Si uno fuera mal pensado, diría que quieren hacer lo mismo que con el agua. Es que por segunda semana consecutiva, los cordobeses tuvieron que soportar un verano tórrido con cortes de luz que ni siquiera fueron bien planificados, y mucho menos bien informados.
El motivo es la rotura de un transformador de Transener, la empresa transportadora de energía, ubicado en la estación de Malvinas Argentinas. Ante esta circunstancia, el gobierno nacional envió un transformador para auxiliar al gobierno provincial. El enorme aparato, de 12 metros de largo por cinco metros de alto y 220 toneladas de peso, salió el sábado pasado de Arroyo Cabral y llegó a Córdoba el domingo, pero para que esté funcionando deben pasar por lo menos 15 días. Mientras tanto, la Empresa de Provincial de Energía de la Provincia de Córdoba (EPEC) decidió cortar la luz seis horas por día en horarios distintos según el sector, y lo comunicaron principalmente por dos vías: por Internet en su página y habilitando un número gratuito 0800, además de la siempre precaria información de los medios de información, que prefieren el escándalo amarillístico al servicio de comunicación. Caso testigo: en un noticiero matutino de televisión, la conductora aprovecha y además de pegarle a la Municipalidad, preanuncia que restringir la iluminación callejera durante las noches va a provocar más “inseguridad”.
Vamos por partes, primero por qué pasó esto. Hay que decir que este verano fue la salida de funcionamiento de este gran transformador, pero el verano pasado fue otra cosa, y el otro verano otra, y así. La cosa es que por culpa de los aire acondicionados, o de esto o de aquello, siempre pasa lo mismo, y lo cierto es que ni Schiaretti, ni antes De la Sota, ni mucho antes Mestre, hicieron nada para invertir en el sistema eléctrico de la provincia, sobre todo en el mantenimiento de los sistemas de traslado. Mucho menos en la generación de energías alternativas, que no sólo tienen la ventaja de diversificar la matriz energética sino principalmente de acotar las áreas de traslado, sobre todo la energía eólica en el sur y la solar en el norte.
La desinversión en la Epec se parece mucho a lo que hicieron antes con el agua y con tantas empresas estatales de servicios públicos, generando las condiciones propicias para que el discurso privatista lograra desarticular totalmente al Estado.
Ahora dicen que en dos o tres meses pondrán en funcionamiento la central de Pilar, que se sumará a la de Almafuerte y a la de Malvinas Argentinas, hoy en problemas.
Frente a la emergencia, también les falló la logística, porque no pudieron crear un cronograma de cortes, mucho menos respetarlo, y muchísimo menos comunicarlo. Cuando quisieron combatir el mal humor de los ciudadanos generado no sólo por los cortes, sino principalmente por la incertidumbre, la empeoraron. Dijeron que nos podríamos enterar por la página de Internet de la Epec o por el teléfono, pero ni todos tienen acceso a Internet ni todos tienen o pueden o quieren estar llamando por teléfono. Así todo, los que tienen acceso a Internet no podían conectarse porque la página estaba caída y los que pudieron o quisieron llamar por teléfono también se frustraron porque nunca los atendieron.
Ante el hecho consumado de los cortes, el mal servicio y la desatención del Estado provincial, viene un transformador del Estado nacional, lo que desmiente aquella versión que siguen alimentando funcionarios y periodistas de que lo único que quiere el gobierno nacional es perjudicar y hacer sufrir a los cordobeses.
La misma conductora televisiva que se burlaba de Hugo Chávez porque ante la crisis energética en su país pedía duchas de tres minutos, ahora con cara seria invocaba la autarquía de la Epec frente al gobierno provincial, en una patética alegoría al sainete del Banco Central.
Pero lo más sorprendente es como tiene la cabeza formateada de tal manera que cualquier tema que ande dando vueltas por el mundo y sus alrededores termine en la famosa “inseguridad”. Entonces, la conductora lanza su pronóstico apocalíptico, tipo Lilita, de que si se restringe la iluminación se dispararán los índices de delincuencia e inseguridad. Como si no fuera inseguridad no saber cuándo ni cómo te van a cortar la luz, sobre todo para los más pobres que no tienen opción de ir a otro lado.
Ni ella ni nadie es capaz de parar un poco la pelota y pensar si en vez de restringir la iluminación necesaria de las calles, no se puede restringir la iluminación privada. Esto es: que los faroles del alumbrado público funcionen, pero se corte toda la publicidad, que gasta igual o más, con los miles y miles de letreros luminosos en negocios, boliches, calles, y en cada una de las ciudades y los pueblos.
Luego de agitar el fantasma de la inseguridad, le toca el turno de pegarle a la Municipalidad, deporte de moda. “Cómo puede ser que las luces estén prendidas de día”, se queja la conductora. El mismo argumento del agua, como si el buen o mal uso del vecino explicara la falta o el mal servicio de agua, o en este caso de energía.
¿No será que el próximo paso sea el de querer subir los precios de la electricidad con la excusa de que así la gente va a cuidarla más y consumir menos? Eso hicieron con el agua, instalaron la idea del derroche, de la necesidad de que sea cara para que la cuidemos, y ahí está el resultado de la empresa privada: un aumento en puerta del 30 por ciento en un producto que debería ser considerado un derecho humano. La luz, en muchos casos también es un derecho humano, sobre todo si uno piensa en los niños, los enfermos y los ancianos en pleno mes de enero.
Los que pueden, se siguen escapando a las sierras, donde por lo menos se mitiga el calor insoportable de la ciudad.
La segunda quincena de enero viene es pec ta cu lar para el negocio turístico. La ocupación llegó al 100 por ciento el fin de semana pasado en las capitales turísticas de los tres valles: Carlos Paz (Punilla), Mina Clavero (Traslasierra) y Villa General Belgrano (Calamuchita). La noticia se da, pero obviamente, sin ninguna contextualización. Y la conductora se hace la distraida con respectos a los innumerables pronósticos pesimistas vertidos hace tiempo sobre la crisis, sobre el crecimiento de la desocupación, el desplome de la industria, del trabajo, de la recaudación y claro, una temporada estival que sería un fracaso.
Por ahora, la crisis parece que la vemos en los portales de política o economía internacional, por los desastres en Estados Unidos y Europa, aquí el 2009 cerró con una baja de la desocupación del 9,1 al 8,4 por ciento y los valles y ríos de Córdoba están que desbordan de gente, a pesar de ella y de los cortes de luz.


