
El embalse es la clave, porque proveería de abundante agua a la capital
En números anteriores estuvimos abordando el tema del crecimiento desmedido de la ciudad de Córdoba, sobre todo de algunos barrios como Nueva Córdoba o General Paz. Hacíamos referencia a la manía de crecer en altura en vez de extender un poco más la ciudad, planificando el futuro y sobre todo dividiéndola política y administrativamente, para que sea más fácil gobernarla y, sobre todo, vivirla.
Incluso, marcábamos el despropósito de haber hecho el Centro Cívico para mudar por 20 cuadras la administración gubernamental, desde la Casa de las Tejas hasta la zona de la ex Estación Mitre. Decíamos que bien se podría haber aprovechado para llevar esos nuevos edificios fuera de la Circunvalación para descongestionar un poco el centro. O incluso, que se podría haber mudado la capital provincial a otra ciudad, como Río Cuarto por ejemplo, ya que el actual gobernador José Manuel de la Sota tiene tanta afinidad con el Imperio del Sur, su terruño adoptivo, desde que está en pareja con Adriana Nazario.
Ahora sale a la luz el tema de otra capital, la de la Nación, y la idea siempre vigente de que alguna ciudad de la provincia de Córdoba reemplace a la ciudad de Buenos Aires, un polo donde se concentra la actividad política, económica y cultural del país, y que desde la época de la colonia, no ha hecho más que concentrar el poder y ocasionar todo tipo de problemas al país, desde económicos hasta de hacinamiento y salubridad.
Desde ámbitos del gobierno provincial reconocieron off the record que hay ideas y que se está trabajando silenciosamente, para evitar la especulación inmobiliaria que cualquier rumor desata en casos como estos.
La ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires constituyen uno de los conglomerados urbanos más grandes del mundo, tiene un territorio que no supera el uno por ciento del total del país y concentra el 33,2 por ciento de la población, más del 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y el 66 por ciento de los servicios.[
La vieja idea de quitarle a Buenos Aires su facultad política redundaría no sólo en descentralizar y desburocratizar el poder político y separarlo del poder económico del país, ambos excesivamente concentrados, sino también solucionar el problema demográfico de la Argentina, desarrollar inversiones en el interior y dar inicio a una nueva revalorización del Estado federal.
Hay varias ciudades de la provincia que tienen potencial para postularse como Capital Federal. San Francisco, por ejemplo, asociada con Frontera, tiene la ventaja de estar en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Villa María o Río Tercero, están prácticamente en el centro geográfico del país, y la propia Río Cuarto también tiene la ventaja de estar cerca de las provincias de La Pampa y San Luis, cerca del eje Buenos Aires-Mendoza.
Con respecto al famoso proyecto del ex presidente Raúl Alfonsín de llevar la capital a Viedma, cualquiera de estas alternativas tiene dos ventajas. La primera es que ser una ciudad mediterránea siempre es más seguro y menos vulnerable que una ciudad que da al mar, sobre todo en términos geopolíticos y militares. La segunda ventaja es que sería mirar a nuestros hermanos sudamericanos, en momentos en que la integración regional es uno de nuestros bastiones, tanto política como económica y culturalmente. La capital en San Francisco abriría puertas y nos acercaría hasta simbólicamente a Paraguay y Brasil, mientras que la capital en Río Cuarto nos acercaría a Chile.
En cualquier caso, sería un formidable motor de crecimiento económico, de cara a años que se prevén como de desaceleración de la economía, al menos. Y ayudaría a descongestionar aunque sea un poco esa megalópolis en que se ha convertido Buenos Aires, que por supuesto seguiría siendo la capital económica e incluso cultural de la Argentina. Por eso no tienen que preocuparse los porteños, ni ponerse celosos.
El proyecto de Alfonsín
Volviendo al proyecto de Alfonsín, conviene recordar que se transformó en ley y que esa ley nunca fue derogada, por lo tanto sigue vigente. En su momento, fracasó y se cajoneó por la presión y el lobby de ciertos sectores económicos, a través principalmente del lobby mediático Clarín-La Nación, que actuaron como siempre como sus voceros. El argumento principal fue que el proyecto constituía un gasto “innecesario”, aunque también hay cierta responsabilidad en el propio gobierno que se la pasó planificando desde Buenos Aires, reproduciendo lo que supuestamente quería combatir, en vez de instalarse directamente en Viedma y comenzar a actuar con los hechos consumados, sobre todo existiendo ya la ley habilitante.
El historiador Félix Luna, en una entrevista del diario Río Negro, en el año 2.000, dijo: “La mudanza de la Capital a Viedma era una necesidad. Pero creo también que Alfonsín presentó muy mal la idea: se apresuró, la presentó demasiado sorpresivamente y entonces no prendió en la sociedad, ni siquiera en la UCR. Sin embargo, sigo creyendo que es necesario sacar la Capital de Buenos Aires… Se necesita un lugar donde se haga política y administración y nada más, donde los dirigentes del interior no queden atrapados por las atracciones de la gran ciudad, como sucede en Buenos Aires. Es indudable que a algún lado hay que llevarla, no sé si a la Patagonia o algún otro sitio, pero desde aquí no se puede seguir gobernando”.
El 31 de julio de 2009 tres diputados nacionales del Frente para la Victoria de la provincia de Misiones, Lía Fabiola Bianco, Angel Iturrieta y Emilio Kakabur presentaron, un proyecto de resolución en el Congreso en donde se solicita al Poder Ejecutivo que cumpla con lo establecido en la ley 23.512 y materialice el traslado de la Capital Federal. Ese mismo año, presentó un proyecto similar el senador nacional por Santiago del Estero, Emilio Alberto Rached (UCR).
La iniciativa del traslado de la Capital Federal nació prácticamente con la patria misma. La Sociedad Patriótica, por su parte, elaboró un proyecto de constitución, a través de una comisión compuesta por Bernardo de Monteagudo, Juan Larrea, Francisco José Planes y Tomás Valle, cuyo artículo 78 establecía que “el Congreso se juntará en la Capital que será siempre una ciudad que no sea cabecera de de ninguna provincia y esté en un centro distante igualmente de los extremos del Estado desde donde pueda el gobierno comunicar igualmente su acción a todas partes…”
El 4 de noviembre de 1812, el Segundo Triunvirato designó por decreto una comisión para que redactara el proyecto de constitución para ser sometido a la asamblea de 1813. Dicha comisión estaba formada por Gervasio de Posadas, Pedro Agrelo, Nicolás Barrera, Valentín Gómez, Manuel García e Hipólito Vieytes. En el capítulo14 de dicho proyecto se decía: “ Al Congreso corresponde determinar el lugar de sus sesiones y en el que haya de establecerse la silla del Gobierno, el cual ha de ser precisamente fuera de Buenos Aires…”
Por su parte, José Gervasio de Artigas, en las instrucciones que dio a los representantes del pueblo oriental a la misma asamblea de 1813, establecía en el punto 19: “que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del gobierno de las Provincias Unidas…”
Según Ataulfo Pérez Aznar en su obra “La política Tradicional y la Argentina Moderna” (La Plata, 1968), José de San Martín, en una carta enviada a Tomás Godoy Cruz, se preguntaba: “No sería más conveniente trasplantar la Capital a otro punto cortando por este medio las justas quejas de las provincias?…”
Un poco más tarde, durante el Congreso General Constituyente de 1826, Manuel Moreno (hermano de Mariano Moreno) se opone al proyecto de Rivadavia de capitalizar Buenos Aires y en tal sentido, fue acompañado por Juan José Paso, Castro, José Vicente Mena, El Deán Gregorio Funes, Vicente López, Diego de Zabaleta, Mariano de Sarratea y Juan Ramón Balcarce.
Domingo Faustino Sarmiento, en carta a Narciso Alcobendas fechada en Nueva York el 25 de enero de 1866 relata que en 1845, cambiando ideas con Florencio Varela en Montevideo, se inclinaba por Córdoba como capital, y que después, al proponer en su obra “Argirópolis” de 1850 a la isla Martín García como capital, lo hacía debido a las cambiantes circunstancias del país.
José D´Ángelo en “La conurbación de Buenos Aires” (La Argentina suma de geografía, Buenos Aires 1963) menciona que Juan Muñiz en 1852 en su “Plan de organización nacional” proponía como capital a la villa de Fraile Muerto (hoy Bell Ville) a orilla del río Tercero. Era la época en que Juan Bautista Alberdi, sostenía en “Organización de la Confederación Argentina” que… “todo gobierno nacional es imposible con Capital en Buenos Aires…”
En la monumental recopilación de Arturo Carranza (cinco tomos 3.719 páginas) “La cuestión capital de la República”, publicada en Buenos Aires entre 1926 y 1932, se reseñan personalidades que estuvieron a favor de una capital a Buenos Aires: Valentín Alsina, Rufino de Elisalde, Del Carril, Estanislao Zeballos, Carlos Pelegrini, Florencio Varela, Leiva, Carlos Tejedor, Juan José Montes de Oca, José Mármol, Dalmasio Vélez Sárfield, Juan Fernández, Warcalde, Villalba, Teran, Quinteros, Rawson, Achával Rodríguez, Piñeiro, Araoz, Argento, Igarzabal, Echagüe, Quintana, Funes, Gallo, De la Vega, Ruiz de los Llanos, José Manuel Estrada y Leandro N. Alem.
Aunque parezca mentira, el Congreso sancionó en 1868, 1869 y 1873 leyes para establecer la capital en Rosario. Entre medio, en 1871, sancionó otra para establecerla en Villanueva, Córdoba. Pero en las cuatro ocasiones, las leyes fueron vetadas por el presidente, la primera vez por Sarmiento, las otras tres por Bartolomé Mitre.
El 18 de agosto de 1968, Valentín Alsina decía en el debate en el Senado de la Nación: “…Yo creo que el Congreso debe pensar en construir una nueva capital que llene en lo posible todos los objetos a que una creación semejante, debe aspirar. Me abstraigo de la época en que vivo; he fijado mi pensamiento en las venideras; Buenos Aires no necesita ser capital de la república, ni Rosario tampoco lo necesita puesto que tienen en si mismo todos los elementos de la vida y el progreso: Debemos fijar nuestra vista en toda la parte norte, sud y oeste de la república, pero lo más aproximado posible…”
Durante la capitalización de Buenos Aires en 1880, la única voz que se alzó en contra fue la del fundador de la Unión Cívica Radical, Leandro N Alem, quien en la Legislatura de Buenos Aire denunció: “…Yo he hablado para todos menos para la Cámara, y no he hablado siquiera para estos momentos sino para el futuro… Este momento será histórico, repiten los diputados. Efectivamente será histórico; lo que queda por saber es que página le dedicará la historia y como serán juzgados los legisladores que hacen evoluciones de partido en las grandes cuestiones en que sólo debería consultarse las altas conveniencias de la patria”.
En 1910 y 1912, el gobernador de Buenos Aires, Inocencio Arias, anunció su intención de plasmar el sueño de Dardo Rocha; hacer que La Plata fuera capital de la república, para que la provincia recuperara la ciudad de Buenos Aires.
En 1925, Alfredo Hudson en “Argentina: nueva geografía política”, propone una nueva capital equidistante de La Pampa, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
En 1936 Narciso Binayan propuso la capital en el punto en que se encuentran las tres provincias principales: Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y en 1942 aparece “La cuestión capital de la República: problema impostergable”, donde Leopoldo Velazco sugiere al noroeste del entonces territorio nacional de La Pampa o que el Poder Ejecutivo permanezca en su actual sede; el Poder Legislativo en San Nicolás y el Poder Judicial en la provincia de Córdoba.
La Convención Nacional Constituyente de 1949 mantuvo el texto abierto a la posibilidad del traslado. El convencional Arturo Enrique Sampay, sostuvo la posibilidad de traslado por cuestiones estratégicas.
En enero de 1950, Alciden Greca, en su libro “Una nueva capital para la Nación Argentina”, propone que esa nueva capital habría de denominarse General San Martín y se erigiría en las proximidades de Río Tercero.
Desde ahí en adelante, éste es un tema que siempre vuelve, porque es un tema importante y sería importante para el país que se concretara, como lo concretó Brasil a mediados del siglo pasado llevando su capital a Brasilia.
Debe ser producto de estudios serios, pero también de decisiones políticas que avancen de una vez por todas con un proyecto que nació con la patria. Para Córdoba sería un motor de desarrollo, para el país sería un avance en todo sentido.


