Una madrugada, el director técnico Ricardo Gareca levantó de la cama a los jugadores de Talleres que estaban concentrados. Eran las cinco y media de la mañana y nadie entendía nada. En ayunas los hizo subir al micro, desayunarían cuando volvieran al hotel de la concentración.
Los llevó a la fábrica Fiat que está en Ferreyra, y sin bajar del micro les pidió que todos se asomaran a las ventanillas del costado derecho. Mostrándoles a los obreros que entraban al turno de las seis, les dijo: “Ven, eso es trabajar”.
Siempre tengo presente esa anécdota, sobre todo cuando algo me sale mal y me quejo, porque la mayoría de la gente trabaja en cosas que no le gusta, y trabaja duramente.
Entonces uno que ejerce “el oficio más lindo del mundo”, como dice García Márquez, ¿cómo puede quejarse? Para mí, el periodismo es un trabajo fantástico que tiene dos facetas: una lúdica y otra seria. Lo lúdico está dado porque es todo como un juego, por lo apasionante y diferente cada día. Y es muy serio por la responsabilidad que significa tomar conciencia del enorme poder que uno tiene, ya sea que trabaje en el diario de más tirada o en la radio comunitaria. Siempre uno tiene poder y debe usarlo bien, con ética y nunca alejándose de la verdad, o por lo menos de su verdad.
Y el poder también puede ser concebido de tres modos: en sí mismo, en cuyo caso se transforma en simple y vacía vanidad; para mantener el estatus quo; o para encarar transformaciones. Entonces, para los que no estamos conformes con el mundo como es, el periodismo puede ser una herramienta concreta para cambiarlo. Y cada vez más.
Recién cité a García Márquez, que cataloga al periodismo como un oficio. Creo que es cierto porque está en su esencia, no es una profesión como medicina o abogacía, es un oficio porque se aprende mucho en la calle, en las coberturas, en las charlas en medio de la redacción, en las cenas bien regadas, y en los lugares más insólitos. Pero hoy ha cambiado, como ha cambiado todo, con respecto a lo que era el periodismo hace 20 o 30 años. Y hoy yo diría que también es muy importante la formación académica, es decir, ir a la universidad, prepararse a conciencia y que durante toda la vida el periodista no abandone su formación constante.
Aquí es donde empieza a ser importante la por ahora Escuela de Ciencias de la Información (ECI), que en mi caso me dio la base de lo que soy como periodista.
Es verdad que no es perfecta la formación de la ECI, pero es muy buena, y mejorarla también debería ser una tarea de los alumnos, junto con los profesores y los no docentes. Es verdad que por ahí nos quejamos de la falta de materiales para prácticas, pero en esta etapa lo más importante es la formación teórica. Si se puede tener las dos cosas (práctica y teoría) mejor. Y eso quizá ocurra cuando la escuela sea facultad y por consiguiente tenga más presupuesto. Pero más allá de eso, la verdad es que la práctica la van a adquirir de algún modo, aunque sea a los golpes, cuando trabajen en un estudio o en una redacción. Pero lo que no lean en esta etapa, lo que no estudien ahora, lo que no profundicen con método en la universidad, muy difícilmente lo puedan hacer cuando trabajen de periodistas.
La realidad es que el oficio más lindo del mundo también está muy bastardeado, sobre todo por las patronales.
El poder mediático, sin dudas ha pasado de ser el cuarto poder (aquel que debía fiscalizar a los tres poderes republicanos) a ser el primer poder, a partir de que fue fagocitado por el poder financiero. Hoy este matrimonio de poder financiero-poder mediático es mucho más importante que el poder político. Y además es un poder autoritario y antidemocrático. ¿Por qué? Porque hoy por hoy reproduce un discurso único. Porque opina sobre todos pero nadie puede opinar sobre él. Porque los gobiernos son elegidos en elecciones, pero los periodistas estrellas que bajan ese discurso son elegidos por el poder detrás del poder. Y por último porque claramente actúan como poder desestabilizador o por lo menos condicionante de gobiernos, y eso es claro en la actualidad en muchos países de Sudamérica. En ese contexto, al poder mediático le conviene tener una masa de periodistas obedientes, autómatas y sin criterio propio. En definitiva, es más efectiva la cooptación que la censura. Y en pos de lograr periodistas autómatas también se pauperiza el oficio, dando como resultado periodistas que para mantenerse y mantener a sus familias tienen que tener dos o tres trabajos, y que no tienen ni tiempo, ni plata, ni ganas de leer un libro, mucho menos de hacer un curso. Por eso es tan importante tomar en serio la posibilidad que nos da la ECI de formarnos, cuando tenemos la suerte de poner en los formularios que somos estudiantes.
Es una responsabilidad, aprovecharlo por uno mismo, pero también para estar preparado para usar el poder para transformar. Sobre todo transformar la realidad de la gente común, de la gente que trabaja en algo que no ama y que sin embargo, es la que posibilita que nosotros podamos tener el oficio más lindo del mundo. A ellos nos debemos, al pueblo argentino que banca una universidad gratuita, que tiene falencias, pero que tenemos que mejorar nosotros. Y una forma de mejorarla sería que pasara de escuela a facultad.


