El espejo haitiano

Publicado por admin el Feb 4th, 2010 bajo la Categoria Destacadas, Politica Internacional. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada de su sitio

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Ahora que estamos celebrando el Bicentenario, es bueno tomar las revoluciones de independencia de nuestros países como procesos y no como hechos aislados, fechas y nombres que no sirven para entender el fenómeno.

El proceso independentista empieza en 1780 con la rebelión de Tupac Amaru II que en el Alto Perú subleva a 70 u 80 mil aborígenes en contra del Imperio (español), y termina en 1824 con la batalla de Ayacucho, que el 9 de diciembre sella el proceso.

A fines del siglo XVIII, además de los pueblos indios de lo que hoy es Perú y Bolivia, se producen otras sublevaciones indias, mestizas, negras, mulatas. Como la de Zumbí dos Palmares o Tiradentes en el norte de Brasil. Todas estas revoluciones además de plantear la liberación nacional, planteaban la liberación social, pero fracasaron todas. Todas menos una: la revolución haitiana, que empezó en 1791 y terminó exitosa el 1° de enero de 1804 de la mano de Dessaline. Fue la única revolución antiesclavista de la historia de la Humanidad, ni siquiera el mítico Espartaco lo había logrado en el Imperio Romano. Y además, los haitianos lo consiguieron en contra de los mismísimos ejércitos napoleónicos, algo que el mundo blanco y colonialista nunca les iba a perdonar.

Hasta ese momento, Haití era la perla del Caribe, la más rica de las colonias francesas. Y fieles a su histórica hipocresía, los franceses que en esos años pregonaban la libertad, igualdad y fraternidad, ejercían el poder colonial e imperial más brutal en Haití. En El espíritu de las leyes, Montesquieu explicaba las razones económicas sin ningún prurito: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

Pero más allá de lo que pensara Montesquieu, los haitianos hicieron lo que nadie había hecho, porque el único país que se había independizado antes que ellos en todo el continente americano, Estados Unidos, tenía 500 mil esclavos en sus plantaciones de algodón y tabaco. Haití, primer país libre de América Latina, tenía ya su tierra arrasada y desertificada por el monocultivo de caña de azúcar (como lo tendremos nosotros dentro de un tiempo por le monocultivo de soja). Pero además, los imperialistas y colonialistas del mundo entero se unieron y le decretaron un bloqueo total a Haití, un “mal ejemplo” para el resto de los pueblos sojuzgados del continente y del mundo.

Para levantar ese bloqueo que los condenaba a la muerte, en la segunda mitad del siglo XIX los haitianos tuvieron que acceder a una aberración del derecho y de la política internacional, pagar una indemnización a sus vencidos, al Imperio (Francia), su antigua potencia colonial.

Del mismo modo, un tiempito más tarde, otro imperio (Estados Unidos) no encontró mejor forma de garantizar sus intereses económicos en Haití que invadirlo militarmente en 1915 y ocuparlo hasta 1934.

Después, con un país ya arrasado y pauperizado, la historia un poco más conocida: los regímenes de terror de los Duvalier: Papa Doc y Baby Doc, avalados siempre por el Imperio.

Cuando llegó la democracia y luego llegó un cura tercermundista que quiso cambiar algunas cosas, como Jean-Bertrand Aristide, la pequeña pero riquísima elite haitiana (uno por ciento de la población) y el Imperio favorecieron el golpe de Estado del general Raoul Cedras.

Luego de varias idas y vueltas de Aristide, un nuevo golpe de Estado en 2004 secuestró al presidente y lo llevó a la República Centroafricana, inaugurando una receta que siguieron el año pasado los golpistas hondureños.

Hoy, aprovechando el terrible terremoto del 12 de enero, pero sobre todo la desinformación y la tergiversación de los medios de comunicación, el Imperio vuelve a ocupara el país, vuelve a sojuzgar al único pueblo del mundo que fue capaz de hacer una revolución negra y antiesclavista exitosa.

Vamos por partes. ¿Por qué otra vez critico a los medios? Porque hacen lo que hacen siempre: no explican, no profundizan y mienten. Dicen por ejemplo que es un país pobre, como si hubiera países que por un designio divino tienen que ser pobres, sin causas ni consecuencias. Haití no es pobre, sino empobrecido, expoliado, explotado,  y luego ignorado.

¿Qué más dicen los medios? Por ejemplo hablan de saqueos, de robos, de pandillaje. Yo pregunto ¿qué puede saquear alguien de un sitio destruido? Creo que robo y saqueo es tomar cosas que no son propias de un lugar que es de otro. Pero en la situación de Haití, con todo destruido, y todo abandonado, lo que sería un pecado imperdonable sería no tomar las mercaderías que están a la deriva cuando uno tiene necesidades tan extremas. Ya sin llegar a situaciones límites como una catástrofe, estoy convencido que delito y pecado es no robar cuando se tiene hambre. Mucho más en el caso haitiano. Pero el martilleo de informaciones referidas a “saqueos”, “violencia” y caos”, no hacen más que abonar la idea tan sarmientina y tan actual de “civilización o barbarie”. Es decir, “en esta situación de caos y de violencia generalizada de estos bárbaros, hace falta que vayamos nosotros los blanquitos civilizados a ordenarlos”. Les falta sólo decir lo que decía Montesquieu. Y con ese discurso, explícito o implícito, abren la puerta a la ocupación.

¿Por qué hablo de ocupación? Porque es eso. Ya había 9.500 soldados de la Minustah (Misión de Paz de la ONU), totalmente ineficiente porque desde el 2004 no ha ayudado a mejorar ningún aspecto de la vida social de Haití. Ahora, entre soldados y marines, han llegado más de 10 mil efectivos norteamericanos que incluso han desplazado a los de la ONU. Los soldados estadounidenses ocuparon el aeropuerto, decidieron quién entra y quién sale, y patrullan las calles ejerciendo el verdadero poder, el poder de las balas.

Pero lo que necesita Haití no es soldados y balas, no es la paz de los cementerios. Lo que está necesitando Haití es otro tipo de ayuda: maestros, médicos, constructores, brigadas de jóvenes que vayan a ayudar a sembrar y a cosechar, tractores, tecnología. Repito, lo que menos necesita Haití es tanques y soldados, y barcos de guerra como ha mandado el Imperio.

Pero la ocupación se inscribe en la Doctrina del Shock de Naomi Klein, y les sirve para hacer de Haití una gran base militar en sí mismo. ¿Para qué? Simple, para aprovechar el estratégico emplazamiento geopolítico en el Caribe y desde allí controlar de cerca a Cuba y a Venezuela.

Como a principios del siglo XIX el pueblo haitiano y su revolución social era un “mal ejemplo” para el resto de los pueblos de América y del mundo, ahora hay revoluciones que han retomado la lucha por la liberación social (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc) y también son “malos ejemplos” para otros pueblos de América y del mundo.

Y lo paradójico y perverso es que el Imperio usa hoy al primer país libre de América latina para ocuparlo y desde allí contrarrestar a los otros pueblos que quieren mirarse en el espejo haitiano.

5 Respuestas para “El espejo haitiano”

  1. Eduardo Leuzzi dice:

    Excelente Mariano!!!

  2. María del Cármen dice:

    ¡¡Muy interesante su artículo Mariano!!

  3. Yilita dice:

    ¡Felicitaciones Mariano!

  4. god of war dice:

    muy bueno mariano mis respetos

  5. admin dice:

    Muchas gracias. Es una nota que habría que actualizar a un año del terremoto. Lo peor es que sigamos mandando soldados y tanques, cuando lo que necesitan los haitianos es maestros, médicos, ingenieros, etc. Saludos

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Mariano Saravia