Democracia encuestera

Publicado por admin el Jun 20th, 2009 bajo la Categoria Destacadas, Opinion General, Politica Nacional. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

encuestas“Hoy gana Fernando Henrique”, titulaba el principal diario de San Pablo el domingo 4 de octubre de 1998. Se refería a la reelección del presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso.

¿Qué podría pensar esa mañana de primavera cualquier ciudadano brasileño, mientras desayunaba y leía el diario? ¿Qué ganas podrían quedarle de ir a votar si ya el diario le decía cómo terminaría la película?

En definitiva, si nos vamos a guiar por encuestas, ahorremos el trámite y el gasto de hacer elecciones e investamos al candidato mejor posicionado. Parece absurdo, pero es ni más ni menos lo que hacen muchos periodistas, devenidos en meros comentadores de encuestas, cuando no de culebrones entre políticos.

Que este le dijo tal cosa a aquel, que aquel le respondió. Y allí van cual simples sostenedores de micrófonos. Y luego completan comentando las encuestas.

Encuestas que, dicho sea de paso, son cada vez menos creíbles. En Córdoba, hay de todo y para todos los gustos. En general, todas dan más o menos el mismo orden de las cuatro principales listas en la carrera al 28 de junio. Pero las hay aquellas que marcan un pelotón muy compacto, en el que el primero no está muy lejos del resto, y hay otras en las que se marca una goleada por anticipado.

Cualquier persona medianamente pensante y con criterio empezaría por ver quién paga esas encuestas, y fácilmente se podría dar cuenta que en general, lo que sucede es que las encuestas difundidas son favorables a quien las paga y difunde.

Eso puede significar tres cosas: o que el político le miente a la gente con respecto a los resultados, o que el encuestador le miente al político, o ambas cosas.

En cualquier caso, lo que queda claro es la intención de manipular la opinión pública y en definitiva la voluntad popular que luego se debe expresar en las urnas.

Esta no es una arenga en contra de los encuestadores, pero si a alguien le puede servir una encuesta bien hecha, es al candidato o a su equipo de trabajo, para ver un verdadero mapa de la situación y poder tomar decisiones y asumir estrategias para mejorarla.

Pero en ningún caso debería interesarle al periodista y muchísimo menos al ciudadano común. ¿Para qué saber con anticipación quién va ganando o quién va a ganar, quien va perdiendo o quién va a perder? Si esa información no va a influir en la decisión del votante, no tiene sentido conocerla, y si termina influyendo, tiene un sentido totalmente antidemocrático, como cualquier otra acción de marketing político, tan dañino para la discusión de ideas y propuestas.

En este sentido, gran parte de responsabilidad recae sobre los medios y los periodistas, hoy revueltos hasta el punto de no diferenciarse. Ya se hace extremadamente difícil distinguir entre los dueños de un canal o un diario y sus trabajadores, todos son lo mismo porque se ha perdido la dignidad y la pasión de periodista, además de la formación que haga posible todo lo demás.

Para justificarse frente a su público, el periodista carga contra los políticos y dice “es una campaña sin ideas ni propuestas”, pero sigue limitando su trabajo a comentar culebrones y encuestas. En los diarios no se distingue qué es información y qué es publicidad política. Y en los medios audiovisuales las publicidades de los candidatos no se pueden identificar si son de un político o de un espectáculo.

Un agravante ante esta situación es que los partidos que sí presentan propuestas que intentan ser ideológicas (ya sean de izquierda o de derecha) tienen mucho menos dinero para publicidad y (quizás por eso) también menos espacio otorgado por los periodistas.

Es la repetición de la lógica de acumulación capitalista. Cualquier jefe de sección repite a sus pichones de periodistas: “A los partidos grandes, más espacio, a los más chicos, menos, total, ¿a quién le importa?”. Y así, los más grandes y poderosos tienen entrevistas de una página, cuando a los demás les reservan un cuadrito.

Hasta el Estado se comporta con esta lógica y los segundos gratuitos que entrega en los distintos medios de comunicación son proporcionales a los votos que cada uno sacó en las elecciones anteriores. Lo mismo ocurre con los fondos que el propio Estado otorga a cada partido para su funcionamiento, también proporcional a sus resultados últimos.

En Ecuador, por ejemplo, este tema se resuelve de una manera ejemplar: un mes de campaña, pero estrictamente controlado. Además, nadie puede pagar de su bolsillo publicidad, por más que tenga y le sobre. Es el Estado el que entrega la misma cantidad de dinero a cada partido para que haga publicidad. Así, una campaña grotesca por lo exagerado del derroche como la de Francisco De Narváez, simplemente sería ilegal e imposible. Antes, el magnate bananero Álvaro Noboa (el De Narváez ecuatoriano) gastaba cinco o diez veces más que sus adversarios. Ahora ya no puede.

Y también está prohibido difundir encuestas un mes antes de las elecciones. El que quiera encargar encuestas y dejarse engañar a cambio de fortunas, que lo haga. Pero que no engañe a la ciudadanía.

 

 

 

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Mariano Saravia