Un nuevo aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976. 34 años desde aquel hito que marcó el recrudecimiento del terrorismo de Estado en la Argentina, y que tuvo a Córdoba como una de las provincias más golpeadas.
Pasaron 34 años y casi nada ha cambiado, ya que los actores son prácticamente los mismos, quizá aggiornados. Sigue habiendo quienes quieren cambiar el mundo, quienes luchan por justicia e igualdad o, al menos, por recuperar la política que había sido enterrada a kilómetros de profundidad durante los ’90.Y están también los otros, los que reaccionan contra cualquier cambio, los reaccionarios, los conservadores a ultranza, los que prefieren los negocios a la política, o los negocios políticos. Son los que ponen la economía y las finanzas por encima de la política.
Y esto se ve por ejemplo en el triste espectáculo del Congreso nacional, con temas como el del Banco Central e ideas estrictamente neoliberales que remiten a un ghetto de economistas que están en un limbo por encima de la política. En esa línea se inscribieron la mayoría de los legisladores nacionales por Córdoba, lamentablemente.
Y dentro de los sainetes de la oposición, el último papelón involucró al diputado nacional de la Coalisión Cívica Juan Carlos Vega, quien se enganchó en una denuncia judicial con Patricia Bullrich, Fernando Iglesias y otros en contra de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner porque creyeron que se había pagado con reservas del Central a un supuesto Banco Continental. En realidad, el trabajo y la denuncia eran tan poco serios que se basó todo en una nota del diario La Nación, que, por un error de tipeo, aludía al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como banco continental, pero con mayúsculas, y entonces confundieron un pago a un organismo multilateral con un pago a un particular.
Pero el episodio demuestra otra cosa, además de que para algunos personajes de la escena nacional la economía y los negocios están por encima de la política. Demuestra que también la relación políticos-prensa se ha invertido. Si antes había medios o periodistas al servicio de partidos o de dirigentes políticos, hoy hay políticos y hasta partidos al servicio de medios, que son el verdadero poder. Y quienes les marcan el rumbo son los periodistas, que en el caso de los más encumbrados fungen de gerentes mediáticos, más que de verdaderos periodistas.
Agradezcamos que en la llamada “oposición” (otra entelequia instalada por los medios como fue en su momento “el campo”) no sobra ni la virtud, ni la inteligencia, ni el trabajo en equipo, porque de este modo no prosperan algunas intenciones claramente golpistas. O mejor dicho: neogolpistas, porque nadie hoy se imagina a una Junta Militar tomando el poder como hace 34 años en nombre de los poderes económicos y financieros. Hoy se pueden lograr los mismos resultados con un juicio político a la Presidenta y una pantomima de sucesión institucional, sobre todo si se da la aberración de un vicepresidente jefe de la oposición. Igualito a Paraguay, con Fernando Lugo y Federico Franco.
Y ante esa ineficiencia de los diputados y senadores opositores, fue patético ver cómo los medios de comunicación del poder, en Córdoba y en el país entero, los retaban como niños, reclamándoles unidad para vencer al eje del mal kirchnerista.
Cuando al verdadero poder, representado y defendido obsecuentemente por estos presentadores de noticieros y periodistas de juguete, ve que “sus” políticos fracasan, vuelven al juego que más les justa: hacer tabla rasa y desprestigiar a toda la clase política, con lo que desprestigian al sistema político. Volvieron entonces esta semana los discursos fatalistas de que la política es sucia, fea, y que todos los políticos son algo deleznable. El mensaje entonces es: “Como usted, señor, señora, es un hombre decente, no se meta en política porque se va a ensuciar. Deje que yo le cuento todo por la pantalla”. Resultado buscado: que la política se haga en los medios. En la sociedad, como en la naturaleza, no existen espacios vacíos, porque son ocupados inmediatamente por otros. Entonces si la política no la hacen los ciudadanos y los partidos, la harán los poderosos principalmente a través de los medios y sus pocos empleados del mes.
Sin embargo, como decíamos al principio de esta columna, hay actores que hacen acordar al 24 de marzo de 1976, de los dos lados.
Por un lado, hay quienes siguen creyendo en la recuperación del política, de la democracia participativa, y descreyendo de aquello que decía Francis Fukuyama de la muerte de las ideologías y el fin de la historia, y que siguen repitiendo los medios. Por ejemplo, el sábado se congregaron en la Plaza de la Intendencia, muchos ciudadanos autoconvocados, en apoyo (algunos apoyan incondicionalmente otros apoyan críticamente) a los cambios en marcha en el país, quizá identificados también con medios de comunicación, pero por lejos minoritarios como Canal 7, el programa 6 7 8 o Radio Nacional Córdoba. Medios que desde todo punto de vista están en inferioridad de condiciones a la hora de dar la disputa cultural con la “cadena nacional de medios privados” y sus filiales cordobesas.
Otro ejemplo del mismo sector que cree todavía en la política y su rol transformador fue nuevamente dado por la ya típica marcha del 24 de marzo, una marcha multitudinaria que volvió a reunir a miles y miles de militantes y a ciudadanos comunes, de distintas vertientes ideológicas pero con memoria y conciencia de presente y futuro.
Del otro lado, no hace falta comentar mucho sobre el hecho de que la primera visita a Córdoba del precandidato presidencial Mario das Neves (gobernador de Chubut) fue para visitar a la Fundación Mediterránea. La misma entidad que sigue incubando a los economistas neoliberales que se retroalimentan con las redacciones cordobesas y que, aunque parezca mentira, en su página web, reconoce sin pruritos su complicidad con la dictadura militar: “Fundación Mediterránea es una asociación civil sin fines de lucro creada en la ciudad de Córdoba, República Argentina, el 6 de Julio de 1977, por iniciativa de 34 empresas de la provincia de Córdoba, convocadas por el señor Pedro Astori… Desde la fecha de su creación hasta 1982 desarrolló una amplia tarea de investigación que fue difundida a todos los miembros de la Asociación de Economía Política y a todos los sectores empresarios… Durante toda esa época la Institución fue conducida por los señores Pedro Astori y Fulvio Pagani, alternadamente. El Instituto creado por Fundación Mediterránea fue dirigido por el Dr. Domingo Felipe Cavallo.
La amplia labor de investigación realizada por el Instituto, además de la presencia del Dr. Domingo Cavallo, convocado por el Gobierno Nacional para ejercer importantes funciones que permitieron la aplicación de numerosas propuestas del Instituto, motivaron a empresarios de todo el país a crear filiales de Fundación Mediterránea en todas las regiones del país. Estas circunstancias posibilitaron que los estudios que se realizaban a nivel nacional fueran completados con estudios a nivel regional” (http://ieral.win-servers.com/data/paginas.asp?pagina=institucionalfundmed).
Cuando recordamos el 34º aniversario del golpe que dio inicio a la más sangrienta dictadura de nuestra historia, también con dolor encontramos los resabios enquistados en el presente. Ahí está la denuncia hecha por la secretaria general del gremio de Judiciales, Irina Santesteban, para que se investigue si José Luis Santi, hoy asesor letrado de Tribunales II, fue uno de los espías civiles del Batallón 141 de inteligencia que manejaba Luciano Benjamín Menéndez.
Por eso, las evocaciones del golpe en Córdoba, se hacen con un ojo en el pasado y otro e el presente.



Muy buen artículo que debe difundirse MÁS para desenmascarar a El Cronista Comercial que cumple las mismas funciones que las calificadoras de riesgo, que puso a España, país en decadencia total, la Ritch -según solutions- calificación que no apuntara a su bancarrota y a Argentina pésima evaluación, a través de un informador cavallista, Hernán de Goñi, para estar de acuerdo con Moddy’s y Standard&Poors, causantes de las crisis DIVERSAS de los países europeos y de EU.