiarulli el pasado 29 de octubre ante el Tribunal Federal Oral de Santa Fe, donde se sustancia el juicio en el que están imputados el ex juez Víctor Brusa y cinco ex policías de aquella provincia”.
Incluso, el secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Raúl Sánchez, pidió al presidente de la Legislatura, Héctor Oscar Campana, que se aparte a Senn del cuerpo.
“Fundamento mi solicitud en la necesidad y urgencia de brindar a la sociedad actitudes públicas inequívocas que posibiliten recuperar en plenitud la credibilidad de instituciones democráticas fundamentales como lo es esa Honorable Cámara. Pero además, no separar transitoriamente de sus funciones al Legislador ahora mencionado en actuaciones reñidas con la ética pública, resultaría contradictorio con lo expresado por el actual gobernador Juan Schiaretti, que a diferencia de su antecesor José Manuel De la Sota, ha reiterado definiciones sobre los derechos humanos y la reparación social que debe realizarse ante las violaciones cometidas por el terrorismo de Estado”.
En diálogo con Veintitrés, el dirigente peronista Emiliano Álvarez, ex militante de la JP en los años ’70, dijo: “Haroldo Senn llegó a Rafaela a fines del ’74, como interventor del circuito Rafaela de la JP, recuerdo que entraba y salía de la Policía permanentemente y que terminó su carrera de veterinario ya en la dictadura sin ningún problema”. “Le decíamos Aroldo, lo hicimos responsable de la desaparición de Miriam Edith Nencioni y de Daniel Trípodi, y la organización Montoneros en aquellos años lo condenó a muerte”, concluyó Álvarez.
Haroldo Senn, antes de ser legislador provincial fue funcionario de De la Sota en áreas tan sensibles como la Secretaría de Seguridad, de quien dependía la Policía.
Pero no sólo De la Sota tendría que explicar esto, sino también Oscar Aguad que protegió a Carlos Yanicelli y compañía.
Ni hablar de Eduardo César Angeloz, que compartía palco frecuentemente con quien acaba de renovar contrato en Bower: Luciano Benjamín Menéndez.
Por su parte, Luis Juez, cuando fue intendente de la ciudad de Córdoba, tuvo como director de Espectáculos Públicos al ex D2 Oscar Cuassolo. Según el flamante senador nacional no conocía ese pasado de su funcionario. Desde su círculo más íntimo aseguraron a este periodista que si llegan a la Casa de las Tejas, abrirán los archivos para que nunca más pase esto y todos sepamos quién es quién.



muy bueno