Dos sistemas inhumanos

Publicado por admin el May 24th, 2009 bajo la Categoria Derechos Humanos, Economía. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

El Humanismo Económico, por lo que se desprende de los escritos de Luis Eugenio Di Marco, hechos desde el CIEC y la Red Nacional de Centros–con sus Encuentros Internacionales de Economía y las Jornadas Nacionales del Plan Esperanza–es recuperar a la economía como ciencia social, en contraposición a las visiones duras, monetaristas e insensibles, cuando no directamente inhumanas.

         Quiero relacionar este tema con fechas que recientemente nos han hecho trabajar la memoria: concretamente con la pasada dictadura militar y con la Guerra de Malvinas. 

Según la “Convención de las Naciones Unidas para la Sanción y Prevención del Delito de Genocidio”, se comete genocidio cuando se busca de una manera premeditada, planificada y sistemática la eliminación de un grupo humano, ya sea por razones étnicas, culturales, religiosas o políticas. El término fue acuñado por Rafael Lemkin luego del Holocausto Judío,  y de acuerdo con esta convención internacional de 1948, la categoría cabe perfectamente para lo que ocurrió en la Argentina de los años ‘70.

           Pero si bien estamos empezando los argentinos a revisar nuevamente ese período con la clara intención de llegar a la verdad y a la justicia con los genocidas, creo que hay un agujero negro en el que nadie se anima a incursionar. Es que está claro que sin disculparlos ni justificarlos (todo lo contrario), los militares argentinos (como los de muchos otros países latinoamericanos) fueron sólo instrumentos, herramientas de otras fuerzas mayores y ocultas. ¿Quién mandó a ejecutar este genocidio, por qué y para qué? ¿Qué fuerzas políticas y económicas estaban detrás de los comandantes de la Junta y cómo es que necesitaron exterminar a una generación de dirigentes para poder implementar un modelo de económico.

               Fue el modelo, permítaseme el término, del Inhumanismo Económico, el modelo de la desindustrialización, de la burbuja financiera, de la mentira, de los servicios, de la plata fácil, del no trabajo, de la concentración de la riqueza, de la marginación de las mayorías, empujándolas al abismo del desarraigo, de la miseria, del hambre más brutal y de la ignominia de la falta de trabajo. Eso es inhumano, y de la misma forma, para implementar eso a una clase trabajadora e intelectual formada y politizada, hacía falta una represión igualmente inhumana, que fue el plan genocida de la dictadura.

               Los métodos son similares. Hubo desaparecidos a los cuales se les negó no sólo la vida sino también la muerte y de los cuales Videla dijo: “No están, ni vivos ni muertos, simplemente no existen”. De la misma manera hubo luego desaparecidos económicos, todos los que no están, no existen, no queremos ver, los que viven en esas verdaderas ciudades ocultas que son las villas miserias, donde no entra ni el Estado ni ningún particular, pero no sólo por la inseguridad, también por la indiferencia, porque es mejor pensar que no existen. Son desaparecidos.

                  Hubo apropiación de bebés y cambios de identidad. Y hoy sigue habiendo cambio de identidad, sobre todo de los trabajadores a los que se les priva del trabajo. ¿Qué es un trabajador sin trabajo? Nada, pierde su identidad, deja de ser lo que es, y un problema psicológico y personal, multiplicado por miles, potencia el problema social.  Hubo terror por la amenaza de la detención, de la tortura y de la muerte. Hoy sigue habiendo terror para quienes quisieran pelear por lo suyo, el terror de las sanciones y el mayor terror, el del despido. Es como un fusilamiento, porque el trabajador sabe que si es despedido pasa a ser un muerto civil.

                 En definitiva, un sistema económico inhumano que se fundó en la mayor inhumanidad que se pueda imaginar. Algo a lo que debemos enfrentar con el Humanismo Económico, que representa algo más que ideales bien formalizados: desde el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba y su Red Nacional de Centros se viene estructurando desde hace muchos años, el PLAN ESPERANZA, y él contiene la estrategia macroeconómica y social que justamente enfrenta al sistema inhumano instalado en la Argentina en décadas olvidables como la de los años 1990.

 

Los otros 2 de abril

 

El dos de abril de 1982, mientras el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri embarcaba al país en la aventura malvinense, dos jóvenes economistas diagramaban la ingeniería económica de la guerra. Eran Manuel Alberto Solanet, secretario de Hacienda, y su segundo, Ricardo Hipólito López Murphy, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (Fiel).

Pasó el tiempo y también un dos de abril, pero de 1991, entró en vigencia el plan de Convertibilidad de Domingo Felipe Cavallo, que retomaba y profundizaba el proyecto del ‘76 de liberalización de la economía y predominio del sector servicios y del sector financiero por sobre el productivo.

Y ese proyecto político-económico que sustentó la dictadura, coincidentemente también fue anunciado un dos de abril, pero de 1976 por el flamante ministro de Economía de la Junta, José Afredo Martínez de Hoz. Ese día, este abogado de familia patricia anunció: “…Para revertir la situación actual todos los argentinos sin distinción deberán poner su esfuerzo y realizar su contribución. Habrá sin dudas sacrificios que realizar”. Dejó en claro la política represiva de los militares al decir que “la Argentina se ha visto sumida en un estéril debate ideológico y es absolutamente indispensable superar esta situación adoptando una actitud de gran pragmatismo”. Pero también dejó claro su alineación con los grandes capitales: “La utilidad no es sólo la retribución que le corresponde al capital por su dedicación a una actividad productiva, la utilidad es absolutamente necesaria (porque) sin utilidad no hay ahorro, sin ahorro no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay bienestar humano”.

En su discurso puso énfasis en la inflación. “Puede decirse que el motor principal de la inflación lo constituye el déficit fiscal”, dijo preanunciando más ajuste del cinturón para la población. Sin embargo, durante todos los años de la dictadura, la inflación no bajó del 100 por ciento.

 

A 31 años de distancia, y cuando tanto se discute sobre la necesidad de recuperar la memoria en relación a las violaciones de los derechos humanos, quizá sea interesante también recordar cuáles eran las ideas económicas que sostenían a aquella dictadura.

Otro de los hitos económicos fue el 6 de julio de 1977, cuando por iniciativa de 34 empresas convocadas por Piero Astori, se creó la Fundación Mediterránea. Según su propia página web (http://www.ieral.org/site/data/default.asp) tenía como uno de sus objetivos “crear un foro apartidista donde se discutan los grandes problemas nacionales; donde hombres estudiosos aporten su inteligencia para diseñar soluciones económicas con el solo condicionamiento impuesto por la adhesión irrenunciable al respeto de la libertad y dignidad de la persona humana”.

Decir que el foro sería “apartidista” suena redundante y hasta cínico, ya que a mediados de 1977 los partidos políticos estaban proscriptos y se vivía la más cruenta represión política. En cambio, “la adhesión irrenunciable al respeto de la libertad y la dignidad de la persona humana” de una entidad tan poderosa, hubiera sido deseable en la época de los peores crímenes de lesa humanidad.

Y no se puede aducir ignorancia de lo que estaba pasando. Según el periodista Daniel Santoro, cuando Cavallo en ese abril de 1976 volvió de Harvard, invitó a Córdoba a unos ex compañeros norteamericanos. “Después de un típico asado criollo, Cavallo pidió prestada una camioneta a unos amigos. Quería llevara a sus amigos americanos a conocer los alrededores de Córdoba…En medio del paseo, una patrulla militar detuvo la camioneta y les pidió que se identificaran… Con la escasa amabilidad que los caracteriza, los militares apuntaron a los graduados de Harvard con fusiles de combate… ‘¡Salgan de la ruta y caminen hacia campo abierto!’ gritó uno de los oficiales sin dejar de apuntarlo con el FAL… Uno de los economistas estadounidenses sufrió un ataque de histeria… El Proceso tuvo un instante entre sus prisioneros al futuro subsecretario Técnico-Administrativo del Ministerio del Interior y presidente del Banco Central” (Santoro, Daniel, El hacedor, Planeta, Buenos Aires 1994, página 98). Luego de identificarlos, los liberaron, pero la anécdota prueba que Cavallo conocía muy bien el terrorismo de Estado, hasta lo había sentido en carne propia.

En realidad, el hombre de San Francisco ya tenía experiencia en esto de colaborar con dictadores, porque en 1969 y a los 22 años, mientras sus compañeros de estudios se sumaban al Cordobazo, él era subsecretario de Desarrollo y Planeamiento de la Provincia durante la intervención del brigadier retirado Roberto Huerta. Luego de la caída de Juan Carlos Onganía, fue vicepresidente del Banco de Córdoba.

Aporte cordobés

Según la misma página web oficial de la Fundación Mediterránea, “desde la fecha de su creación hasta 1982 desarrolló una amplia tarea de investigación que fue difundida a todos los miembros de la Asociación de Economía Política y a todos los sectores empresarios” y “la amplia labor de investigación realizada por el Instituto de Estudios para la Realidad de América Latina (Ieral), además de la presencia de Domingo Cavallo, convocado por el Gobierno nacional para ejercer importantes funciones que permitieron la aplicación de numerosas propuestas del Instituto”. De esta manera, la Fundación Mediterránea admite públicamente que la política económica de la dictadura fue obra propia.

Esa política económica se basó principalmente en la desregulación financiera y la apertura total de la economía, lo cual afectó la balanza comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos; se reprimarizó la economía con su consecuente desindustrialización y se estableció el sistema de cambio conocido como “la tablita cambiaria”,* que garantizaba la bicicleta financiera.

Los resultados, represión mediante, fueron que la deuda externa creció de ocho a 45 mil millones de dólares, el salario real cayó más del 30 por ciento y el reparto de la riqueza entre capital y trabajo pasó de un 50 y 50 a un 65 y 35 en favor del capital.

Una vez concretada la derrota de Malvinas y suplantado Galtieri por Reynaldo Bignone, la última tarea económica de la dictadura en retirada fue encargada a Cavallo, secundado por Carlos Melconian (actualmente en M&S Consultores). Fue la de estatizar la deuda que tenían las empresas privadas.

 

1 Respuesta para “Dos sistemas inhumanos”

  1. Viola dice:

    “La utilidad no es sólo la retribución que le corresponde al capital por su dedicación a una actividad productiva, la utilidad es absolutamente necesaria (porque) sin utilidad no hay ahorro, sin ahorro no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay bienestar humano”.

    Esta cita pinta de cuerpo entero a un lider del neoliberalismo, genocida,
    que debe ser igualmente juzgado con quienes lo nombraron y aplicaron su plan.

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Mariano Saravia