Alberto Acosta, fundador de Acuerdo País, el movimiento de la “Revolución Ciudadana” de Ecuador
Todos lo sindican como el mentor de Rafael Correa, aunque él lo niega enfáticamente. Más allá de eso, Alberto Acosta es uno de los fundadores de Acuerdo País, el movimiento que lleva adelante en Ecuador la “Revolución Ciudadana”. Fue un miembro clave del gobierno en distintos cargos y presidió la Asamblea Constituyente de 2007 que sentó las bases de un cambio radical en este país, con la sepultura de la partidocracia y la inclusión de sectores históricamente relegados como los indígenas y los negros.
Ahora está alejado del gobierno y del presidente, pero mantiene su coherencia con un discurso crítico pero no destructivo. Incluso rechazó propuestas de sectores opositores para ser candidato presidencial en las elecciones del domingo pasado que Correa ganó en primera vuelta.
En su despacho de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) me recibe y desgrana su “apoyo crítico” al proceso político ecuatoriano. Dice que el de Correa es un gobierno popular y no populista, pero que le falta volver a las bases.
-¿Festejó el domingo el triunfo de Correa?
-¿Está vigente ese objetivo de transformación profunda o se ha desvirtuado?
-Yo creo que el objetivo está vigente. Si vamos a la gestión misma del presidente hay muchos puntos positivos, pero en muchos aspectos tengo diferencias, creo que por ejemplo la forma en que se trató y el contenido de la nueva ley de minería deja mucho que desear porque creo que está en contra de algunos principios básicos de la constitución como los derechos de la naturaleza, la participación ciudadana, el buen vivir y los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Fue una ley aprobada acelerada y atropelladamente. Es sólo un ejemplo, como esa ley, muchas cosas más.
-¿Será por eso que Correa gana con un alto porcentaje de votos pero sus candidatos a la Asamblea Nacional no tanto?
-Por un lado, los candidatos de Alianza País no tuvieron la fuerza y el carisma necesarios. Pero también hay que ver los problemas derivados del personalismo de Correa, su escasa capacidad para trasladar votos al resto. El reto de Correa es construir poder más horizontalmente. Al momento él se siente el portador de la voluntad política colectiva, no entiende que esa voluntad colectiva tiene que ser ejecutada con participación democrática, ese es uno de sus puntos débiles porque no ha logrado sintetizar la necesidad de tener un movimiento político sólido.
-¿Algo de mesianismo político?
-Sin duda alguna, lamentablemente eso hay que decirlo con claridad, lo cual no es una crítica sino una constatación que tiene que ser a tiempo para que se corrija.
-Para entender el fenómeno y el proceso, cuéntenos cómo surgió Alianza País, que intenta ser un movimiento revolucionario.
-Después de participar individualmente en las marchas callejeras que echaron a Abdalá Bucaram en 1997 y a Yamil Mahuad en 2000, hacia 2005 nos empezamos a juntar cinco o seis amigos que empezamos a discutir cómo llevar adelante una propuesta de cambio. Para ese tiempo, en el gobierno interino de Alfredo Palacio, Rafael Correa ocupó el Ministerio de Economía durante 104 días y logró posicionarse en la vida política con mucha fuerza, con inteligencia y con gran carisma. Salió del ministerio muy fortalecido y entonces estos cinco o seis amigos nos aglutinamos en torno a él, y el movimiento se fue construyendo paulativamente. Recuerdo que nos reuníamos en mi casa y no llenábamos todas las sillas de la mesa del comedor. Eso sí, nosotros hicimos esto y discutíamos ideológicamente, pero por otro lado muchos sectores fueron consolidando las condiciones para que se produzca el cambio. Para decirlo con claridad, Correa no es un relámpago en cielo despejado.
-Este fue el proceso del pueblo ecuatoriano hacia el cambio, ¿pero cómo fue el proceso de Correa, desde un economista formado en universidades privadas de Ecuador y Estados Unidos, a este economista heterodoxo y revolucionario?
-Él podría haber sido una persona confiable para el establishment, pero fue siempre muy crítico. Yo lo conozco desde hace unos 19 años y siempre fue muy crítico y tuvo muy clara su vocación de servicio a la sociedad. En una época fue parte de un grupo de catequistas y trabajaba mucho en barrios marginales, estuvo más de un año en una comunidad indígena de la provincia del Cotopaxi, una de las más pobres, donde aprendió a hablar quichua y comenzó a darse cuenta de la realidad de la miseria.
-Correa es un invento colectivo, él no es ni un autoinvento ni tampoco tiene un mentor. Hay algunos que me sindican a mí como que lo inventé. No, no es así, Correa tiene méritos propios pero él es sobre todo el resultado de un proceso político social de larga data y eso es lo que tiene que terminar de entender él mismo, que se debe a ese proceso, que debe obedecer el mandato de los sectores populares, algo que entiende mejor Evo Morales cuando dice que está mandando obedeciendo a sus bases. Claro, Evo viene de bases populares, Rafael no, pero debe entender que producto de un proceso histórico él está en la presidencia.
-Usted dice que no lo inventó a Correa, pero admitirá que alguna influencia tuvo en él…
-Con Rafael teníamos una relación muy fluida y estrecha, y él siempre decía que no podría decir quién pensó primero qué, si él o yo. Aprendimos mutuamente. Después nos distanciamos.
-¿Sigue sintiéndose parte de este gobierno?
-Sigo sintiéndome parte del proceso de cambio, en la medida en que puedo opinar, apoyar y criticar, pero no soy parte de este gobierno.
-¿Y descarta totalmente volver a integrar el gobierno?
-Para integrar este gobierno debería ser un equipo mucho más democrático, respetuoso, y creo que puedo aportar más desde afuera con una posición de crítica constructiva que con una posición sumisa desde adentro.
-¿Habla con Correa?
-No, no hemos vuelto a hablar desde el 28 de setiembre del año pasado, cuando fue el referéndum por la nueva constitución.
-Usted le critica al gobierno falta de diálogo y de consensos, ¿pero se puede dialogar o consensuar con sectores que defienden intereses tan distintos?
-En principio creo que se puede conversar con todos los sectores si el interés nacional está de por medio. Ya buscar consensos con quienes están en contra del proceso es imposible, esto es real. En el marco de un proceso de transformaciones profundas y radicales, es difícil consensuar con quienes van a perder sus privilegios, y es perder el tiempo. Pero sí es verdad que la Revolución Ciudadana tiene un déficit de ciudadanía, tiene que haber más participación y no tomarse las decisiones desde el buró, Acuerdo País tiene que transformarse en un verdadero movimiento democrático para que sea lo normal discutir con la gente las grandes transformaciones.
-Además de volver a las bases, ¿no ve una falta de cuadros en Acuerdo País? ¿Qué pasaría si mañana faltara Correa?
-Esa es una pregunta que debería ser tratada con mucha seriedad y responsabilidad dentro de Acuerdo País. Lo que no debe pasar es que el mismo Correa empiece a digitar quién será su sucesor, lo que hay que hacer es avanzar en la construcción de liderazgos colectivos y de nuevos cuadros, que es lo que está faltando.
-A Correa, como a Chávez y a Evo Morales, lo acusan de populista. ¿Correa lleva adelante un gobierno popular o populista?
-El término populista se usa con demasiada ligereza, es una muletilla a la cual se recurre cuando uno no puede explicar algo. Pretende ser un insulto o al menos algo despectivo y peyorativo. Yo creo que el gobierno de Correa no es populista sino popular. Lo que pasa es que está dentro de un patrón de acumulación económica y dominación política propio de una economía extractista sustentada principalmente en el aprovechamiento de los recursos naturales como el petróleo o la minería.


