Una máxima de la vida es que no podés tomar en serio a la chica que traicionó a su novio para estar con vos un rato. Si los cantos de sirena te confunden y terminás poniéndote de novio con la piba de cascos sueltos, posiblemente después te pase lo mismo a vos.
Lo mismo corre invirtiendo los géneros, para que nadie me acuse de ser machista. O sea, si una chica le quita el marido a su amiga tiene que tener bien claro que su objetivo debe ser sólo hacer daño, porque si se involucra afectivamente con el mujeriego, luego se terminará haciendo daño a ella misma, porque esas actitudes no cambian, al contrario, se fortalecen derivando en costumbre o vicio.
Todos hemos estado alguna vez en alguno de estos papeles: o hemos sido el novio traicionado, o hemos sido el “pata de lana” que le servía de excusa a la traidora para traicionar, o hemos sido traidores.
Es decir, con una traidora, lo único que se puede hacer es traicionar.
Ahora bien, llevemos este ejemplo amoroso de la vida a la política. Había un radical que era decano de la Facultad Tecnológica delegación Mendoza. Por una serie de coincidencias galácticas y casualidades menores, un día se vio como gobernador de la provincia. Una vez, cuando un grupo de ciudadanos manifestaron frente a su casa de la Sexta Sección en reclamo de mayor seguridad, este buen hombre no supo qué decir y se puso a llorar. Así, literalmente, al no tener ninguna respuesta, como no las tenía para ningún tema, SE PUSO A LLORAR.
En el 2007, hubo más coincidencias, el gobierno nacional peronista quería para su candidata un vice que fuera radical, para fortalecer su vocación frentista. Entre los gobernadores radicales había varios posibles, pero la mayoría querían repetir en sus respectivos territorios, hasta que por descarte fue quedando él. Le preguntaron e inmediatamente dijo SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.
Desde su partido, la Unión Cívica Radical, le advirtieron que lo tomarían como una traición, pero él no hizo caso, como la chica de los cascos sueltos. Y terminaron por expulsarlo del partido.
Hizo campaña alabando al proyecto Nacional y Popular, lo que había hecho el presidente que estaba terminando su mandato y apoyando firmemente la plataforma y los programas de la candidata a presidente. “Mi función va a ser apoyar desde el Congreso al gobierno nacional y sus planes de gobierno”, dijo, igual que la chica de los cascos sueltos o el mujeriego jura que va a ser fiel y leal a su nuevo amor.
Pero al poquito tiempo, cuando se profundizaron las contradicciones del modelo y se ahondaron las peleas por poder político y económico, volvió a traicionar. Tanta vergüenza tuvo de sí mismo que ni siquiera fue capaz de decir: “Voto por los terratenientes del campo en contra de la redistribución de la riqueza”. No, como aquella vez que lloró frente a la gente, casi con la voz quebrada, despacito, atinó a decir: “Mi voto no es positivo”. La nueva traición de la chica de los cascos sueltos se había consumado.
Para colmo de colmos, la traicionera logró lo que quería, traicionó a su primer amor, se fue con el que más le convenía, pero ante la nueva traición, la traicionera no quiere salir de la casa e insiste en seguir durmiendo en la misma cama del traicionado. Y para completar la perversión, lo traiciona con su anterior traicionado.
Si, como lo escuchan, el vicepresidente traiciona a la presidenta, al programa que lo llevó al gobierno, y lo peor de todo, a los millones de ciudadanos que lo votaron, para irse con la Unión Cívica Radical, a la que había traicionado dos años antes.
Ahora bien, lo más curioso es que los radicales, que lo habían expulsado del partido, ahora lo cobijen nuevamente en su seno. Como si el marido abandonado, luego de que la traicionera viviera con otro dos años, vuelva con él. Es más, vuelve con él, pero sigue en la casa del otro. Hay calificaciones de barrio para estas conductas, pero son muy guarangas.



Cuál es el problema con las sras. srtas. de “cascos sueltos”?. Cada uno va a la cama que quiera siempre y cuando se lo permitan. Busquemos otro ejemplo.
Acá la traición es a losprincipios. No a las eleccionesen la conducta sexual, que como dice la Constitución: ” las acciones privadas de los hombres están sólo reservadas a dios y excentas de toda justicia…”
Mariano: Tomando como referente su metáfora y no con el ánimo de discriminar, (porque soy mujer en primer lugar y debo y le tengo sumo respeto a mi gremio) es que creo que es precisamente la tolerancia la que hace a la buena convivencia y a la buena vecindad aceptando la diversidad…queda claro?..
Bien, entonces respondiendo en el mismo nivel, colijo que:
…”una chica de cascos sueltos” se ha ido de casa pegando portazos y enemistada con toda su familia de origen, porque supuestamente tenía mejores ofertas en otra familia.
…”una chica de cascos sueltos” no tiene ética ciudadana ni pudor a la hora de traicionar…
…”una chica de cascos sueltos” no tiene proyectos colectivos sino satisfacer su propia necesidad…
Porque….
…”las chicas de cascos sueltos” no solamente tienen sueltos los cascos, sino que además suelen, por lo general, no tener vergüenza. Y esto es lo grave casualmente, porque “una chica de cascos sueltos” en algún momento llega a poner en riesgo a toda su familia de acogida llegandola a traicionar no una, ni dos, ni veinte .. sino hasta “125″ veces y más…
Un abrazo desde Menorca…Sil